Capítulo Uno
Jungkook
—De ninguna manera, él no —el tipo en mi tienda le gruñe a la chica a quien solo puedo asumir que es su novia mientras señala en mi dirección.
—Pero, bebé, él es quien hizo el diseño que quiero…
El tipo me mira, con clara desconfianza en su expresión
—¿No tendrás alguna artista femenina en el personal? Arqueo una ceja hacia él.
—Solamente Leela. Pero para que lo sepas, ella estará más interesada en las tetas de tu novia que yo.
El tipo cruza sus gruesos brazos sobre su aún más grueso pecho. Está en sus treinta, supongo, y tiene un aspecto de Jason Mamoa a su alrededor, con su cabello oscuro recogido y barba completa. Si no fuera tan idiota, probablemente lo encontraría atractivo. Mierda, ¿a quién engaño? Él es atractivo. Realmente necesito hacer algo con todo esto de ser atraído por los imbéciles.
—¿Qué se supone que significa eso? —Gruñe— ¿Estás insinuando que tiene las tetas feas?
Cambio mi mirada a la chica. Ella es probablemente unos diez años más joven que él, y, objetivamente hablando, bastante atractiva. Pero honestamente lo más intrigante que encuentro sobre su aspecto es la tinta. Tiene una manga completa en un brazo y una banda envolviendo su otra muñeca. Está aquí hoy porque quiere extender la manga sobre su pecho. Y el Señor Novio Controlador no quiere que un hombre le tatúe los senos.
—Estoy seguro de que sus tetas son muy bonitas —digo llanamente —. Pero no tengo ningún interés en ellas. Tú, por otro lado… —Examino su cuerpo de arriba abajo asegurándome de detenerme en ciertas áreas de manera que sé que lo hará sentirse incómodo.
—¿Eres un levantacamisas? —Suena confundido, como si de alguna manera lo hubiera tomado por sorpresa simplemente por no verme estereotípicamente “gay”.
—Duncan —sisea ella en un claro tono de regaño.
Levanto mi mano para calmarla. Esta no es la primera vez que trato con mierda como esta, y francamente no tengo la paciencia para preocuparme.
—Sí, soy gay. Ahora me dejarás tatuar los senos de tu novia. Tengo más clientes, ya sabes.
Él asiente y envío a la clienta, Amelia, a una de las salas de tatuajes. La sigo detrás y Duncan hace ademán de venir detrás de mí, pero me detengo y señalo la sala de espera en el frente de mi tienda.
—Solo clientes.
—Pero…
Arqueo una ceja desafiándolo.
—No quieres que me distraiga con tu cuerpo y joda su tatuaje,¿verdad?
Frunce el ceño y se va a la sala de espera.
Luego entro en la habitación y le hago un gesto a Amelia para que se ponga cómoda en la silla.
—Tu novio es un idiota.
—En realidad es muy dulce —dice con cariño—. Solo se pone un poco celoso algunas veces.
Niego con la cabeza. Eso es lo que dicen todos. No es de mi incumbencia, así que solo menciono el diseño que hice para ella en mi tablet y verifico con ella que todavía está feliz con él. Luego imprimo una plantilla del diseño y me pongo a trabajar.
—¿En serio tengo que ir a esta cosa hoy? —le grito a mi mejor amiga al instante que ella responde mi llamada. Acabo de terminar un día increíblemente agotador después de completar mi primera sesión con Amelia, tenía otros dos clientes para ver, más una hora persiguiendo a un proveedor que arruinó una de nuestras órdenes de piercings, y ahora todo lo que quiero hacer es volver a caer en mi sofá con una cerveza en la mano y ver el fútbol, pero desafortunadamente la vida no es así de justa…
—¿El cumpleaños de tu hermana? —pregunta Kate, y puedo escuchar la diversión en su voz—. Por supuesto, estoy segura de que es obligatorio.
