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Hace veinte minutos que estaba esperando. Ya de por sí había llegado temprano por la ansiedad de salir. Ahora tenía más ansiedad, cada minuto parecían horas. Revisar el celular por décima cuarta vez no cambiaba eso. Las redes sociales no iban a traer algo suficientemente interesante para distraer la necesidad de que ese encuentro sucediera. Repasar lo que podía o no suceder durante la noche era lo único que funcionaba levemente como placebo para subsanar el estado actual.
Después de que la hora pactada haya pasado, ya cuando la idea de irse cabizbajamente al hogar parecía lo que iba a suceder, se asomó esa imagen esperada. Las sonrisas se dibujaron en ambas caras. Una agachadita de cabeza y a apurar lo más disimuladamente posible el paso para encontrarse, aunque sea medio segundo antes, era la respuesta corporal que ocurría.
-Perdón, el colectivo fue eterno, ¿esperaste mucho? - Le dice mientras sonríe y luego muerde su labio inferior con cara de preocupación.
-Hola, ¿No? - Le responde con una sonrisa en la cara.
-¡Ay, sí! Perdón, ni te saludé - Y se dan un abrazo, un poco incómodo, pero así y todo se sintió bien, para ambos.
-Está bien, no hay problema, recién llego igual - Mintió. Le avergonzaba dar a entender el estado actual en el que se encontraba. Lo que no sabía era que la persona enfrente estaba exactamente igual, y se sentía en más desventaja todavía por llegar tarde.
-Se ve re lindo el lugar, nunca lo había visto - También mintió mientras que observaba la entrada. Había pasado muchas veces por la puerta y siempre se imaginó dentro, en una cita, casi lo mismo que estaba por suceder en ese preciso momento.
Ambos estaban mirando el lugar. Estaba posicionado en una esquina. Tenía una fachada de casa antigua. Su frente formaba una hipotenusa en relación con el cordón de la calle. En la entrada, la puerta era doble, de madera, inmensa y con un vidrio que recorría desde la parte superior hasta la mitad de la misma. Esta estaba sujeta a una pared que dimensionaba el tamaño del bar. Doblando hacia ambos lados, tenía unos ventanales enormes con persianas metálicas abiertas de adentro hacia afuera. Desde el vidrio de la entrada se podían ver las mesas negras, cada una con dos sillas, y la barra de madera delante de la repisa llena de bebidas de diferentes tipos y colores.
-¿Entramos? - Al fin rompe el silencio, buscando mirar a los ojos. Le sonríe en respuesta, conectando su mirada como pidió y avanzan hacia la puerta.
Mientras caminaban y entraban en el recinto, ambos pensaban, casi al mismo tiempo, ¿por qué habrá sido que se abrazaron como saludo? A ninguno de los dos le molesto, claramente, fue un saludo bien recibido. Sin embargo, fue atípico y ninguno lo esperaba, simplemente fue lo que naturalmente sucedió. Así y todo, a ambos les generaba inseguridad. Esos pequeños actos involuntarios, para nada correctamente programados, son los que denotan el nerviosismo que tenían. Cada uno cree que se expuso, sin siquiera pensar que el otro siente lo mismo.
Dentro del bar, estaban las primeras mesas. El piso de cerámica tenía un mosaico de cuadrados negros y blancos. Unos pasos después había un escalón de madera que te dejaba en la barra junto con unos taburetes. La proximidad con el bartender era un beneficio, pero así y todo no era el mejor lugar para una primera cita, así que siguieron avanzando. Pasando hacia la derecha de la barra, había un arco que, al atravesarlo, hacia la izquierda, había una puerta que te conducía hacia la barra o la cocina suponían. Luego de pasar ese pequeño pasillo, se llegaba a un salón un poco más grande. El piso era de madera y crujía al caminar encima de él. Hacia la izquierda había una puerta que llevaba a un pequeño patio, pero no se molestaron en recorrerlo. Hacia el fondo había un viejo piano y a cada costado estaban los respectivos baños. Hacia la derecha estaba la pared junto con las ventanas. Ese parecía el mejor lugar, una pequeña mesa para dos al lado del ventanal.
Se sentaron ahí, mientras que se dibujaban sonrisas que querían ocultar, cabizbajamente. Ambos miraban alrededor, sin poder conectar miradas correctamente, como apreciando el lugar. El bar era de un color verde oscuro desde el techo hasta la mitad de la pared, la otra parte tenía un revestimiento de madera color marrón oscuro. Tenía un decorado sobrio, con algunos cuadros. Había dos mesas ocupadas, una con lo que parecían dos amigos, charlando casualmente. La otra eran un par de mesas juntadas, un grupo grande de personas, charlando, bebiendo y riendo. Por la ventana que daba al patio se veían figuras paradas y humo de cigarrillo.
