Customize readability
Aa

True Love Doesn´t Hurt, Two Shots Omegaverse Larry Stylinson

Summary

Louis es un omega que conocerá la peor versión de quien es su alfa. Sufrirá violencia en vez de tener lindos momentos, con quien se supone, lo ama. Por cosas de la vida, conocerá a un grupo de amigos que le mostraran que todo puede cambiar, sobre todo cuando intente darse una nueva oportunidad. Harry Alfa/Louis Omega, sin smut.

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Dolor 💧


La primera vez que pasó, fue después de una salida que habían tenido al cine. Un alfa impertinente había molestado a Louis mientras esperaba a que John saliera del baño. Al llegar al departamento, John le dio una cachetada tan fuerte, que le rompió el labio. Louis se quedó paralizado, con la mano en su boca, con las lágrimas agolpadas en sus ojos desorbitados. Era culpa de Louis por haber provocado al desconocido.

John también se había sorprendido por el golpe que le dio, y de inmediato intentó acercarse a consolar a su novio, pero Louis lo alejó. Se había encerrado en la habitación y no salió en lo que quedaba de día. Por la noche tomó su maleta y se fue a casa de su mamá, en medio de las disculpas de John.

Esa noche, Louis simplemente dejó sus lágrimas caer por horas, mientras su mamá intentaba hablar con él y consolarlo, sin lograrlo. Estaba enamorado de John, tenían una bonita relación, habían sido muy felices ese año y medio que llevaban viviendo juntos, después de dos años de noviazgo. Tenían planes de matrimonio, y estaban esperando que John se cambiara a un mejor trabajo para poder dar ese paso, y poder marcarse definitivamente. Tenían un grupo de amigos con los que siempre salían y compartían, parecía que no les faltaba nada.

Alguna vez a Louis le llamó la atención alguna reacción un poco exagerada de John frente a algo que no salía según sus planes, como por ejemplo cuando se demoró su ascenso en su último trabajo, había llegado al departamento y rompió cuatro vasos, lanzándolos con fuerza al piso. Antes de calmarse, había intentado estar con Louis, pero el omega estaba muy asustado como para ceder a los instintos del alfa, provocando mayor frustración en John. Como esa, hubo algunas más, pero como eran de vez en cuando, Louis realmente no les tomó mucha atención.

Hasta ese momento, en que sentado en la que era su cama, abrió los ojos.

Sin embargo, John no iba a dejarlo ir tan fácil, y comenzó su plan de reconquista casi de inmediato. Al día siguiente estaba en la casa de Emmy, la madre de Louis. Habló con ella, se disculpó y prometió jamás volver a poner un dedo encima de su omega.

Cuatro meses le costó a John que Louis lo perdonara, cuatro meses en los que fue paciente, amable, tierno, respetuoso y cariñoso. Y Louis volvió a enamorarse, estaba seguro de que John cumpliría su promesa y lo cuidaría siempre.

Después de esos cuatro meses, estuvieron dos “de novios” antes de volver a vivir juntos. Los primeros ocho meses de esa reconciliación fueron increíbles, aunque en el plano sexual no hubo muchos cambios. A John le gustaba el sexo ruidoso, que Louis prácticamente gritara y fuera exagerado, y eso iba en contra de la esencia más pura del omega, que anhelaba ternura y dulzura en exceso, caricias cargadas de miel y abrazos eternos después de entregarse y muchos mimos de parte de su pareja. Lo había hablado con John en más de una ocasión, pero el alfa no fue receptivo jamás en eso, y finalmente Louis se había dado por vencido, no quería hacer problema por algo tan poco importante.

Trabajaba, John, en una tienda de venta de celulares y planes de telefonía. Era ingeniero, pero lo habían despedido de su último trabajo. Les había dicho a todos que fue por necesidades de la empresa, pero en realidad, fue porque tuvo una pelea con su jefe por “culpa” de una compañera, a la que John se le insinuaba. La omega no solo no accedió a las peticiones del alfa, sino que además, lo reportó con la plana mayor de la empresa y eso significó su salida del lugar. Como no podía quedarse sin trabajo, no le quedó más que aceptar ese puesto que era bastante poco para alguien como él, pero con el que podía demostrar que era un alfa con ganas de salir adelante, no importaba cómo. Le ayudaba a su imagen, esa de hombre perfecto con la que tenía a todos encandilado.

Louis, en tanto, era profesor de niños pequeños. Trabajaba en un jardín infantil, y amaba estar en ese lugar más que nada en la vida. Adoraba a los niños, y uno de sus sueños era tener una docena de cachorros ruidosos y sucios de su mano, pero era una ilusión que por lo menos debía esperar por unos años. John no quería tener bebés, porque decía que le quitaría tiempo y atención de Louis, y no estaba dispuesto a ceder espacio a nadie, ni siquiera a un hijo. Y Louis entendía, le parecía incluso tierno de parte de John no querer perder su atención, pero en el fondo le dolía, también porque para poder tener un buen embarazo, necesitaba una marca y en eso el omega no había transado. Quería que John lo mordiera en su noche de bodas, y como no habían podido casarse, la marca no existía.

Luego de esos ocho meses de ensueño, John comenzó a hacer comentarios un poco fuertes y desagradables hacia Louis, de manera muy sutil. Empezó con el tema físico, que siempre fue una debilidad del omega, porque tenía un maravilloso cuerpo con curvas, que muchas veces le avergonzó, y cualquier comentario lo afectaba sobremanera.

Durante la cena de cualquier día, como siempre hablaban de todo un poco.

—Tienes que empezar a cocinar diferente bebé, —dijo John. —Ensaladas para ti y lo de siempre para mí. No puede ser que estés engordando y no te des cuenta... Es decir, sabes que amo cómo te ves, pero los demás empiezan a hacer comentarios y no me gustaría que te sientas mal.

Louis solo le podía encontrar razón. Cuando se miraba al espejo, veía su cuerpo con sus muslos gruesos, su trasero redondo, su cintura demasiado estrecha que hacía parecer sus caderas demasiado anchas. Había empezado a vestirse con buzos grandes, intentando disimular la forma de su cuerpo.

También le comentaba sobre su aroma.

—Deberías empezar a bañarte dos o tres veces en el día, porque tu aroma a pistachos se vuelve demasiado fuerte a ratos. Hay perfumes muy buenos que te voy a empezar a comprar, para que disimules tu olor. Ya sabes, puedes molestar a más de alguien, aunque no lo entiendo porque es un aroma maravilloso. Ah, y también quería hablarte de tu trabajo. Sabes que no está bien visto que un omega trabaje tanto, el departamento está un poco descuidado y soy un buen alfa que puede ver por ti. Quizás deberías ver la opción de trabajar medio día.

—Prometo que lo voy a pensar, John, —contestaba encontrándole razón.

Como consecuencia, Louis sí empezó a trabajar medio día, y las tardes las dedicaba a ordenar y limpiar el departamento. Comenzó una dieta estricta y en un mes logró bajar siete kilos, lo que lo puso muy contento. Empezaba a verse cadavérico y huesudo, sus curvas estaban desapareciendo y su pelo comenzó a caerse, así como sus uñas se debilitaron. Las salidas con sus amigos se hicieron escasas, y cuando salía a alguna celebración con John, por lo general estaba callado y bebiendo agua o jugo, mientras el alfa se reía escandalosamente y bebía a manos llenas.

La madre de Louis estaba preocupada. Había notado todos los cambios de su hijo, a pesar de verlo cada vez menos, porque John había convencido a Louis, de que Emmy estaba en contra de su relación.

Tres meses después de esos “sutiles cambios”, en una noche en que Louis se había sentido mal durante el día debido a un resfriado que lo tenía muy débil, John se enojó porque no había una cena preparada ni servida en la mesa. Louis apenas se podía mantener en pie, estaba con fiebre y mucho malestar.

—¿Tengo que rogarte para que me atiendas? Tengo hambre.

—John... No puedo, me siento mal... Ayúdame, ¿sí? ¿Podrías prepararme un té?

—¿Te sientes mal? Peor te vas a sentir si no te mueves, ¡prepárame algo para comer!

Louis, haciendo un esfuerzo supremo se levantó y fue a la cocina, pero estaba tan sin fuerzas, que el plato se le cayó al piso, rompiéndose en mil pedazos.

—Lo siento... Ya recojo...

—¡Eres un inútil! —dijo acercándose y dándole un empujón tan fuerte que lo lanzó al suelo. —¡Voy a comer afuera!

Louis se quedó en el piso unos momentos, intentando procesar lo que había pasado. Como pudo arregló el desastre, y luego, llorando, fue a acostarse. No sabía si su llanto era por el malestar, por el dolor de su espalda por el golpe, o por lo violento de lo ocurrido. Una hora después se durmió.

Cuando John regresó, preparó una tetera con té, miel y limón, y se la llevó a Louis.

—Bebé, toma esto, —ofreció una taza, junto a unas pastillas. —Te vas a sentir mejor.

—No me toques, aléjate de mí, —dijo Louis con dificultad.

—No empecemos bebé, sabes que tuviste la culpa.

—La violencia nunca es justificable, John, y yo estoy enfermo.

—Discúlpame, ¿sí? Tuve un día difícil, y solo quería pasar un buen rato contigo. Ahora no me hagas enojar y tómate el té para que te sientas mejor.

Louis le hizo caso y sí, se sintió mejor. Pudo dormir más tranquilo. Al día siguiente, John llegó temprano, sorprendiéndolo.

—¿Cómo te sientes, bebé? —Preguntó, entregándole un hermoso ramo de flores. —Siento mucho lo que pasó, me equivoqué. Te juro que no volverá a pasar...

—¿De verdad? Me duele mucho la espalda, tengo un gran moretón... Tuve mucho miedo, John.

—Lo sé, bebé... No tienes que hacerme enojar y va a estar todo bien. Mira, traje comida china para cenar, y después voy a hacerte una friega con una pomada especial que compré, ¿sí?

