La ley del mundo [Sung Jin-Woo X Reader]

Summary

Léanla esta buena 🫶🏻

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1

Podría decirse que muchas historias comienzan de la misma manera... y, lamentablemente, esta no fue la excepción.

Me encontraba tranquila, disfrutando de una malteada de chocolate mientras revisaba unos papeles del trabajo, cuando un camión me atropelló sin previo aviso.

Frente a mí apareció una diosa, de presencia etérea, que con expresión compungida me ofreció dos opciones: sobrellevar esta nueva realidad como un alma errante, o reencarnar. El único inconveniente era que, al morir, el alma no puede regresar al mundo de origen, pues eso alteraría el equilibrio natural de las cosas.

Y así, reencarné. Ocho veces. Ocho vidas distintas, en mundos diversos, donde adquirí poder, sabiduría y habilidades extraordinarias... para finalmente morir de forma absurda y trágica, atropellada una y otra vez. Estaba harta. Harta de comenzar desde cero. Harta de este ciclo sin sentido.

Y ahora, otra vez, estaba allí. La diosa, de rodillas frente a mí, sollozando, con lágrimas que caían como cristales rotos sobre el suelo brillante de su reino.

—Ya basta de lágrimas —le dije con suavidad, limpiando su rostro.

—Lo siento —susurró con voz temblorosa, un pañuelo apareciendo mágicamente en su mano.

Estaba agotada de repetir el mismo destino, así que decidí tomar el control de la situación.

—Bien. Quiero reencarnar nuevamente —anuncié con firmeza. Sus ojos se abrieron con sorpresa ante mi seguridad —pero esta vez, será bajo mis condiciones.

Sonreí con una malicia contenida mientras le enumeraba mis demandas.

—Dado que mi muerte ha sido tu culpa en ocho ocasiones, y en ninguna de esas vidas estaba destinada a morir tan pronto, esta vez yo elegiré el mundo. Quiero conservar todas y cada una de mis habilidades adquiridas, el dinero que acumulé... y deseo una bendición: no podré morir a menos que así lo decida. Porque sinceramente, me tienes exhausta —enumeraba con calma, alzando un dedo por cada petición.

La diosa volvió a caer de rodillas, sollozando.

—No puedo cumplir todo eso... solo soy una diosa menor —gimoteó con pesar, y su debilidad me colmó la paciencia. Tomé un palo del suelo y comencé a golpearla, aunque ella ni se inmutó. Solo cuando el palo se rompió, me detuve.

—¿Quieres que vaya con tus superiores y les hable de tus ocho fracasos...? ¿Eh?

La amenaza surtió efecto. Me abrazó la pierna, suplicante.

—No puedo darte exactamente lo que pides, pero... —se levantó lentamente y se sentó en uno de los sofás de su dimensión personal.

Era un espacio de belleza inigualable: nubes danzaban sobre un suelo translúcido, una elegante mesa de té ocupaba el centro, rodeada de mullidos cojines y muebles que combinaban una estética infantil con un refinamiento celestial.

—Puedo crear un espacio dentro de tu alma. Uno oculto, fuera del alcance de las reglas de cualquier mundo —me explicó con serenidad mientras servía el té.

—Algo así como... un inventario en mi alma —murmuré, tomando asiento y recibiendo la taza que me ofrecía.

—Debo admitir que tenerte aquí cada vez que mueres ha sido una brisa refrescante en mi solitaria existencia —dijo, apoyando una mano sobre la mía—. Pero no quiero ser egoísta. Estás visiblemente agotada, y todo ha sido por mi culpa. Haré lo necesario para enmendarlo, lo prometo. Y como prueba de ello, tú elegirás el próximo mundo. Te mostraré algunos para que escojas.

Chasqueó los dedos con una sonrisa cálida y, ante mí, aparecieron siete libros resplandecientes. Todos irradiaban belleza... excepto uno. Oscuro como la noche, envuelto en una energía púrpura que parecía latir. Mi curiosidad fue inevitable. Lo tomé.

—¡Excelente elección! —exclamó con entusiasmo, haciendo desaparecer los demás libros justo cuando una luz comenzó a envolverme.

—¿Qué...? —musité, sintiendo mi conciencia desvanecerse—. No. Espera...

—Te lo explicaré todo cuando llegues a tu nuevo hogar —dijo con una sonrisa traviesa—. Ya verás lo que he preparado para ti.

Y entonces, todo se volvió negro.


...

Me incorporé con suavidad de la mullida cama. Era mi tercera noche habitando este cuerpo, en esta nueva vida.

A diferencia de las ocasiones anteriores, no había renacido como un bebé dentro del vientre de alguna madre. No. Esta vez, había despertado en el cuerpo de una joven de belleza deslumbrante, perteneciente a una familia exorbitantemente rica.

No es posible introducir un alma en un cuerpo que ya posea una, ni crear uno completamente nuevo. Por ello, la diosa me envió al cuerpo de alguien cuya vida no debía terminar, pero que, por alguna extraña coincidencia, murió de una manera similar a la mía en mis anteriores reencarnaciones. Sin embargo, esta chica era distinta.