Al rato de que el momento de incomodidad haya empezado, llego la mesera con las cartas. Una para cada uno, salvando el momento.
-¿Tenes hambre? - Se rompe el silencio fortalecido desde el momento en que entraron.
-No mucho, algo comí en casa - Sentía un rugido en el estómago, pero no sabía a ciencia cierta si era hambre o nerviosismo.
-¿Unas papitas va?
Luego de la pregunta, le responde asintiendo con la cabeza junto con una sonrisa. Sentía cierto alivio de elegir algo sencillo como eso para comer, ya que no tenía mucha seguridad de cómo se vería comiendo una hamburguesa o algo por el estilo. De seguro que no sería muy visualmente excitante.
La bebida es más sencilla. Recorrían la carta apreciando los nombres de los tragos, viendo que llevan cada uno. Hacían comentarios jocosos pero cortos y reían, todavía disimuladamente, cuando en realidad lo único que se quería era una buena cerveza. Tal vez por el nerviosismo, tal vez por el afán de arriesgarse, ambos eligieron tragos. Eso parece más sofisticado, y de no ser buenos, la vieja y confiable chela puede salvar el momento.
Hablaron sobre esto un rato, ambos concordaban en que pensaban lo mismo. La incomodidad y el nerviosismo habían empezado a mermar. Se sentían a tono, parecía que la circunstancia iba bien.
En medio de la conversación, volvió la camarera para tomarles el pedido. Cada uno pidió su trago elegido junto con el tentempié.
-Nunca creí que fueras a invitarme a salir - hizo el primer movimiento, directo a la yugular, mientras miraba desafiante con una sonrisa en el rostro.
-Jaja, si... - rió cabizbajamente.
Algo en ese comentario se sintió extraño. Esto era una cita, ambos lo sabían, pero ese comentario lo confirmaba. En realidad, no tanto. Ya estaba divagando y ni siquiera había respondido la pregunta correctamente.
-Bueeeno, ¿entonces? ¿que viste en mí? - El segundo golpe fue más fuerte que el primero. Ese comentario significa explicar cómo se piensa. Que atrae, si se es superficial, si se buscar ver algo más. O sólo fue un comentario para dar charla. De cualquier forma, funciona.
-Sí...- Era momento de responder, fingiendo una vergüenza con el rostro y la mirada esquiva - No sé, me gusto tu rostro, como vestías- Cada vez fue mostrando un poco más de seguridad, pero como si todavía la vergüenza fuera grande -Tus movimientos me llamaron la atención... como reías- Y cambió abruptamente la táctica. A continuación, paso a mirar directamente a los ojos, con completa seguridad - Fueron tus ojos, la forma en que me miraste- El contra golpe estaba funcionando, podía ver como cambiaba el color de sus mejillas - Cuando tu mirada conecto con la mía lo supe, tenía que invitarte a salir, debía tener una oportunidad
-Daaa, parece que lo sacaste de una telenovela o libro de amor berreta - Río fingiendo poca importancia, cuando en realidad la respuesta había sido buena.
-¿Y vos? - Continuó - ¿Que viste en mí?
-¿Yo? - Puso cara de sorpresa e incredulidad - Nada que ver, sólo vine a ver qué pasaba, en el peor de los casos me iba con una historia para contar
-Jajajajaja, me parece excelente, un muy buen plan
Se miraban con una sonrisa en el rostro. Se estaban entendiendo más de lo esperado. De fondo sonaba una música suave de folk blues. Ayudaba a acompañar, ya que la melodía no tenía letra y estaba lo suficientemente baja como para no molestar. Se escuchaban más las voces de las demás mesas, sin embargo, ayudaba a generar un ambiente.
-Y contame, ¿trabajas? ¿estudias? ¿ambas? - volvió a animarse con preguntas, solo que esta vez un poco más personales.
-Ambas... o eso quiero creer, jaja - Rió mientras acariciaba incómodamente su nuca - Espero estar haciendo bien alguna de las dos - Ya había empezado con los chistes por incomodidad.
-Explaye - No era su momento de hablar, necesitaba que termine la idea.
