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Jay se encuentra en su habitación, abrazado a un gigantesco peluche en forma de perrito, se aferra a el como si su vida dependiera de ello.
Ese peluche había sido un regalo de sus amorosos novios y lo amó desde el primer segundo en que lo vio.
Ahora solo podía aferrarse a el, Sunghoon estaba ocupado trabajando y Heeseung, bueno el estaba trabajando también, ¡En otro país! Muy muy lejos de el.
Jay tenía unas inmensas ganas de abrazarlo, de sentarse en su regazo y besarlo hasta sentirse satisfecho, contaba los días para que Heeseung volviera, de hecho actualmente faltaban diez días, hace tres meses que su novio se había ido así que era poco comparado con todo el tiempo que ya había pasado.
Amaba a Sunghoon y tenerlo cerca siempre lo hacía sentir mejor, pero quería a sus dos novios para sentirse completamente feliz.
Justo como si le hubiera invocado, su teléfono sobre la cama vibró, Jay lo tomo, sonriendo al ver un mensaje de Heeseung en la pantalla.
Hee:
Hola bonito, ¿qué haces?
Jay rodó los ojos, riendo un poco antes de comenzar a teclear su respuesta, sabiendo a la perfección lo que Heeseung quería escuchar.
Tú:
Pensando en ti.
Recibió una respuesta casi de inmediato.
Hee:
Mmm, yo también estuve pensando estuve pensando en ti, ¿sabes?
Pensaba en lo bonito que te ves debajo mío, recordaba los pequeños jadeo que salen de tu boca cuando nos besamos, tu perfecto cuerpo, tus gimoteos desesperados.
Jay trago saliva, removiéndose en su cama mientras mordía su labio inferior avergonzado por las imágenes en su cabeza.
Tú:
Hee no digas eso, es vergonzoso.
Casi puede ver la sonrisa ladina en el rostro de Heeseung, le conocía tan bien.
Hee:
Lo que tú digas cariño.
¿Me extrañas?
Su sonrisa se desvanece y rápidamente siente una molestia en su pecho, su corazón se oprimía cada vez que veía el espacio vacío en su cama, Heeseung le hacía mucha fal
Tú:
Te extraño mucho.
He estado muy solo estos días, hoon también está muy ocupado con el trabajo
Hee:
También te extraño tanto Jay.
Tengo mucho tiempo libre ahora mismo, ¿quieres que te llame y hablemos un rato? Necesito escuchar tu voz.
Tú:
Sabes que sí hee, yo también quiero escucharte.
Jay se acomodó en su cama, sintiéndose repentinamente nervioso, tenían algunas semanas sin hablar por teléfono ya que Heeseung estaba ocupado.
Sus manos temblaron cuando la pantalla de su celular se encendió, dejando que su característico rington sonara un par de segundos mientras intentaba calmarse.
Cuando su respiración parecía más tranquila, respondió el teléfono, poniéndolo cerca de su oreja.
—Hola cariño, ¿es muy tarde
allá? —. La voz ronca de Heeseung al otra lado de la línea hizo que Jay se sintiera inmensamente feliz.
Observó el reloj que marcaba las once en punto, la diferencia horaria también era un problema a la hora de mantenerse en contacto, es por eso que casi no tenía oportunidad de hablar con Heeseung. —No, apenas dan las once, ¿no es más tarde allá?
Escucha a Heeseung poniéndose de pie, al oír el típico ruido de una silla giratoria su cabeza inmediatamente lo imagina en traje, devuelta en su oficina en donde le visitaba con frecuencia y Heeseung dejaba el trabajo de lado para dedicarle toda su atención.
—Eso no es importante, ¿qué pasa con Sunghoon? Le pedí que no te descuidara estos meses porque yo no iba a estar cerca —. El tono molesto de Heeseung le saca una sonrisa, siempre era el que solía preocuparse más por su estado de ánimo.
Sunghoon también se preocupaba, pero era distraído y le tomaba algo de tiempo darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor, de hecho fue gracias a eso que Jay tomo la acostumbré de hablar sobre las cosas que lo molestaban o entristecían, sólo así era que Sunghoon comprendía.
Tomo asiento en su cama y se abrazó a sus piernas, recargando sus mejillas sobre sus rodillas. —Descuida hee, hoon hace lo que puede, pero es inevitable no sentirme triste si no estás aquí conmigo, los necesito a ambos.