Dejo escapar un resoplido molesto y deslizo mi tarjeta antes de correr a la escalera mecánica.
—¿Quizá pueda disculparme si creen que estoy enfermo? —Sugiero esperanzado—. Algún tipo de bacteria come-carne o algo así.
—Claro que no, fingiste estar enfermo para no ir el día que estaban haciendo las invitaciones —me recuerda.
Gimo ante el recuerdo. Estoy seguro de que mi familia pensó en que no estaba enfermo en realidad, pero valía la pena un poco más de desaprobación para evitar lo que sin duda habría sido un día infernal.
—Está bien, entonces tal vez tú puedas estar enferma, y yo tengo que estar a tu lado —sugiero—. ¿De qué te podrías estar muriendo?
—Jungkook. —Me imagino a Kate sacudiendo la cabeza con exasperación—. Vamos, es el cumpleaños de Anna. No puedes abandonarla esta vez.
Suspiro con resignación.
—Lo sé. Solo desearía que él no estuviera allí. Puedo manejar a mis padres, pero ese tipo, te juro, Kate ¡Un día de estos me voy a cansar y terminaré ahorcándolo con una de sus corbatas caras y no habrá un jurado en el país que pueda condenarme!
Kate suelta una carcajada antes de decir con ironía.
—Está bien, pero solo por si Jimin aparece asesinado, deberías evitar decir eso tan fuerte.
Bufo.
—Por favor, estoy en una estación de metro en hora pico. Nadie está escuchando
una palabra de lo que estoy diciendo.
—¿Cuál es la marca del reloj? —Kate pregunta, desviando el tema del asesinato.
Dejo escapar una risita.
—La misma de siempre.
—Muy bien. Voy por el Rolex —dice con clara confianza. Mis cejas se disparan por la sorpresa.
—Pareces bastante segura de eso. No tienes una marca favorita,¿verdad?
—¡Por supuesto que no! —lloriquea ella—. ¿Cómo puedes acusarme de tal cosa, ¿Jungkook?
Me río.
—Bien, bien. No hay necesidad de quejarse. ¿Qué Rolex?
—Antiguo —dice en su intento de aclarar. Pongo los ojos en blanco.
—¿Cuál rolex antiguo?
Gime.
—Oh, no sé cómo se llama. Pero vamos, Jungkook, tú sabes de cuál estoy hablando: el de James Bond.
—Submariner —la corrijo.
—¡Sí! Ese.
—Bien, entonces. Yo voy a ir por el Cartier de cara cuadrada con…—me detengo para pensar un momento—. Banda de cuero.
—Ooh, apuesto a que sí —dice Kate con entusiasmo. Dejé escapar una risa suave.
—¿Otra vez la misma apuesta?
—Por supuesto. Será mejor que vaya a terminar con esto. ¡Te veo después!
El restaurante que mi hermana, o más exactamente, su increíblemente controlador e igualmente adinerado prometido, eligió para su cumpleaños es un elegante lugar francés en Mayfair con alrededor de un millón de estrellas Michelin. Definitivamente no es mi tipo de lugar en absoluto, me quedo con la buena comida de lugares callejeros. Afortunadamente, al menos, esta noche solo somos nosotros cinco: Anna, Jimin, mis padres y yo. Mis padres pueden ser mucho con que lidiar, pero al menos ya se acostumbraron a mí y por lo general se encogen de hombros con una actitud de “oh, bueno, ese es Jungkook.” Otras personas, la familia de Jimin, por ejemplo, no son del todo tan indulgentes.
Cuando finalmente llego a nuestra mesa, no me sorprende estar en el centro de las miradas exasperadas de mis padres. Cuando llego hasta Jimin y Anna, sin embargo, la estruendosa mirada que Jimin me envía parece un poco fuera de lugar. Claro, llegué media hora tarde. Y, sí, estoy en jeans y una chaqueta de cuero, no el atuendo elegante que todos los demás en la mesa se han puesto para la tarde. Pero, vamos, no es como si lo obligara a mirar mientras torturo a su gato hasta morir o algo así.
