Gracias Mr. B

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Summary

Las deudas se acumulan y Suzie no sabe qué más hacer para ayudar a su familia, hasta que se le presenta la oportunidad de participar en un reto de un famoso youtuber para ganar $100,000 dólares, solo tienes que vivir 100 días junto a un completo desconocido. ¿Lo harías? © All Rights Reserved

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18+

Capítulo 1

El cansancio hace que se le cierren los ojos a Suzie, desde que subió al autobús lucha por no quedarse dormida, está por llegar, falta poco, pero no sabe si podrá lograrlo, si llegara a pasarse, tendría que caminar de regreso a casa ya que no cuenta con dinero suficiente para un segundo viaje. Persiste en esta batalla contra el cansancio y gana en esta ocasión, aunque todavía tiene que caminar un par de calles. Al abrir la puerta sigue los murmullos hasta la cocina.

—¡Qué bueno que llegas! Ve a lavarte las manos, la cena está lista.

—Gracias, mamá.

—¿Cómo te fue hoy?

—Bien, ya sabes, lo de siempre —ve en los ojos de su padre la tristeza reflejada. Desde que su salud empeoró y los gastos comenzaron a acumularse, ha hecho todo lo posible por ayudarlos, pero no es suficiente.

—¿Quieres que te prepare un baño?, ¿cómo cuando eras pequeña?

El baño obró maravillas en ella y después de mucho tiempo soñó que la vida podría ser buena otra vez, aunque la realidad diste mucho de sus deseos. Trabajar en un Starbucks no es su máxima, pero ayuda a pagar las cuentas, aunque siempre llegue a casa agotada. Al llegar a casa encuentra un aviso del banco pegado a la puerta y el cansancio que sentía minutos atrás se esfuma por arte de magia, debe hacer algo ya para saldar esa deuda. Su padre no debe disgustarse o puede terminar de nuevo en el hospital y eso costaría más que el pago mensual de la hipoteca. Tiene que encontrar una solución, sube a la habitación mientras piensa la manera más rápida para ponerle fin a sus problemas. Por fortuna sus padres están en la iglesia y tiene la casa sola por lo menos una hora más. Despierta sobresaltada, con el cuello adolorido y una hoja en blanco pegada en la frente. Se golpea la cabeza contra el escritorio como escarmiento.

—¿Qué haces? —su padre la mira extrañado desde la puerta.

—Pensando.

—Tu madre tiene el desayuno listo.

—Bajo en un momento.

Por el silencio que reina en la cocina está segura de que saben sobre el aviso. Hoy es su día de descanso y después del desayuno se dirige al centro comercial. Deambula entre las tiendas en busca de alguna vacante. Va al área de comida rápida, ahí constantemente solicitan personal, pero un tumulto le impide llegar. Se abre camino entre la gente para averiguar el porqué del barullo. El famoso youtuber Mr. B busca participantes para su próximo reto, el premio: cien mil de dólares. No sabe en qué consiste, pero tiene que participar. Logra tomar un formulario y lo llena pese a empujones, lo ingresa en la urna mientras hace una plegaria para ser seleccionada. Entrega algunas solicitudes de empleo, pero algo le dice que no serán necesarias, se siente con suerte. El viaje de regreso a casa se siente tan diferente al de ida. Al llegar espera pacientemente a que suene el teléfono con buenas noticias, pero las horas pasan y el móvil no suena.

Desde que terminó con David, el que fuera su novio por casi dos años, su teléfono se le figura más a uno de esos Walkman de los que su padre no se cansa de hablar. Nadie le escribe, nadie le llama, sólo lo utiliza para escuchar música y mandarle mensajes a sus padres. Desde que salió de la escuela hace casi cinco años, perdió contacto con sus amigos, los cuales sí fueron a la universidad. Ella decidió quedarse y ayudar a su familia, y si quiere ganar más necesita continuar con sus estudios, aunque no sea lo que siempre quiso estudiar. El año pasado se inscribió en la universidad comunitaria, las clases son en línea, no se puede quejar, pero no le ayudan a crecer su círculo social.