-Trabajo en una empresa de investigación. Yo no investigo nada igual eeh, estoy en la parte administrativa, trabajo aburrido de oficina, nada demasiado interesante por ahí, pero es un buen ambiente, tengo tranquilidad y eso no se paga - Se dio cuenta de que estaba pisándose con las palabras, hablando algo atolondrado. Prefería no continuar con la conversación por ese camino, ya había tenido que explicar sobre su trabajo a sus allegados y era sumamente aburrido. Ya aburría tener que explicarlo. Sin embargo, la persona enfrente estaba con la mirada atenta, sin presiones. Tenía actitud de seguir escuchando.
En ese momento llego la camarera con los tragos. Luego de agradecerle y verificar visualmente el estado de los tragos, prosiguió:
-Es un pasar hasta terminar los estudios - Continuó - Estoy estudiando oceanografía - Y dio el primer trago de la bebida mientras que miraba con aires de ingenuidad. Dejo de hablar ahí, a propósito, para generar intriga.
-¿Ocea que? - Miraba entrecerrando los ojos. La artimaña había funcionado.
-Oceanografía - Repitió con una sonrisa dibujada en su rostro - Es la ciencia que estudia los mares, océanos, esas cosas. También se le suele decir ciencias del mar. Ese nombre me gusta - Rió para sí mismo.
-Woow, ¡que bocho! - Miraba con ojos de sorpresa - No sé si podría rendir con una carrera así - Abrió ampliamente los ojos y tomo de su trago.
-¿Vos? ¿Qué me contas? - Momento de dar vuelta la mesa.
-Yo... - Se notaba duda en su rostro y en su voz - Lo mío es más simple, estoy en el conservatorio hace unos años ya - Hablaba mirando la mesa - Estoy estudiando para lograr un título superior de música - Levanto la mirada de forma curiosa, conectando los ojos. Su inseguridad se tranquilizó un poco al ver que la otra persona estaba también con su mirada atenta. No agregó nada a su discurso, dejo que se explaye como necesitaba, asique prosiguió:
-Y estoy trabajando particular - Ya con más calma - Me encargo de enseñar piano...
Luego de haber pronunciado esas palabras se dio cuenta de lo que acababa de decir. Vio como la persona enfrente abría ampliamente los ojos y una sonrisa empezó dibujándose hasta que terminó inundado toda su cara.
-¡No me digas! - Respondió - Y justo que estamos acá... - Y señalo con sus ojos hacia el piano, levantando las cejas.
No medir correctamente las palabras fue lo peor que pudo haber hecho. Se sonrojo enormemente, sin forma física de poder ocultarlo.
-Jajaja, eeehh, no debe estar afinado, ¡no debe ni funcionar! - Fue lo primero que se le ocurrió decir - Debe ser decorativo, bastante bien queda - Intento escapar.
-Hay una sola forma de averiguarlo, ¿no? - Y se paró de su silla, se posicionó a su lado y le extendió la mano.
Con la cara sonrojada, negó con la cabeza. Pero al ver que la otra persona no cambiaba de posición, le tomó la mano. Fueron hasta el piano, levantaron la tapa frontal de madera que cubría las teclas y se sentó. Se tomó un tiempo, pero no mucho, sabía perfectamente que tocar. Las manos se movieron solas. Cuando empezó a tocar, notó que las notas no sonaban correctamente, pero lo suficientemente bien para pasar desapercibido para alguien que no es de la música. Mientras que la canción continuaba empezó a darse cuenta de que el bar, que hasta ese momento tenía un bullicio constante, típico de las noches, había empezado a callar. Llego hasta el punto donde solo se escuchaban sus notas, perfectamente coordinadas. Sin embargo, su foco estaba en el piano. Si no estaba mirando las teclas, tenía los ojos cerrados. Podía tener un nerviosismo gigante, y hasta un poco de miedo, pero con lo que no podía fallar era con tocar. Eso era lo que mejor le sale y lo sabía, ese era su mundo.
Cuando terminó el concierto, posicionó sus manos sobre las piernas y suspiró. Levantó su mirada hacia su compañía de la noche que miraba con una sonrisa y un poco de admiración en los ojos. Esta empezó a aplaudir. Bastaron un par de palmas para que el resto del bar acompañara el aplauso. Al escuchar el saludo, se giró para ver al bar. Las mesas estaban aplaudiendo y silbando por el regalo de la canción. Desde la ventana del patio se asomaban las cabezas, algunas con cigarrillos en la boca, también aplaudiendo. La vergüenza era incontrolable, pero se sintió bien. Ese fue su primer concierto solista.
