Me enamore de un vampiro

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Summary

En un mundo dividido en cuatro reinos, cada uno regido por su propio poder ancestral, la paz y el equilibrio de las tierras dependen de la convivencia entre razas poderosas y antiguas.

Genre
Fantasy
Author
Amaiya34
Status
Complete
Chapters
30
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

La Oscuridad del Trono

La luna llena se alzaba sobre el Reino de los Vampiros, bañando los castillos de piedra oscura con su luz fría. En el trono de obsidiana, rodeado de antiguos tapices que narraban la historia de sus antepasados, el rey Marck permanecía inmóvil, su mirada fija en la vasta oscuridad más allá de los muros del palacio. Era un hombre de pocos gestos, pero su presencia llenaba cada rincón de la sala. Su cabello negro como la noche caía en ondas sobre su espalda, y sus ojos rojos brillaban con la intensidad de siglos de sabiduría y tormento.

La sala estaba vacía, salvo por la figura de su esposa, la reina Aline, quien estaba de pie frente a él, su figura etérea envuelta en un vestido blanco, casi translúcido, que reflejaba débilmente la luz lunar. Ella era la belleza personificada, su rostro una mezcla de serenidad y tristeza, como si el peso de un secreto profundo descansara sobre sus hombros.

—Marck —dijo ella, su voz tan suave que parecía una brisa cálida en una noche fría—, ¿qué vamos a hacer?

Marck no la miró inmediatamente. Estaba acostumbrado a su presencia, a la suavidad de su voz, pero esta noche todo parecía diferente. El reino de los vampiros, tan vasto y temido por los demás, estaba al borde del abismo. Un abismo que se había creado no por enemigos externos, sino por la incapacidad de su reina para concebir un heredero.

Aline lo miró fijamente. Los rumores ya estaban circulando. Los nobles, los consejeros, incluso los embajadores de las otras razas —los humanos, las hadas, y los lobos— comenzaban a hacer preguntas que no se debían hacer. Nadie dudaba de la capacidad de Marck para gobernar, pero el futuro de su linaje estaba en juego. Los vampiros no eran como los humanos; su reino no podía sobrevivir sin un heredero directo de sangre pura.

—No tenemos mucho tiempo, Aline —dijo finalmente Marck, su voz grave como el retumbar de un trueno lejano. Se giró lentamente hacia ella, y sus ojos rojos brillaron con una mezcla de frustración y amor—. El consejo de sangre comienza a murmurar. Ellos piden un heredero. Y tú sabes lo que eso significa.

Aline sintió cómo el dolor comenzaba a carcomer su pecho. Lo sabía, claro que lo sabía. Había intentado todo, había visitado a las magas más poderosas del reino, había tomado pociones, rituales, incluso se había ofrecido a sacrificarse, pero nada había funcionado. Su vientre seguía vacío, y las posibilidades de concebir se desvanecían con cada día que pasaba.

—No es mi culpa —murmuró, con la voz rota—. Lo intento, Marck, lo intento con todo mi ser... pero el destino no está de nuestro lado.

Marck se acercó lentamente a ella, tomando sus manos entre las suyas. Su frío contacto le recorrió el cuerpo, y por un momento, Aline sintió la seguridad de su amor, ese amor inquebrantable que siempre había sido su refugio. Sin embargo, también sabía que el amor no podía resolver el problema que enfrentaban. Los vampiros no podían permitirse el lujo de fallar en algo tan vital.

—¿Y si no podemos tenerlo de la forma en que siempre lo hemos hecho? —preguntó él, su voz cargada de una esperanza que no quería dejar ir. Había escuchado rumores, oscuros susurros que hablaban de la posibilidad de un nuevo tipo de heredero. Algo, o alguien, que no estuviera sujeto a las reglas tradicionales del linaje vampírico.

Aline lo miró, confundida, al principio no comprendiendo lo que sugería.

—¿Qué estás diciendo? —preguntó, su tono un susurro, casi temeroso.

Marck la observó en silencio, y en sus ojos brilló algo tan antiguo como el mismo reino. Algo oscuro, pero lleno de una determinación feroz.

—Estoy diciendo que tal vez tengamos que recurrir a lo que la antigua magia nos ofrece.

Un silencio denso cayó sobre la sala, como si las palabras de Marck se hubieran materializado en algo tangible, capaz de cambiarlo todo.

Un concepto tan prohibido como temido por los vampiros más tradicionales, donde los roles de alfa, beta y omega definían las relaciones y los destinos. Los vampiros siempre habían seguido una línea de sangre pura, pero los murmullos acerca de este poder oculto eran imposibles de ignorar. Sin embargo, la naturaleza de este poder implicaba sacrificios y reglas que no se comprendían por completo, y el más grande de esos sacrificios era el compromiso con un destino que no se podía controlar.

Aline sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

—Marck… —su voz temblaba—, no entiendo. ¿Estás sugiriendo que tomemos un omega para que…?

Marck asintió lentamente.

—Es una posibilidad. Pero debemos ser cautelosos. Las consecuencias podrían ser impredecibles. Sin embargo, si no encontramos una solución, perderemos todo. No solo el reino, sino también el respeto de los demás reinos.

Aline lo miró fijamente. La idea de traer a un tercero para salvar su linaje la estremecía, pero en sus ojos brillaba también la desesperación. Había algo que ella sabía, algo que no quería admitir, pero que ahora veía claramente: tal vez no había otra opción.

Marck la abrazó entonces, envolviéndola en sus brazos con una fuerza que transmitía consuelo, pero también un peso imposible de ignorar.

—Haré todo lo que sea necesario para protegerte, para protegernos. Pero debemos actuar rápido, Aline. El tiempo corre en nuestra contra.

La reina cerró los ojos, apoyando su cabeza sobre el pecho de su esposo. El futuro de su reino, de su amor, y de su vida, descansaba ahora en una decisión que marcaría un antes y un después en sus vidas. La oscuridad se cernía sobre ellos, pero era la única opción que tenían: un reino sin herederos, un trono vacío, o el riesgo de un futuro incierto, con poderes más allá de su comprensión.

La decisión ya estaba tomada. Y los próximos días traerían consigo algo que ni siquiera el rey Marck podría haber predicho.

La oscuridad había comenzado.