—Gracias... Gracias por disculparte, es muy importante para mí...

—Voy a consentirte mucho, bebé, pero debes prometerme que esto que pasó, quedará entre nosotros dos.

—Sí, lo prometo.

Esa noche, John se portó muy bien con Louis, lo cuidó y ayudó con las cosas de la casa.

Una semana después, John estaría de cumpleaños, y había invitado a su grupo de amigos para tomar una cerveza en el departamento.

Fue una velada muy entretenida, excepto para Louis, que estaba mudo y se dedicaba solo a atender y servir a todos.

Uno de los amigos de John, de nombre Theo, le hizo un comentario al alfa.

—Louis se ve mal, está demasiado delgado, ¿no crees?

—¿Por qué opinas sobre mi omega? ¿Acaso te gusta?

—¿De qué hablas? Claro que no, no es para nada mi tipo, ya cálmate.

Pero John se levantó de su asiento, y delante de todos le dio una cachetada a Louis. —¡Anda a cambiarte de ropa! Pareces una puta.

Louis salió corriendo hacia su habitación, donde se encerró muerto de la vergüenza, la humillación y el miedo.

En el living, reinaba el silencio.

—Bueno, —decía otro de los amigos de John, —creo que debemos irnos.

—Sí, vámonos. Dejemos que John arregle las cosas.

—Debe gustarle que le peguen, por eso sigue aquí, —dijo otro.

—Lo siento, —se disculpó John. —Louis últimamente se está portando extraño y tengo que mantenerlo a raya. La próxima vez, nos juntamos afuera.

Todos se fueron, y John por un segundo se sintió mal por haber actuado así. Tuvo que dormir en el sofá esa noche, porque Louis no quiso abrir la puerta y por suerte John no quería seguir discutiendo, porque de lo contrario, la puerta hubiese terminado hecha añicos.

Temprano en la mañana, John se fue a trabajar, dejando el desayuno listo en la cocina, y una pequeña carta.

“Espero que cuando despiertes estés mejor, bebé. Me descontrolé porque no me gusta que nadie te mire, ni haga comentarios sobre ti; porque a pesar de que intento aconsejarte no me haces caso, y pasan estas cosas. Solo intentaba protegerte y lo hice mal. Perdóname. bebé. Te juro que esta sí fue la última vez... Te amo con todo mi corazón. Llegaré temprano y traeré la cena, que tengas un lindo día”.

Cuando Louis despertó y fue al baño, pudo ver su rostro con una marca violácea en él, donde había golpeado la mano de John. Tenía inflamado y sensible, pero esa vez las lágrimas fueron menos.

Fue a la cocina, y vio el desayuno y la carta, que leyó una y otra vez. Sabía que su alfa lo amaba y estaba intentando cuidarlo, y él no estaba haciendo las cosas bien. Tendría que ser más receptivo e intentar ser el omega que su alfa necesitaba, y si John pensaba que necesitaba esos golpes, era por algo. Seguramente él no estaba poniendo atención, y necesitaba quien lo guiara. Afortunadamente tenía a John.

Lentamente se acostumbró a los golpes, o eso quería pensar. Nunca podría habituarse a sentir pánico, ni horror ni el pavor de cuando John llegaba molesto y se descargaba con él.

Apenas dormía por las noches, solo pensando en cómo hacer que las cosas se arreglaran y que siempre estuvieran bien. Después de cada golpe aparecían las disculpas, los gestos amables, los mimos, y un par de días hermosos, donde las promesas y los juramentos intentaban incrustarse en su mente para poder seguir.

John alejó a todos, las pocas personas que rodeaban a Louis, desaparecieron. El omega, incluso, tuvo que dejar de trabajar, porque no podía estar faltando cada semana o cada dos, debido a los golpes y con toda la pena de su corazón les dijo adiós a sus pequeños alumnos.

La única actividad que tenía Louis era salir a comprar la despensa y lo necesario para la casa. Y también, maquillaje y lencería.

Se había vuelto el fetiche de John. No le gustaba ver al omega golpeado, por lo que empezó a obligarlo a maquillarse, y como le gustaba lo que veía, empezó a exigir que dentro de la casa estuviera siempre maquillado y usando prendas femeninas, como faldas o vestidos siempre acompañadas de bragas de encaje y corpiño a juego.

¿Cómo se sentía Louis?

Destrozado. Su autoestima siempre tan frágil, había desaparecido por completo, cambiándose por humillación, la peor. John lo había empezado a llamar Louiset, sobre todo en la cama, donde siempre exigía más, incluso cuando el omega apenas podía moverse por algún golpe. Muchas veces lo golpeó durante el sexo, y era cuando Louis más sufría porque no lograba lubricar lo necesario y eso era un problema para John, que no estaba a gusto con la sequedad entre las piernas de Louis.

Cuando el omega iba al supermercado, siempre lo atendía el mismo chico. Un lindo joven de ojos celestes, y pelo rubio, y que era extremadamente amable. Louis evitaba el contacto lo más posible, no quería dar ningún motivo para que John pensara mal o peor de lo que ya lo hacía.

Niall, que era el nombre del chico, llevaba trabajando en ese supermercado varios meses, y tenía a uno de sus mejores amigos, como compañero en las cajas, llamado Harry.

—Estoy seguro de que algo le pasa, —decía un día cualquiera, Niall a su amigo. —Siempre parece asustado, nunca me mira a la cara, no habla, apenas saluda... Me da pena.

—Lo he visto, —contestaba Harry. —Y creo que tienes razón, pero no podemos hacer nada mientras no sepamos la verdad. ¿Siempre anda solo?

—Una vez vino con un alfa, supongo que era su pareja, y pese al perfume que andaba trayendo, pude sentir el miedo en el aire.

—Pobre chico, ojalá nos equivoquemos.

—Voy a seguir atento, y voy a intentar hablar con él.

—Es buena idea. Ya tenemos que volver a trabajar, vamos.

Ese día en la noche, Louis estaba terminando de arreglarse, poniendo un poco de brillo en sus labios, cuando llegó John de buen humor. Comieron tranquilos, casi en silencio.

—Mañana sábado vamos a ir juntos al supermercado, —anunció John, sorprendiendo a Louis. —Quiero ver si estás hablando con alguien, porque me parece raro que tengas que ir tan seguido de compras.

—Solo lo hago porque últimamente has estado muy antojado de cosas que normalmente no tengo en la despensa... Solo por eso, John...

—De todas maneras vamos a ir los dos y más te vale que no vea nada raro.

Louis bajó la cabeza. —Sí, no te preocupes.

—Había pensado marcarte, —dijo John sorprendiendo a Louis de la peor manera, —pero luego pensé, que hacerlo significaría que pudieras embarazarte, y lo que menos necesitamos es un bastardo.

Louis por dentro suspiró de alivio.

—Tienes razón John, eres tan inteligente...

—Lo sé, no tienes que decírmelo. Ahora anda a ponerte guapa, quiero que me modeles esto. —Se levantó y le entregó una bolsa a Louis. —Lo pasé a comprar para ti.

Era una conjunto de encaje rojo que no dejaba nada a la imaginación.

—Sí, ya vengo...

Louis intentaba limpiar sus lágrimas para que no se arruinara su maquillaje, mientras se vestía con esa ropa que le parecía horrible y ordinaria. No se había dado cuenta de que también venían zapatos de taco. Y se quiso morir... ¿Hasta cuándo tendría que soportar?

Salió hacia el living, intentando mostrarse deseable y atractivo, caminando lento y pausado, porque no sabía cómo caminar con esos zapatos. Logró llegar a salvo, y John sonrió satisfecho.

—Ven putita, móntame, estoy listo, —aseguró mientras dejaba de masturbarse.

Mientras retocaba su maquillaje, Louis había hecho el ejercicio de excitarse, y aunque poco, logró lubricar. Sabía que era peor si no lo lograba.

Louis apoyó un pie en el suelo, y levantó la otra pierna para quedar sentado sobre John.

—Déjame jugar un poco, ¿sí? —Preguntó esperanzado de tener un poco más de tiempo.

—Nada de juegos, ya móntame.

—Sí, lo siento...

Tuvo que tomar el miembro del alfa y ponerlo entre sus mejillas cada vez menos carnosas, y comenzar a moverse. Por fortuna, al parecer el fetiche de John lo hacía durar muy poco, y en un par de minutos había terminado su tortura.

—Me voy a dormir, estoy cansado.

—Sí... Voy detrás de ti.

—Ah, y apúrate en sacarte el maquillaje, siempre te demoras demasiado.

—Lo siento, lo haré rápido, no quiero molestarte.

Esa noche Louis apenas durmió. Los fines de semana eran los peores, tenía que estar todo el día vestido de mujer, y rogaba a todos los dioses que en el supermercado nadie le hablara.

Desayunaron sin problemas y salieron al supermercado.

Hicieron algunas compras y llegaron a la caja. Estaba Louis poniendo las cosas en la cinta, cuando miró sin querer a Niall y este le había sonreído. De inmediato John lo había notado, y tomó del brazo a Louis, con tanta fuerza que lo hizo gritar, llamando la atención de todos.

—¡Cállate! —Gritó descontrolado, sin darse cuenta de que era peor. —Maldita puta, ¡que te calles! —Una cachetada fue el golpe de gracia que mandó a Louis al suelo.

De inmediato llegaron dos guardias y separaron a Louis de John, que quería seguir golpeándolo.

—¿Se encuentra bien? —Le preguntaron al omega.

—Sí, estoy bien.

—Llévalo a la sala de descanso, —dijo uno de los guardias, mientras llamaba a la policía.

Estaban todos pasmados en el lugar, porque la violencia entre parejas era cada vez menos tolerada, y era claro que el omega estaba aterrado. Temblaba y apenas podía caminar.

Niall le pidió permiso a su jefa para ir con Louis. Era terapeuta ocupacional, por lo que tenía mucha paciencia, era muy empático y tenía una gran facilidad para lograr que las personas entraran en confianza.