Se paró, hizo una reverencia en forma de saludo, y disimuladamente volvieron a la mesa. Cuando se sentaron, ya estaban las papas esperando, pero ni las notaron. Se miraban riendo, sin creer lo que acababa de suceder.
-No puedo creer lo que me hiciste hacer - Dijo con tono juguetón mientras que se tapaba la cara. Sus ojos, sin embargo, podían ver a través de los huecos que se forman entre los dedos.
-Es la primera vez que estoy tan cerca de un artista en un concierto - Respondió también sonriendo - Gracias...
-Un placer - Terminó diciendo mientras agachaba la cabeza y moviendo sus manos como repitiendo la reverencia.
Se tomó un momento para bajar la excitación del espectáculo. Se acomodó contra el respaldo de la silla y miró hacia el ventanal. Pensaba en su pánico escénico. Bueno, tal vez no tanto como pánico, pero sí que solía ser susceptible a la vergüenza en muestras de este tipo. Así y todo, pudo. Hace rato ya lo venía trabajando y esto fue una excelente prueba de que rindió frutos.
Del otro lado de mesa, se encontraban dos ojos que no podían despegar su mirada. Estaba viendo a esta persona, artista, mejor dicho. El bar tenía una luz tenue y la mitad de su cuerpo estaba bañado por la luz de la luna que entraba por el ventanal. Cuando notó su estado embobado, recompuso su actitud. Sin embargo, esto pasó desapercibido. Tomó un tenedor y empezó a comer las papas.
-Mmm, están buenas eehh, ¿las probaste? - Dijo para romper el silencio.
-Uy, ¡cierto! - Volvió de su estado de reflexión y paso a tomar un tenedor también para probar la comida.
La noche continuaba y la conversación volvió a ser sencilla. Discutieron un poco de música. Un comentario de un cantante en particular que tiene cierto fanatismo por un cuadro de futbol llevó a hablar sobre los diferentes artistas y bandas que se sabe abiertamente de que cuadro son. Eso convirtió la conversación en futbol. Intercambiaron clubes y porque les gustaba. Eso termino llegando a la política. Encontraron en este tópico los primeros esbirros de inconcordancia, sin embargo, no era tan grave, al contrario, la conversación servía para los dos y las bases de lo creían eran las mismas. Todas estas conversaciones se llevaban con risas. Sin embargo, había otra conversación, implícita. Esta se desarrollaba con el cuerpo. Las miradas, los movimientos de la boca, del cuerpo mismo. Había una seducción jugando en primer plano mientras hablaban.
El plato de papas estaba hace rato vacío, sin embargo, un dedo siempre pasaba, buscando restos de cheddar que se pegara para llevarlo a la boca. Los tragos habían fluido durante la noche, pero no se notó una actitud de embriagadez, ninguno de los dos estaba fuera de su ser.
-¿Van a querer algo más? - Se acerco la mesera al ver que sus vasos de trago estaban otra vez vacíos y tomo el plato de papas en el que ya no quedaban ni migas. Ambos personajes miraron hacia el interlocutor, como si los hubieran sacado de un trance. Luego se miraron y pusieron cara de que había sido suficiente.
-Eeemm, no, gracias - Al fin uno contesto - ¿La cuenta puede ser? - Luego de realizar esa pregunta, sabía lo que significaba.
La mesera sonrió, asintió con la cabeza y se retiró con el plato y los vasos. La noche estaba llegando a su conclusión. Ambos escaparon a las miradas nuevamente. El nerviosismo volvió a ser el personaje principal de la noche. El vínculo se había fortalecido durante este período de encuentro voluntario y eso era lo que generaba que fuera difícil aceptar que terminara. Eso y la necesidad que ambos tenían de generar un pequeño encuentro físico para cerrar con broche de oro. ¿Quién debía animarse? ¿Quién tenía el valor para hacer el movimiento final? Ambos pensaban en lo mismo. No era su primera cita, no debería ser tan difícil. Sin embargo, ahí estaban, ninguno de los dos podía luchar con el miedo de que ese intento no sea correspondido. El miedo a un “No”, sobre todo después de tan buena velada, estaba teniendo más peso.
Luego de un par de comentarios sobre el lugar, la gente que vieron transitar y lo buena que fue la música, volvió la mesera. Les entrego un pequeño papel y les sonrió para alejarse, dándoles el espacio para que lo puedan revisar. Posicionaron el papel de manera que pudieran ver ambos. Recorrieron la lista de los pedidos, parecía estar bien. Reconocer la cantidad de bebidas fue uno de los comentarios entre risas que intercambiaron. Luego de ver el número final, ambos revisaron sus posesiones para tomar los billetes que tenían. Repartieron la cuenta a la romana, después de todo habían gastado prácticamente lo mismo. Pusieron el pago, junto con un extra como propina.
