Capítulo 1
Amanda y Anthony tienen una cita hoy por la noche para ver películas de terror en su tradicional maratón de Halloween. Ha sido un día pesado para él, desde que cumplió 18 años este verano, su abuela le ha pedido que trabaje en el restaurante medio turno y hoy no fue la excepción. Así que después del trabajo, se dirige con urgencia a casa de su mejor amiga, Amanda.
Sentados frente al televisor y rodeados de golosinas y palomitas de maíz, es como recuerda pasar cada Halloween desde que tiene memoria. La única diferencia es que este año no salieron a pedir dulces por el vecindario, acordaron que ya eran grandes para eso.
Sus hombros se rozan, pero eso no es suficiente para Anthony, quien daría lo que fuera por tenerla más cerca. Finge un bostezo y estira los brazos sobre la cabeza, al bajarlos coloca uno sobre los hombros de su amiga. Ella al darse cuenta de la osadía, más que enojarse se acerca y recuesta sobre su pecho.
Su corazón late desbocado, desde que tenía ocho años le gusta Amanda, pero nunca se había atrevido a mostrarle sus sentimientos, así que no pierde la oportunidad y la atrae más hacia él. En el proceso toca la piel desnuda del hombro, no se sorprende con la suavidad, siempre había imaginado que así se sentiría, pero tiene que morderse los labios para amortiguar un gemido, de sólo pensar cómo será acariciarla de pies a cabeza.
Amanda alarga la mano derecha, la coloca sobre la erección de su amigo y le roba un sonoro jadeo de placer mezclado con sorpresa. Lo acaricia por encima de la ropa, aunque ella continúa con la vista fija en la pantalla del televisor, como si nada estuviera sucediendo. Anthony baja la mirada y ve como a su amiga se le marcan los pezones sobre la tela del top, se muerde los labios al descubrir que no lleva sostén. Es un sueño hecho realidad, así que envalentonado por las caricias, pierde una de mano bajo la prenda y se siente morir al tocarle los pechos por primera vez. Acaricia y presiona ligeramente los pezones, escucha como la respiración de Amanda se acelera. Continúan así durante horas, o al menos es lo que le parece a Anthony. Después de lo que a él le parece una eternidad, ella se incorpora, sin decir más le baja la cremallera y libera su erección.
—Amanda, ¿qué estás haciendo?
—¿No te gusta?
—No es eso, solo quiero saber que estás segura.
—Estoy segura.
Ella se coloca a horcajadas sobre sus piernas mientras lucha con la hebilla del cinturón. Él no puede creer lo que sucede, la tranquila y tímida Amanda lucha por bajarle los vaqueros y él como el caballero que es, le ayuda con la tarea. Anthony tiene los pantalones hasta las rodillas y su erección yergue felizmente ante la escrutadora mirada de su amiga.
—¿Todo bien? —lo mira pasmada.
—¿Puedo tocarte?
—Sí…
Lo toma entre sus manos y comienza a acariciarlo, con la presión y ritmo que le gusta.
—¡Oh, Amanda!
—Dime…
Hace lo que tantas veces ha fantaseado, lo toma entre sus labios.
—¡Oh, Dios! Sí, así…
Pocos minutos después.
—Amanda, retírate…
Pero continúa succionando hasta hacerlo explotar en su boca. Es un orgasmo tan intenso que Anthony se siente mareado, apoya la cabeza sobre el sofá y cierra los ojos mientras su corazón late desbocado. Amanda se sienta sobre sus piernas y comienza a besarlo con frenesí.
Sentir el sabor de su semilla en los labios de su amiga hace que toda la sangre se concentre de nuevo bajo ella. Lleva las manos a su frondoso cabello y sumerge los dedos en él, la escucha gemir sin reparo y continúa descendiendo por su cuerpo. Va dejando húmedos besos por cuello, clavícula y hombros. Anthony siente los frondosos senos de Amanda restregarse sobre su torso. Ella se aleja y retira el top, quedando semidesnuda frente a él, quien no tarda en recostarla sobre la alfombra y devorarle los pechos.
Amanda se retuerce de placer ante las atenciones de su amigo y él envalentonado por los sonidos que salen por la boca de ella, lleva una mano a la orilla de su falda. Acaricia sus aterciopeladas piernas, para después perder la mano entre los cálidos muslos. Sube la falda poco a poco, sin dejar de verla a los ojos, en busca de algún indicio de incomodidad, pero no la ve, así que continúa hasta llegar a su centro sin encontrar ninguna barrera. Podría correrse de nuevo en ese preciso instante, está completamente húmeda.