Puede oír el suspiro de Heeseung al otro lado de la línea antes de que su baja y tranquila voz acaricié sus oídos. —Lindo yo también te necesito, estos tres meses han sido un infierno, no puedo conformarme con una llamada, no puedo acariciar tus mejillas ni sentarte sobre mi regazo y me está matando no poder joderte.
Jay se sonroja tan pronto como lo escucha, cubre su rostro aunque Heeseung no pueda verlo y sus piernas se aprietan. —¡Heeseung no digas esas cosas!
La risa ronca le provoca escalofríos. —¿Te avergüenza lindo? Pero si te encanta que te joda, abres las piernas y pides más con tanta desesperación, sólo con recordarlo me pongo duro.
—Heeseung —. Aunque trata de reprenderlo, su rostro sigue sonrojado y su nombre apenas sale como un murmuro.
—No digas mi nombre de esa forma, tengo tantas ganas de tenerte para mí, de adueñarme de esa suave y bonita piel, quiero dejar mordidas por todas partes —. Jay habría intentado regañarlo de nuevo de no ser por ese sonido que lo dejo inmóvil.
El sonido de la bragueta de un pantalón. Dios, Heeseung estaba desabrochando sus pantalones.
—Hee, yo...
Un suspiro del otro lado de la línea telefónica le eriza los bellos. —Carajo, te necesito tanto.
No puede negarlo, le encanta escuchar las palabras de Heeseung, pero no puede evitar avergonzarse ya que nunca le había dicho esa clase de cosas por teléfono.
—Jay, estoy con una erección que duele como el infierno, me voy a masturbar, así que puedes colgar la llamada —. Otra vez una risa algo tosca acaricia sus oídos. —O puedes quedarte justo donde estás y quitarte esa bonita pijama que me encanta.
Jay está más rojo que nunca cuando Heeseung incluso acierta con su vestimenta, casi no sale de casa así que siempre está en pijama para sentirse más cómodo.
Aún y con toda su vergüenza, no cuelga el teléfono, se queda con la oreja pegada al celular mientras una de sus manos pasa tentativamente sobre sus pantalones de pijama, sin atreverse a ir más allá.
Se queda petrificado al escuchar un gemido áspero. —Me provocas tantas cosas amor, te extraño horrores.
Mierda. El también lo extrañaba, necesitaba ser envuelto por su fornido cuerpo, ser abrazado y acariciado por esos bien ejercitados brazos, necesitaba sentir cerca a su pareja.
Con timidez, sus manos se metieron por debajo de su camisa, acariciando uno de sus pezones apenas. —Dime cuánto me quieres, cariño, quiero oírte —. La voz de Heeseung se vuelve cada vez más ronca y Jay está tan avergonzado que quiere esconderse bajo las sábanas cuando escucha el sucio sonido de algo parecido a un chasquido, Heeseung ya está masturbándose a un ritmo lento y la imaginación de Jay trabaja con rapidez, reproduciendo distintos escenarios que sólo le avergüenzan más.
Sus dedos acarician su torso hasta llegar al elástico de sus pantalones, apenas roza su miembro con sus dedos y un pequeño suspiro sale de su boca. —Te amo hee, te quiero tanto y sólo deseo tenerte cerca otra vez, mi cuerpo te anhela.
Heeseung suelta una leve risita. —¿Tu cuerpo me anhela, bebé? ¿Quieres tenerme dentro? ¿Sentir como llego tan profundo y te hago llorar de placer?
Jay deja escapar un tímido gemido, tomando una de sus almohadas para comenzar a restregarse contra ella con ansia, aún sin animarse a quitarse el pijama, solo frotando su erección aún cubierta con la almohada, necesitando más pero teniendo que conformarse con eso. —Sí, sí, por favor Heeseung.
Muerde su labio inferior, intentando no parecer un adolescente hormonal desesperado, pero no puede calmarse, ahora mismo sólo quiere correrse.
Puede escuchar a Heeseung conteniendo sus gemidos también, pero su voz continúa tranquila. —Estás tan necesitado cariño —. Hay algo en su tono, algo que hace a Jay comenzar a sospechar.
Su orgasmo no llega y sólo puede sentirse más frustrado, animándose a meter una mano dentro de su pijama por fin, gimiendo de manera ahogada cuando toma su palpitante erección y comienza un vaivén que deja en evidencia su desesperación. Está tan metido en ello que no escucha la puerta principal del departamento siendo abierta, ni el ligero tintineo de las llaves, ni los pasos sigilosos que se acercan a la habitación.