Tomó una botella de jugo y se fue detrás de Louis, mientras John gritaba que lo dejaran en paz y que nadie se acercara a su omega.

En la sala de descanso, dejaron a Niall entrar con Louis, mientras un guardia vigilaba afuera.

—Hola, mi nombre es Niall. Siempre te veo comprar acá, ¿vives cerca?

Louis lo miró con miedo, y movió la cabeza afirmativamente.

—Lo que hablemos en esta sala no saldrá de aquí. Puedes confiar en mí. ¿Quieres jugo? Esta marca es nueva y muy rica, te lo recomiendo, —dijo sonriendo. —Puedes respirar profundo un par de veces para que te tranquilices, es normal que tengas miedo, pero las cosas van a cambiar. Ese alfa que estaba contigo no podrá volver a acercarse a ti.

—¿Por qué?

—Porque tienes que denunciarlo.

—No puedo, es mi alfa.

Niall miró el cuello de Louis. —No es cierto, no estás marcado, pero sí muy golpeado. Y quiero que entiendas algo, aunque no hicieras la denuncia, hay una situación de violencia que debe ser investigada. Si te llevan a constatar lesiones saldrá todo a la luz, y eso es bueno, estás a salvo.

—Pero John se va a enojar y después será peor.

—Tienes miedo... Y lo entiendo, pero confía en mí. No voy a dejarte solo, puedes contar conmigo. ¿Hay alguien a quien pueda llamar? ¿Tus padres? ¿Algún amigo?

—No hay nadie...

—¿Tu mamá? Estoy seguro de que ella no sabe nada de ti, ¿verdad?

—Ella no me quiere...

—¿Puedo hacer el intento de hablar con ella? ¿Me dejas?

—Está bien...

Louis apenas se mantenía sentado, estaba al borde de sufrir una crisis de pánico.

Niall marcó al número de Emmy.

—¿Aló? —contestó ella.

—Hola, soy Niall. Estoy aquí con Louis, y...

—¿Le pasó algo a mi niño? ¿Está bien? ¿Puedo hablar con él?

—No está bien, pero Louis tenía miedo de llamarla, pensó que usted estaba enojada o molesta...

—Es mi hijo, él se ha alejado de mí pero yo sigo aquí, para siempre... —dijo comenzando a llorar, presintiendo algo malo.

—Estamos en el supermercado central, la sucursal de la Avenida Transversal.

—Voy de inmediato.

Niall colgó. —Tu mamá viene en camino, se nota que te quiere mucho.

Louis estaba mudo, aterrado, pensando mil cosas por minuto y su corazón a punto de salirse de su pecho. Se desmayó.

Niall avisó al guardia y juntos lograron recostarlo sobre la mesa.

Afuera, llegaba la policía y luego de un par de preguntas, se llevaron a John detenido. Uno de los policías se quedó, tenía que escoltar a Louis al hospital.

En la pequeña sala, Niall había liberado un poco de su aroma a palomitas de maíz, para que Louis supiera que era un omega, y que estaba a salvo. Unos minutos después despertaba, y luego de tomar unos sorbos de jugo, se sintió en condiciones de ir al hospital. Sin embargo, quería esperar a su mamá.

Emmy llegó en menos de diez minutos, y corrió hasta abrazar con fuerza a su hijo.

—Por Dios... ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo ese infeliz? —Preguntó llorando, mientras miraba el rostro violáceo de su hijo.

Pero Louis no contestó. La vergüenza era demasiada en ese momento, solo quería y necesitaba un poco de paz, saber que todo estaría bien.

—No podemos esperar más. Debemos ir al hospital ya mismo, —informó el oficial de policía.

—Vamos, —dijo Emmy, ayudando a Louis a levantarse. —Jamás podré pagarte lo que acabas de hacer, —expresó con todo su amor, mirando a Niall. —Gracias.

—Por favor, llámeme y cuénteme cómo sale todo. Ya tiene mi número. Suerte...

Niall los vio salir, con su corazón encogido de dolor. Le dolía profundamente la situación de Louis y le gustaría ayudarlo, acompañarlo. Deseaba con todo su corazón que Emmy lo llamara.

Volvieron todos a trabajar normalmente en el supermercado, mientras Niall y Harry se miraban con pena.

En el hospital, revisaron a Louis por completo, descubriendo los golpes recientes y antiguos que había sufrido el omega. Incluso tenía un par de fisuras en la costilla, por eso le costaba tanto caminar.

Se hizo un informe completo del estado físico de Louis, y debido a las pruebas obvias de maltrato, se iba a pedir una pericia psicológica de manera urgente. Una hora después, ese informe también estaba listo.

El policía los llevó a la estación, para poner la denuncia. Sin embargo, Louis no fue capaz de decir una sola palabra.

—Entiendo que pueda estar en shock, pero quiero que sepa, que de todas maneras es nuestro deber denunciar este caso. Si después, mañana o en una semana o un mes, se siente en condiciones de denunciar, venga y lo ayudaremos. Por ahora, ese tipo tiene prohibición de acercarse a usted o a su familia. Pueden retirarse.

Emmy tomó a Louis, y en un taxi lo llevó hasta su casa. Lo guio hasta el baño y lo desnudó. Con todo su amor de madre, lo enjabonó y limpió, mientras los dos lloraban. Luego de eso, lo sacó y secó, poniéndole un pijama abrigado, y lo acostó. Le preparó un té de manzana con canela, y lo acompañó hasta que se lo bebió. Le dejó la lámpara prendida y se fue a su habitación; sin embargo, una hora después lo fue a ver, y lo encontró en la misma posición, mirando al techo.

Se puso su pijama, se lavó los dientes, y se fue a acostar con su hijo. Lo abrazó y lo volvió a escuchar llorar. Lo meció, lo acunó, lo acurrucó entre sus brazos cálidos, y lo hizo dormir.

Al día siguiente, Emmy se levantó apenas abrió un ojo. Dejó a Louis durmiendo muy abrigado, y se fue a preparar el desayuno, uno que tuviera muchas cosas ricas, y las favoritas de Louis: jugo de naranja, panqueques con frutas, tostadas francesas. Lo tuvo listo justo a tiempo.

Fue a verlo a la habitación, y lo encontró, otra vez, con la mirada en el techo, vacía, angustiada, temerosa.

—Buenos días mi pequeño, ¿pudiste dormir bien?

—¿Dónde está?

—No lo sé...

—¿Va a volver? Yo... Lo extraño...

El corazón de Emmy se rompió en mil pedazos. —Es normal que lo hagas, —dijo intentando ser comprensiva. —Pero de a poco vas a entender algunas cosas y todo estará bien. Por ahora yo te voy a cuidar y a mimar.

—Tú no lo quieres...

—No, nunca me gustó para ti, pero siempre respeté tu decisión de estar con él.

—¿Y por qué te alejaste de mí?

—Yo no lo hice, siempre he estado aquí para ti, para cuando me necesitaras.

—Pero John dijo que tú no me querías...

—Quizás se confundió o mal interpretó mi preocupación, pero eso no es importante... Preparé un desayuno delicioso, lo voy a traer... ¿Quieres que comamos juntos?

Louis la miró, aún con dudas. —Está bien.

Louis apenas probó los alimentos. Se tomó el jugo y el café, y apenas tocó la fruta.

—¿No tienes hambre? —Preguntó Emmy.

—Eh, no, no mucha... Lo siento...

—No te disculpes mi niño, está bien. ¿Quieres que te prepare algo especial para almorzar?

—Una ensalada estaría bien...

—Hijo, estás tan delgado... ¿No prefieres que haga tu plato favorito? ¿Una risca pasta al pesto, con muchos frutos secos?

A Louis se le hizo agua la boca, y comenzó a llorar. Emmy se acercó y lo abrazó, consolándolo con todo su amor.

—No me gusta mi cuerpo...

—Eres perfecto así como eres... Lo único importante es que tú te sientas a gusta en él. Nadie debe opinar sobre tu imagen, recuérdalo. ¿Sabes? Sé que es todo muy reciente, y que estás confundido, pero en la estación de policías me dijeron que tienes derecho a atención psicológica especializada. ¿Quieres que tome una hora?

Louis movió la cabeza en una afirmación. Estaba seguro de que podría convencer a la terapeuta de la fuerza del amor que sentía por John y quizás podrían volver a estar juntos, ahora sin golpes para siempre, porque lo más probable es que su alfa hubiese aprendido la lección.

Mientras Emmy cocinaba, Louis intentaba dormir, pero las imágenes y el recuerdo de tanta violencia no lo dejaban en paz. Se levantó y fue a sentarse al sofá de la sala, a ver un poco de televisión.

—Estaba pensando, —dijo Emmy, sacándolo de su estado de concentración, —que si te sientes a gusto, podría llamar a Niall, para que viniera a verte, ¿qué dices?

Louis hizo el esfuerzo por saber de quién hablaba su mamá, hasta que la imagen de ese chico rubio de bonitos ojos, llegó a su mente.

—¿Crees que es buena idea...?

—Podríamos probar. Quizás tiene más amigos, y...

—No, no más gente... Sólo él, ¿sí?

—Sí, así será. Lo voy a llamar para saber si tiene tiempo de venir a cenar con nosotros.

Louis volvió a concentrarse en el programa de televisión, mientras comía de una pequeña fuente, manzanas cortadas que su mamá le dejó a un lado sin que se diera cuenta.

A la hora de almuerzo, Louis comió un poco más, y Emmy le avisó que esa noche Niall cenaría con ellos.

Durante la tarde, Louis no quiso salir a caminar. Prefirió sentarse nuevamente a ver televisión, mientras su madre lo miraba preocupada. Pero no iba a bajar los brazos, sabía que todo el proceso estaba recién empezando y ella tenía amor de sobra. Se sentó a su lado y comentaron una película muy bonita que vieron, mientras comían helado directo del bote, para alegría de Louis que siempre amó esas cosas, y que había tenido que dejar de hacer porque John moría del asco.

Antes de que se dieran cuenta, Niall estaba tocando el timbre.