—¿Planeaste esto? —acaricia su pubis con los dedos.
—Antes de que llegaras estaba tocándome, pensando en ti.
—¡Oh, Amanda! No digas eso.
—¿O qué?
—Me vuelves loco.
Le devora la boca mientras sumerge la mano entre sus piernas, su miembro latiguea de la necesidad por unirse a ella. La acaricia de manera exploratoria, es la primera vez que hace esto, así que tiene por encomienda encontrar su clítoris. Sabe que ha logrado su cometido cuando ella se olvida del beso mientras gime de manera descontrolada. Se incorpora y coloca la cara entre sus piernas. Frente a él tiene la brillante vulva de Amanda a centímetros de su cara. Continúa acariciando ese nudo de placer mientras lentamente ingresa un dedo y ella se tensa.
—¿Quieres que pare?
—No, por favor, continúa.
—A tus órdenes.
Continúa con su exploración sin dejar de lado las indicaciones de su amiga. El olor a sexo inunda la habitación, volviéndolo loco. Se mece contra la alfombra, buscando un poco de alivio, pero se queda inmóvil al verla correrse: cierra los ojos, arquea la espalda y forma una O con los labios. Él presencia la escena maravillado, hasta podría pensar que su piel resplandece. Él continúa entre sus piernas admirandola, disfrutando los sonidos que hace al correrse e inhalando el aroma que emana de su sexo, todo esto lo tienen al borde de la locura.
—¿Puedo probarte?
—Puedes hacerme lo que quieras…
Se inclina hacia adelante y da un lengüetazo que los deja a ambos con los ojos en blanco, sabe mejor de lo que se imaginaba. Está apoyado sobre los codos, sujetándole las caderas con ambas manos ya que ella no para de retorcerse, de su boca salen sonidos lastimeros e incoherencias, lleva las manos hasta el cabello de Anthony y tira de él, haciendo que la succione con fervor. Él la tortura hábilmente con su lengua, hasta hacerla explotar.
—Anthony…
—Amanda, te amo, te amo.
—Demuéstramelo —toma su erección y lo posiciona en su entrada.
—¿Estás segura?
—Ciento por ciento.
—No tengo protección conmigo.
—¿Es tu primera vez?
—Sí —baja la mirada avergonzado.
—Para mí también, estoy tomando la píldora, así que lo único que necesito es a ti.
—¡Oh, Dios! Esto no podía ser más perfecto.
Anthony se despoja rápidamente de toda ropa y regresa con Amanda, quien está tendida sobre la alfombra, lista para él.
—Eres perfecta.
—Bésame.
No la hace esperar, le hace el amor con labios y manos, pretende ir despacio, pero no puede, es su más grande sueño hecho realidad, pero necesita que ella esté preparada, lleva una mano entre sus piernas y baja hasta sus dulces pechos lo cuales succiona mientras ella repite su nombre.
—¿Estás lista?
—Más que lista.
Se posiciona en su centro e inclina a besarla, poco a poco se desliza en ella, dejándolos sin aliento.
—¡Oh, cielos…! —jadea Amanda.
—¿Estás bien? —tarda unos segundos en responder.
—Sí, estoy bien, continúa.
Ahora el que necesita un momento es él, se encuentra abrumado por la deliciosa sensación de sentirse uno con su amada, pero ella lleva una mano a sus nalgas y lo acaricia, haciendo que se olvide de que segundos estaba a punto de correrse.
—Más… —pide Amanda al enredar las piernas a su cintura para atraerlo.
—Claro que sí, hermosa.
Los movimientos de Anthony se vuelven descontrolados al igual que los gemidos de ella. Su corazón late desbocado y si por alguna extraña razón muriera en este preciso instante, moriría feliz.
—¿Todavía no termina la película? —pregunta el padre de Amanda, quien acaba de bajar por las escaleras.
Anthony levanta la cabeza del sofá y mira desorientado el lugar, está sentado en la alfombra, completamente vestido y con una dolorosa erección punzando entre sus piernas. Amanda y su padre lo miran con preocupación.
—Ya es muy tarde, creo que es hora de irme. Buenas noches, Amanda, buenas noches, Sr. García.