De rostro angelical, figura perfecta y una vida aparentemente inmejorable, había decidido acabar con su existencia debido a rumores maliciosos que se esparcieron por su entorno laboral. Sí, efectivamente: había entrado en el cuerpo de una actriz, modelo y cantante, que, por los títulos colgados en las paredes, también había cursado arquitectura. Era el ideal de hija, amiga y profesional. Según los recuerdos que albergaba su mente, una compañera de trabajo, consumida por la envidia, le tendió una trampa y destruyó su reputación.

Debo admitir que, en honor a este hermoso cuerpo, me tomé la libertad de vengarla. En tan solo dos días, reduje a esa "amiga" a la miseria. Eso pasa cuando te enfrentas a una Chaebol de séptima generación.

Unos golpes en la puerta interrumpieron mis pensamientos mientras me ponía el sobretodo sobre la pijama.

—Adelante —respondí, calzándome las pantuflas.

—¿Hija? —se asomó mi madre con una sonrisa cálida, acompañada por el ama de llaves, quien sostenía una bandeja con un desayuno coreano completo.

—Buenos días —saludé desde el armario, con el cabello ligeramente alborotado por el sueño reciente.

—Son las once, cariño —informó con dulzura.

Me sorprendí por la hora. Después de todo, había estado agotada tras dos intensos días de vengar una vida.

—No suelo levantarme tan tarde —me justifiqué, aunque la expresión de mi madre dejaba claro que no me creía—. Intentaré despertarme más temprano.

—No importa, ven —dijo, extendiéndome la mano con ternura, mientras el ama de llaves colocaba la comida en la mesa de centro de la pequeña sala dentro de mi habitación.

—Nos vemos, señora Choi —dije con un leve gesto de la mano. Ella me sonrió antes de retirarse discretamente.

Mi madre tomó mis manos con delicadeza, colocándolas sobre su pecho. Lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, lo que me tomó por sorpresa.

—No sabes el miedo que sentí cuando leí ese mensaje tuyo... diciendo que no podías soportar los rumores. Pensé que ibas a... que ibas a quitarte la vida, mi niña —sollozó, aferrándose a mis manos como si temiera perderme nuevamente—. Siempre fuiste tan frágil... creí que al final, te rendirías. Pero volviste a casa, pediste ayuda... y eso significó el mundo para nosotros.

Me quedé en silencio por unos segundos, observando sus lágrimas. Luego me lancé a sus brazos, y sollozamos juntas. No eran mis emociones... eran las de este cuerpo, las de la joven que, arrepentida, se desvanecía poco a poco, dejando lugar a una nueva existencia.

—Lo siento... lo siento tanto... iba a hacerlo, de verdad —lloré con sinceridad, dejando que afloraran los sentimientos de la antigua dueña de este cuerpo—. Pero no pude. Pensé en ti, en tu dolor... en que si me iba, ellos ganarían. Nada cambiaría... fui impulsiva, y me arrepiento tanto...

Su abrazo me envolvió como un refugio, lleno de afecto, mientras murmuraba palabras de consuelo. Por esta razón nunca me gustaba ocupar cuerpos adultos, especialmente aquellos con familias. El sentimiento de ser un reemplazo, de robar una vida que ya no volvería, siempre me perseguía... pero haría todo lo posible por compensar cada instante junto a estas buenas personas.

—Vamos, vamos —dijo con una sonrisa entre lágrimas, tomando los palillos y extendiéndome un bocado—. Come, come.

Me alimentó como a una niña pequeña, y no me quejé. Porque, para ella, yo seguía siendo su bebé.

...


Después de una mañana cargada de emociones en casa de mis padres, decidí regresar a mi residencia.

Vivía en un penthouse elegante, situado en la cima de un edificio cuya arquitectura, para mi sorpresa, no solo me pertenecía legalmente, sino que también era uno de los diseños originales de este cuerpo. El proyecto había sido aceptado por la constructora de mis padres algunos años después de su graduación. No había sido la estudiante más brillante de Corea, ni la más destacada, pero según sus recuerdos, era una joven tímida, disciplinada y profundamente comprometida con sus responsabilidades.

La decoración del lugar reflejaba por completo mi estilo personal. Aunque debo admitir que nunca habría sido capaz de diseñar un edificio de semejante calibre, ella sí lo logró. Era una mujer impresionante, que supo combinar su inteligencia con su belleza de forma honesta y admirable.

Los recuerdos agradables de su vida se entrelazaban con los ecos de mis vidas pasadas, y una sonrisa se dibujó en mi rostro. Fue entonces cuando una pantalla azul apareció frente a mis ojos.

—Hola, diosa —musité al leer el breve "Hola" que apareció en letras flotantes, justo antes de que se activara el canal de voz.

—Aún no has completado tu entrenamiento diario —me reprendió apenas su voz cruzó el umbral de la realidad.

—Lo siento —respondí con una risa suave, divertida por su constancia.

Encendí la caminadora, observando cómo el contador comenzaba a marcar el avance hacia los 10 kilómetros que debía correr.