Jay apenas suelta un jadeo cuando alguien le toma desprevenidamente de los muslos y le acerca al borde de la cama con brusquedad, Sunghoon se encuentra de pie frente a el, sonriendo burlonamente mientras deja las marcas de sus dedos en los regordetes muslos. —¿Interrumpí algo, amor?
Iba a responder, pero Heeseung se adelantó. —Por fin llega este idiota.
—¿Planeaste esto? —. Pregunta, pareciendo más curioso que ofendido.
Esta vez es Sunghoon quien habla. —Sí, me envió un mensaje hace un momento, un “ve a casa rápido, Jay necesita quien lo joda” y bueno, ¿quién soy yo para oponerme a las necesidades de mi precioso y excitado novio? —. Las palabras le dejan un fuerte sonrojo en las mejillas, Heeseung no podía ser más descarado.
Sunghoon acaricia el bulto que sobresale de sus propios pantalones y su mirada divertida cambia a una que solo muestra un hambre voraz mientras sigue de pie y con su mano izquierda aún en el muslo de Jay. —Entonces... ¿el príncipe necesita que lo follen?
Demasiado avergonzado para hablar, Jay asiente en repetidas ocasiones, sus manos en puños ahora aferrándose a la sábana blanca de su cama. —Pon ese teléfono en altavoz. Ahora —. Sunghoon ordenó y Jay obedeció.
—¿Qué opinas Heeseung? ¿Cómo debería follarlo? ¿Debería consentirlo o ser algo... rudo?
Entra en pánico y su mirada suplicante se dirige a Sunghoon, pero es descaradamente ignorado. Heeseung ríe bajo. —Creo que deberías hacerlo sufrir un poco, hace un momento me estaba provocando tan bien con sus gemidos y palabras dulces, ¿no es cierto, cariño?
Jay quiere negar porque fue Heeseung quien inició todo, pero él vuelve a tomar la palabra. —Juguemos un pequeño juego por teléfono. Veamos cuánto lo quiere realmente, haz que llore por ello, que imploré con esa cara bonita y ojos llorosos. Deja que use su sucia boquita para pedirlo como es debido —. La frase finaliza con un ruido viscoso, casi indecente que deja en claro lo que está haciendo Heeseung al otro lado de la línea.
Sunghoon suelta una risita que no debería hacer que los muslos de Jay se aprieten con fuerza, pero lo hacen. —Lo imaginaste, ¿no? —. No hay respuesta de Heeseung, sólo un gruñido grave que es suficiente confirmación.
Por fin, recibe la atención de Sunghoon nuevamente y casi se siente desnudo bajo su mirada, su pijama está algo desacomodada y deja ver el borde de sus boxers mientras la camisa de tela ligera está apenas alzada, la deliciosa v que traza el camino hacia su entrepierna expuesta a la vista de Sunghoon.
Por supuesto él no pierde el tiempo, alza la camisa hasta que deja al descubierto sus pezones y pone el borde de la tela en la boca de Jay para evitar que vuelva a interponerse en su camino, acerca sus labios a la pelvis y deja algunos besos y mordidas atrevidas sobre la piel, lo disfruta como si fuera una elegante cena costosa preparada exclusivamente para él.
—Nunca puedo tener suficiente de ti. Sin importar cuánto tome, siempre quiero más y más.
Jay no dice nada pero sus manos se aferran al cabello negro de Sunghoon, impidiéndole alejarse, disfrutando del roce de sus dientes contra su piel, de la calidez de su lengua que sale un poco con cada beso dado.
Su risa acaricia el poco bello púbico que hay en esa zona y sus largos dedos rodean sus muñecas para apartar sus manos, le mira con un toque de diversión. —Parece que nuestro Jay está algo ansioso.
Por un breve momento, siente que Sunghoon comenzará a tentarlo y va a obedecer las órdenes de Heeseung, sus manos caen a los costados de su cuerpo y aprieta los labios en una fina línea de inconformidad, eso no pasará.
Espera a que Sunghoon este distraído solo un segundo y rodea su cuello con ambas manos para atraerlo más cerca y sus piernas se aferran a su cadera en un movimiento veloz que no le da al contrario ni siquiera la oportunidad de reaccionar, contiene su sonrisa al ver los ojos de Sunghoon un poco más abiertos debido a la sorpresa, un gran signo de interrogación casi dibujado por todo su rostro. —Sí, lo estoy, mucho en realidad —. Alza la voz y su mirada alterna entre Sunghoon y el teléfono celular en la cama. —Y ustedes dos no van a hacerme esperar.
