Capítulo 1
Capítulo 1
Los tripulantes de aquel vuelo solo parecían ser sombras, nada de lo que sus ojos veían parecía ser cierto. Todo debía ser una pesadilla. Kim Seojun iba a Washington a vivir con su padre, del cual no sabía casi nada, solo lo que su madre le había contado en repetidas ocasiones, dejándole ver que, para ella, era importante que tuviera trato con él. Pero para Seojun, eso era casi imposible, pues jamás había tenido nada que ver con ese hombre. Y ahora se encontraba ahí, a solo unas semanas de la muerte de su madre y con un amargo sabor de boca.
—¡Seojun! ¿Estás bien? —los dedos de Kim Jung-hee, su tía, acariciaron los suaves cabellos del chico.
Seojun volvió el rostro para verla con la mirada oscura y perdida. ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba pasando? Nada parecía ser real.
No dio una respuesta a esa trillada pregunta. Optó por ponerse los auriculares y olvidar al mundo que seguía su curso normal a su alrededor, tratando de ignorar por un tiempo más que su tía lo estaba obligando a cumplir la última voluntad de su madre.
Seojun no entendía o no terminaba de aceptar su realidad: la muerte de Kim Min-ji, su madre, tan solo unas semanas atrás. Las suficientes para que Jung-hee, su tía y hermana de Min-ji, se pusiera en contacto con su padre para poder deshacerse de él.
Jason Matthews era su padre, un exitoso hombre de negocios en Estados Unidos. En uno de sus viajes de universidad, conoció a Min-ji, la hermosa joven que le robó la razón, enrollándose con ella en un romance veraniego de solo unos días. Luego, él se fue, dejando a Min-ji la promesa de volver y buscarla. Pasados varios meses, Jason había decidido volver y buscar a su amada, pero la sorpresa fue grande al verla con una barriga de por lo menos cuatro meses de embarazo.
Sus padres se casaron en Washington en una ceremonia sencilla, rodeados solo de sus amigos más cercanos y de Jung-hee.
Solo un año duró ese triste matrimonio, pues Jason no podía dejar de lado sus obligaciones, y Min-ji, siendo una romántica hasta la médula, decidió dejar esa vida y regresar a su país. Jason solo vio a su hijo cuando era un bebé. Lo único que Seojun tenía de él era su apellido y algunos rasgos, como el negro de su cabello o su gran testarudez.
Nada más tenían en común. Sus rasgos coreanos eran muy marcados. Seojun era igual de hermoso que su madre, pero muy distinto a Jason.
Jamás tuvo contacto con su padre, solo un par de emails y unas tarjetas electrónicas.
Ahora, tras la muerte de Min-ji, su padre parecía pensar que tenía que hacerse cargo de él, y eso lo enfurecía.
El vuelo llegó sin más complicaciones que una fastidiosa Jung-hee, que lo apuraba cada dos por tres.
—Seojun, ve por el equipaje mientras yo busco a tu padre —ordenó su tía.
Todavía no terminaba de hablar cuando Seojun ya se había encaminado hacia la banda que traía los equipajes.
Subió la capucha de su chaqueta y guardó los auriculares.
Varias maletas pasaron frente a sus rasgados ojos, pero ninguna era la suya. Tras dos equipajes más, apareció la de Jung-hee. De un jalón la atrajo hacia él, cerró los ojos con calma y suspiró. Por fin soltó el aire. Se sentía bastante agotado. Su equipaje venía, pero parecía estar enredado con otro.
Se acercó hasta la maleta. Trató de jalarla, pero no pudo. El otro maldito equipaje no lo dejaba sacar el suyo. ¿Qué diablos traían ahí? ¿Piedras?
Una risita lo sacó de sus pensamientos.
—Tranquila, preciosa, yo me encargo —fue lo que escuchó decir a un chico de cabellos castaños y enormes ojos azules.
William sacó la maleta de un jalón, separó la suya de la de la chica y colocó ambas en el suelo con cuidado.
Volteó el rostro para regalarle a esa chica una de sus adorables sonrisas, pero la hermosa joven estaba enojada. Sus ojos estaban ligeramente entornados, igual que sus lindos labios.
—¿Qué pasa, hermosa? ¿Por qué estás molesta? —preguntó Liam con su misma sonrisa encantadora.
Seojun se cruzó de brazos y solo lo miró con fastidio, sin decir una sola palabra.
—Oh, disculpa. Quizá no me entiendes y yo parloteando solamente... —pero Seojun seguía callado.
Solo tomó su equipaje y le dio la espalda a Liam, dejándolo con un palmo de narices.
Este se quedó perplejo.
—¡Bah! —resopló—. No estaba tan buena... más plana que una tabla. Si acaso, su carita nada más...
Se alejó del concurrido aeropuerto.
Seojun caminó de vuelta hasta donde Jung-hee lo esperaba. Su expresión de molestia y fastidio era evidente, y ni siquiera se tomó la molestia de ocultarla, ni para su tía ni para el hombre que estaba con ella.
El hombre lo miró con el ceño fruncido y resopló molesto.
—Mira, Seojun, él es Jason, tu padre —señaló a un hombre muy alto, de complexión atlética, cabello negro y ojos verde grisáceo.
—Hola, hijo —saludó Jason.
Pero de ese chico no iba a conseguir mucho. Seojun se sentía traicionado por su tía, por el mundo y hasta por Dios mismo. Su vida era perfecta antes del accidente de su madre. Era buen estudiante, deportista y empezaba una fabulosa carrera de modelo. Ahora no tenía nada de eso. Pero lo que más dolía era que Min-ji se había ido, dejándolo muy solo.
—¡Emh! Supongo que estás muy cansado —agregó Jason, al ver que Seojun lo dejaba con la mano extendida—. Bueno, es hora de irnos.
Jung-hee solo le sonrió a su sobrino y le palmeó la espalda, dándole los ánimos que al chico le faltaban.
Durante todo el recorrido, Seojun no dijo nada, solo se limitó a asentir en algunas ocasiones cuando Jung-hee hablaba. Él no tenía nada que ver con ese hombre que manejaba un auto de lo más moderno, pero muy ridículo para su gusto.
Sabía que Jason era un hombre con dinero. A él nunca le hizo falta nada material, pero los padres todavía no se compran en el súper. Y en el caso de Jason Matthews, él era el peor de todos, pues olvidar que tenía un hijo, al que dejó de ver cuando tenía apenas un año, era espantoso.