PILOTO
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El aire fresco acariciaba mi rostro mientras caminaba por la solitaria acera rumbo a la pequeña tienda, a solo una calle de mi casa. Hacía tiempo que mi monótona vida se resumía en lo mismo: levantarme, ir al trabajo y volver a casa.
La vida me había jugado malas pasadas en más de una ocasión. A mis treinta y cinco años, esperaba la muerte como el desenlace inevitable de mi patética historia. Eso era exactamente lo que rondaba mi mente cada segundo de mi existencia. Jamás había amado realmente y estaba completamente seguro de que tampoco me habían amado a mí.
¿Me había enamorado? Sí, muchas veces. ¿Me había ilusionado? ¡Por supuesto! Muchísimo más. Pero, al final, la única persona que terminaba con el corazón roto, hundiéndose cada vez más en la soledad, era yo. Mi corazón, cada vez más destrozado, era el único testigo de mis fracasos.
Estaba cansado, aburrido y fastidiado de lo mismo. Mis finanzas tampoco eran las mejores. Con el tiempo, mis sueños, mis planes de amor y mis metas materiales se habían ido apagando, hasta que terminé por resignarme. Vivía en modo piloto automático, estrellándome contra la monotonía cada día que pasaba.
***
—Vamos, Jimin, será la inauguración y será fenomenal. Soy socio, sabes que es mi sueño y quiero que estés aquí. Eres importante, no seas aguafiestas. Yo te pagaré todo: viaje, gastos… y sabes que aquí tendrás el hospedaje —dijo Hoseok en un audio de diez minutos. Una costumbre en él.
Puse los ojos en blanco mientras escuchaba su eterno sermón sobre cuánto estaba desperdiciando mi vida, sumido en un agujero sin salida que no me llevaría a ningún lado.
—Estás desperdiciando tu juventud —repetía.
Sin embargo, yo no sentía esa juventud en ningún lado. Cada vez que intentaba ser positivo y hacer un plan para mi vida, miraba hacia atrás y sentía que ya no tenía tiempo para nada, mucho menos para amar. Para mí, toda oportunidad de vida y proyectos había terminado a los treinta y cinco. Pero siempre era más fácil seguirle la corriente y decirle que sí a todo.
—Si voy contigo a esa inauguración, ¿prometes dejarme en paz los próximos diez años? —le dije seriamente, cansado de todo aquello.
Esperé su respuesta de audio durante diez minutos, pero me sorprendió recibir un seco "OK".
Miré el chat durante cinco minutos más, pero decidí tomarle la palabra, con tal de que cumpliera y dejara de intentar socializarme con gente que no me interesaba conocer. Porque, realmente, esa era la intención de todas esas salidas. Cada vez que visitaba nuestra natal Gumi, insistía en presentarme a sus amigos y en tratar de que eso iluminara mi mente y me hiciera "salir de la cloaca", como solía llamar él a mi forma ermitaña de ser.
Hoseok se había mudado a Tokio hacía más de diez años. Su sueño era abrir un increíble Hotel VIP que brindará todas las atracciones nocturnas dentro del mismo, Casino y club nocturno, según él, convertiría ese sueño en la sensación y la elección de todas las personas más influyentes y poderosas del país. Siempre decía que el mercado más rentable era el de la bebida y la comida, pero en su caso, prefería la bebida. Así que quería abrir un lugar de relajación a lo grande, dirigido a un público en específico. Obviamente, él, al igual que yo, no había nacido en cuna de oro, pero tenía una personalidad encantadora y una facilidad nata para hacer amigos. Además, tenía un guapísimo novio con mucho dinero que lo amaba y lo apoyaba en todo, así que se codeaba con la crema y nata de Tokio.
Llevaba casi dos años trabajando en ese proyecto junto a su socio y amor de su vida, Taehyung, un chico al que no conocía en persona, pero que Hoseok se había tomado el tiempo de incluir en videollamadas y mensajes de voz, además de llamadas normales. Eso había terminado en una especie de "amistad" a distancia, y siempre me hablaba con una familiaridad que me desconcertaba.
