El pecado de un héroe [KatsuDeku]

Summary

Cometió un error, era un chiquillo estúpido que jamás pensó que sus acciones y palabras causarían una desgracia. Le sugirió el suicidio a un compañero de clase y ese fue el desencadenante para una terrible tragedia. Katsuki Bakugo, aspirante a héroe, es secuestrado en el campamento escolar. En la guarida del enemigo tendrá que desenterrar parte de su pasado y encontrar la forma de expiar el pecado que cometió, cuando vuelva a encontrarse con ese chico que creyó muerto, Deku.

Genre
Drama/Action
Author
Dahaka
Status
Complete
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I

Después de atravesar el extraño portal lo dejaron en medio de un amplio salón, que era más bien un bar; estaba frente a la barra, encadenado por los pies y manos a una silla.

Después simplemente lo dejaron ahí en completa soledad.

No tenía idea de dónde estaba, ni qué querían de él, solo sabía que tenía que huir. Tenía que encontrar una forma de deshacerse de esos tipos de la liga de villanos y buscar algún héroe que lo ayudara.

Pasó mucho tiempo analizando su situación, lo habían secuestrado tras atacar su campamento, lo que significaba que tenía alguien dentro que les daba información. La pregunta era qué podían querer de él.

De pronto, detrás de la barra de madera una maraña de cabellos blancos apareció, un niño de ojos azules asomó por ahí, luego se escondió al darse cuenta que el extraño lo había visto.

—¡Oye!, ¿qué haces aquí mocoso? —llamó con un grito.

—¡No soy un mocoso, ya tengo cinco! —gritó el pequeño saliendo de su escondite.

—Sigues siendo un mocoso —renegó Katsuki—, dime, ¿qué haces aquí?

—Yo vivo aquí.

—Es un bar, mocoso, no puedes vivir en un lugar donde la gente viene a embriagarse.

—¡Claro que puedo! ¡Mamá y yo vivimos arriba, tonto! ¡Los borrachos se quedan aquí igual que tú!

Bien, estaba en un bar abierto al público, que tenía más habitaciones arriba, así que probablemente algún imbécil de la liga estaría cerca para vigilarlo. Pero hubo algo más que llamó su atención.

—¿Tú mamá trabaja con Shigaraki? —preguntó cauteloso.

El niño lo miró como si lo creyera un tonto, luego pareció pensar cuidadosamente su respuesta.

—Creo que no… No como Toga-chan, mamá cocina y los ayuda cuando están heridos…

—¿Lastiman a tú mamá? —preguntó, esta vez sintiendo miedo, después de todo estaba en la guarida de una banda criminal, quien sabe que clase de cosas horribles eran capaces de hacer.

—¡Claro que no, tonto! —gritó el niño verdaderamente molesto—. ¡Ellos tienen que cuidar a mamá, eso es lo que dijo el jefe!

—¿Shigaraki ordenó que cuidarán a tu mamá?

—Tú de verdad no sabes nada —se quejó el niño—. El jefe dijo que ese tonto de las manos y los demás tenían que cuidar a mamá.

Katsuki sintió sus alarmas dispararse al caer en cuenta de que Shigaraki no era el jefe de la liga de villanos.

—¿Quién es el jefe…?

—¡Mocoso!, ¿¡dónde carajos estás?!

Ese grito pareció provenir del segundo piso, era la voz de ese pirómano imbécil que lo secuestró, Dabi.

—¡Adiós, Kacchan! —dijo el niño antes de perderse detrás de la barra y luego en la oscuridad.

—¿Kacchan…? —preguntó para sí mismo.

Solo había en el mundo una persona que lo llamaba de ese modo. Y esa única persona un día decidió saltar de la cima de un edificio, todo porque él lo sugirió. El aspirante a héroe, Dynamight, le había sugerido el suicidi* a un compañero de clase, que gran hazaña de un futuro héroe…

Lejos de pensar en la información que obtuvo, lejos de idear una forma de escapar, decidió rememorar su niñez, todos esos momentos en que un pequeñín de tiernas pecas corría detrás de él, gritándole con esa vocecita animada: “Kacchan”.


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.

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Cada tanto sentía algo pequeño golpearse contra su cara o su cabeza, era algo como una piedrecilla. Eso fue lo que lo despertó, pues en algún momento se había quedado dormido.

Cuando abrió los ojos el bar estaba casi en penumbra, solo había un mínimo rastro de luz, de la única bombilla puesta sobre la barra. Intentó estirarse, llevaba tanto tiempo en esa posición que sentía todo el cuerpo adormecido. Pero al mirar a su alrededor no vió al chiquillo travieso que esperaba encontrar.

—Ya sé que estás escondiéndote, mocoso. ¿No deberías irte a dormir? —preguntó.

Pero no hubo ninguna respuesta. Vio sobre el piso los granos de café que le habían estado arrojando, entonces definitivamente había alguien ahí.

—¿Qué, eres esa perra loca con la sangre?, te advierto que no estoy para tus bromas.

Solo hubo silencio, hasta que un par de manos delicadas se mostraron lentamente sobre la barra, junto con algunos mechones de rebeldes rizos verdes.

—Solo quería saber que estabas bien, Kacchan —respondió esa voz que estuvo perdida por mucho tiempo, tanto que casi la había olvidado.

—¿Deku?

—Sí… Deku —respondió su acompañante con amargura, solo para soltar un largo y cansado suspiro después—. Que mal que acabarás aquí, Kacchan, pero ellos creen que podrías ser un buen miembro de esta liga…

—No digas tonterías, nunca sería un estúpido villlano inútil.