A la mañana siguiente se siente derrotada y se reprime, no puede estar esperanzada a que el dinero le llegue de la nada y solucione sus problemas, pero no sabe qué más hacer para ayudar a su familia. Su turno comienza dentro de poco y detesta este horario, repleto de chicos privilegiados que no se preocupan por pagar las cuentas, su única ocupación es estudiar. Entra por la puerta de empleados, deja sus pertenencias y se ajusta el uniforme. Ensaya en el espejo una sonrisa que tal parece mueca. Lleva cerca de tres horas preparando cafés sin parar cuando escucha un alboroto, se encuentra tras la máquina cafetera y como no es muy alta, no logra ver que sucede en el área de mesas, solo escucha gritos, silbidos, aplausos, y no tiene ánimos para los que sucede así continúa sin inmutarse hasta que su nombre sobresale entre la cacofonía, en ese momento se paraliza. Una de sus compañeras le sacude la mano frente a la cara, pero Suzie sigue sin reaccionar. Alguien la toma del brazo y la jala, al pasar por la gerencia, la cara de la jefa le indica que esto le va a costar caro.

—Estoy buscando a Suzie Martínez, tengo entendido que trabaja en esta cafetería —Mr. B habla por el megáfono, seguido por varias cámaras que filman cada uno de sus movimientos.

—Claro, aquí trabaja la señorita Martínez —dice la gerente al salir de la oficina.

—¿Dónde está? —alguien le levanta la mano y segundos después es el centro de atención—. Suzie, has sido seleccionada para participar en el reto de 100 días en confinamiento para poder ganar un millón de dólares, ¿estás lista?

—No lo sé, ¿estoy lista Sra. Jones?

—Por supuesto —con las cámaras sobre ella no puede decir lo contrario.

—Perfecto. Te explico, el reto consiste en sobrevivir 100 días en confinamiento y para hacer esto un poco más divertido he decidido que no lo harás sola, sino junto a un completo desconocido. Para conocerlo tendrás que volar a California.

Cuando las cámaras se apagan Suzie sigue sin creer lo que sucede. El equipo de producción la acompaña a casa y mientras hace una pequeña maleta Mr. B habla con sus padres. Dos horas después sube a un avión que la lleva a lo que será su hogar durante los próximos tres meses. Al bajar, varios autos esperan por ellos.

—¿Lista para conocer a quien te acompañará en este reto? —pregunta Mr. B entusiasmado.

—Estaría mintiendo si dijera que lo estoy —sólo espera que no sea una chica boba, si por un chico que no vale la pena hacemos una carnicería no quiere imaginar lo que pasará con un millón de dólares de por medio.

Al llegar al estudio pasan a Suzie a un camerino donde le entregan un pantalón y playera de algodón azul marino. Después de cambiarse aprovecha para llamar a casa.

—Hola mamá, ya llegué.

—Creí que íbamos a tener noticias tuyas hasta la noche.

—Todo ha sido muy rápido, no sé si pueda hacerlo.

—Tranquila, lo harás bien. Nada puede salir mal.

—¿Cómo está papá?

—Bien, fue a caminar, ¿quieres que le dé un mensaje?

—No. Me tengo que ir, los amo.

Han pasado cerca de dos horas desde que llegaron al estudio, una chica del staff abre la puerta y le ofrece algo de comer. Al terminar le indica que la grabación está por comenzar, le piden su móvil, reloj y cualquier aparato con acceso a internet. De las cosas que trajo en la maleta, solo puede entrar con artículos de aseo personal y ropa interior. La producción les proporcionará todo lo necesario. No sabe si está permitido, pero guarda la foto de sus padres en unas calcetas, no quiere que se la quiten, si las cosas se ponen feas, la necesitará para recordar porqué hace esto. Alguien llama a la puerta y le indican que es hora. Una chica toma su maleta mientras otra le pide que la siga.

—¡Es momento de que ustedes dos se conozcan! ¡Suzie, Alex!, vivirán 100 días en confinamiento para ganar un millón de dólares —al verlo le da la impresión de que el chico no será un problema, aunque sabe que no puede fiarse de las apariencias, aprendió esa lección a la mala—. Como pueden ver, cada uno contará con su espacio. De este lado —señala el izquierdo— será el de Suzie y el opuesto el de Alex. La ducha contará con 10 minutos de agua caliente al día, les dejaremos una moneda para que lleguen a un acuerdo —comienza a caminar y se detiene—. Se me olvidaba, algo importante, las luces estarán encendidas las 24 horas. ¿Tienen alguna duda?

—¿Y la comida?

