Oquídeas para Carlos

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Summary

Carlos, el mejor amigo de Raúl en La muerte de los girasoles, se ve envuelto en un misterio. Al llegar a su trabajo un día cualquiera, encuentra en su escritorio un hermoso masetero de orquídeas azules sin un remitente a la vista, y, casi al mismo tiempo, la familia que lo corrió de su casa hace diez años vuelve a buscarlo, poniendo en jaque su presente, pues, debe lidiar con un pasado que no quiere recordar, al tiempo que empieza a visualizar cuál es el futuro que quiere para sí.

Genre
Drama/Romance
Author
H_K_A
Status
Complete
Chapters
49
Rating
n/a
Age Rating
18+

1

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La oficina está sumida en el bullicio típico de ese tipo de entornos. Solo se oyen teclas, impresoras y multicopiadoras, teléfonos marcando y otros atendidos en conversaciones banales. Carlos está sentado en su cubículo, a la mitad de la segunda fila. Si bien, el ambiente no es tenso u opresivo, no puede evitar sentir el sopor propio de las cuatro de la tarde, a unas horas del fin de su jornada.

El hombre, de cabello rojo a media espalda, barba tupida y bien formada, ojos verdes y tes blanca mira la pantalla de su computador, moviéndose de un lado a otro en su silla de escritorio, absorto en la plantilla de Excel, mas, no tiene ganas de seguir. De pronto, se carga en el respaldo lumbar de su silla, se desliza hacia atrás y busca con la mirada la oficina de Raúl, su mejor amigo de la universidad, encontrando solo su silueta, pues, como siempre, su cabeza está oculta tras el ordenador, con su escritorio ordenado y casi vacío.

Nunca le ha importado el rápido ascenso alcanzado por Raúl, a penas unos meses después de que entraron, pues, sabe que es lo suyo, mientras para él, aunque le gusta y acomoda el trabajo, aquello no es más que una forma de ganarse la vida y llegar a fin de mes.

Por eso, cuando su celular comienza a vibrar, su atención se vuelca por completo a este, mirando su pantalla con ansias, encontrando el clásico sobre de mensaje de texto, con el número uno y el nombre de Jaime, su ex.

Abre el mensaje, presionando el botón verde en el teclado, y, tras leer «¿Cómo va tu día? Te tengo una sorpresa», la excitación lo inunda. Toma el celular para responder, tecleando rápido en la jerga del texting.

Bn, pr hrto Fmeee.

Se muerde el labio inferior, pensando en lo bonito e inesperado del mensaje, ignorando la advertencia mental de Raúl, que lo urge a dejar el teléfono ahí, pues ese escenario ya ni siquiera cuenta como un Deja Vu.

Entonces te voy a alegrar la tarde, y la noche, lindo.

Responde Jaime, casi al instante.

Por más que se niegue a aceptarlo, aquel tira y afloja lo tiene en un gancho del que no puede salir, a pesar de que la relación haya terminado formalmente hace casi dos años.

Cn q m vs a slr hr?

La mente de Carlos va a mil por hora, recordando los mensajes anteriores, las escapadas anteriores, pasando de largo los malos momentos, hasta que las múltiples infidelidades se agolpan en sus recuerdos, llegando junto a una enorme ansiedad que no hace más que amplificar sus otras emociones.

Mal que mal, lleva meses sin arriesgarse, evitando salir o conocer a alguien por miedo a dejar ir a Jaime, reflexión que le ha costado varias discusiones con Rau.

Es sorpresa po, ya te dije. Te voy a estar esperando afuera.

El mensaje hace saltar a Carlos de su silla, presa de una euforia casi infantil, esbozando una sonrisa enamorada, que no pasa desapercibida para Rau, que está de pie al lado de su amigo.

—déjame adivinar, te escribió el Jaime. —Al notar la presencia de su amigo, Carlos vuelva saltar de su silla, esta vez a causa del susto.

—Casi me dai un infarto, menso… —El rostro de Raúl está serio, con la boca apretada en una línea, y los brazos en jarras.

—No me cambís el tema. —Carlos le sostiene la mirada a su amigo, entablando una conversación telepática en la que intenta calmarlo, asegurándole que está todo bien. Pero el mensaje, a pesar de ser recibido no es efectivo, decidiendo enfatizarlo con palabras.

—El Jaime dice que me va a venir a buscar. —susurra Carlos, pues nadie en la oficina sabe sobre su orientación sexual. Raúl inhala de forma exagerada, dilatando la nariz e inflando el pecho—. Rau, no pasa nada, tengo claro que no va a pasar nada.

—Lo mismo dijiste la vez anterior, y la anterior, y la anterior…

—Ya, pero esta vez es distinto. Es de mono nomas, no estoy esperando nada.

—Ya, repítete eso y créetelo. —El gesto adusto de Raúl no es nada nuevo, pues, la mayor parte del tiempo su semblante es medio tristón o ceñudo. Además, conoce lo suficiente a su amigo para saber que solo intenta cuidarlo—. Carlos, te mereces algo mejor, y con… —Raúl mira en todas direcciones, sin lograr disimular, pues no sabe hacerlo, y baja la voz— Él, no tienes un futuro. No sé si es algo que te importe, pero no me gusta cómo te deja.

Carlos da media vuelta en la silla, quedando frente al escritorio, con la vista fija en el celular, mirando un mensaje que acaba de llegar.

Te echaba de menos.

Sin embargo, esa sonrisa infantil e ilusionada ya no llega. Sabe que su amigo tiene razón, y hasta Valentina, la hija adolescente de Raúl se lo ha dicho. Pero ese tipo de sorpresas, la preocupación y el cariño en los mensajes de Jaime le dicen otra cosa.

Entonces, la expresión de Raúl se relaja, suelta un nuevo suspiro, lleno de comprensión y compasión por su amigo, le da una palmada en la espalda, que resulta más brusca de lo que esperaba, sacándole un sonido sordo que hace enojar a Carlos, da media vuelta y enfila de vuelta a su oficina.

Carlos empieza a teclear «Yo también» de respuesta, pero se detiene a la mitad, borrando el mensaje.