Cada día debía cumplir con un entrenamiento riguroso:

    •    100 sentadillas

    •    100 flexiones

    •    100 abdominales

    •    10 kilómetros de carrera

Honestamente, no me quejaba. Había pasado por pruebas mucho más duras en vidas anteriores. Pero, siendo sincera, lo que realmente me gustaba era la penalización por fallar el entrenamiento.

Un bosque salvaje como zona de castigo, donde cada árbol intentaba matarme con furia desmedida. Ganaba más puntos enfrentándome a esas criaturas que completando las rutinas físicas... y lo disfrutaba.

—¿Quieres que te repita la historia de este mundo? —preguntó la diosa mientras yo corría en el mismo sitio, manteniendo el ritmo de mis jadeos controlados.

—Sí... —murmuré entre respiraciones pausadas.

—Este mundo... es el de un libro. No tiene relación alguna con la realidad de la que vienes. Fue una fantasía concebida por un dios menor, que decidió convertir su cuento en realidad. Ese dios murió hace mucho tiempo, y con su desaparición, el equilibrio se quebró. El curso natural de la historia se desvió durante siglos... —hizo una breve pausa—. Todo cambió con la aparición de Sung Jin-Woo, el elegido para heredar el poder del Monarca de las Sombras. Para serte sincera, es mi libro favorito —admitió con una emoción contenida, seguida de una tos nerviosa para disimular su entusiasmo.

—Me alegra tanto que hayas terminado en este mundo. Dado que no compartes la misma ley temporal de este universo, puedes subir de nivel como cazadora. Por ahora, estás fuera del radar de los celestiales y los monarcas... así que estás a salvo. ¡Ah! Ahora que lo recuerdo, preparé una mazmorra especial para ti...

—Te estás desviando otra vez —la interrumpí con un suspiro exasperado.

—Lo siento —se rió con suavidad—. Como decía... Jin-Woo y tú son los únicos seres capaces de subir de nivel en este mundo, y eso genera un nuevo equilibrio. Te envié justo antes de que él empiece a interesarse por Cha Hae-In, poco antes de que se crucen en esa mazmorra como minero...

Pude oír claramente cómo babeaba al otro lado de la conexión.

—En fin —continuó—, los celestiales aún no saben de ti. Y quiero que... lo enamores.

Me detuve en seco, y la inercia me lanzó fuera de la caminadora con fuerza.

—¿Qué dijiste?

—Sí, enamóralo. Cásate con él. No soporto a Cha Hae-In. Incluso la demonio de la mazmorra era mejor candidata —dijo con descarada emoción.

—¿Y qué te hace pensar que yo quiero hacer eso? —pregunté, aún atónita, al notar que había terminado la tarea diaria.

—He añadido un sistema de seducción complementario al de cazadora. Cada vez que subas un nivel de intimidad con él, recibirás recompensas —explicó con entusiasmo.

Tomé la pantalla azul flotante frente a mí y la sacudí como si pudiera devolverle el juicio.

—¿Qué te hace pensar que quiero esto?

—Bueno... —abrió una carpeta digital y apareció un sinfín de imágenes de Sung Jin-Woo. Me sonrojé de inmediato—. Creí que te gustaba. Son perfectos el uno para el otro...

Mi rubor se desvaneció en una sonrisa melancólica.

—Tú no puedes saber eso...

—Somos amigas desde hace ocho vidas —dijo con dulzura.

—No pasé de los 22 en ninguna —respondí en voz baja.

—Y lo siento por eso... pero si multiplicas 22 por 8, ese es el tiempo que llevo cuidando de ti desde que cometí ese error —me explicó mientras me sentaba a beber agua—. Te conozco. Sé que no quieres interferir, pero en algún momento lo harás. Solo quiero que seas feliz. ¿Aceptas?

Dudé. Me gustaba ese personaje. Su historia. La forma en que, incluso al perder emociones al subir de nivel, nunca dejaba de lado su humanidad. Su amor por la familia, su lealtad, su nobleza... Jin-Woo iba a enamorarse de Cha Hae-In. Pero ahora... era un hombre libre.

—Acepto —anuncié finalmente—. Pero con una condición: si en algún momento él se enamora de Cha Hae-In... lo dejaré libre.

Una nueva pantalla de tono púrpura se materializó junto a la azul. En letras brillantes podía leerse: Sistema de Seducción Jin-Woo.

—Vaya nombres pones... —dije entre risas burlonas.

—No te rías... soy pésima para esto —hizo un pequeño berrinche que me arrancó una carcajada.

Sí... este era el comienzo. Miré por la ventana, contemplando la ciudad nocturna, bellamente iluminada. Este era el inicio de lo que tal vez sería una mala decisión... pero que deseaba guardar como algo esperanzador.

—Por favor, no me odies si soy egoísta... y lo intento —murmuré, apoyando los dedos contra el cristal, mientras la luz de Corea acariciaba suavemente mi rostro.








































































....


¡Espero que lo disfruten mucho!

No olviden dejar su voto y nos vemos en el próximo...

A me

¡Gracias por estar aquí! 🫶🏻