Gracias Mr. B
Share with your friends
Customize readability

Gracias Mr. B

This story contains themes of: attempted rape, drug use overdose, self-harm, suicide

All Rights Reserved ©

Story Notes

Esta historia contiene escenas de sexo explicito, aborda el consumo de drogas legales e ilegales, intento de suicidio, intento de violación y aplicación corporales como beading, se recomienda discreción. 

Summary

Las deudas se acumulan y Suzie no sabe qué más hacer para ayudar a su familia, hasta que se le presenta la oportunidad de participar en un reto de un famoso youtuber para ganar $100,000 dólares, solo tienes que vivir 100 días junto a un completo desconocido. ¿Lo harías? © All Rights Reserved

Status
Complete
Chapters
17
Rating
5.0 (1 review)
Age Rating
18+

Capítulo 1

El cansancio hace que se le cierren los ojos, desde que subió al autobús, Suzie lucha por no quedarse dormida, falta tan poco por llegar, pero no sabe si podrá lograrlo, y si llegara a pasarse, tendría que caminar de regreso a casa y no cuenta con el dinero suficiente para un segundo viaje. Continúa en la batalla y gana en esta ocasión, aunque todavía tiene que caminar un par de calles. Al abrir la puerta sigue los murmullos hasta la cocina. 

—¡Qué bueno que llegas! Ve a lavarte las manos, la cena está lista —indica su madre.

—¿Cómo te fue en el trabajo?

—Bien, ya sabes, lo de siempre —en los ojos de su padre ve reflejada la tristeza. Desde que su salud empeoró y los gastos comenzaron a acumularse, ha hecho todo lo posible por ayudarlos, pero no es suficiente.

—¿Quieres que te prepare un baño?, ¿Cómo cuando eras pequeña? —sabe que es una tontería, pero eso hace que su padre se sienta útil.

El baño obró maravillas, ya que después de mucho tiempo soñó que la vida podría ser buena otra vez, aunque la realidad dista mucho de sus deseos. Trabajar como barista y mesera no es su máxima en la vida, pero ayuda a pagar las cuentas, aunque siempre termine agotada.

Un día al llegar a casa encuentra un aviso del banco pegado a la puerta. El cansancio que sentía segundos atrás se esfuma por arte de magia. Arranca el papel y lo guarda en su mochila, no puede permitirse que su padre lo vea, él no debe disgustarse, un nuevo viaje al hospital le costaría más que el pago mensual de la hipoteca. Tiene que encontrar una solución, sube a la habitación mientras piensa una manera más rápida para ponerle fin a sus problemas. Por fortuna sus padres están en la iglesia y tiene la casa sola por lo menos una hora más. Se sienta frente al escritorio, toma una hoja y hace una lista con las opciones que tiene para cumplir su meta, pero después de varios minutos la hoja permanece en blanco. Despierta sobresaltada, con el cuello adolorido y una hoja aún en blanco pegada a la frente. Se golpea la cabeza contra el escritorio como escarmiento.

—¿Qué haces? —su padre la mira extrañado desde la puerta.

—Pensando.

—Tu madre tiene el desayuno listo.

—Gracias, bajo en un momento.

Por el silencio que reina en la cocina está convencida de que saben sobre el aviso, así que no dice nada. Hoy tiene libre la mañana y se dirige al centro comercial. Deambula entre las tiendas en busca de alguna vacante. Va al área de comida rápida, ahí constantemente solicitan personal, pero un tumulto le impide llegar. Se abre camino entre la gente para averiguar el porqué del barullo. El famoso Youtuber Mr. B busca participantes para su próximo reto, el premio: un millón de dólares. No sabe en qué consiste el reto, pero tiene que participar. Logra tomar un formulario y lo llena entre empujones. Al ingresarlo en la urna hace una plegaria para que sea seleccionada. Entrega solicitudes en algunas tiendas, pero algo le dice que no serán necesarias, ese día se siente con suerte.

El viaje al trabajo se ve tan diferente al de mañana. Hace el trayecto con el móvil en mano, mira esperanzada la pantalla mientras espera a que se ilumine con un número desconocido, no es posible que en el identificador de llamadas aparezca el nombre de Mr. B., ¿o sí? Al llegar al trabajo tiene que dejarlo en el casillero, aunque en esta ocasión no lo apaga, por si llegara a escuchar cuando entre la llamada, pero no sucede así.

