L A R O N D A D E N E G O C I O S.

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«Mucho más se desea lo que más se veda»

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18+

RESEÑA.

Él es, fue y será mi mejor amigo.

Bueno, eso fue lo que creí hasta que por primera vez me beso.

Y vaya que me cambio la vida como nunca lo llegué a suponer.

Nos criamos juntos.

Todo lo que hacíamos nos conducía a lo que jamás nos imaginamos.

Nada de lo que sentimos puede ser comprendido.

Y menos, aceptado.

Somos tan prohibidos que ningún tipo de atracción nos sería permitida.

Pero quien puede luchar contra ese sentimiento que se enraíza en nuestras almas.

A veces pensamos que prepararnos para lograr ese futuro que soñamos, es lo que va a mejorar nuestras vidas.

Que es ese paraíso que anhelamos, pero que nadie puede planear, por lo que se nos despierta allá en el fondo de nuestros corazones.

Ese lugar en donde nadie tiene la llave para elegir, a quien es al que le debemos permitir, que entre y le dé un vuelco total a nuestra existencia.

Es un invasor que ingresa sin permiso.

Sin hacer el más mínimo gesto de, por lo menos, solicitarlo.

Lo hace sin importar nuestro origen.

La clase de vida que llevemos.

El conocimiento que tengamos.

La experiencia que adquirimos durante todo el tiempo que tengamos para estar en este mundo.

Eso es el amor.

Un sentimiento al que nunca vamos a invitar.

Al que jamás podremos conocer.

Al que ni siquiera lo vamos a imaginar.

Para el que nadie se puede preparar.

Del que no tendremos forma de evitar.

Al que tampoco creemos que vamos a necesitar.

Ese que llega cuando menos se le espera.

Cuando nadie se lo imagina.

El que al mismo tiempo nos produce los momentos más sublimes.

Los instantes más maravillosos.

Las experiencias más inefables.

Y a la vez, las más terribles pruebas de las que ni siquiera tengamos conocimiento.

La amo.

Y me ama.

Quizás por ser tan prohibido.

Porque todo se nos es negado.

A lo mejor, porque en ninguna parte jamás será aceptado.

Eso somos los humanos.

Rebeldes con lo que se nos es vedado y permisivos con lo que se nos es censurado.

Nos amaremos por siempre.

Eso es lo que grita nuestros corazones.

Lo que nuestras almas nos reclaman.

Lo que nos exige nuestros sentidos.

Lo que nuestros cuerpos necesitan.

Todos nos piden que luchemos contra el mundo.

Que, si medianamente queremos ser felices, tenemos y debo luchar por lo que sentimos.

Aunque si no lo hacemos, nuestras vidas serán un calvario del que jamás podremos liberarnos.

Alguien dijo una vez,

«Cuando entro en mi cuarto solitario, después de un fracaso, este no me hiere; pero si estuviese obligado a encontrarme con los ojos interrogantes del ser que le ha dado sentido a mi vida y tenga que decirle que he fallado… no podría soportarlo»

Esas fueron las palabras que me dijo mi Padre, cuando en una charla cualquiera, me confesó que estuvo a punto de separarse de mi Madre.

Ahora estoy en esa misma encrucijada.

No por mi culpa, sino por lo que corre por mis venas.

Prohibido dicen todos.

La mayoría se escandaliza, pero mi corazón parece querer salirse de donde está situado, cada que mis pupilas se llenan con su presencia.

Luchar es lo único que nos queda, lo demás, que se tiren de un puente si se les da la gana.