—Nuestro Jay definitivamente no quiere jugar hoy —. La voz de Heeseung sale con dificultad, dejando en evidencia lo cerca que está de tener un orgasmo.
Eso le distrae y le da a Sunghoon la oportunidad de volver a tomar el control, deshaciéndose del agarre en su cuello y juntando sus muñecas por sobre su cabeza. —Entonces hay que darle lo que quiere.
—¿Y eso es? —. Heeseung inquiere burlón, fingiendo ignorancia.
La comisura de los labios de Sunghoon se levantó, no había la típica amabilidad habitual en esa expresión, sólo pura expectación y lascivia. —Una follada que le dejé las piernas temblando, por supuesto.
Su pijama es quitada con brusquedad y lanzada a algún lugar de la habitación, los dedos de Sunghoon acarician el elástico de la ropa interior y la desliza suavemente por sus piernas hasta sacarla del camino.
Luego toma la latente erección de Jay con una de sus manos y le da un tirón agresivo, como si Jay fuera de su propiedad o alguna clase de objeto que le pertenece en su totalidad, masturbándole a un ritmo veloz que le hace rodar los ojos.
—¿Te gusta eso? —. Sunghoon tiene la audacia de preguntar, como si Jay no estuviera a punto de gritar debido al placer.
La respiración de Sunghoon acaricia su rostro antes de comenzar a devorarle la boca, sus labios bailan y su lengua se encuentra con la suya, apenas le deja tomar aire mientras sus dientes mordisquean su labio inferior.
Seguirían en lo suyo si Heeseung no hubiera dejado escapar un gruñido. —Carajo Sunghoon, ¿quieres meterle el pene de una buena vez?
Parece que Jay no era el único torturado en esta situación, Sunghoon dejo escapar una risita y detuvo sus movimientos, dirigiendo sus manos al cinturón de su pantalón para quitarlo y bajar la cremallera. El prominente bulto se dejó ver incluso antes de que Sunghoon bajara sus pantalones lo suficiente como para poder sacar su pene, que casi golpeó su estómago, toda su sangre acumulándose cada vez más en su hombría que palpita en su mano cuando la toma para masturbarse y tratar de bajar un poco sus ganas.
—Eres tan impaciente, ¿porqué no puedes dejarme probar al dulce un poco más? —. Se quejó, deteniendo la mano de Jay cuando éste hizo el amago de auto complacerse. —¿Porqué no pones esa traviesa mano en donde debería ir, amor?
A Jay le toma dos largos segundos entender a qué se refiere, suelta un suspiro que espera deje ver toda su frustración. —Sunghoon estoy listo, puedo tomarte.
—¿Seguro? —. Su voz deja en claro su excitación, pero también la preocupación de lastimarlo.
Eso consigue hacerlo sonreír, hace un gesto con los dedos para indicarle que se acerque y Sunghoon obedece, las yemas acarician su mejilla y sus uñas cortas raspan la suave piel. —Te quiero dentro, hoon.
—¿Lo oíste? Lo quiere, ahora dáselo —. La orden de Heeseung fue claramente escuchada, Sunghoon negó con la cabeza y dejo relucir una leve sonrisa, encontrando la situación entretenida.
No fueron necesarias más palabras, Jay se acomodó mejor en la cama y abrió las piernas nuevamente, quedando a merced de Sunghoon y su creciente erección que ya comenzaba a causar incomodidad.
Sunghoon pasó los nudillos de sus dedos por la pelvis hasta llegar a su muslo izquierdo, una caricia delicada, un roce apenas. —Es una pena que sólo yo esté aquí para ver esto.
La risa amarga de Heeseung no se hizo esperar. —Eres un hijo de puta, disfrútalo ahora que puedes, en diez días es todo mío.
Las palabras son descaradamente ignoradas, Sunghoon coloca sus palmas a los costados de la cabeza de Jay y se inclina hasta estar casi sobre él, su pene acariciando superficialmente la entrada de Jay.
—Nuestro. Siempre ha sido nuestro y eso no va a cambiar —. Sunghoon corrige, besando el rostro de Jay lo suficiente como para distraerlo.
Con una mano firme en su cadera y la otra sosteniendo su propio peso, deslizó la punta contra el anillo palpitante que cedía poco a poco, dejándole entrar por completo sin dejar de lado esa presión que nublaba con éxito su juicio y sólo le hacía querer hundirse tan profundo como fuera posible.
