Pequeña introducción
Tae conoció a Elian en una de esas fiestas donde no quería estar.
Era la clásica reunión universitaria con música demasiado alta, gente fumando en el balcón y cerveza barata por todos lados. Tae había ido por compromiso, pero acabó sentado en una esquina, abrazando su vaso y revisando su celular cada tres segundos.
Fue ahí donde Elian se le acercó.
—¿Estás esperando a alguien o solo te gusta verte misterioso?
Tae lo miró, sorprendido. Elian tenía una sonrisa fácil, de esas que te invitan sin esfuerzo. Su voz era grave, con un tono juguetón, y sus ojos tenían algo que quemaba.
—Estoy esperando a que se acabe esta noche —respondió Tae, con una sonrisa tímida.
Elian se rió, y se sentó a su lado. Esa noche hablaron poco pero miraron mucho. Había algo ahí. Una chispa. Una tensión apenas naciendo.
Y unos meses después, terminaron compartiendo departamento.
Solo como amigos.
Solo por conveniencia.
Solo hasta que uno de los dos no pudiera más