—Lo siento —digo a todos en general, mostrando una sonrisa apenada—. El trabajo me retrasó un poco.
—Y veo que olvidaste la parte de que este es un lugar agradable — dice Jimin con los dientes apretados.
Arqueo una ceja desafiante hacia él y me quito la chaqueta antes de dejarla sobre el respaldo de mi silla y sentarme. Sí, está bien, probablemente pude esforzarme más con mi atuendo esta noche, pero ya iba tarde cuando salí del trabajo; Apenas tuve tiempo de ducharme y vestirme como estaba. Además, no es que este sea el tipo de restaurante que requiere chaqueta y corbata. Hay otras personas aquí que usan jeans, e incluso se puedo ver algunas chaquetas de cuero colocadas en las sillas alrededor del restaurante. Probablemente más caras que la mía, pero lo que sea. Anna deja escapar una risa tintineante, como si Jimin acabara de decir algo súper chistoso.
—Ay, Jim ¿aún no lo conoces? Así es como Jungkook se viste. Camiseta de un solo color, y sus jeans sin rasgaduras. —Me dirige una sonrisa brillante—. Agradezco el esfuerzo, hermano.
Le devuelvo la sonrisa.
—Bueno, al menos alguien lo aprecia.
Jimin simplemente niega con la cabeza y alcanza su copa de vino. Él está, obviamente, vestido impecablemente con una camisa azul marino de un tono más oscuro que sus ojos. Las mangas están enrolladas para revelar sus tonificados antebrazos, un reloj Cartier de lujo brillando contra la piel pálida de su mano izquierda. De alguna manera me las arreglo para contener mi gemido de frustración cuando veo que es el Cartier de cara cuadrada… con una banda de platino. Maldición. Mi único consuelo es que Kate tampoco ganó. Saco mi teléfono de mi bolsillo trasero para poder tomar una foto discreta y enviársela.
Yo: [Foto]
Yo: ¡Tan cerca!
Kate Wilcox: ¡Casi le atinas!
—¿No tenías suficiente tinta ya? —murmura Jimin, mirando fijamente la nueva adición a la manga de mi brazo derecho, un patrón de enredaderas de hiedra que se envuelven alrededor de mi brazo y se enrolla con los tatuajes que ya tenía.
Mis cejas se arquean ante el comentario porque, francamente, estoy sorprendido de que incluso él se dio cuenta. Me hago nuevos tatuajes todo el tiempo, por lo que generalmente pasan desapercibidos por mi familia. Dominando mi sorpresa, le ofrezco una sonrisa perezosa.
—Nunca se puede tener suficiente. ¿Tal vez deberías hacerte uno tú también? —sugiero—. Pasa por la tienda. Te daré un descuento si quieres.
Jimin me mira con los ojos entrecerrados.
—Si crees que voy a dejar que tú estés cerca mío con una aguja estás aún más loco de lo que pensaba.
Me recuesto en mi silla, mi sonrisa se ensancha cuando recuerdo un hecho fundamental sobre el prometido de mi hermana.
—Ahh, es cierto. Te aterrorizan las agujas. Se me olvidó por completo.
—No me aterrorizan —gruñe—. Simplemente no me gustan. Junto a él, Anna suelta una risa irónica.
—¿Fue por eso por lo que casi me rompes la mano cuando tuviste que vacunarte contra el tétano?
Jimin solo frunce el ceño, y tengo la clara impresión de que se arrepiente profundamente de haber iniciado la conversación sobre mis tatuajes.
Jimin
Por mucho que lo intente, parece que no puedo evitar mirar a través de la mesa a mi futuro cuñado. No sé por qué, pero desde el momento en que conocí a Jungkook Jeon hace dos años, todo sobre él me afectó en el sentido contrario. Por lo que puedo ver, solo tiene una cualidad redentora, y es lo mucho que se preocupa por su hermana. Pero incluso esa luz brillante tiene una calidad turbia porque parece haber decidido desde el primer día que no soy lo suficientemente bueno para Anna.
