Soy Macho!!!! [Male Godzilla Kaiju x Male Lector K

Summary

Es un Isekai ✌️

Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1

La época de apareamiento de los Kaijus seguía siendo un enigma. Solo en una ocasión la humanidad había contemplado los huevos de estas colosales criaturas con las que compartían el planeta. Kong, sin embargo, representaba un caso aparte. Al ser un gorila, su biología resultaba más accesible para la ciencia, pues ya se habían estudiado a fondo especies menores de su linaje. Ahora, con la llegada de la ciudad subterránea donde se había erigido como rey, el inicio de su descendencia era solo cuestión de tiempo.

Pero entre todas las criaturas titánicas, había uno que se alzaba por encima de los demás, un rey digno de ser llamado el alfa de los alfas: Godzilla. Su existencia estaba entrelazada con un ritual ancestral de despertar, luchar para proteger la humanidad y volver a sumirse en el letargo, reposando entre las ruinas de un coliseo moldeado a la inmensidad de su cuerpo. Las investigaciones sobre su anatomía permanecían en pausa, pero se tenía certeza de un hecho indiscutible: el monarca indiscutible de los Kaijus era macho.

Lo que aún se desconocía era que, entre esos titanes masculinos, existía una mutación excepcional, una anomalía genética que pronto recibiría el nombre de Omega. Su revelación, traída por la llegada de un nuevo Kaiju que surcaba los cielos, no solo revolucionaría el conocimiento científico sobre la especie, sino que también alteraría para siempre la rutina del proclamado Rey de los Kaijus.

Las sombras de mi agotador día se cernían sobre mí con un peso abrumador. Había trabajado hasta el límite de mis fuerzas, pero la lata fría de cerveza entre mis dedos y mis pies descansando sobre la mesa de centro ofrecían un consuelo simple y familiar. En la pantalla, mi película favorita seguía su curso, una vez más proclamando a Godzilla como el indiscutible Rey de los Kaijus. Inquebrantable, majestuoso, impecable. Una bestia colosal cuya presencia inspiraba temor y admiración por igual. Y, sin embargo, me entristecía que en nuestro mundo no existiera algo así.

No me malinterpreten: sé bien que estas criaturas representan un peligro insondable, que su furia desata muerte y destrucción. Pero también son seres vivos, titanes que absorben la radiación del mundo y la transforman en su propia energía, en su propio poder. Y pese a su grandeza, el Rey, después de cada batalla, regresa solo a su letargo. Siempre solo.

—Sí, claro... Debería preocuparme más por mí mismo, a mis treinta y ocho años y sin vida social —murmuré con sarcasmo, apagando el televisor antes de ponerme de pie de un salto.

La lata resbaló de mi mano, golpeando el suelo con un sonido sordo. De repente, mi visión se tornó borrosa, como si el mundo se difuminara en un instante de desconexión. Luego, un golpe seco contra la esquina metálica de mi calentador... y todo se apagó.

Pero aquello no fue el final. No hubo descanso eterno, no hubo nada... solo oscuridad. Y después de lo que pareció una eternidad, luz.

Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Estaba vivo. La emoción brotó de mis poros, pero se disipó en un parpadeo. La luz que inundó mis ojos no era la blanca y fría de un hospital. Era tenue, nocturna, irradiada por innumerables insectos luminosos que flotaban en el aire de una cueva subterránea. Mi cuerpo... se sentía pesado, descomunal. Como si llevara algo más que mi propio ser.

Entonces, lo noté.

Cuello largo. Cuatro patas gigantes.

Un grito ahogado resonó en mi mente mientras mis ojos recorrían mi nueva forma con una mezcla de incredulidad y asombro. Alas. Cola larga. Una cabeza de dragón. Un cuello esbelto que armonizaba con mi imponente silueta. Mi piel, antes humana, ahora estaba cubierta de escamas blancas que relucían bajo la tenue luz de las luciérnagas que adornaban la bóveda de la cueva como estrellas atrapadas en la penumbra.

Mis alas eran lo más hipnótico de todo: translúcidas, teñidas de colores cambiantes que parecían danzar con cada sutil movimiento. Fascinante. Magnífico.

Acepté mi destino sin una sola queja. Había muerto como humano y renacido como el dragón más majestuoso que jamás haya existido. Una carcajada brotó de mi nueva garganta, reverberando con un eco poderoso que sacudió las paredes de la caverna.

Pero había un problema. No había salidas. Ni una grieta, ni un resquicio por donde escapar.

Sin embargo, no era algo que no pudiera resolver. Con un rugido, escupí una bocanada de aire ardiente y me orienté. Luego, mis garras comenzaron a cavar con fuerza, abriéndome paso a través de la tierra.

Y finalmente, tras lo que se sintió como una eternidad, salí a la superficie.

El sol acarició mis escamas con su calor reconfortante. Inspiré hondo, embriagado por la libertad. Aquí comenzaba mi nueva vida... en medio de una maldita isla desierta.

Bueno, no importaba. Tenía alas.

Mientras tanto, en un laboratorio al otro lado del mundo, las alarmas comenzaron a resonar.

—Se han detectado señales de una nueva amenaza Kaiju en una isla desierta. Los niveles de radioactividad son anormalmente elevados.

Los científicos se movían con precisión, cada uno cumpliendo su función en el protocolo de emergencia.

—Los signos vitales del Kaiju detectado son estables. Se han enviado drones teledirigidos para su análisis.

La voz de una mujer resonó en la sala de monitoreo.

—Las señales de Godzilla siguen estables. El Rey permanece en su letargo.

