Dos Idol (GL)

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Summary

Yuna y Haeun eran miembros de un grupo idol femenino que llevaba más de una década en la industria. Habían crecido juntas, sudado juntas, llorado juntas. Como hermanas. Como familia. Pero Yuna no podía negar que había algo en Haeun que la hacía brillar más fuerte en su pecho que el resto.

Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Dos Idols

Título: Más Que Aplausos


El escenario se apagaba cada noche con siete luces, una por cada una de ellas. Entre esas luces, había dos que titilaban de forma distinta.

Yuna y Haeun eran miembros de un grupo idol femenino que llevaba más de una década en la industria. Habían crecido juntas, sudado juntas, llorado juntas. Como hermanas. Como familia.

Pero Yuna no podía negar que había algo en Haeun que la hacía brillar más fuerte en su pecho que el resto. La admiraba profundamente: su voz, su entrega, su risa dulce cuando se olvidaba de que había cámaras. Le llevaba café sin que se lo pidiera, la arropaba cuando se quedaba dormida en el estudio, y nunca dejaba pasar un día sin decirle lo bien que había bailado. Aunque supiera que nunca serían más que compañeras, se sentía orgullosa de que su corazón hubiera elegido a alguien tan maravillosa para amar en secreto.

Haeun, en cambio, vivía en una guerra silenciosa consigo misma. No entendía por qué su pecho latía tan fuerte cuando Yuna la abrazaba después de un concierto, por qué se le iba la mirada cuando se cambiaban en los camerinos, por qué cada sonrisa suya la hacía temblar por dentro. Se sentía culpable, sucia, como si estuviera traicionando ese lazo sagrado que compartían todas como hermanas.

No podía más. Entre ataques de ansiedad y noches sin dormir, pidió a la agencia unos meses fuera del grupo. La decisión cayó como bomba entre los miembros y el staff. Pero luego de años de escándalos y tragedias en la industria, decidieron apoyarla. Su salud mental era lo primero.

Pasaron los meses y la terapia no daba resultado. Haeun no estaba rota. Solo estaba enamorada. Un amor que nadie podía quitarle con pastillas.

—No estás enferma, —le dijo el psicólogo con una sonrisa triste—. Solo necesitas dejar de tenerle miedo a lo que sientes.Y así lo hizo. Llamó a Yuna. La citó en su apartamento, temblando por dentro.

Cuando Yuna llegó, con esa calidez que la hacía sentir segura y vulnerable a la vez, Haeun rompió el silencio:

—Lo siento… por haberte mirado de esa forma, por haberte querido de otra forma. Lo siento por no haber sido fuerte. Lo siento por malinterpretar tu cariño. Solo quería dejar de sentir esto… pero no se va. No se va.

Yuna, con los ojos al borde del llanto, se acercó y le tomó la mano.

—¿Por qué te disculpas… por hacerme sentir viva? —susurró—. Yo también te amo, Haeun. Siempre lo he hecho. Pero no podía decírtelo. Me conformé con estar a tu lado, con amarte en silencio, porque tú eras demasiado para mí.

Ambas se miraron. Tan frágiles. Tan reales.

Y por primera vez en años, dejaron de actuar. No eran idols. No eran hermanas. No eran lo que la industria esperaba que fueran.

Solo eran dos chicas enamoradas, buscando un lugar donde pudieran amarse sin miedo.

Yuna no podía dejar de llorar. Las lágrimas le caían como lluvia de verano, cálidas, rápidas, sin aviso. Lloraba por el dolor que había causado, por no haber dicho antes lo que sentía, por haber hecho creer a Haeun que su amor era un error.

—Lo siento... —balbuceó entre sollozos, con la voz quebrada—. Te hice daño, sin querer. Fui egoísta por amarte así, por no decirte nada… por dejarte sola con todo esto…

Haeun no sabía qué decir. Nunca imaginó que su amor, que había ocultado bajo capas de culpa y vergüenza, fuera correspondido. Se sintió vacía, como si su alma no supiera qué hacer con esa verdad.

Yuna se limpió las lágrimas con la manga de su suéter y se puso de pie.

—Tienes que volver, Haeun. Al grupo. A nosotras. A ti. No seremos novias, no podemos… pero somos artistas. Y tenemos una gira que hacer. Sé valiente conmigo.

Con el corazón latiendo como un tambor en medio del silencio, Haeun asintió. Esa noche llamó a su agencia. La siguiente semana, su regreso ya era noticia.

Pero todo había cambiado.

Haeun volvió con el alma enredada. Aunque ahora sabía que no estaba sola en lo que sentía, no dejaba de pensar que estaba mal, que su amor seguía siendo algo que debía esconder.

Yuna, por su parte, intentaba actuar como siempre, pero cada vez que la miraba, su pecho se apretaba. Ya no podía fingir tan bien. Sus sonrisas eran frágiles. Su cuerpo se tensaba cada vez que Haeun entraba en la sala de práctica.

Las demás chicas notaron el cambio. El grupo, que siempre había sido como una sola alma dividida en siete cuerpos, ahora tenía una grieta. Y la tensión se sentía en los ensayos, en las entrevistas, incluso en los silencios.

A veces, Yuna y Haeun se quedaban mirándose con los ojos llorosos, sin decir nada. Apretando los puños como si quisieran tocarse pero no se atrevieran.

Hasta que un día, durante la práctica de la coreografía final del concierto, la líder del grupo, Minji, detuvo la música de golpe.

—¡Ya basta! —gritó, con los brazos en la cintura y el ceño fruncido—. ¿Qué demonios les pasa a ustedes dos?

Las demás chicas se quedaron en silencio, tensas.

—Se nota que se quieren, pero también se nota que están sufriendo. Nos están arrastrando a todas con eso. Así que ahora… abrácense. Arreglen lo que tengan que arreglar. ¡Pero dejen de pelear como si fueran enemigas!

Yuna y Haeun se quedaron paralizadas.

Minji cruzó los brazos. —No me importa si lloran, si gritan, o si se besan, pero háganlo de una vez. No voy a dejar que nuestra familia se rompa por dos corazones asustados.

Las lágrimas volvieron, primero en los ojos de Haeun, luego en los de Yuna. Se acercaron despacio, como si el aire entre ellas pesara toneladas. Y cuando se abrazaron, todo el estudio se quedó en silencio.

No dijeron nada. No hacía falta. Solo se abrazaron fuerte, temblando. Dos almas que, aunque no podían estar juntas como soñaban, tampoco podían estar separadas.

Porque a veces el amor no se trata de finales felices. A veces se trata de seguir bailando juntas, aunque el corazón quiera más.