Distraerse con el pago les dio un pequeño suspiro para escapar lo que realmente estaban pensando. Ese encuentro entre labios. ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? Eran las preguntas que sucedían en sus cabezas. La cuenta ya estaba pagada, la noche cerrada, había que salir. Revisaron tener todo lo mismo con lo que entraron, exceptuando de algunos billetes de menos, y salieron a la puerta.
Ambos miraron hacia el cielo mientras que salían. Una vez en la calle, se posicionaron uno enfrente del otro y se miraron.
-¿Te tomas el colectivo para volver a tu casa? - Preguntó incómodamente.
-Si si, mi colectivo para hacia allá, a dos cuadras - Y señalo el lado por el que vino.
-Yo también, ¿vamos? - Preguntó vergonzosamente.
Tuvo un movimiento de cabeza asintiendo junto con una sonrisa como respuesta y emprendieron la caminata hacia la parada.
La conversación otra vez era tímida. Compartieron el número de colectivo, suponiendo que tal vez sea el mismo, eso podía darles un poco más de tiempo. Pero no, la parada era la misma, pero el colectivo era otro. Luego de compartir una corta comunicación trivial, llegaron a la parada. Estaba compuesta por un techo sostenido por postes cilíndricos de metal. De pared tenía a lo largo un vidrio plástico que se podía ver a través y en el lado opuesto una publicidad de whisky con un personaje de la televisión conocido. Éste tenía una luz interior que resaltaba. En la pared había un pequeño asiento, de esos incómodos, donde sobra mucho espacio para que se sienten dos, pero falta para que se puedan sentar tres.
Uno de los dos optó por sentarse en el asiento, mientras que el otro se quedó parado, vigilado que viniera el colectivo. En realidad, estaba esperando que no llegue nunca, no quería que esa noche terminara. Aunque no estaba haciendo lo suficiente para que eso se lograra.
-¿Planes para mañana? - Ya no sabía de qué hablar, fue lo primero que se le vino a la cabeza.
-No muchos, día tranquilo en realidad - No le interesaba hablar de eso. A ninguno de los dos le interesaba. Lo que tenía que suceder era otra cosa, pero el momento para hacerlo se perdió. O tal vez nunca llegó. Ahora era más difícil generarlo.
-Aah, sí, estoy en la misma - Acompaño - Debería estudiar, pero tengo otras cosas que hacer, no creo que me dé el tiempo - No tenía nada para hacer, tampoco tenía que estudiar, pero necesitaba rellenar con algo. Les temía a los silencios incomodos.
-¿No los odias? - Respondió. La pregunta resonó y generó una mirada un poco incrédula, pero se le dibujo una sonrisa. No dijo nada, para que pudiera terminar la idea - ...esos silencios incómodos - Acababa de leerle la mente.
-¿Por qué necesitamos decir algo para llenarlos? - Acompaño la idea - Es por eso que sabes que has encontrado a alguien especial... – continuó.
-...Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio... –
-...Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio... -
Dijeron al unísono para luego estallar en risas. Risas eternas. Risas puras. No tendrían que haber terminado nunca. Pero mientras que lo hacían, osó mirar hacia la calle. El colectivo venía. La realidad volvió a su rostro.
-...ahí viene el tuyo - Dijo con una sonrisa pesada.
-Ah... - Y miró como sus manos se tomaba entre sí sobre sus piernas. Se levantó lentamente y confirmo, el colectivo ahí venía.
Estiró el brazo para indicar al chofer que debía parar. Cuando el colectivo estaba los suficientemente cerca, giró su cabeza, bajando el brazo, con intención de saludar. La aventura había terminado. No obstante, se encontró con una mirada particular. Esos ojos tenían algo extraño. Esa mirada hipnotizaba. Ese cruce duró entre un segundo y un milenio, no me atrevo a definirlo. Los rostros se imantaron. Lo que empezó como un choque de labios, continuó con un cruce de brazos entre ambos cuerpos. Ambas cabezas se movían, buscando la mejor forma de conectarse. Las lenguas correteaban juguetonamente entre ellas, como si se hubieran conocido de toda la vida. La luna continuaba en pie, la aventura que parecía cerrada seguía con apetito. Después de todo, el colectivo jamás se detuvo.