—Interesante pregunta, Alex —dos de las cuatro paredes del estudio están cubiertas con tela negra. El presentador toma una y tira de ella—. ¡Aquí tienen la comida! Pechuga de pollo enlatada, gracias a nuestros patrocinadores. Y por aquí tenemos, —se acerca a la otra pared y la descubre— ¡un millón de dólares! —varios maletines apilados uno sobre otro. Mr. B toma uno y lo abre, está repleto con fajos de billetes—. Este es el premio y solo uno de ustedes podrá llevárselo a casa. ¡Que comience el reto!

Las cámaras se apagan, el staff comienza a retirarse y Mr. B se acerca a ellos.

—Si se presenta alguna urgencia solo diríjanse a alguna de las cámaras, les asistiremos de inmediato.

—¿Hay cámaras en el baño?

—No Suzie, ¿cómo crees?, no quiero problemas legales. Muy bien, si no necesitan nada más, nos vemos dentro de 100 días. Disfrútenlo.

Suzie inspecciona la habitación, por ponerle nombre al espacio designado para ella. Junto a la cama hay varias mudas de ropa, iguales a la que lleva puesta y sus artículos personales. Se sienta el colchón y verifica la firmeza.

—¿Cómoda?

—Sí, no está mal, aunque prefiero un colchón más blando, pero no moriré por dormir en este durante tres meses.

—¿Así qué no eres una princesa?

—¿Cómo dices?

—¿No vas a quejarte día y noche de todas las comodidades que perdiste?

—No, no soy yo.

—Qué alivio, me preocupaba que fueras así y me volvieras loco al grado de querer abandonar el reto.

—Ahora que lo dices, no es mala idea.

—Sería muy aburrido pasar 100 días sola, prometo ser buena compañía.

—¿Trato? —extiende la mano hacía él, quien tarda unos segundos en estrecharla, pero cuando lo hace su tacto es cálido y rugoso.

Suzie bosteza, se recuesta, del otro lado del estudio Alex hace lo mismo, se descalza y le da la espalda. Cuando despierta encuentra a Alex inspeccionando la comida.

—¿Pensando qué preparar para la cena?

—¡Por fin despiertas!, creí que iba a comer solo.

—Que exagerado, no dormí tanto.

—No tengo reloj, pero te puedo asegurar que eso no fue una siesta de treinta minutos.

—Disculpa, estoy despierta desde las 5 de la mañana y ha sido un día estresante.

—Lo siento, no lo sabía —su disculpa la toma por sorpresa.

—¿Ayudo en algo?

—No encuentro con qué abrir esto.

—Debe de haber algo por aquí.

Les toma casi veinte minutos dar con el aparato o es lo que calculan. Alex hace los honores de abrir las latas mientras ella toma los tenedores. El sabor no es malo, pero comer tres veces lo mismo durante 100 días será todo un reto para ambos.

—Si vamos a pasar tanto tiempo juntos lo mejor será conocernos, ¿no crees?

—Estoy de acuerdo.

—Empiezo, mi nombre es Suzie Martínez, tengo 25 años, trabajo en una cadena de cafeterías y estudio Administración en la universidad comunitaria.

—Trabajamos en la misma industria.

—¿En verdad?

—Soy cocinero. Me llamo Alex Jones y tengo 28 años.

—¿Eres chef?

—Nunca tuve una educación formal, pero me formé en las hornillas. A los 15 años entré a un restaurante como lavaloza y desde entonces no he salido de la cocina —en ese momento Suzie pone atención a los tatuajes que decoran sus brazos.

—No imagino lo que será para ti comer 100 días lo mismo.

—No creo que sea tan malo.

—¿Eres de los que ven el vaso medio lleno?

—¿Tú no?

—Después de tanto, ya no.

Suzie finge un bostezo y regresa a la cama. Se recuesta dándole la espalda y cierra los ojos, tiene una cámara justo arriba de ella, no quiere que quede grabado como le afectaron sus palabras. Al abrir los ojos no sabe si continúa dormida, ya que ve a Alex jugando con las latas de comida.

—¿Qué haces?

—Un fuerte, ¿quieres jugar?

—¿No tuviste infancia?

—Ven, te divertirás.

Pese a su buen juicio, accede y entra al fuerte de latas. Sorprendentemente, pasan un rato agradable. Juegan sin preocupaciones, como si volvieran a tener seis años.