Después de David, el que fuera su novio por casi dos años, su teléfono se le figura más a uno de esos Walkman de los que su padre no se cansa de hablar, que a una herramienta de comunicación: nadie le escribe, nadie le llama, únicamente lo utiliza para escuchar música y mandarle mensajes a sus padres.

Desde que se graduó de la escuela hace casi cinco años, perdió contacto con sus amigos, ellos sí pudieron asistir a la universidad, no es que a ella se le haya obligado a quedarse, así lo decidió para ayudar a su familia, pero reconoce que si quiere ganar más que el mínimo necesita continuar con sus estudios, aunque eso signifique que tenga estudiar algo que no sea lo que siempre soñó. Por lo que meses atrás se inscribió en la universidad comunitaria, afortunadamente las clases son en línea, de eso no se puede quejar, aunque eso no le ayuda a crecer su círculo social.

A la mañana siguiente se siente derrotada y si es posible, se deprime un poco más. Mira su reflejo frente al espejo mientras piensa que es una tonta por pensar que sus problemas económicos se solucionaran de la nada, pero no sabe qué más hacer, a lo mejor si buscara un tercer trabajo más retirado que los otros dos podría dormir en los trayectos. Tiene que recomponerse, a las chicas con cara larga no les dejan propina, por eso siempre pide no estar en atención al cliente, aunque eso no siempre depende de ella y sus compañeros. Al salir de la sala de empleados y escuchar el barullo se le descompone un poco más el ánimo, detesta este horario, repleto de chicos privilegiados que no tienen que preocuparse por pagar las cuentas; su única ocupación es estudiar.

Lleva cerca de tres horas parada preparando bebida tras bebida cuando el barullo regular se convierte en alboroto, se encuentra tras la máquina cafetera y como no es muy alta, no logra ver qué sucede en el área de mesas, solo escucha gritos, silbidos, aplausos, y no tiene ánimos para nada, así continúa sin inmutarse hasta que su nombre sobresalir entre la cacofonía, en ese momento se paraliza. Una de sus compañeras chasquea los dedos frente a ella, pero Suzie sigue sin reaccionar. Alguien la toma del brazo y al pasar por la gerencia, la cara de la jefa le indica que esto le va a costar caro.

—Estoy buscando a Suzie Martínez, tengo entendido que trabaja en esta cafetería —Mr. B habla por el megáfono, seguido por varias cámaras que filman cada uno de sus movimientos.

—Claro, aquí trabaja la señorita Martínez —responde la gerente con melosa voz y una resplandeciente sonrisa.

—¿Dónde está? —alguien le levanta la mano y segundos después es el centro de atención—. Suzie, has sido seleccionada para participar en el reto de cien días en confinamiento para poder ganar un millón de dólares, ¿estás lista?

—No lo sé, ¿estoy lista Sra. Jones?

—Por supuesto —con las cámaras sobre ella no puede decir lo contrario.

—Perfecto. Te explico, el reto consiste en sobrevivir cien días en confinamiento y para hacer esto un poco más divertido he decidido que no lo harás sola, sino junto a un completo desconocido. Para conocerlo tendrás que volar a California.

Sin más las cámaras se apagan y Suzie sigue sin creer lo que sucede. El equipo de producción la acompaña a casa y mientras hace una pequeña maleta Mr. B habla con sus padres. Dos horas después está subiendo a un avión que la llevará a lo que será su hogar durante los próximos tres meses, tiene que pellizcarse porque todavía cree que es un sueño. Al bajar, varios autos esperan por ellos.

—¿Lista para conocer a quién te acompañará en este reto? —pregunta Mr. B entusiasmado. —Estaría mintiendo si dijera que lo estoy —solo espera que no sea una chica boba, si por un chico que no vale la pena hacemos una carnicería no quiere imaginar lo que pasará con un millón de dólares de por medio.

Al llegar al estudio pasan a Suzie a un camerino donde le entregan un pantalón y una blusa de algodón azul marino. Después de cambiarse de ropa aprovecha para llamar a casa.

—Hola mamá, ya llegué.