—Lo sé, sé que quieres ser un héroe, y serás uno tan genial como All Might —dijo Deku, reemplazando su tono amargo por uno alegre, cuando se levantó lo suficiente sobre la barra para que Katsuki pudiera ver su rostro.

Algo había cambiado, las facciones delgadas y el semblante pálido de Deku se habían desvanecido; en su lugar quedaron mejillas regordetas y sonrosadas. Incluso sus ojos apagados ahora brillaban iluminando su rostro casi angelical.

—¿Aquí has estado todo este tiempo…? —suspiró, dándose cuenta al fin que había encontrado una parte importante de él mismo— ¿Cómo fue que llegaste aquí…? ¿¡Por qué no huiste?! ¡¿Por qué no fuiste con los héroes?!

—Kacchan —llamó Izuku con serenidad—. No grites, vas a despertar a mis niños.

—¿Tus niños…?

—Aunque lo hubiera intentado, Kacchan… Ya no había nada para mí… Cuando mamá murió ya no había forma de pagar el apartamento, nadie quiso darme un trabajo, nadie me ofreció ayuda. En mi mundo no hubo héroes, pero los villanos me dieron algo que llamar hogar y una familia que me cuida.

—¿De qué hablas, Deku?

Izuku negó con la cabeza, dando a entender sin palabras que ya no diría nada más al respecto.

—Hay un hombre que está al mismo nivel que All Might, en fuerza, poder y seguidores. No comparto sus ideas, por eso estoy aquí. Tienes que enfrentar a All Might, convéncelo de contarte el secreto de su poder y entonces sabrás un poco sobre el verdadero mundo en el que vives, sus héroes y sus villanos.

—¡¿Te volviste loco, te lavaron el cerebro?!, ¡¿de qué mierda hablas?!

—Hablo de la mentira en la que vives, Kacchan.

Izuku se inclinó sobre la barra, jugando con los granos de café que sacó para arrojarle a Katsuki, era extraño que hasta ese momento se hubiera mantenido detrás de la madera, escondiéndose, tan solo mostrando su rostro y sus brazos.

—Un mundo de héroes… claro.

—¿Y tú?, ¿no se supone que querías ser un héroe? —replicó Katsuki con amargura.

—Es muy triste hablar de eso, Kacchan… —murmuró con la voz tan baja que Katsuki apenas pudo escucharlo—. Pero ya no importa, ya no lo puedo arreglar. Solo vengo a pedirte que cuando logres escapar de aquí, al menos te lleves a mis niños, así ellos podrán tener un buen hogar, sé que te encargarás de que en su mundo sí haya héroes.

—Deku, deja de decir tonterías, ven, desátame y huiremos de aquí.

—No, Kacchan… En tu mundo ya no hay nada para mí…

Deku por fin dejó de esconderse, salió de la barra y de la penumbra, con cada paso que él dió Katsuki se quedó más sin aliento. Hasta que Deku estuvo frente a él, mirándolo con dolor en sus ojos y una sonrisa en sus labios.

—¿Qué fue lo que te hicieron…? —preguntó con un hilo de voz.

—Me hicieron parte de una familia.

Su voz era apacible, cálida, aunque discordante con el hecho de que era un chico con una barriga que delataba un embarazo avanzado. Deku tenía puesto un delantal, sobre el que acariciaba su vientre crecido.

—Cuando logres escapar de aquí, al menos llévate a mis niños, Kacchan…

—T-te llevaré conmigo, huiremos juntos…

—No, Kacchan, ya no puedo huir… Nunca me dejarán… —Deku se detuvo, negando con la cabeza, quizás intentando convencerse de no seguir dándole información a un prisionero.

Intentó agacharse para levantar los granos de café del suelo, aunque resultaba una hazaña monumental con su peso extra.

—Mañana Shigaraki vendrá a hablar contigo, junto con el resto de la liga. No explotes contra ellos enseguida, consigue que te desaten y luego huye. La pared detrás de ti da a la calle, así podrás huir; mis niños estarán en el callejón de atrás, así podrán ir contigo… —guardó silencio y dejó de intentar llegar al suelo, era demasiado esfuerzo para él— ¡Natsu, ven cariño!

Unos pasos apresurados bajaron por las escaleras, luego ese chiquillo de cabello blanco apareció.

—¿Puedes ayudarme a recoger el café, por favor? —preguntó Deku, cambiando su tono melancólico por una voz cálida, mientras acariciaba los cabellos del niño.

—Sí, mami —dijo, y en seguida se hincó en el suelo para recoger los granos de café.

—Cuando termines, sube, tenemos que dormir —murmuró Izuku, para luego volver sus ojos a Katsuki, quien lo miraba sin salir de su asombro—. Suerte, Kacchan, y por favor cuídalos bien.

Deku le dedicó una última sonrisa amarga y luego caminó hasta perderse en la oscuridad, dejando al aspirante a héroe con un mar de dudas inundando su mente.

—Escuché a mamá hablando con alguien —murmuró el niño—. Creo que estaba dándole información a los héroes, así que si ellos vienen también podríamos salvar a mamá.

—Si los héroes vienen, ¿me ayudarás a salvarlo? —preguntó aunque las palabras le costaran.

—¡Lo haré!

—Bien, presta atención, este es el plan.

Nadie lo sabía aún, pero al día siguiente los héroes comenzarían  una misión para salvar a uno de sus estudiantes, sin darse cuenta que en el proceso darían comienzo a una batalla aún más grande, que tendría en el centro de todo a un chico sin quirk.