01
Julián *
He tenido muchas oportunidades para hacer las cosas bien, para retractarme y dejar de hacer daño, para dejar de traicionar y tal vez confesar que tengo un problema.
Pero no puedo parar.
—¿A qué hora empieza la fiesta?— pregunta poniéndose su blusa —Tengo que pasar a casa para bañarme y para, bueno, ya sabes.
—Es a las siete pero intenta traerlo media hora más tarde para que me dé tiempo de arreglar los últimos detalles— teniendo el tiempo encima y uno haciendo éstas cosas, pero vaya que ha valido la pena— ¿Quieres que te lleve?
—No, alguien puede vernos— Niega acercándose y deja un beso sobre mis labios—Nos vemos en la noche.
—Hasta la noche Vanesa— me guiña un ojo y sale de mi habitación cerrando la puerta tras ella.
Son apenas las cuatro de la tarde así que tengo tiempo de sobra para arreglarme, Armando, sus hijos y mi mamá están fuera de la ciudad por lo que puedo tomarme mi tiempo y organizar todo aquí, tomaré una ducha al terminar porque aún no lo he hecho y quiero disfrutarlo. Entierro mi rostro sobre el colchón intentando que todo el aroma que desprendió haya quedado intacto sobre mis sábanas.
Y así es, su perfume es muy fuerte, lo usa desde que vamos en secundaria.
Restriego mi miembro erecto contra mi colchón sin perder esa fragancia de mi cabeza, la humedad de mi glande empieza a manchar las telas y no puedo evitar gemir cada que siento la fricción, llevo mi mano hacia mi miembro para ayudar con la interacción.
Ese aroma combinado con mis memorias, sus brazos, su abdomen, todo eso que me gusta.
Vanesa hizo un gran trabajo al igual que siempre pero ese aroma, ese aroma que me ahoga y me hace sentir sofocado es lo que más disfruto.
Muerdo mi labio inferior cuando siento un cosquilleo en mi abdomen, estoy apunto de terminar pero quiero hacerlo mejor así que me doy la vuelta, humedezco dos dedos de mi mano izquierda con mi saliva y los introduzco en mi entrada sin que mi derecha desatienda mi erección.
—Por favor no pares— sé que no hablo con nadie pero esos susurros me ayudan a creer que si.
Que él está aquí.
Qué él es quién lo hace.
Giro mi rostro para que mi nariz esté lo más cerca de su esencia posible, quiero que esa fragancia me acompañe al final.
A este final.
Mi mano se adorna con un líquido blanquecino y espeso, mis labios se curvan en una sonrisa como siempre que hago esto.
No doy espacio a mi mente aún para que piense de más, por ahora quiero disfrutar de esta sensación, saco mis dedos de mí para ayudar a mi mano derecha a acariciarme un poco más antes de que el efecto se vaya; mis dedos recorren mi miembro, mis testículos, mi pelvis, mi nariz absorbe el restante de su perfume en una combinación tan excitante como enferma.
Pero abro los ojos y estoy solo.
De nuevo estoy solo.
El éxtasis que sentía se esfumó dejando un vacío que sé jamás será llenado pero antes de que me absorba la culpa por completo mejor me levanto de la cama y entro a mi baño para asearme.
De nuevo ese sentimiento, esa idea de que lo que hago es malo
Ojalá ese sentimiento nunca abandone mi pecho para que me impida volver a hacerlo, pero soy realista, eso no pasará.
Mañana a esta hora se repetirá, ella vendrá trayendo su esencia, su aroma característico combinando a la perfección con su perfume.
Y no voy a resistirme porque yo lo empecé
Orión
—¡Sorpresa!
¿Qué carajo?
Caras sonrientes y serpentinas por el aire me reciben en casa de Julián, miro a mi lado y la sonrisa cómplice de Vanesa me hace saber que ella tiene mucho que ver con esto.
Entro al lugar oyendo felicitaciones y gritos emocionados, nunca me habían hecho una fiesta sorpresa y mucho menos en casa de Julian porque sus padres son muy estrictos, jamás me hubiera imaginado que esto sucedería.
—Felicidades Orión —Se nota que Martín empezó la fiesta antes de que yo llegara, se ve bastante mareado.
—Gracias, lo guardaste muy bien, eres terrible guardando secretos.
—Por eso le dijimos hasta hoy— ese maldito seguro organizo todo él solo— felicidades amigo.
—Muchas gracias Julián —Lo abrazo y me corresponde abrazándome más fuerte.
Este tipo es amigo mío desde la secundaria, ha estado en los momentos más importantes en mi vida, es de esas amistades que es difícil encontrar y le agradezco que se quedará en mi vida tantos años.
—Yo también ayudé— interrumpe Vanesa. Suelto a Julian y la abrazo a ella— fue difícil hacer que siguiera el plan sin que sospechara.
—Imagino que sí, es muy curioso— me alegra que se lleven bien, sé que Julián es muy amable y suele llevarse bien con mis novias pero con Vanesa es más importante.
Ella de verdad me gusta.
—Aquí tienes tu regalo— ofrece dándome una bolsa de papel decorada— espero que te guste.
—Gracias pero de hecho con la fiesta bastaba, no tenías que dar más.
—Que bueno que dices eso porque honestamente no me esforcé tanto en el regalo.
Lo abro y encuentro mi loción favorita, la uso desde siempre y es obvio que él iba a saberlo.
—Gracias Julián.
—Deja de agradecer y ve a divertirte, invita a Vanesa a bailar.
Llevo a mi novia al centro de la sala para tener más espacio, no esperaba tener mucho en mi cumpleaños.
Mi mamá me hizo una comida familiar, Vanesa me regaló un suéter y Julian ya me había felicitado; yo estaba bien con eso.
Pero agradezco esta fiesta y les agradezco a Vanesa y Julián por pensar en mí.