—Creí que íbamos a tener noticias tuyas hasta la noche.

—Todo ha sido muy rápido, no sé si pueda hacerlo.

—Tranquila, lo harás bien. Nada puede salir mal.

—¿Cómo está papá?

—Bien, fue a caminar, ¿quieres que le dé un mensaje?

—No. Me tengo que ir, los amo.

Han pasado cerca de dos horas desde que llegaron al estudio, una chica del staff abre la puerta y le ofrece algo de comer. Al terminar le indica que la grabación está por comenzar, le piden su móvil, reloj y cualquier aparato con acceso a internet. De las cosas que trajo en la maleta, solo puede entrar con artículos de aseo personal y ropa interior. La producción les proporcionará el resto. No sabe si está permitido, pero guarda la foto de sus padres en unas calcetas, no quiere que se la quiten, si las cosas se ponen feas, será necesaria para recordar por qué hace esto. Alguien llama a la puerta y le indican que es hora. Una chica toma su maleta mientras otra le pide que la siga.

—¡Es momento de que ustedes dos se conozcan! ¡Suzie, Alex!, vivirán 100 días en confinamiento para ganar un millón de dólares —con verlo sabe que el chico no será un problema, aunque no puede fiarse de las apariencias, aprendió esa lección a la mala—. Como pueden ver, cada uno contará con su espacio. De este lado —señala el izquierdo— será el de Suzie y el opuesto el de Alex. La ducha contará con diez minutos de agua caliente al día, les dejaremos una moneda para que lleguen a un acuerdo —Mr. B se gira de forma dramática hacia ellos—. Se me olvidaba, algo importante, las luces estarán encendidas las veinticuatro horas al día. ¿Tienen alguna duda?

—¿Y la comida?

—Interesante pregunta, Alex —camina hacia una de las paredes y tira una tela negra que la cubre—. ¡Aquí tienen la comida! Pechuga de pollo enlatada, gracias a nuestros patrocinadores. Y por aquí tenemos, —se acerca a la otra pared y repite el mismo movimiento— ¡un millón de dólares! —varios maletines negros cubren la pared. Mr. B toma uno y lo abre, está repleto de fajos de billetes—. Este es el premio y solo uno de ustedes podrá llevárselo a casa. ¡Que comience el reto!

Las cámaras se apagan, el staff comienza a retirarse mientras Mr. B se acerca a ellos.

—Si se presentara alguna urgencia solo diríjanse a alguna de las cámaras, les asistiremos de inmediato.

—¿Hay cámaras en el baño? —pregunta con auténtica preocupación.

—No Suzie, ¿cómo crees?, no busco problemas legales. Muy bien, si no necesitan nada más, nos vemos dentro de cien días, disfrútenlo.

Suzie inspecciona la habitación, por ponerle nombre al espacio designado para ella. Junto a la cama hay varias mudas de ropa, iguales a la que lleva puesta y sus artículos personales. Se sienta en el colchón y verifica la firmeza.

—¿Cómoda?

—Sí, no está mal, aunque prefiero un colchón más blando, pero no moriré por dormir en este durante tres meses.

—¿Entonces no eres una princesa?

—¿Cómo dices?

—¿No vas a quejarte día y noche de todas las comodidades que perdiste?

—No, no soy yo.

—Qué alivio, me preocupaba que fueras así y me volvieras loco al grado de querer abandonar el reto.

—Ahora que lo dices, no es mala idea.

—Sería muy aburrido pasar cien días tu sola, pero prometo ser buena compañía. ¿Trato? —extiende la mano hacia ella, quien tarda unos segundos en estrecharla, pero cuando lo hace su tacto es cálido, rugoso: familiar. Suzie se ruboriza, así que finge un bostezo y se suelta de su agarre.

—Disculpa, creo que voy a probar que tal se duerme en ese colchón.

—Adelante.

No tiene sueño, mil pensamientos corren por su mente mientras gira de un lado a otro, solo cierra los ojos un momento, para dejar de pensar, pero cuando despierta encuentra a Alex inspeccionando la comida.

—¿Pensando qué preparar para la cena? —pregunta a la vez que se levanta.

—¡Por fin despiertas!, creí que iba a comer solo.

—Qué exagerado, solo cerré los ojos un momento.