Por suerte, tengo más confianza en mí mismo como para dejar que las opiniones de alguien como Jungkook Jeon me molesten. Sin embargo, es frustrante; Anna es la mujer perfecta para mí en todos los sentidos, excepto en el ineludible apego de toda la vida al idiota que es su hermano.
—¿Estás bien ahí, Jimin? —pregunta Jungkook, con su voz profunda ronca e irritante—. Luces particularmente asesino esta noche.
—Jungkook… —advierte Anna.
Él solo sonríe y se recuesta en su asiento, con los brazos colgando a cada lado sobre los reposabrazos, lo que hace que la camiseta que lleva puesta, blanca con la portada del álbum The Jam’s Sound Affects en él, se aprieta por encima de los músculos de sus bíceps y pecho.
Aprieto los labios con molestia y desvío la mirada. ¿Sólo por una vez podría simplemente vestirse para la ocasión en lugar de verse como una estrella de rock?
Sinceramente, ni siquiera sé cómo encaja Jungkook con el resto de los Jeon. Él es una rareza. Anna y sus padres son tan serenos, sofisticados y… bien arreglados. ¿Pero Jungkook? Está bien, está bien, no huele mal ni nada, de hecho, para alguien que a menudo parece haber dormido con la misma ropa, en realidad huele bastante bien. Pero todos los tatuajes, los piercings y esa aura desaliñada simplemente no parece coincidir con su familia. Es desconcertante.
—Es una pena que tus padres no hayan podido venir esta noche, Jimin. —Jaclyn, la madre de Anna, habla con una cálida sonrisa, sacándome de mis reflexiones—. Pero ¿una semana en Barcelona? Eso es muy refrescante para ellos. Nosotros deberíamos considerar volver allí, ¿no crees, Steven?
El padre de Anna levanta la vista de su intensa conversación con Jungkook.
—¿Mmm? ¿Qué pienso sobre qué? Jaclyn le sonríe con indulgencia.
—Sobre volver a Barcelona.
Su expresión es menos que entusiasta.
—No lo sé. Está todo lleno de personas, y nadie habla inglés.
—Porque es España, papá —dice Jungkook con los ojos en blanco.—Jackie, si quieres volver a España, podemos hacerlo en el barco —accede Steven.
Los ojos de Jaclyn se iluminan y se lleva una mano al pecho.
—Oh, eso sería maravilloso.
—Solo no dejes que mamá desembarque sola —dice Anna con una risita.
—No a menos que quieras una casa de verano en San Sebastián.
—No la molestes, Anny —dice Jungkook, su boca se curva en una sonrisa—. Mamá, no la escuches, tu ve y compra todas las casas que quieras, en cualquier lugar que quieras. Y cuando estés redactando tu testamento, sólo ten en cuenta que fui yo quien te animó a seguir tus sueños.
—Lo haré, Jungkook. Gracias —dice Jaclyn secamente.
Mi teléfono suena justo cuando salimos del restaurante. Lo saco de mi bolsillo para verlo, es una llamada de Rosh Kulkarni, la directora de relaciones públicas de mi empresa.
—Lo siento, solo será un segundo —le digo a Anna y a los demás. Anna solo sonríe y se vuelve hacia Jungkook, quien continúa entreteniéndola con lo que parece ser una historia divertida sobre uno de sus clientes.
—¿Qué pasa? —le pregunto a Rosh al contestar la llamada.
—¿Has visto las noticias? —Puedo decir que es su tono enérgico y serio que algo grave está pasando. Con cautela, escaneo mis ojos sobre los peatones y otros asistentes al restaurante cerca, pero nadie parece estar mostrando señales de pánico. Lo que sea que haya sucedido debe haber salido solo en las noticias o no es algo que afecte al público en general.