—¡Hola! —Saludó Emmy, muy feliz. —Pasa por favor, gracias por venir.

—Gracias por invitarme. No sabía qué traer, así es que compré una tarta de frambuesas, ojalá les guste.

—Es la favorita de Louis, está en el sofá.

—Permiso, —dijo Niall, acercándose con precaución. —Hola, ¿cómo estás?

—Hola... Em, bien, mejor... Gracias por estar aquí...

—No tienes que darlas, estábamos preocupados por ti.

—¿Quienes?

—Mi amigo Harry y yo. Él también trabaja en el supermercado, y estaba ese día que pasó... eso.

—Ah... ¿Tienes más amigos?

—Además de Harry, tengo a Liam y a Zayn, todos alfas, —contó sonriendo y sentándose cerca de Louis.

—Pero tú eres un omega... ¿Cómo es posible que tengas amigos, y además, alfas?

—Soy un omega, es verdad, y de hecho, Liam y Zayn son novios. Nos llevamos increíblemente bien, porque ellos son grandes personas. Siempre han sido respetuosos, cariñosos, preocupados. Han estado en mis momentos más difíciles, yo los adoro.

—¿Y por qué no tienes un alfa?

—Porque no tengo tiempo. Soy terapeuta ocupacional, y Harry es fonoaudiólogo. Como nuestras carreras son muy compatibles, tenemos el sueño de poner un pequeño centro para ayudar a los más pequeños que tengan dificultades de aprendizaje. Durante la semana trabajamos en una clínica privada, y para poder ahorrar más, trabajamos nuestras horas libres en el supermercado.

—¿De verdad? —Preguntó Louis abriendo los ojos. —¿Y tu familia? ¿Te apoya?

—Mi familia... Me apoya a lo lejos, soy irlandés, y toda mi familia está en Irlanda. Hablamos cuando podemos y eso sería todo, llevo diez años acá solo, y ya me acostumbré a esta relación más lejana.

—Perdón que los moleste, —interrumpió Emmy, —la cena está servida.

—Qué bueno, porque estoy muriendo del hambre, —aseguró Niall, haciendo sonreír a Louis.

Se sentaron a la mesa y comenzaron su cena. Pronto Niall había acabado con casi toda la comida, llamando profundamente la atención de Louis. Una vez que volvieron al sofá, Louis se atrevió a seguir la conversación.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que quieras.

—¿No te da miedo engordar? ¿Qué nadie te quiera por estar con sobre peso?

—¿La verdad? No.

—¿No?

—No. Mi amor por la comida es algo sublime, nadie jamás va a lograr que eso cambie. Si engordo o no, es mi problema. Si no te gusto, pues no me mires. Mientras yo me sienta bien, está todo perfecto.

—¿Pero crees que alguien pueda amarte si no eres atractivo?

—El ser atractivo es algo muy poco objetivo, Louis. A mí pueden gustarme las alfas morenas y de ojos claros, y a otro omega, las alfas de cintura pequeña y caderas anchas. Es siempre muy relativo. Y en eso, tengo como ejemplo a mi mejor amigo, a Harry. Él ha tenido novios omegas de todo tipo. Altos, bajos, flacos, con sobre peso, de pelo largo, de pelo corto... En fin. Siempre me dice que se enamora de la manera de ser de las personas antes que de su apariencia, y es totalmente cierto.

—Y si es así, ¿por qué ha tenido tantos novios?

—Siempre lo dejan. Creo que Harry es demasiado bueno para este mundo. Es paciente, dulce, amable, cariñoso... Tengo para decir solo cosas buenas de él, y aún no ha encontrado a quien sí lo ame de verdad.

—Entiendo... —dijo Louis, pensando en que le gustaría conocer a un alfa tan diferente de John, y poder preguntarle muchas cosas que lo ayudaran a entender.

—Creo que debo irme, se me hizo muy tarde y mañana tengo que madrugar.

—Gracias Niall, —dijo Emmy en la puerta, al despedirlo. —¿Se puede repetir?

—Por supuesto. Llámame cuando quieras y me aparezco por aquí.

—Gracias de nuevo... —Se dieron un abrazo y Niall se fue. —¿Y? ¿Qué te pareció? —Le preguntó a su hijo.

—Es muy agradable y bueno para hablar... Me cae bien, es un omega muy simpático.

—Sí, me pareció muy genuino. Dijo que lo llamara cualquier día para que volviera a venir. ¿Quieres ir a dormir?

—Sí... Me voy a bañar y me voy a acostar.

—Es lo mejor. Recuerda que mañana tienes tu primera sesión con la psicóloga.

—Sí, —contestó suspirando. —No lo he olvidado.

Louis caminó a su habitación y entró al baño. Se desnudó y se miró por largo rato en el espejo. Estaba muy delgado realmente, se le marcaban las costillas y no le gustaba verse así. Pero al mismo tiempo tenía terror de engordar. Era como todo en su vida: un gran caos.

Mientras corría el agua caliente por su cuerpo, sólo podía recordar a John y sus días buenos, esas pequeñas lunas de miel, tan perfectas y maravillosas, que en su mente empezaban a opacar los malos momentos. ¿Querría John volver a estar con él? Quizás podría intentar reconquistarlo, pero ¿y si no había cambiado y quería volver a golpearlo y a humillarlo? Se sentía tan confundido, en extremo, sus emociones fluctuaban de manera impresionante. Quizás ver a la psicóloga le haría bien.

Se puso un pijama, y se acostó con la luz prendida. En medio del silencio, recordó las palabras de Niall refiriéndose a su mejor amigo. ¿De verdad existían personas buenas? ¿Pero buenas de verdad? ¿Personas que se enamoraban de lo que eras, con tus luces y tus sombras? Al parecer sí.

Y con esos pensamientos, se durmió. Despertó a media noche gritando, reviviendo los golpes que había recibido, y con Emmy corriendo a su lado para darle calor y asegurarle que estaba a salvo. Logró volver a dormir, hasta las ocho de la mañana, en que tuvieron que levantarse y prepararse para salir. Louis tenía su primera cita a las diez, y debía bañarse y desayunar. Esa mañana no quiso comer y volvió a estar muy callado.

La consulta quedaba a veinte minutos en taxi. Emmy no quería que Louis anduviera en bus por mientras se estabilizaba. El lugar era muy bonito y acogedor, con sus paredes en tonos pasteles y suaves.

Pronto Louis fue llamado.

—Hola, Louis, —saludó Martha. —Lo primero que quiero decirte, es que este es un lugar seguro. Aquí puedes hacer preguntas, llorar o guardar silencio. Toda la terapia es a tu tiempo, jamás te obligaré a decir o a contarme algo, ¿está bien?

Louis afirmó con la cabeza. Estaba sentado con los hombros caídos y las manos entre sus rodillas, sin mirar a la psicóloga.

—Lo primero que quisiera preguntarte, es cómo estás, cómo han sido estos días, ¿quieres contarme?

—Estoy confundido... Yo... Yo no me entiendo...

—Si estás confundido, es porque hay dos sentimientos opuestos, ¿verdad?

—Sí... Yo sé que John me hizo mucho daño, pero hay momentos en que lo extraño demasiado, y a su vez, eso me hace sentir culpable... No me gusta...

—Bien, vamos por parte. Cuéntame cómo era tu relación con él.

Cerca de una hora estuvo Louis hablando con Martha. Era una omega mayor, con mucha experiencia en casos de violencia, que trabajaba para la policía. Tenía paciencia de oro, y sobre todo, ganas de sacar a la mayor cantidad de personas de esas situaciones de vulnerabilidad y violencia.

Durante esa primera sesión, la idea era, además de que Louis entrara en confianza, que comenzara a darse cuenta de la realidad que vivía con John y que no podía ver debido a estar sumergido en ese escenario.

Y sí, Louis se sintió a gusto y a ratos le parecía estar hablando de otra persona, porque había situaciones que contaba y que le parecían lejanas y ajenas. Una muy pequeña conciencia comenzaba a aparecer.

Tendría sesiones dos veces a la semana, y opción a alguna atención de urgencia si era necesario.

Dos meses pasaron. Louis seguía con ese ritmo de terapia, y podría pensarse que había avanzado muy poco, porque muchas veces se quedaba callado por largos minutos. La mayoría de las noches tenía pesadillas, y había días en que apenas tomaba un vaso con agua, y otros en que todo parecía ir mejorando, y conversaba un poco más y comía sin culpa.

Durante esos dos meses, Niall iba a verlo cada viernes a la hora de la cena, y era el que mejor resultado tenía con Louis, debido a que era excesivamente genuino, y simplemente había entrado en confianza y le preguntaba directamente al omega todo lo que le pasaba por la cabeza. Eso le gustaba a Louis, que poco a poco no quería seguir siendo tratado con tanta delicadeza.

—El próximo viernes, —dijo en su última visita, Niall —es el cumpleaños de Liam. ¿Te gustaría ir a una pequeña celebración? Seríamos solo los cinco, y ya sabes, un poco de cerveza y mucha conversación.

—¿Dónde será?

—En mi departamento. Queda más cerca para todos, a diez minutos de aquí. Puedo venir a buscarte y a dejarte, y si te sientes mal, te traigo antes, no quiero que te preocupes de eso, ¿qué dices?

—No soy buena compañía...

—Eso dices tú, pero vas a ver que te sentirás a gusto con los chicos. Y si no, pues nos devolvemos.

—Está bien... Vamos...

Emmy era la más feliz, aunque estaba preocupada de que Louis estuviera en una habitación con tres alfas desconocidos, confiaba en la locura de ese chico de hermosos ojos celestes que había ayudado desinteresadamente a su hijo.

