A mi asesina:
Aún recuerdo claramente aquel primer día, regresaba de hacer las compras y llamaste mi atención, recuerdo que estabas a punto de llorar. Te veías tan débil y vulnerable, que si alguien me hubiera dicho lo que eras, hubiera jugado mi propia vida. Te ofrecí mi ayuda y aceptaste luego de dudar, aunque apenas pudimos entendernos por qué no hablabas bien mi idioma, te lleve a mi casa.
Te invite a entrar, compartimos una merienda, te mostraste tan agradecida y preguntabas constantemente si era algún famoso. Nunca habría podido creer la verdadera razón por la que decías haberme visto antes. No sé decir que fue una lástima la razón por la que te era conocido, solo sé que hubiera querido que todo acabara diferente.
Recuerdo cuando revisaste tus papeles, la cara que pusiste, el color desapareciendo de tu rostro. Ahora que se toda tu historia luego de años, entiendo perfectamente tu sentimiento en esa ocasión. Empezaste a pedir perdón una y otra vez, llegaste al borde del llanto de nuevo y dijiste:
“Me trataste tan bien, te preocupaste sin conocerme y me diste toda la ayuda sin pedir nada. Eres un gran hombre, lástima que debo matarte”
Me diste unos segundos de gracia luego de representar una escena de película, segundos que yo use para advertirte que la policía no tardaría en llegar si hacías mucho ruido.
Me atacaste con sillas, vasos, cubiertos, incluso con el perchero de la entrada. Peleaste con todas sus energías; pero no fue suficiente, la policía llego por tanto estruendo y la señora Robinson, vieja chismosa, así que huiste rompiendo la ventana. Me costaste mucho en reparaciones ese día; pero bueno, si tu no pudiste matarme, no creía que los precios sí. Este mismo pensamiento lo arrastre por el resto de mi vida.
En el momento no me di cuenta, porque no tenía idea de que es lo que estaba pasando, hoy si reconozco en mis recuerdos el rostro de quien te contrato al verme con vida. Igual que el tuyo al ver la foto que guardabas, su rostro me lo decía todo; pero no sabía leerlo. Supongo que notaras que recuerdo mucho y con mucha exactitud, nunca llegue a olvidar nada que estuviera relacionado a ti.
¿Recuerdas la siguiente vez que nos cruzamos? En el estacionamiento, te abalanzaste sobre mí atacando con todo, afortunadamente siempre fui amante de lo extravagante y tenía conmigo un bastón-espada. Tu katana era impresionante; pero tu estilo demasiado vago, una completa ignorante de algún estilo de combate real. Me recordaste a mí en las primeras lecciones que tome. Aun así tenías una gran ventaja: Tú querías matarme, yo no quería lastimarte. Tú querías cumplir tu trabajo, yo quería que desistieras.
Entonces apareció el, en plena lucha por mi vida, me aparto y te redujo casi al instante, por un momento fue emocionante, hasta que vi el miedo en tu rostro. El momento inicial me fascino, el primer choque entre ustedes fue espectacular; pero cuando vi el terror en tu expresión, recordé que solo eras una niña.
“¿Qué te llevo a esto, pequeña?” Me pregunte.
Afortunadamente y no me caben dudas que así fue, lo detuve, ambos me miraron, sin entender lo que estaba pasando. El diciendo “¿Por qué quieres dejarla vivir? ¡Intento matarte!” y tu diciendo “¿Por qué quieres dejarme vivir? ¡Intente matarte, dos veces!” No me di cuenta de tus palabras hasta unas horas después, donde no pude dejar de reírme.
Luego de que te fueras hable con aquel hombre “Respete esta decisión porque eres buen combatiente. Hoy en día muy pocos saben usar una espada y tienen un código como el tuyo; pero igual que ella, tengo un trabajo y no dejare de cumplirlo” Me dijo, dejándome intrigado.
“¿Cuál es tu trabajo?” Le pregunte y aun no entiendo por qué me respondió con la verdad. “Protegerte y matar a cualquiera que atente contra tu vida”
“Entonces, hazlo como hoy, haz que huya y mata a quien la contrato, ella no es la culpable de buscar mi muerte, solo es la herramienta que alguien utiliza, nadie condena a un arma por haber disparado. No sé qué tanto te guste este trabajo; pero hasta yo me canso del mío y creo que tú querrás terminar cuando antes con esto ¿Cierto? Entonces busca a aquel que la contrato y acaba con esa persona” No sé de dónde saque tanta fuerza para hablarle a un tipo que obviamente era más peligroso que un león hambriento.
Me miro de arriba abajo, no por mi ropa, eso lo entendí después, lo hizo por mi postura, por mi mirada, simplemente asintió y se fue. Aunque en realidad creo que no supo que responder y quería ganar tiempo, como no se le ocurrió nada hizo una salida seria y misteriosa ¡Pero no lo iba a dejar ir así como así! Entonces le pregunte su nombre.
Me respondió también serio y misterioso, sin darse la vuelta “Yarará”.
Y desapareció entre las sombras, en realidad solo doblo la esquina y espero que me fuera, sabía que en esa parte donde se metió no hay puertas ni ventanas, me reí y me fui. Siendo sincero, me gusto su misterio y le ayude a crear esa imagen, la cual quedo muy bien.
Luego nos volvimos a cruzar varias veces en público, eran taaaan adorable como un gatito pequeño que no podía dejar de molestarte. Que lindos tiempos, una vez hasta lleve tus compras y en otra te di direcciones para que no te perdieras ¿Aun te acuerdas de eso? ¿Quién hubiera pensado que eras una asesina profesional? Hasta yo llegaba a dudarlo cuando te veía por la calle.
