Capítulo 1
Han pasado tres años desde que dejé Estados Unidos.
Desde el anuncio oficial de la separación de Velvet Ashes, desaparecí sin mirar atrás. No dejé mensajes, no ofrecí explicaciones.
Simplemente me fui.
Buscaba inspiración, pero nunca llegó. Me encontraba en un estado de vulnerabilidad tan profundo que apenas podía reconocerme. Las versiones que ofrecí de mí esa semana, las decisiones impulsivas, el dolor que causé, aún me pesan. Fui injusta con mis amigas, lastimé a una de ellas. Y no solo eso...
Renuncié a ella.
Era extraño cómo lograba hacerme sentir en casa sin que fuéramos nada. Supongo que eso era el primer síntoma de enamorarse, aunque nunca supe cómo manejarlo.
Si Isolde tenía razón en algo, era en llamarme cobarde, y no la culpo.
Hoy, después de tantas evasivas, finalmente decidí revelar mi paradero. Estoy en Görlitz, una pequeña ciudad en Alemania. Nadie lo sabría, nadie podría imaginar que me escondí justo aquí, en el lugar favorito de mis padres. Tal vez por eso lo elegí: porque, aunque no lo admitiera, los seguía buscando a ellos en los rincones del mundo.
Lauren fue la primera en saberlo, hablamos durante 2 horas. Alain estaba ocupado con la producción de otros artistas, así que fue ella quien insistió en que era hora de volver. Acordamos que regresaría a Estados Unidos en un mes.
Después de esa llamada, llegó otra. Un número desconocido. +66.
Tailandia.
Al principio dudé. No quería contestar. Pero algo en mi pecho se estremeció cuando vi el país aparecer en la pantalla.
Mina.
Su hija está por nacer.
Y de alguna manera extraña y hermosa, la reunión de Velvet Ashes será posible, gracias a una nueva vida.
*
—¿Te vas a ir esta noche? —preguntó Albert con sorpresa en los ojos—¿Por qué? ¿Por qué me abandonas?
Sonreí, con ese cansancio dulce que viene después de una decisión que ya no duele.
—He dejado de lado mis responsabilidades demasiado tiempo. Ya es hora de volver... ¿no crees que tres años son demasiadas vacaciones?
Albert chasqueó la lengua, cruzando los brazos.
—Aún sigo esperando el regreso de Little Mix. No puedo creer que ustedes se vayan a reunir antes que ellas.
Solté una carcajada fuerte y honesta. Albert siempre sabía cómo hacerme reír, incluso cuando yo no quería.
Lo abracé con fuerza.
—Gracias por acompañarme en todo momento —le dije al oído— Gracias por ser mi amigo... Y sobre todo, gracias por respetar mi privacidad. Por nunca traicionarme.
Había conocido a Albert seis meses después de llegar a Görlitz. Nos encontramos en una tienda diminuta en el centro del pueblo. Fue surrealista: él me reconoció al instante. Señalándome con la boca abierta, soltó en voz alta:
—¡Es Noa Valenne!
Pero nadie reaccionó. Nadie me miró. Las personas aquí estaban inmersas en sus propias vidas, como si mi existencia no significara nada.
Y eso me salvó.
Albert era el único que sabía quién era yo. Cuando lo vi sacar su teléfono, me acerqué y le sonreí. No hubo que pedir nada. Desde entonces, fuimos compañeros inseparables. Compartimos un lugar más bonito, lejos del ruido, con ventanas grandes y olor a madera. Cuando su novio venía a pasar el fin de semana, yo me retiraba a una cabaña cercana, solo con mi guitarra, o con el silencio. A veces, solo era yo.
La inspiración me había abandonado hacía tiempo. Desde aquella tarde en la que herí a Mina. Desde aquella noche en la que me acosté con Isolde sin pensar, desde el momento en que no respondí aquel mensaje que ella envió.
Apagué el celular y apagué también mi valor.
A veces pienso que la traicioné.
Que fui infiel a algo que ni siquiera existía del todo.
Pero aún así... Sentí que le fallé.