En esa última semana, Louis había empezado a experimentar un sentimiento nuevo, uno ajeno a él y que jamás imaginó sentir. Tenía rabia. Se empezaba a sentir molesto con John y su recuerdo, y según Martha era completamente normal, porque estaba empezando a darse cuenta de la realidad de su relación. Empezaban a diluirse sus buenos recuerdos, a volverse fantasmas los gestos cariñosos y a repugnarle ciertas actitudes que tenía el alfa, como todo lo de sus fetiches... Había vomitado un par de veces incluso, al recordarse vestido de esa manera tan humillante y grotesca, donde había perdido toda su poca dignidad. Empezaba a sentirse avergonzado de todo lo que había soportado. No se atrevía a contarle a nadie todo lo que había pasado y eso lo estaba frustrando horriblemente.

¿Cómo podrías contarle a tu mamá la cantidad de gritos, golpes y humillaciones que toleraste por meses? ¿Cómo podría hacer confidente a Niall de lo que tanto le dolió cada noche su cuerpo, después de ser usado por quien decía amarlo?

¿Por qué soportó tanto? ¿Por qué se dejó estar? ¿Por qué John no lo quiso? ¿Era un mal omega? Quizás, de verdad, nadie lo querría, así como decía John, porque ¿quién iba a fijarse en alguien como él? Sin gracia, sin ser atractivo, sin autoestima, con un pasado de dolor... ¿Y si mejor acababa con todo?

Se convirtió en una idea recurrente, que no compartió con nadie, porque sabía que era algo complejo y no necesitaba que lo juzgaran.

El día viernes en la mañana, después de un pequeño desayuno, y una ligera conversación entre Louis y su mamá, Emmy tuvo una idea.

—¿Sabes qué pensaba? Quizás, y solo si quieres, podría acompañarte a la peluquería y a comprar algo de ropa.

—Tengo el pelo muy largo, tienes razón... —contestó Louis, recordando que John no quería que se lo cortara porque así se veía más femenino. Antes de comenzar a agitarse, hizo tres respiraciones profundas y se sintió mejor. —Me gustaría comprar un par de buzos. Los que tengo son demasiado grandes. Me gusta tu idea, mamá. ¿Vamos ahora?

—Vamos cariño.

El nuevo corte de pelo, le lucía muy bien a Louis. Se destacaban sus preciosos ojos azules, y lo marcado de sus pómulos y la línea de la mandíbula. Le gustó verse, porque se sintió más masculino, y necesitaba empezar a reconciliarse con ese tema.

En el centro comercial, Emmy consintió todos los gustos que quería Louis, y que consistieron básicamente en un guardarropa completo. Quería, simbólicamente, eliminar cualquier rastro de su vida con John, y eso significaba cambiar hasta sus calcetines.

Aprovechando que estaban ahí, aprovecharon de almorzar. Apenas llegaron a casa de Emmy, se dedicaron a botar todo lo que Louis sacó y lo dejaron en bolsas para regalar a quien pudiera necesitarlo.

La hora en que Niall llegaría por Louis, apareció casi por sorpresa. Louis estaba cansado y a punto de desistir de ir a la reunión. Sin embargo, el rubio logró convencerlo, para que por último, conociera a sus amigos y luego lo llevaría de vuelta a la casa para que pudiera dormir.

Iba, Louis, con mucho temor. La energía de los alfas, de por sí era muy intensa, y no se imaginaba estar compartiendo el mismo espacio con ellos, pero también sabía que podía refugiarse en Niall, confiaba en él.

Llegaron en los diez minutos que había dicho el irlandés, y a Louis le pareció un lugar muy original. Bastante desordenado pero acogedor, lleno de muchas cosas, que estaba seguro, eran innecesarias. Pero le daba un aire de relajo al departamento que lo hizo sentir más tranquilo. Cinco minutos después sonó el timbre, y Niall abrió. Hizo pasar a los dos invitados que habían llegado e hizo las presentaciones.

—Mira Louis, él es Zayn, y él es Liam. Chicos, él es Louis.

Se dieron la mano, y sonrieron. A Louis le llamó la atención que la energía de los alfas, si bien era intensa, también era muy suave. Podía notar los aromas a té y jengibre ligeramente dulces, y eran olores que le agradaban mucho.

—Por fin nos conocemos, —dijo Liam, sonriendo hasta los ojos. —Niall nos habla todo el tiempo de ti.

—¿En serio? —Contestó poniéndose colorado hasta las orejas.

—Pero han sido solo cosas buenas, —corrigió Zayn, sintiendo que su novio había dicho algo mal.

—Lo siento... Creo que necesito ir al baño, permiso.

Zayn y Liam miraron a Niall pidiendo ayuda.

—Solo tengan paciencia y no se extrañen de sus reacciones. Es primera vez en mucho tiempo que comparte con otras personas que no sean su mamá o yo, y además, ustedes son alfas. Entiéndanlo.

—Lo hacemos, solo no queremos hacerlo sentir mal o incómodo.

—Verán que si logramos que se relaje, va a ser todo más fácil.

No sabían que Louis estaba escuchando, y que esas palabras lo hicieron sentir muy bien. Nunca imaginó que de verdad podía conocer a personas que se preocuparan de cómo se sentía, y se prometió en ese momento, hacer un esfuerzo por relajarse y pasar un buen momento.

Cuando volvió a la sala, más sonriente, sonó nuevamente el timbre, y Zayn fue a abrir.

—¡Hola! Pasa. Mira Louis, él es Harry. Harry, él es Louis.

—Mucho gusto, —dijo Harry, completamente prendado, no solo de Louis completo, también de ese aroma delicioso a pistachos.

—Hola, —contestó Louis, con la voz temblorosa y tímida. No podía creer que en el mundo existiera un alfa tan lindo como Harry, y que oliera a cerveza fresca, un poco amarga, deliciosa.

—Bien, ya que todos nos conocemos, —dijo Niall, —podemos sentarnos tranquilamente. ¿Quién quiere cerveza?

—Yo, —dijeron al mismo tiempo Louis y Harry, provocando la risa en los demás.

—Nosotros queremos vino, —afirmó Liam.

—Y yo, voy a tomar un jugo.

—¿Y eso? —Preguntó Harry, comiendo maní.

—Estoy a cargo de Louis y no puedo manejar si me pongo a tomar, menos vodka. Me preparé una piña colada sin alcohol, que me quedó deliciosa.

—Yo quiero probarla, —pidió Zayn.

—Solo un poco. Ya los veo a todos queriendo tomarse mi bebida, —contestó molesto.

Mientras Liam, Zayn y Niall tenían una pequeña, divertida y ridícula discusión en la cocina, Harry y Louis empezaban una conversación, sentados en el suelo de la sala, donde Niall había puesto unos cojines blandos y mullidos.

—Niall me contó que ese día estabas en el supermercado porque trabajas ahí con él...

—Sí, aunque ya habíamos hablado de ti... Y me disculpo por eso, pero nos había llamado la atención que siempre parecías nervioso.

—Era todo un reto para mí salir del departamento, ya sabes... A John no le gustaba...

—Me lo imagino. ¿Llevaban mucho tiempo juntos? ¿Siempre fue así de violento? Perdóname si mis preguntas te incomodan, solo dímelo y me callo, —pidió sonriendo.

—No me molestan las preguntas. Mi psicóloga dice que me hace bien hablar y verbalizar lo que me pasó, que es parte de sanar. No recuerdo bien cuánto llevábamos, pero lo más difícil fueron los últimos... No sé, ocho o diez meses... Pero, ¿no te molesta escucharme? Pienso que puede ser aburrido...

—Claro que no. Si puedo ser una pequeña parte de tu sanación, estoy feliz de serlo. ¿Y sientes que la terapia te ha hecho bien?

—Mucho, aunque hay días en que no es suficiente y siento que debería terminar con todo.

Harry abrió los ojos sin querer. —Lo siento...

—No te disculpes, supongo que no es costumbre que alguien cuente algo así de la nada, ¿verdad? Pero no te preocupes, sé que no está bien, pero por mientras son cosas que están en mi cabeza. Sí puedo decir que al principio era un pensamiento mucho más recurrente, ahora ya no tanto...

—No puedo imaginar lo difícil que fue pasar por todo esa violencia, y creo que eres muy valiente. No sé si algún día puedas sanar por completo, aunque creo que sí, y me encantaría estar ahí para verlo... Sé que recién nos conocemos, y creo que estoy hablando de más, —dijo sonrojándose.

Y Louis lo miró un poco escéptico. Un alfa excesivamente dulce y sensible estaba frente a él. —Gracias... Eh, yo no sé qué decir, —explicó riendo. —Mejor cuéntame de ti, sé que eres... ¿fonoaudiólogo?

—Sí.

—Y trabajas con niños.

—Puedo trabajar con cualquiera, pero los niños son mi debilidad.

—¿En serio? También son los míos.

—No puede ser... ¿A qué te dedicas?

—Soy profesor, es decir, era profesor en un jardín. Tuve que dejar de trabajar porque estaba pidiendo muchos permisos. No podía ir a trabajar con la cara golpeada, y por eso decidí dejarlo.

—Entiendo, —afirmó Harry, muriendo de dolor por dentro y disimulándolo muy bien. —¿Y cuántos niños tenías a cargo?

—Mi curso eran 25 revoltosos, los extraño mucho.

—¿Has pensado volver a trabajar?

—No, no lo he pensado, pero ahora que lo dices, quizás cuando esté más estable pueda hacerlo. Estoy recargando demasiado a mi mamá, y no es justo. No ha podido trabajar tampoco por cuidarme, y espero pronto poder retribuirle todo... ¿Y tu familia?

—Mis padres son separados, pero nos llevamos increíble los tres. Soy hijo único, y siempre nos vas a ver juntos en las celebraciones, ellos me han enseñado todo lo que sé y todo lo que soy. Mi papá es omega, y mi mamá alfa, creo que por eso soy un alfa poco alfa.

—¿Un alfa poco alfa?

—Sí, soy demasiado sensible, o eso siempre me dicen, y está bien, me gusta serlo. Pero hay veces en que quisiera ser un alfa más, no sé cómo decirlo... Más rudo quizás.

—No tienes que serlo, es decir, si dices que no tienes un problema con ser más sensible, deberías quedarte con eso.