Un silencio tenso se extendió en la sala antes de que una voz masculina anunciara la revelación que pondría en jaque a la humanidad:

—El nivel de radiación que emana de esta nueva criatura es similar al de Godzilla.

El jefe del equipo entrecerró los ojos, analizando los datos.

—Si esas dos bestias llegan a enfrentarse... que Dios nos ampare.

Lo que aún no sabían era que esta sería la primera pieza de un rompecabezas que cambiaría para siempre todo lo que la humanidad creía saber sobre los Kaijus.

'Bien... uno, dos, tres.'

El pensamiento resonó en mi mente mientras movía mis alas, intentando sacudirme el entumecimiento que aún pesaba sobre mi cuerpo. Nunca había volado antes, y mucho menos con estas enormes extremidades aladas, por lo que cada intento se sentía como un torpe entrenamiento de principiante.

Aleteé con más fuerza, logrando elevarme apenas unos centímetros del suelo, pero el esfuerzo resultó agotador. Mis alas aún estaban rígidas, sin la soltura necesaria para sostenerme en el aire. Tendría que permanecer en esta isla un tiempo más.

Los días transcurrieron lentamente. Con cada amanecer, nuevas naves de dimensiones colosales surcaban los cielos, flotando sobre la isla como depredadores silenciosos. No eran simples aeronaves; cada una era del tamaño de una casa, lo que me hizo descartar la idea de haber despertado en un mundo prehistórico, como en esos fanfics isekai de HOTD o GOT. Este mundo era distinto. Un universo completamente diferente, poblado por criaturas que desafiaban mi comprensión.

Las naves solo me observaban. Escaneándome. Rodeándome con cautela, siempre manteniendo la distancia. No las destruí, aunque el pensamiento cruzó mi mente. No estaba seguro de si eran meros drones o si llevaban tripulantes, pero la sensación de estar siendo vigilado no me agradaba en absoluto.

Claro, yo mismo era un descubrimiento. Era lógico que despertara su curiosidad. Pero esa misma curiosidad la entendía bien, porque, a pesar de mi nuevo cuerpo, mi alma seguía siendo humana. Y los humanos siempre buscan respuestas.

Sin embargo, yo solo quería salir de aquí. Nadaba bien, pero no quería cruzar este vasto océano como un simple reptil marino. No. Si había renacido en esta forma, entonces partiría de aquí como lo que era: un dragón majestuoso.

Inspiré hondo y volví a intentarlo. Esta vez, ajusté mi postura, desplegué las alas con mayor cuidado y comencé a batirlas con suavidad, sintiendo el aire deslizarse entre mis membranas. Cerré los ojos, concentrándome en la sensación de la arena desprendiéndose de mis garras, del viento quebrándose bajo cada movimiento.

Y cuando los abrí...

La isla ya no estaba.

El vértigo me golpeó como una ola y, en un instante de puro pánico, mis alas cedieron. Caí en picada.

El impacto fue brutal. Mi cuello se torció con un dolor punzante, y la mitad de mi cuerpo se precipitó en las gélidas aguas del mar. Genial.

Mi estómago gruñó con un sonido profundo y retumbante.

—Odio mi vida...

Lo que salió de mi garganta no fueron palabras humanas, sino un rugido bajo y gutural, algo grotesco y animal. No era de sorprender, pero tampoco esperaba sonar tan tenebroso.

Solté un largo suspiro y dejé de intentarlo por hoy. No tenía energías para más fracasos.

Me enredé en mi propia cola, dejando que el calor de mis propias escamas me reconfortara mientras el letargo se apoderaba de mi cuerpo.

Tengo hambre...

Mientras tanto, en un laboratorio al otro lado del mundo...

—Las señales siguen estables, sin signos de anomalía —anunció uno de los científicos, su voz monótona apenas perturbando la quietud de la sala.

Un murmullo cortó el aire.

—¿No creen que hay demasiada paz?

La frase de la mujer dejó un rastro de tensión en el ambiente. Todos se detuvieron un instante, intercambiando miradas cargadas de incertidumbre.

—Según la información más reciente de los escáneres, el Kaiju nombrado como Draezor permanece en la isla sin signos de haber intentado volar —informó otro científico—. No hay nada anormal en su anatomía, pero los años de hibernación parecen haberlo dejado entumecido.

—Las muestras de sangre revelan similitudes genéticas con Godzilla —añadió una mujer, ajustando sus gafas mientras revisaba los datos en su pantalla—. Sus niveles de testosterona son bajos, aunque dentro de un rango normal. Sin embargo, presenta anomalías genéticas que aún no hemos podido identificar.

Un nuevo silencio cargado de especulación se instaló en la sala.

—Quizá esas anomalías son lo que mantienen al Rey en reposo —sugirió alguien en voz baja—. No lo percibe como una amenaza.

Los científicos contuvieron el aliento.

Finalmente, el jefe del equipo habló con un tono pausado y medido:

—Godzilla siempre ha seguido un patrón. No se ha presentado ninguna amenaza directa contra su autoridad en la Tierra, ni ha surgido un peligro real para la humanidad. El Rey seguirá dormido un tiempo más... después de su enfrentamiento con el simio rojo.

Un pensamiento inquietante se deslizó en la conversación.

—El Rey está cansado.

—Vulnerable.

—Una presa fácil.

El escalofrío fue colectivo. Nadie se atrevió a hablar, limitándose a mirar fijamente las dos enormes pantallas del laboratorio. En ellas, los colosales Kaijus yacían inmóviles, sumidos en su letargo. Durmiendo.

Por ahora..

Por  si en la multimedia no se llega a ver así se ve el kaiju dragón. Espero les guste.