Jay jadeó, su cuerpo temblando mientras se acostumbraba a la intromisión, sus dedos aferrándose a las sábanas. El placer cegando al dolor, siendo más fuerte su deseo de obtener más.
—Hoon —. Murmura, demasiado perdido como para decir algo más.
Para su fortuna, Sunghoon sabe exactamente lo que quiere y después de darle algunas mordidas traviesas en el cuello, le embiste de manera lenta, saliendo casi por completo para entrar con un golpe certero.
Jay sólo puede deshacerse en gemidos, los jadeos y gruñidos de Heeseung acarician sus oídos y le llevan aún más al límite.
Sus piernas se aferran a la cintura de Sunghoon, tratando de acelerar el ritmo de las embestidas, sus pieles sudadas chocan una y otra vez llenando la habitación de el sucio ruido que hace la pelvis de Sunghoon al golpear contra la carne blanda de su trasero, donde su entrada, ya maltratada y sensible, lo recibe con un ardor placentero.
Había extrañado esto mucho más de lo que pensaba, el sentir a Sunghoon dentro, el verlo tomarlo con la cantidad justa de lasciva y ternura, escuchar esos ruidos que escapaban de los labios de Heeseung involuntariamente cuando estaba experimentando demasiado placer, recibir los cumplidos de ambos, todo era un sueño del que no quería despertar.
—¿Porqué no te corres y dejas que Heeseung escuché cuánto te gusta estar lleno?
Jay apenas puede retorcerse en la cama mientras sus uñas cortas rasguñan la espalda de Sunghoon. Asiente, perdido en las sensaciones que le abordan.
—Le gusta tanto que ni siquiera necesita masturbarse, ¿o si? —. No es una pregunta, lo sabe porque puede escuchar la risa mal contenida de Heeseung. —Le encanta estar lleno, por eso puede recibirnos a los dos tan bien.
Una media sonrisa aparece en el rostro de Sunghoon, Jay jura que acelera el ritmo un poco más. —Ya lo había olvidado, ¿lo recuerdas tú, Jay? Apenas te dolió un poco y luego seguiste rogando por más, casi lo pediste de rodillas.
Todo lo que puede hacer es asentir otra vez, su frente está sudando y algo de saliva comienza a resbalar por la comisura de su boca, no puede entender ni la mitad de las cosas que están diciendo, su cerebro no es capaz de retener las palabras. —Quiero venirme —. Balbucea con dificultad.
Las risas de Sunghoon y Heeseung suenan al unísono, como una melodía perfectamente armonizada. —¿Debería...? —. Sunghoon deja la pregunta en el aire.
—Sí, házlo ya —. No sabe qué significa eso pero casi se echa a llorar para agradecerle a Heeseung cuando Sunghoon clava aún más sus dedos en sus caderas y le embiste a un ritmo salvaje.
Esta vez sus gemidos son callados por los labios de Sunghoon, él devora su boca con un deseo ferviente e introduce su lengua, explorando toda su cavidad, sus lenguas bailan y apenas puede respirar.
Su espalda se curva, sus uñas dejan marca en la piel de Sunghoon, su pecho está agitado y su corazón golpea contra su caja torácica cuando obtiene su orgasmo con un gemido alto que muere en la boca contraria.
Poco después le sigue Heeseung y finalmente Sunghoon, llenando a Jay con su semen para luego alejarse y ver con satisfacción como su corrida resbala un poco por los muslos de Jay, manchando la cama.
Aparta el cabello mojado de la frente de Jay. —Heeseung, vamos a bañarnos, despídete de Jay.
—Nos vemos en un rato, príncipe —. Esas palabras borran cualquier rastro de cansancio en el rostro de Jay.
Toma asiento en la cama y se aferra al teléfono. —¿Llegarás hoy? ¿En serio?
—Se supone que sería una sorpresa, pero ya quería contártelo —. La voz de Heeseung ya ha vuelto a su tono dulce, sólo que con algo de cansancio.
Jay sonríe tan ampliamente que sus mejillas duelen. —Te estaré esperando hee.
Casi inmediatamente después de cortar la llamada, Sunghoon le toma en brazos para llevarlo al baño. —Ahora vamos a limpiarnos este desastre antes de que Heeseung llegué.
No dice nada, la sonrisa alegre se mantiene intacta en su rostro cuando sus brazos rodean el cuello de Sunghoon y se deja llevar.