—Sí, es solo que a veces es imposible no escuchar a los demás, ¿verdad?

—Tienes razón, pero supongo que es normal también, y que finalmente no podemos anular lo que somos. Puedes querer ser más rudo, o decidido o lo que sea, pero al final del día, eres un alfa sensible, y eso está perfecto.

—Sí, creo que tienes razón. Cuéntame que es lo que más te gustaba de tu trabajo.

—Qué difícil... Creo que los juegos, cantar, dibujar, correr... Intento enseñar todo a través del juego, y los niños son seres muy divertidos y ocurrentes.

—Eso es muy cierto, me encanta que lo sean.

—¿Y no tienes hijos? ¿Por qué? —Preguntó Louis, terminando su segunda cerveza.

—No he tenido suerte en el amor, siempre me dejan, y ni siquiera se ha alcanzado a plantear el tema de la familia. Menos de una marca. Es eso, yo feliz tendría media docena ya.

—Yo ahora agradezco no tenerlos, aunque siempre lo he querido. John no estaba de acuerdo y por eso nunca me marcó... Ahora veo que lo que me daba pena hace unos meses, ahora me da tranquilidad.

—Deberíamos tener un hijo juntos, —dijo Harry sin poner atención a sus palabras.

—¿Qué?

—¿Qué de qué?

—Acabas de decir que deberíamos tener un hijo juntos.

—¿Lo dije? Perdón, pensé que se había quedado en mi cabeza... Lo siento, no quise incomodarte, lo decía porque...

—No te preocupes, —interrumpió Louis divertido, —te entiendo, en serio.

Se pusieron a reír, y para Louis se sintió increíble, porque no recordaba cuando fue la última vez que lo había hecho.

En ese momento aparecieron Liam, Zayn y Niall, que habían decidido darles espacio, al notar que Louis se había sentido en confianza con Harry.

Desde ahí, la noche fue muy divertida. Pidieron pizza, jugaron cartas, conversaron mucho y Louis estaba más que feliz de haberse decidido a conocer a ese grupo de alfas diferentes a todos los que había conocido antes.

Le llamó mucho la atención la relación entre Liam y Zayn. Se miraban con tanto amor, eran tan respetuosos con el otro, tan relajados, que se sintió mal. ¿Por qué él no pudo tener una relación así de bonita?

A eso de las cuatro de la mañana, quiso irse a su casa, y Niall lo llevó, después de despedirse de todos con un gran abrazo.

En su cama, una vez más revivió el dolor de los golpes de John, y volvió a llorar en silencio, como si pudiera engañar a Emmy. Ella siempre supo de las lágrimas de su hijo, solo que le dio espacio para que desahogara como pudiera.

En el departamento de Niall, hablaban los chicos sobre Louis.

—Es muy simpático, —dijo Liam.

—Muy dulce, —afirmó Zayn.

—Y divertido, —confirmó Harry.

—Se los dije, que les iba a caer bien, y creo que será fácil incluirlo en nuestros planes, ¿qué dicen?

—Yo estoy feliz de poder ayudarlo, —aseguró Harry. —Hablamos de muchas cosas, pero se nota que está muy, muy dañado, y necesita tiempo para sanar.

—Es que no es para menos. Vivió violencia de manera sistemática, y solo él sabe el infierno que pasó. Estoy seguro de que ni su psicóloga sabe todo, —comentó Zayn.

—Tienes razón. Pero quizás podemos ayudarlo. Creo que el hecho de que empiece a salir, le va a hacer bien, —opinó Liam. —Necesita, creo, volver a sentirse seguro.

Una hora después, estaban todos durmiendo.

Cuando Louis despertó, se sintió mejor. Haber llorado le hizo bien, pudo dormir tranquilo.

—Buenos días, dormilón, —saludó Emmy.

—¿Qué hora es?

—Las doce.

—¡Las doce! Dormí mucho.

—La verdad es que no. Llegaste pasadas las cuatro y creo, si no me equivoco, que te dormiste cerca de las cinco. Dormiste apenas siete horas, pero déjame que te traiga el desayuno para que me cuentes cómo te fue.

En un par de minutos volvió con una ensalada de frutas y un jugo de naranja para Louis, y se sentó a los pies de la cama.

—Lo pasé muy bien, mamá. Fueron todos muy amables.

—¿No te sentiste nervioso con todos esos alfas?

—Al principio sí, pero ¿sabes? Ellos son tan distintos a John y a sus amigos, pero tan diferentes... Son dulces, son amables, son preocupados. Me hicieron sentir como uno más, como si nos conociéramos de siempre...

—Cuéntame, cómo se llaman y a qué huelen.

—Liam tiene aroma a jengibre, es novio de Zayn, que huele a té. Ellos son muy tiernos a pesar de ser los dos alfas. Y Harry... Él, su aroma es cerveza y... Mamá... Él es, no sé cómo decirlo. Si alguna vez soñé con un alfa con el que compartir mi vida, hubiese sido él.

—¿No es una posibilidad ahora?

—No... Yo no sería capaz de estar con alguien, y sí, puede que sea porque todo es muy reciente, pero no quiero ilusionarme pensando en un futuro con otro alfa, —suspiró.

—Lo entiendo, y está bien. Pero entonces, supongo que seguirás conociéndolo, a él y a los demás chicos, ¿no? Quizás no puedan ser pareja, pero sí grandes amigos.

—Eso me gusta mucho. Él es muy bueno escuchando, me hizo sentir cálido y protegido a pesar de no conocerme.

—La próxima vez podrían venir acá, así los conozco y les cocino muchas cosas ricas.

—Mamá, ya no soy un niño... —dijo riendo. —Tengo que empezar a salir un poco más, aunque aún no me siento seguro... ¿Se sabe algo de John?

—Ya que lo preguntas... Está detenido.

—¿Por qué? Yo no lo denuncié...

—Pues deberías, hijo. Pero recuerda, que el hecho de que él te golpeara, de inmediato amerita una denuncia de parte del estado. Lo hicieron así, porque hay muchas víctimas de violencia que no denuncian. Y por si fuera poco, John golpeó a dos guardias y tres policías, por lo que tiene por lo menos para dos años detenido, a no ser que alguien pague la fianza, que es bastante alta. Si tú denuncias, podrían ser quince años más.

Louis se quedó en silencio. Denunciar a John podría ser una manera más de cerrar el ciclo. Era un tema que había hablado con Martha varias veces, y se sentía listo y preparado.

—Acompáñame el lunes, mamá. Lo voy a denunciar.

—Gracias hijo, —dijo Emmy comenzando a llorar. —Estoy tan orgullosa de ti...

—No mamá, gracias a ti por no dejarme solo y por apoyarme tanto... Te amo, mamá...

Se abrazaron por largos minutos, sintiéndose muy felices.

Sin embargo, el resto del día y el domingo, Louis se sintió otra vez muy inestable. No quiso comer, y apenas hablaba. Las pesadillas volvieron.

La semana pasó más tranquila, con Louis que había empezado a comer mejor y a hacer ejercicio en una bicicleta estática que Emmy tenía olvidada en algún rincón de su habitación. El día viernes, como siempre esperaban a Niall a cenar, y a Louis le hacía siempre mucha ilusión el verlo y llenarse de su energía.

Cuando Emmy fue a abrir, se encontró con un rostro desconocido.

—Hola, —saludó. —Soy Harry...

—¿Harry? ¿El amigo de Niall?

—Sí, —contestó sonriendo.

—¡Hola! Pasa por favor.

Louis casi se cae cuando lo vio entrar y se odió por estar tan mal arreglado, mientras que Harry se veía maravillosamente bien.

—Lo siento por venir así, pero Niall está muy enfermo y no quería que Louis lo extrañara y además, me dijo que debía llevarle las sobras de la cena, —explicó riendo, y haciendo reír a Emmy y a Louis.

—Siéntate, —ofreció Louis.

—Voy a terminar la cena, permiso, —dijo Emmy.

—¿Cómo has estado? —Preguntó Harry, bastante nervioso de estar en la casa de Louis.

—Eh, mmm, ¿bien? Han sido días muy inestables. Ando bien, luego mal y así...

—Entiendo, supongo que es lo normal. ¿Te ha hablado la psicóloga de ver a un psiquiatra?

—Sí, pero me niego... No quiero tomar pastillas ni volverme dependiente de ellas...

—Es el miedo más grande de las personas y trato de comprenderlo, pero yo mismo soy un buen ejemplo de que las pastillas no necesariamente son para siempre.

—¿Tuviste que tomar? ¿Por qué?

—Cuando tenía dieciocho años, llevaba tres meses con un chico, y yo me había enamorado completamente. Estaba ilusionado, feliz de una manera que pensé, era imposible. Para nuestro aniversario número cuatro, preparé una cena, le había comprado un anillo porque... Quería que nos casáramos, así de enamorado estaba. Fui a buscarlo a su casa, su mamá me hizo pasar como siempre. Entré a su habitación y como en cualquier teleserie, estaba él con su mejor amigo, teniendo sexo ruidoso. Me quise morir, aunque él me buscó por meses, yo solo pensaba en morir, no era capaz de ver nada más...

—Eso fue horrible...

—Lo fue. Mi mamá casi se muere conmigo, bajé quince kilos, no comía ni dormía. Estuve a punto de perder el año en la universidad. Hasta que decidí ir a terapia psicológica y con un psiquiatra. Me negaba, pensaba que nadie podía entenderme, y que iba a andar en otro mundo con las pastillas porque eran casi drogas peligrosas. Pero mi mamá me obligó cada día a tomar mis medicinas, y un mes después comencé a notar los resultados. Estaba mejor, más estable, más enfocado y sobre todo, lúcido. Mis ideas suicidas desaparecieron, y ahora entiendo que fue el conjunto de cosas lo que me sacó de ahí. Seis meses después, me quitaron las pastillas y dos meses después, la psicóloga me dio el alta.

—¿De verdad? Pensé que la terapia era casi para siempre...