Te veías tan dulce, tan amigable, tan amable, te investigue y supe que realmente eran alguien inteligente y peligrosa. Si hubiera intentado decirle a la policía quien eras no habrían encontrado prueba alguna.
Luego fue en otro estacionamiento, no en el de mi trabajo, sino en el de un Shopping, el de 4 pisos. Me habías contactado para vernos, supe entonces que nunca perdiste mi número y fui hacia tu trampa con una sonrisa boba.
E intentaste matarme de nuevo. Mientras iba a nuestro encuentro me cruce con Yarará y me advirtió, yo le dije que no, así que hicimos una apuesta sobre tus intenciones. El cochino infeliz me vino a cobrar aunque ganaba más que yo.
Volviendo al tema, en el estacionamiento pudimos hablar mientras peleábamos. En medio de sablazos y golpes te abriste a mí y dejaste que te conociera, fue cuando me confesaste no querer matarme; pero que tu profesionalidad te obligaba a cumplir el contrato. Entonces apareció Yarará, te redujo y huiste, lo regañe por usar demasiada fuerza y no encontrar a tu contratador aun. Tuve que darles excusas baratas a la policía de cuando toque el botón anti-pánico mientras Yarará te golpeaba; pero todo salió bien.
Otra cosa que luego supe más tarde, fue cuando pude llegar a descubrir quien contrato a Yarará, una de mis compañeras. Ella llevaba un anillo con el símbolo de Ouroboros, la asociación de asesinos a la que pertenecía Yarará, ya sabes. Recuerdo que me gustó mucho y la elogie por su buen gusto, si lo hubiera visto luego de conocer todas las implicancias hubiera dicho algo como “Aaahh”.
Ahora que estoy rebobinando críticamente mi vida, siempre estuve rodeado de señales que no supe leer. Si en esos momentos hubiera sabido todo lo que se ahora, me pregunto qué clase de persona habría sido y que clase de vida habría llevado. Creo que las personas cambian según sus conocimientos.
Y entonces llego el día, aquel que me quería muerto me cito, tu contratista, a quien le sigo guardando cierto respeto a su memoria. Aunque a veces dudo de si guardar o no tal respeto; pero bueno, algo sin importancia a estas alturas ya.
El lugar era tan apartado y tan abandonado, tan obvio, lo bueno es que ya había aprendido a leer algunas señales. Esperaba verte a ti, ya que tú me enviaste el mensaje, luego me cerraste la salida, sí; pero no te vi hasta el final.
“¡Eres una inútil! Al final, tengo que hacerlo yo para que salga bien”
“Ahora no escapara, deja que lo haga yo”
“No, ya tuviste muchas oportunidades, ahora quédate ahí cuidando la salida si quieres que te pague algo”
“¿Por qué haces esto?” Le pregunte entonces.
“Porque tienes todo lo que yo quiero tener, el puesto, la mujer, la confianza, todo y no sabes usarlo ¡Lo ignoras como si no importara! En cambio, si yo tuviera todo lo que tú tienes”
“Serias peor que ahora, no harías las cosas mejor, te destruirías solo, al puesto, a la mujer, a tu confianza, todo”
“¡Cállate!”
El sonido del disparo fue ensordecedor, me quede en shock viendo su cuerpo cae, fue Yarará, lo sabía sin dudas. Pero el segundo disparo, oh… Ese segundo disparo fue tenebroso, su mano moribunda apretó el gatillo, revise mi cuerpo y al no sentir nada, me gire. Te vi tirada en el piso, con la sangre brotando de tu cuello. Fue horrible, toque el botón una y otra vez, nunca entendí como pude reaccionar a todo eso.
En plena desesperación me saque el cinturón y con un trozo de tela de mi ropa apreté tu herida, te cargue hasta el auto y conduje como un maniaco hasta el hospital. Las siguientes horas fueron horribles, nadie me decía nada, nadie parecía saber nada; pero no me iba a ir sin respuestas, me quedaría hasta saber… El resultado. Cuando salió un médico, no pude ponerme de pie, la sangre había abandonado mis piernas y cuando me dijo que te salvaron, me derrumbe finalmente.
Me permití llorar, disfrutar, reír, descansar.
No sabía que se podría sobrevivir a un disparo en el cuello; pero tú lo hiciste, fue en una dirección exacta, en una zona exacta. Lo único, fue que perdiste tu voz, tu dulce y armoniosa voz, siempre extrañe escucharla; pero nunca la hubiera cambiado por tu vida.
También recuerdo cuando te lleve a casa, quisiste huir por la vergüenza; pero cada vez pude convencerte de volver, hasta que ya no huiste más. De repente un día me pediste el cinturón con el que te salve, te lo entregue sin dudas, era lo primero que me pedias desde ese día.
¡Y te hiciste una gargantilla! No podía creer que hicieras una gargantilla con ese cinturón; pero tú siempre fuiste extravagante. Lo vestías orgullosa en todos lados, me costó explicarlo muchas veces; pero siempre te metías en medio, eso ayudaba mucho.
Y si, así termina la historia de esta carta; pero es el comienzo de la nuestra, te escribí mas cartas que te llegaran cuando lo dispuse, espero que realmente te sirvan como desee cuando las escribía.
Para cerrar, te dejo salud, una buena vida y todo eso, ya te dije en vida todo lo que podría decirte y lo sabes bien, estas cartas solo son una forma de seguir estando para ti. Solo quiero pedirte, una vez más, que sigas ayudando a las personas tal y como te enseñe, sino, vendrá a buscarte Yarará.
Disfruta tu vida y espero el día cuando volvamos a vernos.
Con cariño y amor.
PAPÁ