—No tengo reloj, pero te puedo asegurar que eso no fue una siesta de treinta minutos.

—Disculpa, estoy despierta desde las cinco de la mañana y ha sido un día estresante.

—Lo siento, no lo sabía —su disculpa la toma por sorpresa.

—¿Ayudo en algo?

—No encuentro con qué abrir esto.

—Debe de haber algo por aquí.

Les toma casi veinte minutos dar con el abrelatas o es lo que calculan. Alex hace los honores con las latas mientras ella toma los tenedores. El sabor no es malo, pero comer tres veces lo mismo durante cien días será todo un reto para ambos.

—Si vamos a pasar tanto tiempo juntos lo mejor será conocernos, ¿no crees?

—Estoy de acuerdo.

—Empiezo, mi nombre es Suzie Martínez, tengo veinticinco años, trabajo como barista en Starbucks, también soy mesera en un lugarcito cerca de la zona universitaria y estudio Administración en la Universidad comunitaria.

—¡Mira, qué casualidad!, trabajamos en la misma industria.

—¿En verdad?

—Soy cocinero. Me llamo Alex Jones y tengo veintiocho años.

—¡Eres chef, qué bien¡

—Nunca tuve una educación formal, pero me formé en las hornillas. A los quince entré a un restaurante como lavaloza y desde entonces no he salido de la cocina —en ese momento Suzie pone atención a los tatuajes que decoran sus brazos.

—No imagino lo que será para ti comer cien días lo mismo.

—No creo que sea tan malo.

—¿Eres de los que ven el vaso medio lleno?

—¿Tú no?

—Después de tanto, ya no —la conversación le incomoda, finge un bostezo y regresa a la cama.

Se recuesta dándole la espalda y cierra los ojos, tiene una cámara justo arriba de ella, y como no quiere que quede grabado cuánto le afectaron sus palabras sumerge el rostro en la almohada, pero al abrir los ojos no sabe si continúa dormida, la imagen de Alex jugando con las latas de comida era algo que no se imaginaba.

—¿Qué haces?

—Un fuerte, ¿quieres jugar?

—¿Qué tienes, cinco?

—Ven, te divertirás.

—Bien, ya sabes, lo de siempre —en los ojos de su padre ve reflejada la tristeza. Desde que su salud empeoró y los gastos comenzaron a acumularse, ha hecho todo lo posible por ayudarlos, pero no es suficiente.

Pese a su buen juicio, accede y entra al fuerte de latas. Sorprendentemente, pasan un rato agradable. Juegan sin preocupaciones, como si volvieran a ser niños.

Let D.M. Sandoval know what you thought about this chapter!

Further Recommendations

IVAN

ohoney2004: I liked this novel. Good story line, interesting plot and characters.

Read Now
The Alpha's Exiled Mate (ON HOLD)

Catherineb83: Story good just would have liked her not to wear a mask

Read Now
Bloodlines

Ingibabes511: Thank you for an amazing feast of wordsmithing excellence. Every tick box was covered somewhere within the story. Loved the characters that appeared in the story and how it played out was beautifully crafted. The nuances and descriptions making this a lovely story to read.💜🥰💜

Read Now
Rebuilding After Betrayal

Bayley Smith: What a great story, I binged in one day! Love Shay’s personality and Matt sounds like my type of guy! This story was something out of the norm for me to read but it was a great read.

Read Now
Bear Shifter Secrets

tatianne Ingrid: Adorei cada capitulo! parabens

Read Now
The Iron Crown

Faerah: A marriage is arranged hastily between the allied Northern & Southern packs. The alpha of the Northern pack believes this to be a safer arrangement than his daughter being forced to marry a brutal rival pack heir from nearby Mireth. The Southern alpha agrees providing Princess Kira spends time wit...

Read Now
THE RIDGE

Maureen: I liked how the author described how the characters were feeling. How there decisions and actions were influenced. This story would be a great movie, though I'm not sure how a movie could portray the emotions and inner thoughts of he characters as well as this story has.

Read Now
The Cursed Alpha's Fifth Luna

starlit_soul: Amazing story

Read Now
Called by the Alpha

Cynthia: I choose this rating before by far its a great read and has captivated me

Read Now