—Todo va a depender de muchos factores. Hay quien está en terapia por años, y otras no; gente que debe medicarse toda su vida porque no funcionan de otra manera, pero soy de la idea de que debes aferrarte a lo que tengas a mano, sobre todo cuando entiendes que morir no es una opción.

Louis se quedó en silencio, un poco abrumado con todo lo que le contaba Harry. —Creo que lo voy a pensar mejor... ¿Te cuento algo?

—Sí, lo que quieras.

—El lunes denuncié a John...

—¡En serio! Eso es... Maravilloso, te felicito, es... Una gran noticia. Me imagino que fue muy difícil dar ese paso.

—Lo fue, pero ahora me siento mucho mejor.

—Lamento interrumpirlos, —dijo Emmy, quien había escuchado toda la conversación, —pero la cena ya está servida.

—Huele delicioso, —opinó Harry, sentándose a la mesa. —¿Te sirvo jugo? —Preguntó a Louis.

—Sí, por favor.

Harry se levantó y sirvió los tres vasos. Emmy puso la cena en la mesa y comenzaron a comer. Conversaron de política, de actualidad, incluso de chismes. Y Emmy y Louis se sintieron muy diferentes de cuando estaban con Niall. Era como estar en familia, como si Harry perteneciera ahí.

Y Emmy pensó que le gustaría que Louis se fijara en alguien como Harry, pero a la vez era consciente de que lo más probable era que no pasara. Su hijo estaba muy dañado, y necesitaría muchos meses de terapia para salir adelante, y además, Harry seguramente querría conocer a alguien más que no presentara un desafío como el que significaba Louis.

Pero por esa noche, disfrutaría y soñaría con un futuro más amable para su pequeño.

Mientras Emmy guardaba en una fuente una gran porción de comida para Niall, Harry y Louis se sentaron a tomar un tazón de té y unas galletas.

—Tu mamá cocina de maravillas, Niall tenía toda la razón.

—Es verdad, siempre ha cocinado así de rico. Es difícil a veces negarme a comer...

—¿Tienes problemas con la comida? —Preguntó delicadamente Harry.

—No y sí... Es decir, más que con la comida, con mi imagen... John me decía que estaba muy gordo y que así nadie me querría. Bajé mucho de peso, demasiado y la forma de mi cuerpo cambió. Pensé que me gustaría estar más delgado y con menos curvas, pero ahora las extraño... Y al mismo tiempo no quiero volver a subir...

—Entiendo tu confusión... Pero finalmente, ¿crees nadie te va a querer?

—Creo que eso es la base de la mayoría de mis problemas. Pensar que cualquier cosa que haga va a significar el rechazo de los demás. John se preocupó de minimizarme y de ponerme a su disposición... él... lo siento, no puedo... —dijo levantándose y corriendo hacia su habitación.

Harry se levantó al mismo tiempo, y se quedó mirando con Emmy.

—Discúlpalo, a veces tiene estos momentos complejos... No es nada contra ti.

—Lo sé, no te preocupes... Solo quería asegurarme de que estuviera bien. Me voy, y por favor, dile que yo no pienso nada malo, que no estoy molesto ni ninguna de esas cosas. Puede llamarme si quiere, aquí está mi número. Gracias por la cena, espero verte pronto.

Se despidieron con un abrazo y una sonrisa.

En su dormitorio, Louis estaba en su cama, con su rostro enterrado en la almohada, intentando frenar sus lágrimas. Le dolía tanto recordar esa parte de su vida con John. Aún no había podido verbalizarlo, ni siquiera con Martha, y de alguna manera le urgía poder sacarlo de su interior. Y sentía que con Harry podría hacerlo, si no fuera porque estaba su mamá presente. Era consciente de que Emmy escuchaba y veía todo lo que pasaba, y no quería hacerla parte aún de esa confesión.

Una hora después se había dormido. Cuando despertó en la mañana, estaba tapado y sin zapatillas.

Fue a la cocina, y encontró a su mamá preparando huevos revueltos y pan casero, junto a la cafetera con humeante líquido.

—Tengo mucha hambre, —dijo acercándose a dejar un beso en la mejilla de su mamá.

—Me encanta escuchar eso, siéntate. ¿Cómo dormiste?

—Bien, profundo... No recuerdo cuándo me dormí.

—Eso es bueno... Aunque creo que te quedaste dormido después de haber llorado un buen rato.

Louis intentó recordar, y fue cuando las imágenes del día anterior aparecieron de golpe. —Harry... Va a creer que soy un tonto...

—Claro que no. Lo dejaste muy preocupado, quería que supieras que puedes llamarlo si así lo quieres. Me dejó su tarjeta.

—¿Crees que deba?

—¿Por qué no? Puedes invitarle un café, una cerveza... Si quieres puedes pedirle que venga, y yo salgo por ahí, o pueden juntarse en algún lugar. Lo mismo puedes hacer con Niall, no te limites amor, si sientes que puedes y quieres, hazlo.

—Me da un poco de miedo salir, pero quiero hacerlo. ¿Crees que quiera venir por mí?

—Lo puedo apostar, —dijo sonriendo.

Tomó la tarjeta entre sus manos, y recordó que lo más probable es que Harry estuviera trabajando, por lo que decidió enviarle un mensaje.

“Hola, quería disculparme por lo de anoche... ¿Quisieras ir por un café? ¿Podrías pasar por mí? Avísame si tienes tiempo”.

Casi de inmediato tuvo una respuesta.

“¡Hola! En diez minutos empieza mi turno, y ya no iba a poder contestarte. Me encantaría ir por un café, pero tendría que ser mañana temprano. ¿Te parece si estoy en tu casa a las ocho y media?”

“Perfecto, nos vemos mañana”.

Y eso fue todo.

El resto del día se entretuvo leyendo cuentos infantiles y recordando juegos que hacía en el jardín con sus pequeños alumnos. Le encantaría volver a trabajar, pero sabía que aún no era tiempo y le empezaba a doler.

Al llegar la noche, una vez más las pesadillas aparecieron, por lo que tomó su almohada y se fue a dormir con Emmy.

Se levantó cerca de las siete, estaba un poco ansioso y angustiado. Sentía que estaba a salvo con Harry, pero aún no lo conocía bien y eso le disparaba un poco la ansiedad. Como fuera, era un alfa.

Sin embargo, pudo tranquilizarse cuando sonó el timbre, y al abrir, se encontró con la hermosa sonrisa de Harry.

—Hola, ¿cómo estás? —Preguntó.

—¿La verdad? Un poco nervioso, —contestó Louis.

—¿Prefieres no salir?

—Quisiera quedarme, pero sé que me va a hacer bien despejarme un poco.

—Yo te cuido, —dijo Harry amorosamente. —Si te sientes mal o muy angustiado, nos devolvemos, no te sientas presionado.

—Gracias, vamos.

Salieron de la casa de Emmy, y caminaron tranquilamente por las calles frías de esa mañana. A veinte minutos había una bonita cafetería, y hacia allá de dirigieron.

—¿A qué hora empieza tu turno? —Preguntó Louis.

—A las once. La verdad pedí permiso para llegar más tarde, porque los domingos se abre a las diez.

—No debiste hacerlo... Lo siento...

—No te disculpes, yo quería hacerlo... Pasar tiempo contigo...

Louis se sonrojó, sin saber muy bien por qué. —¿De verdad no es un problema?

—Claro que no. Ya llegamos.

e sentaron a la entrada del lugar. Era muy acogedor, y estaba a una temperatura perfecta.

—Creo que voy a pedir un cappuccino y una porción de galletas de azúcar, —dijo Harry mirando la carta.

—Mmm, yo quiero un cappuccino también, pero con una porción de torta.

—Perfecto.

Harry llamó al chico que atendía e hizo el pedido. Se demoró muy poco en volver, para alegría de Louis que se sentía muy feliz.

—Hoy tengo cita con mi psicóloga, y voy a pedirle que me derive con un psiquiatra. Lo pensé mucho, y quiero probar...

—¿Es en serio? Me encanta. Espero que te ayude, de verdad.

—A veces creo que nada podrá ayudarme, pero no quiero quedarme sentado esperando. Tengo en quienes apoyarme, no estoy solo... Y es increíble que me haya costado tanto darme cuenta. Y en eso, Niall tiene mucho que ver. Le estoy muy agradecido por seguir preocupado de mí...

—Es que Niall es un sol, tiene esa energía tan linda, es tan real y verdadero... Un auténtico tesoro.

Y sin saber por qué, esas palabras le dolieron a Louis. Quizás porque nadie habló así de él, quizás porque lo anhelaba, quizás porque era Harry...

—Lo es... ¿Hace cuánto son amigos?

—No estoy seguro... Quizás unos cuatro o cinco años. Nos conocimos en la universidad y nunca más nos separamos.

—¿Nunca pensaste en él como tu omega? —Preguntó con un poco de celos, que lo hacían sentir ridículo.

—¿Niall? ¿Mi omega? No podría. Él es más que mi amigo, es mi hermano, mi confidente. Por eso tenemos planes de trabajar juntos, porque nos conocemos perfectamente, sabemos qué esperar del otro. Lo quiero demasiado, pero como hermano.

—Ah, qué lindo... Me gustaría tener un amigo así.

—Estoy seguro que lo tendrás. Recién estás saliendo de todo el caos que era tu vida, de a poco las cosas buenas irán llegando, ya verás.

—¿En serio lo crees? A veces pienso que soy muy acelerado e impaciente. Quisiera que todo cambiara de la noche a la mañana, me molesta tener que pasar por todo un proceso para sanar, me molesta tener tantos cambios de humor, me molesta haberme perdido... —dijo comenzando a llorar.

Harry acercó su silla a la de Louis y lo abrazó, marcándolo con su aroma a cerveza muy sutilmente.

—Sé que te molesta, sé que es injusto, —susurró Harry, —pero me tienes a mí para apoyarte, no estarás solo nunca más... te lo prometo.