Taehyung, a diferencia de nosotros, sí era un niño de cuna de oro. Su padre era dueño de varios casinos en Tokio y Seúl, así que Hoseok y él no habían tenido tantos problemas con los permisos y la construcción.
Estaban a menos de un mes de inaugurar Calico, un hotel de los más lujosos de Tokio, con 32 plantas que abarcaban, el Hotel, casino y club nocturno, un diseño que combinaba lo asiático tradicional con un toque moderno. "Una exquisitez", lo había descrito Taehyung. Así que, por primera vez en mi vida, iría a Tokio y conocería la vida que Hoseok había construido en la realización de su sueño.
Después de arreglar mis horarios en el trabajo y pedir unos días de vacaciones adelantadas, recibí la cara de decepción de mi jefe, como si no fuera ya lo suficientemente esclavo para pedirle ese "enorme favor", según sus palabras. Ignoré su comentario y salí rumbo a casa para preparar mi equipaje y tomar camino hacia Seúl y, posteriormente, al aeropuerto.
***
Mientras viajaba en el vuelo que me llevaría a Tokio, pensaba en que nunca antes me había subido a un avión. La sensación al despegar, junto con los nervios de estar a miles de metros de altura, me hacían sentir emoción y miedo al mismo tiempo. Eran las sensaciones más intensas que había experimentado en mi cuerpo en más de diez años, desde aquella vez que creí estar completamente enamorado de mi mejor amigo, Yoongi.
Nuestra relación como pareja fue corta. Cuando él se mudó a Norteamérica para seguir sus sueños en la música, me partió el corazón. Aun así, intenté que nuestra relación funcionara, y tengo claro que él también lo intentó.
No pude evitar pensar en Yoongi durante mi vuelo y en cómo, después de él, nada volvió a valer la pena. Jamás volví a sentir ese cosquilleo en el estómago, esa emoción que me hacía vibrar. Recordaba las llamadas constantes, cuatro o cinco veces al día, cómo siempre estaba pendiente de mí, incluso en la distancia, cómo me escribía a cada momento, sin importar la diferencia de horario. A veces mis respuestas llegaban a deshora, pero aún así, amaba cada palabra suya, cada sonido de su voz.
A veces me preguntaba si aún lo amaba, si realmente había sido el amor de mi vida. Pero luego apartaba esos pensamientos de mi mente. Yoongi, un día, simplemente desapareció sin decir nada. Dejó de llamar, dejó de responder a mis mensajes, y nunca volví a saber de él directamente. Solo algunos amigos en común me hacían saber que estaba bien y que estaba cumpliendo su sueño.
No me detendré demasiado en contar las horas de insomnio, los llantos incontrolables en el suelo mientras abrazaba mis rodillas y me preguntaba qué había hecho mal, qué había pasado y por qué ni siquiera me había dado una corta explicación.
Una lágrima rodó por mi mejilla mientras observaba las nubes a través de la ventanilla del avión. Me la limpié rápidamente y dejé de lado esos pensamientos. Habían pasado muchos años desde entonces; lo último que necesitaba era arruinar mi semana junto a Hoseok y su sueño hecho realidad. Quería disfrutar el momento, aprovechar cada segundo con mi mejor y único amigo, aunque solo fuera esta única vez… y luego volver a mi vida aburrida y absurda, a seguir esperando mi muerte.
***
Hola, espero que me den la oportunidad con esta historia. Como les comenté, soy nueva en esto de la escritura, pero hay muchas ideas rondando en mi mente. A lo largo de la historia, representaré mi narración omnisciente con el emoji 🪶.
Como saben, estoy abierta a sugerencias y críticas constructivas. Pronto abriré mis redes sociales para darle un poco más de visibilidad a mi perfil. Aunque esta será una historia con capítulos cortos, no creo que sea demasiado compleja (eso espero) y sí, muy cliché (también espero).
Les prometo un final feliz; creo que Jimin en esta historia se lo merece. Pero veremos cómo se desarrollan las cosas.