—Salgo con la familia de Anna para su cumpleaños.
—Oh, por supuesto, lo siento, puedo…
—¿Qué está pasando?
Toma una gran bocanada de aire, dejándola salir lentamente.
—Jimin, es Hayes y Mueller. ITN acaba de publicar una historia sobre una fuga química en uno de sus sitios de prueba hace unos años. Aparentemente, lo han estado encubriendo para evitar pagar las multas y ajustar sus prácticas.
—Mierda —murmuro, pasándome una mano por el rostro. Hayes y Mueller son unos grandes clientes de nuestra firma; hemos estado haciendo trabajos de consultoría para ellos durante décadas—. Está bien, bueno, supongo que tendremos que distanciarnos un poco. ¿Puedes hacer una de esas declaraciones neutrales que también logran ser socialmente consciente?
—No, no lo entiendes… —duda por un largo tiempo antes de finalmente decirlo—. Recibí una llamada de ITN justo antes de que se publicara la historia. Fue alguien de nuestra oficina que les avisó.
Me quedo allí, aturdido, mirando fijamente al frente mientras un taxi negro se detiene en frente a mí para dejar salir a un trío de mujeres risueñas.
—¿Quién? —finalmente logro decir.
—No me lo dijeron. Ya sabes, toda esa mierda de proteger las fuentes.
Gimo, levantando mi mano para pasarla por mi cabello. Como una de las consultoras líderes del Reino Unido, nos enorgullecemos de ofrecer a nuestros clientes una experiencia imparcial, de terceros en una amplia gama de áreas. Estamos a menudo trabajando con información confidencial, por lo que la discreción es clave. Si resulta que uno de nuestros propios empleados fue responsable de esta filtración, nuestra reputación se disparará al infierno.
—¿Alguien sabe que fuimos nosotros?
—No sé lo que sabe la gente —dice, sonando exhausta—. Voy a regresar a la oficina ahora para ver qué puedo averiguar.
—Está bien, estaré allí pronto.
—Jim, no tienes que hacerlo, Anna…
—Está bien. Ella lo entenderá.
Rosh suspira y puedo escuchar el alivio en su voz cuando dice:
—Está bien, te veré pronto.
Guardo el teléfono en el bolsillo y miro a mi alrededor justo a tiempo para ver a Anna deambulando hacia mí, después de terminar la conversación con su hermano.
—¿Todo bien?
Niego con la cabeza, ofreciendo una disculpa.
—Lo siento mucho, pero tengo que ir al trabajo.
Los ojos de Anna se abren ligeramente, pero logra dominar su expresión rápidamente.
—Oh, está bien.
—Lo siento. Sé que se supone que debemos estar celebrando…
—No, no, está bien. —Me lanza una sonrisa tranquilizadora—. Tendré una sesión de relajación en su lugar. Baño de burbujas, mascarilla facial, masajes para pies. Todas esas cosas para las que normalmente no dejo mucho tiempo. Será divertido.
La atraigo para abrazarla, presionando un suave beso en su cabello castaño.
—No olvides los Magnums de chocolate blanco y las películas de Katherine Heigl.
—Bueno, pensé que eso estaba implícito —dice encogiéndose de hombros.
Me río y dejo caer mis brazos alrededor de ella.
—¿Quieres que te lleve a casa primero? Niega con la cabeza.
—Está bien. Todavía es bastante temprano. —Regresa su mirada al restaurante por un momento antes de ofrecerme una sonrisa burlona—. Ya sabes, Jungkook acaba de ir al baño, pero van a la misma dirección en la que tú vas si quieres un compañero de metro.
La miro sarcásticamente.
—Creo que tomaré un taxi.
Ella deja escapar una fuerte risita, levantando las manos en señal de derrota.
—Valió la pena al menos intentarlo.