—Gracias, —murmuró Louis. —No quería que me vieras así, pero yo, quiero contarte algo, y sé que voy a llorar, y me disculpo por eso, pero...

—No te preocupes, —interrumpió Harry, —y no te disculpes por llorar, no conmigo. Te escucho...

—John... el último tiempo tenía un fetiche... No le gustaba verme golpeado, y tuve que empezar a maquillarme... Y, no contento con eso... empezó a... a comprarme ropa femenina... faldas, vestidos, ropa interior... tacones... y me sentía tan humillado... Me decía Louiset, tuve que volverme una mujer... Y me duele tanto, que eres la primera persona a la que le cuento...

Harry estaba sin palabras. No solo los golpes eran violentos, feminizar a Louis también lo había sido y de una manera horrible. —¿Entiendes que lo hiciste por sobre vivir? No eres una mujer, no eres una omega, eres un hombre que vivió cosas terribles, pero que está intentando salir de su miseria... Eres un hombre valiente, eres un hombre resiliente, deberías estar orgulloso de ti, de estar aquí intentándolo aunque haya días malos, sigues aquí... es lo único importante...

Louis sentía cómo sus lágrimas iban poco a poco limpiándolo y sanándolo un poco más. Había sido difícil, pero lo hizo, había contado uno de los episodios más dolorosos de su vida y no se equivocó cuando confió en Harry.

—Gracias, gracias por decirlo, gracias por escucharme, gracias por estar aquí...

—Cuando quieras, cuando lo necesites, siempre puedes llamarme, te prometo que no te voy a fallar.

Louis se aferró al pecho de Harry, sintiéndose tan a gusto, tan reconfortado, que había empezado a dormirse. La confesión tan íntima y las lágrimas lo habían desgastado mucho. Harry simplemente acariciaba su espalda.

Terminaron de comer, y cuando iban a salir, Louis vio a uno de los amigos de John. De inmediato comenzó a temblar.

—¡Louis! —Llamó Fred. —¿Qué haces aquí? ¿Dónde está John?

Al parecer Fred no tenía idea de lo que había pasado.

—No lo sé... Tengo prisa, adiós...

—¡Hey! ¿Él sabe que andas de puta?

La cara de Harry se desfiguró, y algo comenzó a quemar en su interior.

—Fred, no te metas... —pidió Louis, con mucho miedo.

—No me hables así, omega maldito...

Levantó su mano para abofetearlo, pero antes de acercarse, ya estaba en el piso. Harry le dio un golpe tan fuerte, que le quebró dos dientes.

—Espero que entiendas que Louis no está solo, y que cualquiera que intente hacerle daño está muerto.

Harry tomó a Louis de la mano, y se fueron caminando de regreso a la casa de Emmy.

—Lo siento, —se disculpó el alfa. —No quise ser violento, no quise asustarte.

—No... Al contrario, gracias por defenderme. Era una de las cosas que más me aterraba, encontrarme con alguno de los amigos de John...

—Puedo imaginarme fácilmente cómo es John... Si así te trataba un simple amigo, él tiene que haber sido un monstruo... Lamento tanto que hayas tenido que pasar por tantas aberraciones...

—Ya no sé cómo darte las gracias y lo digo en serio.

—Si está en mis manos cuidarte, yo feliz de hacerlo.

—¿Puedo hacerte una pregunta? Y no quisiera que lo tomaras a mal, pero a ratos siento que me estás coqueteando... ¿Es así?

—No, no lo es. Simplemente soy preocupado, intento ser delicado... No hay segundas intenciones, te lo prometo.

Louis sonrió, pero su sonrisa estaba apagada. Harry le provocaba esas ganas locas de querer un amor bonito, envidiaba a aquél omega que lograra tener el amor de un alfa como Harry. ¿Por qué no lo conoció antes de John? ¿Por qué la vida se lo puso en su vida, si no podía ser suyo?

Llegaron a la casa de Emmy en silencio, uno bastante cómodo, que los hacía sentir tranquilos. Ya eran las diez y media de la mañana, y Harry tendría que correr para llegar a la hora.

—Me encantó nuestra salida, —dijo Harry, mientras Louis abría la puerta.

—A pesar de lo que pasó con Fred, fue increíble. Gracias por cuidarme, y ojalá se repita, —contestó Louis, muy suavemente.

—¿Te gustaría? ¿Qué tal el próximo sábado? —Preguntó Harry demasiado entusiasmado, haciendo reír a Louis.

—Me encantaría... ¿Vienes por mí?

—A la misma hora... Nos vemos...

Harry le dio un abrazo increíblemente cálido.

—Adiós...

Louis entró a su casa con una bonita sonrisa en sus labios. Por ratos se empezaba a sentir como antes, antes de John, cuando era libre, cuando no tenía miedo, cuando sus fantasmas eran sus amigos, cuando sus sombras estaban llenas de luz. ¿En qué momento cayó en el precipicio? ¿Por qué pudo reaccionar al primer golpe de John, y no a los demás?

Estaba Louis acostado en su cama, reflexionando una vez más, mientras Harry llegaba al supermercado y se encontraba con Niall.

—Llegaste justo a la hora, —dijo el rubio.

—Sí, tuve que correr.

—¿Y dónde andabas?

—Fui a tomar un café con Louis.

—¿Qué? ¿En serio?

—Sí, ¿por qué te asombras?

—Porque pensé que le costaría más salir de su casa, pero me alegro mucho de que haya podido hacerlo, y mejor si fue contigo.

—Fue... una salida muy bonita, —comentaba Harry, mientras empezaba a ordenar su caja y había pocos clientes.

—¿Te puedo preguntar algo?

—Sabes que sí.

—¿Te gusta Louis?

—Es una gran pregunta con una respuesta compleja. Podría decirte que no, pero no me es indiferente. Desde la primera vez que lo vi supe que sería alguien importante...

—¿Pero?

—Ha pasado por cosas tan difíciles, que no sé si pueda verme. Entendería que no lo hiciera, pero no sé si quiero volver a enamorarme y que me dejen otra vez. Él merece un amor de esos cursis, empalagosos y azucarados, pero tiene que estar listo para eso. Y claramente no lo está, ha pasado muy poco tiempo desde que se alejó de ese tipo.

—Es verdad, pero ¿crees que algún día estará preparado?

—Sí. Va a empezar a ver a un psiquiatra y sé que le va a hacer bien.

—Mmm... Hablas de él como si ya estuvieras enamorado, aunque sé que no lo estás. Creo que ya perdiste esta batalla.

Harry sonrió mirando al piso. —La perdí apenas lo vi la primera vez y sentí su aroma a pistachos, —confirmó suspirando. —Pero no quiero hacerme ilusiones.

De un momento a otro el supermercado se había llenado y ya no pudieron seguir conversando. Sin embargo, Harry seguía en sus cavilaciones sobre lo que sentía por Louis.

Sabía que había caído muy rápido, pero eso era parte de él y no le molestaba. Solo era un problema porque en otras circunstancias podría haber intentado conquistar al objeto de su afecto, pero en este caso eso era imposible. Louis podía necesitar años para recuperarse, o quizás no, pero nadie podría saberlo, ni siquiera el propio Louis. Lo admiraba profundamente, le parecía alguien en extremo valiente y eso sin contar lo hermoso que era. Para los ojos de Harry, Louis era la octava maravilla del mundo. No podía imaginar cómo se verían sus preciosos ojos azules cuando estuviera feliz e irradiaran toda esa luz que Louis tenía dentro de sí.

Y así como Harry pensaba en Louis, seguía Louis pensando en Harry. Le había contado a su mamá todo lo que hablaron mientras compartían el café, incluso aquello que le causaba tanto dolor y volvió a llorar, pero con un poco menos de angustia. Fue un poco más fácil contarlo, y al mismo tiempo muy liberador. Se daba cuenta de que era como decía Harry: era una víctima, no tenía que avergonzarse de haber hecho lo necesario por estar bien en esas condiciones tan deplorables y violentas. Si había alguien que debía sentir culpa, era John.

Esperaba ansioso su hora con la psicóloga y poder compartir con ella esos pensamientos que empezaban a aparecer.

Ese día en la tarde, Louis fue derivado con un psiquiatra, al que vería lo antes posible y que estaría en comunicación con la psicóloga, para trabajar en conjunto. El martes de esa semana tuvo su primera evaluación y la indicación de empezar a tomar medicamentos para estabilizar su ánimo, y otros para bajar su nivel de ansiedad.

El primer mes con tratamiento pasó relativamente tranquilo, o eso pensaban todos. Los viernes seguían siendo para ver a Niall, a Harry o a todos sus nuevos amigos juntos, y era de los momentos que más esperaba Louis. Sobre todo el poder compartir con Harry y sentarse muy juntos mientras jugaban o solo conversaban. Solo de sentir el aroma a cerveza su mundo se calmaba.

Louis había empezado a pensar seriamente en la posibilidad de volver a trabajar, y se sentía cada vez más preparado. Sin embargo, estaba consciente de que estaba ocultando sus verdaderos pensamientos.

La medicación no le estaba haciendo bien en la dosis indicada, y los pensamientos suicidas habían aparecido con fuerza durante las últimas dos semanas, y Louis pensaba que era normal tenerlos y que simplemente podía vivir así.

El último viernes estaban conversando muy animadamente en el living, y en un momento Louis quiso ir al baño. Cuando salió, se quedó mirando por el gran ventanal del pasillo, la noche y la ciudad bajo sus pies. La ventana dejaba pasar un poco de aire frío, y Louis se abrazó. Caminó hasta llegar a la que era la única habitación del departamento, y que tenía un bonito balcón. Salió y sintió, ahora sí, todo el frío de la noche londinense, que era más crudo en el piso veinte.

Harry, que estaba pendiente de él, sabía que se estaba demorando demasiado, por lo que fue a buscarlo. Cuando vio el baño con la luz apagada y vacío, se asustó. Algo en su interior lo alertó y fue cuando lo vio, al borde del balcón, a punto de impulsarse.

Let Kintsukuroi know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog