𝐂𝐚𝐩í𝐭𝐮𝐥𝐨 𝐔𝐧𝐨

—Antes de salir, por favor pasen a retirar el calendario con las fechas de trabajos y exámenes de este segundo semestre. La idea es que se organicen con anticipación y que puedan manejar bien sus tiempos, sobre todo quienes trabajan, —dijo, muy serio, Zayn Malik, uno de los profesores del doctorado en Neuropsicología que se impartía en el Imperial College London. —No quisiera sorpresas o excusas, ya no son solo unos chicos universitarios y las reglas son más estrictas cada vez. Nos vemos la próxima semana, y los quiero a todos con el primer libro leído. Pueden retirarse.
Con rapidez, y casi con miedo, los 15 alumnos salieron del salón, pasando a tomar una hoja del escritorio del profesor.
Louis se quedó en el pasillo unos momentos, para darle una rápida ojeada al papel, cuando vio a uno de sus compañeros, con quien había compartido más de algún trabajo en el semestre anterior, correr a los brazos de su novio.
Sonrió y movió la cabeza en negación. No sabía cómo lo hacían aquellos que tenían tiempo de dedicarse a algo más que no fuera estudiar y trabajar.
Dejó a Harry y a su novio atrás, y caminó hacia la cafetería. Necesitaba una dosis de café urgente. Había dormido poco el fin de semana, tuvo mucho qué hacer en el bar donde trabajaba de jueves a sábado, y su poco tiempo libre lo dedicó a estudiar y repasar. Las vacaciones habían pasado en un suspiro y debía tener energía para superar el último semestre del doctorado.
Una vez que tuvo su vaso de bebida caliente en sus manos, caminó hacia las bancas que estaban en el patio interior de la universidad. Unos segundos después apareció su mejor amigo, Liam.
—Tienes cara de cansado.
—Lo estoy, —contestó Louis. —Fue de los fines de semanas más agitados que he tenido. Fue mucha gente.
—¿Por qué?
—Se les ocurrió ofrecer dos por uno, desde la medianoche hasta las dos de la mañana. Se descontroló todo, no dábamos abasto, me tuve que multiplicar, y lo peor... los borrachos.
—¿Muchas peleas?
—Ni te imaginas. Cada diez minutos tenían que sacar a alguien, quedé sin ganas de vivir.
—Te creo. Y lo peor es el último semestre del doctorado, ¿verdad? Zayn es terriblemente rígido y estricto.
—Lo sé, pero me gusta que sea así. Afuera de la universidad es un sol, pero acá adentro, ha sido horrible muchas veces. Es muy profesional.
—Sí, aunque siempre he pensado que se le pasa la mano. Por suerte no estudio psicología.
—Lo dices como si estudiar una ingeniería fuese muy fácil.
—No lo es, pero no tengo a Zayn de profesor.
Se pusieron a reír, hasta que sonó el timbre para la nueva hora de clases.
Cuando Louis iba llegando al salón, vio nuevamente a Harry con su novio despidiéndose en la puerta. Les sonrió y siguió de largo.
El primer día de clases pasó así. Más que nada con clases introductorias, calendarios, fechas, listas de libros, trabajos y exposiciones.
Apenas terminó la última de las clases, Louis se fue a su departamento. Era media hora lo que se demoraba en llegar, y la mayoría del tiempo lo usaba para leer, tal como ese día, en que revisó las mallas de los dos cursos, y también las fechas y lugares de las prácticas obligatorias. Lo más difícil era encontrar tiempo en medio de eso, para comenzar con la tesis.
Al llegar a su departamento, fue directo a la cocina a buscar algo para comer, y después se recostó unos momentos. Cerró los ojos, y sintió como poco a poco, su cuerpo se iba relajando y cayendo en un profundo sueño. Por suerte, tenía alarmas en su teléfono. Había creado ese sistema, porque el semestre anterior le pasó muchas veces lo de quedarse dormido, debido a tanto cansancio, y eso finalmente lo perjudicaba porque no alcanzaba a estudiar lo suficiente.
Se dio licencia de dormir una hora, y después de eso ingresó todas las fechas a su calendario del computador y del celular. Luego comenzó con la lectura del primer libro que les dejó Zayn, y que era sobre rehabilitación neuropsicológica. Leyó durante dos horas, tomando apuntes y subrayando las ideas más importantes. Más tarde, se duchó y cocinó un poco de pollo y pasta. Se acostó cerca de las ocho, a leer por dos horas más. Había adelantado bastante. Se durmió profundamente.
A esa misma hora, Harry recién llegaba a su casa. Había estado toda la tarde con Vincent, su novio hace dos años. Estaba preocupado, no solo por las clases y el poco tiempo que tendría para dedicarle, si no que porque notaba que algo estaba pasando en su relación. El tiempo juntos, incluso el sexo estaba volviéndose frío, sin ganas, y no era por él, era por su novio. Parecía desanimado, distraído.
Apenas puso un pie en el living de su casa, escuchó la voz de su madre.
—Hasta que llegas, —dijo su mamá, Rachel, un poco molesta. —Mira Harry, no quiero ser desagradable, pero estuviste todas las vacaciones pegado a ese noviecito tuyo y apenas estudiaste. El doctorado no es fácil ni barato, tienes que esforzarte más.
—Lo sé, pero está todo bien, apenas hoy es el primer día de clases... —se defendió.
—¿Y? Estoy segura de que te llenaron de información y más de algún libro o trabajo te deben haber dejado, pero tú andas con la cabeza en cosas menos importantes.
Harry no contestó. El semestre anterior había pasado casi a la rastra, y no era la idea de un doctorado, no se había esforzado tantos años estudiando como para venir ahora y no darle la importancia que se merecían sus estudios.
—Tienes razón mamá... Es que... Sé que no te gusta que te hable de Vincent, pero siento que hay algo mal... Tengo miedo de que haya alguien más y necesito esforzarme en hacerle saber que es lo más importante en mi vida, y que si me deja me muero...
—Es que ese es el problema, Harry, —opinó su papá, Charles. —Una pareja no puede ser lo más importante, no puedes dedicarle todos tus pensamientos ni enloquecerte pensando en cómo mantenerla en tu vida. Si las cosas andan mal con Vincent, entonces deberías sentarte a hablar seriamente con él y buscar soluciones, pero lo único realmente importante debería ser tu doctorado. Sabes que ha sido un esfuerzo enorme para nosotros como familia, que decidimos que te dedicaras solo a estudiar y no que terminaras sacrificándote en un trabajo... Pero no estás cumpliendo, y si en una semana esto sigue igual, simplemente tendrás que salirte del doctorado y habrás perdido todo tu esfuerzo. No hay más oportunidades para ti.
Harry palideció. Sus padres tenían toda la razón, se estaba dejando estar, pero al mismo tiempo, sentía que no podía avanzar si no se solucionaban las cosas con Vincent.
Ese día, desde que salieron de la universidad, su novio había cambiado. Parecía mal humorado, y no quiso ir a almorzar. Una vez en su departamento, no quiso hacer el amor, destruyendo la autoestima de Harry, quien por lo menos, para hacerlo sentir bien, le había dado sexo oral tres veces en la tarde. Parecía que era lo único que calmaba a su novio y bueno, si eso iba a ser suficiente, lo haría sin mayor problemas ni cuestionamientos.
Se sentó en la cama, y mirando al horizonte se puso a pensar en su relación. Quizás nunca hab sido tan maravillosa, pero es que así es la vida, de altos y bajos, de risas y llantos. Vincent siempre ha sido un poco difícil tal vez, no era fácil de consentir, tenía un carácter un poco agrio. Le gustaba salir, y le gustaba que Harry lo acompañara. Estudiaba su segundo año de publicidad, y era un alumno bastante mediocre. No necesitaba esforzarse, su padre tenía una agencia y por lo tanto, tenía empleo seguro. Pero Harry, que era cuatro años mayor, venía de una familia de medianos recursos, y con mucho esfuerzo le estaban pagando sus estudios de especialización, y por lo mismo no estaban dispuestos a que se perdiera todo ese trabajo por culpa de problemas de pareja. De una que a ellos no les gustaba, porque conocían a Vincent y no era lo que esperaban para su hijo.
Sabían que Vincent estaba casi siempre de mal humor, que parecía hastiado la mayor parte del tiempo, y era, según su experiencia, por tener todo a su alcance, sin necesidad de esforzarse. Su familia tenía dinero, estudiaba porque su padre le había exigido el título aunque fuera el peor alumno de su carrera. Harry se había flechado casi de inmediato, por lo que no tuvo que esforzarse para conquistarlo y mucho menos para mantener la relación a flote. Por el contrario, era Harry quien la mantenía viva, haciendo hasta lo imposible por tener contento a su novio.
En medio de sus reflexiones, decidió que hablaría con Vincent tranquilamente, e intentaría saber si era verdad que las cosas estaban extrañas o solo era su idea. Ya más tranquilo, tomó su mochila y organizó su calendario. Necesitaba ser muy riguroso y estricto, estaba muy consciente de eso y realmente amaba su carrera, solo que muchas veces entender la teoría era muy diferente a entender el caos en su propia cabeza.
Luego se dedicó a leer el libro que les dejó Zayn, y cerca de la una de la mañana, le envió un mensaje a Vincent, de buenas noches. No tuvo respuesta.
Temprano llegó a la universidad, Harry y se encontró con Louis, quien estaba terminando de leer lo que le quedaba del texto, y una vez más se sonrieron.
—¿Ya estás terminando? —Preguntó Harry, sorprendido.
—Sí, tengo que aprovechar cuando tengo tiempo, porque el fin de semana trabajo y no alcanzo a ponerme al día.
—Yo apenas voy llegando a la mitad. Podríamos hacer intercambio de apuntes cuando termine, ¿te parece?
—Es una gran idea, puede ser muy interesante. Pero, ¿cuándo vas a terminar el libro?
—Hoy mismo. Tenemos una ventana en medio de la primera y segunda clase, y creo que alcanzo a adelantar bastante.
Louis sonrió. Sabía que eso no iba a pasar. —Avísame si lo terminas antes de mañana, para que tengamos tiempo de discutirlo.
Y tenía razón. Apenas llegó la ventana que había nombrado Harry, pudo verlo en brazos de Vincent, olvidando por completo la lectura del libro. Suspiró y sencillamente lo terminó, haciendo las últimas anotaciones en su cuaderno. Desde ahí caminó hacia la biblioteca, y buscó algunos textos complementarios para enriquecer sus apuntes, y alcanzó a hacerlo antes de la segunda hora.
Ese día, y esa primera semana, pasaron en medio de clases, y la organización de las primeras prácticas. Sin embargo, algo cambió el día viernes, al finalizar la jornada. Estaba Louis terminando de ordenar su mochila para irse a su departamento, cuando vio y escuchó, al igual que media universidad, una discusión bastante fuerte entre Harry y Vincent.
—¡Dime qué mierda te pasa! ¿Por qué me tratas así? —Preguntaba Harry.
—No hagas un escándalo por nada, hablemos a solas, —pedía Vincent, muerto de la vergüenza.
—¡Ya no más! Dime qué pasa, y quiero la verdad, —amenazó Harry, acercándose a su novio en tono peligroso.
Llevaban más de cinco minutos en la misma tonta discusión y Vincent estaba llegando al límite de su paciencia.
—¡Te engañé! ¿Estás contento? ¿Eso querías? ¡Te engañé con alguien que sí me da lo que tú no!
Harry palideció y quedó sin palabras. Solo tomó sus cosas y salió.
El silencio reinaba en el patio de la universidad, y todos miraban a Vincent, que se arrepintió al instante de lo que había hecho. Salió hacia el baño, en medio de los murmullos que comenzaban a aparecer.
Louis siguió a Harry hasta el paradero.
—Sé que es ridículo preguntarte si estás bien, pero si necesitas conversar, puedes contar conmigo aunque no seamos amigos.
—No tengo ganas de hablar, pero gracias... Ah, terminé el libro, pero no sé si aún quieres intercambiar impresiones.
—Sí, —dijo buscando en su mochila. —Este es mi cuaderno, revísalo, y quizás podríamos juntarnos mañana o el domingo a debatir algunos puntos.
—Sería genial... Gracias Louis, —contestó guardando los apuntes y entregándole los suyos, intentando aguantar sus ganas de llorar.
—En mi cuaderno está anotado mi teléfono. Llámame o mándame un mensaje cuando estés listo, ahí viene mi bus. Espero que estés bien, —se despidió.
Y Harry se arrepintió de no haber hablado con Louis. Necesitaba desahogarse con alguien, pero alguien que no conociera a Vincent, porque su familia y su mejor amigo, Niall, lo detestaban y simplemente le dirían que era algo esperable, que no sufriera por alguien que no lo había valorado, que diera vuelta la página. Y no, eso ya lo sabía en la teoría, pero ponerlo en práctica era muy difícil, sobre todo porque tenía sentimientos involucrados.
Llegó a su casa, y almorzó con su familia sin tocar el tema. Una vez en su habitación se permitió llorar en silencio, desgarrándose de pensar en Vincent con alguien más y su lastimada autoestima definitivamente deshecha. ¿No fue suficiente? ¿Qué hizo mal? ¿Por qué su novio no habló antes para arreglar lo que estaba pasando? ¿Era alguien desechable? ¿Tan poco le importó a Vincent que lo pudo engañar sin remordimientos? ¿Por qué a él? ¿Así terminaban los dos últimos años de su vida? ¿En la basura?
Se durmió llorando, y despertó cerca de las seis, con dolor de cabeza y los ojos hinchados. Se lavó la cara y se sentó a leer los apuntes de Louis. Estuvo en eso hasta las diez de la noche, y le llamó la atención lo ordenado y metódico que era su compañero de clases, lo que facilitaba mucho la comprensión de los contenidos. Se avergonzó un poco de sus propios apuntes tan caóticos, esperaba que Louis los entendiera.
A eso de las once de la noche, decidió salir a tomar un trago a algún bar.
—¿Vas a salir con Vincent? —Preguntó Hope, una de sus hermanas.
—No, solo voy por una cerveza por ahí.
Rachel lo quedó mirando. —Discutieron, ¿verdad?
—No mamá...
—No me lo niegues. Lo único que te voy a pedir, es que no te expongas. Vuelve temprano y no tomes de más, ¿puede ser?
—Sí, vuelvo pronto...
Lo vieron salir cabizbajo y con un extraño presentimiento.
Llegó Harry a un bar que no conocía, bastante cerca de la universidad.
—Hola, —dijo sin mirar al chico de la barra. —¿Me das un vodka, por favor?
—Harry, ¿qué haces acá? Nunca te había visto por aquí, —saludó Louis, sirviendo en un vaso corto el transparente líquido. —Toma.
—¿Louis? Qué sorpresa... Primera vez que vengo, —contestó con una sonrisa vacía.
—Revisé tus apuntes, —comentó, cambiando la conversación al notar la tristeza en los ojos de Harry. —Tienes un excelente punto de vista y eres muy claro.
—Pero soy muy desordenado, en cambio tú... Fue muy fácil entenderte, me gustó mucho que hubiésemos intercambiado nuestras notas.
—Podríamos hacerlo más seguido, si es que te parece.
—Me gusta la idea.
—Te dejo, tengo clientes que atender. Avísame cuando te vayas.
Harry no pudo hacerlo. Antes de media hora estaba completamente borracho y a merced de cualquiera.
Louis se acercó a su jefe, y le preguntó si de manera excepcional, podía llevar a Harry hasta el cuarto de empleados y dejarlo dormir ahí por mientras terminaba de trabajar.
No era algo habitual, y Louis era un excelente empleado, por lo que lo autorizó sin problemas.
Con alguna dificultad, Louis logró arrastrarlo, y lo dejó durmiendo, bien tapado y sin zapatillas. Lo miró un par de segundos, y sonrió con pena. Sabía perfectamente lo dolorosas que eran las desilusiones amorosas.
Siguió trabajando hasta eso de las cinco y media de la mañana. A esa hora fue a despertar a Harry.
—¿Puedes levantarte? —Le preguntó.
—Sí... No sé a qué hora me dormí, perdón...
—No te preocupes, el vodka tiene esa gracia. ¿Te llevo?
—No... No quiero llegar a mi casa...
—Entonces... Puedo invitarte un café en mi departamento.
—Gracias...
—Vamos.
Afuera del bar había un pequeño auto color negro. Louis manejó en silencio, no quería poner incómodo a Harry.
—Es un bonito edificio, pero te queda bastante lejos, —dijo Harry.
—Sí, es lejos, pero es lo único que puedo pagar. Mi sueldo no es mucho y entre la universidad y todo lo que significa vivir solo... Apenas me alcanza.
—¿No tienes ayuda de tu familia?
—Sí, de mi mamá. Pero evito pedirle, ella también tiene que mantenerse sola, y no me gusta que pase penurias.
—Entiendo.
—¿Tú vives con tu familia, verdad?
—Sí. Mis papás me pagan todo, con el compromiso de ser un buen alumno... Y creo que les he fallado demasiadas veces...
—¿Por qué lo dices? —Dijo Louis, abriendo la puerta del departamento 1007. —Ven a la cocina.
—Ya sabes, estoy lejos de ser el mejor alumno. El semestre anterior casi no lo paso.
—Lo de ser el mejor alumno no necesariamente demuestra tus capacidades. He conocido a excelentes profesionales que en la universidad fueron bastante mediocres. Depende mucho de cómo te desenvuelvas afuera, y de cómo apliques lo que has aprendido.
—Creo que es eso, exactamente, mi problema.
—Toma, —ofreció, entregándole una taza.
—Gracias.
—¿Tu problema es...?
—Que entiendo perfectamente la teoría, pero la práctica se me complica mucho. Mi mejor ejemplo soy yo mismo frente a la relación con Vincent.
—¿Quieres hablar de eso?
—No, no te preocupes... Quizás más adelante.
—Está bien, como quieras, —dijo sonriendo, Louis.
—O quizás sí, no lo sé... Estoy tan confundido.
—Soy bueno escuchando, —afirmó sonriendo.
Harry rio. —Es lo mínimo que espero de un psicólogo, ¿no crees?
—Parece que nunca has tomado terapia. He conocido tantos que no te prestan atención... Solo quieren cobrar, y no tienen idea de lo que te pasa ni de lo les cuentas.
—¿Es en serio? No, nunca tomé terapia.
—Deberías hacerlo. Yo lo hago, me ha servido incluso para sobrellevar mejor el tema de los estudios y el trabajo.
—Nunca me lo cuestioné, pero me hace mucho sentido. Podrías recomendarme alguno.
—Claro que sí, apenas pueda le voy a pedir a mi terapeuta que me ayude con eso. Pero entonces, tu relación con Vincent... ¿Iba tan mal?
—No, según yo... es decir, sabía que algo estaba pasando. Intenté convencerme de que no era así, pero cuando lo enfrenté sucedió lo que ya sabes. Jamás imaginé que después de dos años me fuera a engañar y que me destruyera de esta manera. Ha sido lo peor que me ha pasado en toda mi vida.
—¿Es tu primera relación?
—No, pero sí la más importante, la más madura... O eso pensaba. Y ahora no sé qué hacer, ni cómo seguir.
—Pero está bien que no lo sepas, ni siquiera ha pasado un día, es muy reciente tu dolor. Tienes que darte espacio para estar triste y calmarte, no eres un robot. Sea lo que sea que hayan pasado, solo tú sabes cuánto te duele y solo tú sabrás cuando estés mejor, no debes dar explicaciones por tu proceso.
Harry lo miró de una manera indescifrable, pero era todo lo que necesitaba escuchar. Louis había verbalizado perfectamente lo que pasaba por su mente y por su corazón.
—Gracias, no tengo cómo agradecerte este café, y no quiero ser aburrido, pero debo irme.
—¿Quieres que te lleve?
—No, voy a tomar el metro, no te preocupes.
—Bueno, entonces te dejo en la puerta, —dijo Louis poniéndose de pie y caminando hacia la entrada.
—Gracias de nuevo.
—Cuídate, y si quieres hablar, ya sabes. Puedes contar conmigo.
Harry salió del departamento en silencio.
Louis se fue a su habitación, se quitó la ropa y desnudo se metió a su cama. Tenía algunas horas para dormir, después de estar toda la noche despierto.
Mientras tanto, Harry había llegado al metro, y luego de seis estaciones bajó, y tomó un bus, que en cinco minutos lo dejó muy cerca de su casa. Entró, intentando no hacer ruido, pero fracasó al ver a su padre levantado. Seguramente tenía trabajo.
—¿Qué horas de llegar son estas, Harry?
—Lo siento papá, no quise preocuparlos. Tomé de más y un amigo me ayudó.
—¿Un amigo?
—Es uno de los mejores de mi clase, estamos compartiendo apuntes también. Trabaja en un bar para pagarse la carrera y sus gastos... Fui por un vodka y...
—Fueron muchos más, ¿cierto?
—Sí...
—Espero que no se repita, no quiero que empieces a tomar ahora que tienes problemas con ese idiota de Vincent.
—¿Sabes algo?
—Amber nos contó lo que la hermana de una compañera le dijo. Ya sabemos que te engañó y que además te humilló frente a media universidad. Espero, por tu bien, que no vuelvas a verlo.
—Pero papá, soy lo suficientemente adulto para hacerme cargo de mis problemas.
—Y por eso te emborrachas. ¿Así pretendes que te crea? Tienes que demostrarlo, hijo, con hechos, no con simples palabras.
—Lo sé papá, en serio... Voy a intentarlo, te lo prometo.
—Bien, espero que duermas un poco y luego estudies. Ah, y báñate, porque apestas.
—Sí papá... Te quiero.
—Y yo a ti, loco.
Harry se fue directo a dormir, y un par de horas después, se levantó, se bañó, y se dedicó a estudiar todo el día, haciendo una pausa solo para almorzar con sus mujeres, como les decía a sus dos hermanas y su mamá. En la noche, sin saber por qué, se arregló para salir, una vez más.
—Espero, —dijo Rachel, —que esta vez sí cumplas y llegues temprano. No mañana, Harry.
—Sí mamá, solo voy a saludar a un amigo y nada más. Prometo solo tomar una cerveza.
—Ver para creer. Ya vete.
Harry salió y en un taxi llegó al bar.
—Hola, —saludó a Louis.
—Hey, volviste. ¿Qué te sirvo?
—Una cerveza, por favor.
—¿Alguna en especial?
—Una stout.
—Buen gusto, me encanta el amargor que tiene.
Harry sonrió, y más aún después del primer sorbo.
—Está perfecta.
—Me alegra que te guste, te dejo, —dijo Louis, antes de seguir tomando pedidos.
No era el mejor lugar para estudiar, pero Harry se dedicó a leer algunas guías mientras disfrutaba de tres, cuatro y cinco cervezas y comía maní de un pocillo que Louis le había dejado a mano y que le rellenaba con frecuencia.
Cuando se dio cuenta, otra vez estaba ebrio. La diferencia es que aún estaba despierto y algo de lucidez le quedaba. Sabía que estaba con Louis, y que lo estaba llevando hacia algún lugar, pero no lograba saber a dónde.
—¿Puedes escucharme? —Preguntó Louis, sentando a Harry en la cama, en el mismo cuarto de la noche anterior.
—Sí... ¿Dónde estoy?
—Estamos en el bar. Déjame ir a cerrar y vengo a buscarte.
Louis salió casi corriendo. Bajó la cortina, y cerró todo muy bien. Junto a sus compañeros ya habían hecho caja, ordenado y limpiado todo. Solo le quedaba llevarse a Harry para poder ir a dormir. Estaba muy cansado, demasiado. Casi al punto de dormirse de pie.
Volvió a buscar a Harry, y lo encontró despierto.
—Vamos... Te llevo...
—Ayúdame a levantarme...
Harry extendió la mano, Louis se la tomó para impulsarlo, con tan mala suerte que Louis cayó encima de Harry.
Comenzaron a reír, hasta que Louis intentó levantarse y Harry se lo impidió.
—No te vayas, —susurró Harry.
Y lo besó.