• Pretty Dancer • | KookV |

Summary

La hermosa criatura que danzaba al ritmo del gran Jacques Offenbach's cautivó al Duque Jeon Jungkook de Aumale. En las tierras francesas de 1860 existían diferentes entretenimientos nocturnos, pero un cabaret llamado Le Grand Paradis era lugar favorito de la realeza alfa.  Allí, distintos consortes omegas deslumbran a sus visitantes con presentaciones de cancán y ballet, llamando la atención de más de algún rango líder de aquellas tierras. Y con la suerte que muchos quisieran tener, el bailarín V conocería al duque Jeon Jungkook. ~ A c l a r a c i o n e s ~ -Omegaverse/Realeza. -Alternative Universe. -Fluff, smut. -Primer libro de la duología "Trough our Lives" »Cero copias, adaptaciones o archivos PDF. »Historia completamente de mi autoría; ©DreamHopeB

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

ℰ𝓃𝒸𝒶𝓃𝓉𝒶𝒹ℴ

El bullicio de los bailarines yendo de aquí a allá, la distinta servidumbre que ayudaba a los omegas a vestirse y maquillarse. El ambiente con el que Taehyung había convivido desde hace 5 años.


Uno de los bailarines masculinos omegas se acercó al tocador donde Kim se encontraba, con toda el aura de felicidad emanando de su cuerpo.


—¿Sabes quién estará aquí hoy?


Taehyung miró curioso a Jimin mientras alzaba una de sus piernas al deslizar una media de encaje. El material barrió su piel suavemente, contrarrestando el hermoso tono crema en uno más suave, tan delicado como su portador.


—No. ¿Quién?


La sonrisa de Jimin se expandió aún más a su respuesta y se aclaró la garganta, como si estuviera a punto de comentar la revelación del siglo.


—El duque Jeon Jungkook de Aumale. —Jimin dejó el cepillo en la mesa al finalizar de peinar su cabello, tomando ahora un ramillete rojo para colocarlo en sus hebras castañas—. Aún no está confirmado porque ya sabes... ¿El duque Jungkook visitando un cabaret? —preguntó con extrañeza, pero igual de iluminado—. Difícil de creer. ¿Verdad?


Taehyung rió por su comentario mientras se levantaba de su asiento, rodeando su cintura con la pesada falda del traje. Dejó que una de las ayudantes enredase las cuerdas en su espalda y mantuvo el abdomen plano.


—¿De dónde sacaste eso? —Casi ríe, pero se contuvo para no dejar escapar el aliento—. ¿Quién te lo dijo?


—El mismísimo Jung Hoseok.


Taehyung abrió sus ojos en grande, tal vez por lo dicho, o tal vez por el tirón de las cuerdas alrededor de su cintura. Se movió débilmente de su lugar y extendió ambos brazos para equilibrarse. Dios mío, sintió su estómago cambiar de lugar.


—¿El príncipe Hoseok estará aquí? —preguntó con asombro.


Jimin asintió, dejando que un asistente le colocara una gargantilla negra.


—¿Qué te sorprende?


—Bueno... pocas veces... —Taehyung respiró cuando finalizaron con el corsé y se dejó colocar una gargantilla negra en su blanquecino cuello—, viene aquí, normalmente solo te pide que te escapes con él —dijo en tono cómplice.


Jimin le sonrió ladino, bajando su vista con los aires anhelantes saliendo en forma de suspiro.


—Hoy desea que su preciado amigo vea en lo que está gastando su exuberante riqueza.


El comentario tuvo un tono burlón del que varios de los presentes le regañaron con la mirada. Taehyung soltó una risa y tomó un par de guantes de encaje, deslizando el material por sus manos mientras pensaba...


«El duque Jeon Jungkook». Ha escuchado de él, mas nunca lo ha visto.


Varios franceses dicen que su actitud retraída le ha generado bastantes enemigos. Es un hombre que vive lo más alejado de la modernización, negándose a socializar con los demás.


Taehyung siempre lee de él en los periódicos, no existe duque más llamativo para los periodistas que Jeon de Aumale. Aún no logra comprender por qué siempre ese hombre causa una revolución donde pisa. Si bien Jeon siempre mostró sus modales en sociedad, los rumores que le asechaban no le hacían ningún bien, mucho menos cuando estos empezaron a manchar el nombre de la familia Jeon.


El ex-Lord Jeon —padre de Jungkook—, vive al otro lado del país junto a su esposa, ambos retirados de sus cargos administrativos. Jeon Jungkook heredó todos sus terrenos y riquezas a los veinticinco y ahora es el encargado de administrar las tierras de Aumale, lo cual dicen que le ha ido bien, pero...


Que heredase las tierras a una edad tan temprana sin tener un heredero en el linaje es claramente... sospechoso.


Algunos rumores dicen que su familia lo hizo con un único propósito: alejarse de su propio hijo.En primera impresión, Taehyung pensaría que es sumamente cruel por parte de ambos padres abandonar y dejar toda la carga a su hijo así se trate de un alfa. Pero por otra parte y si el señor Jeon es tan temible como se rumorea, puede que sus padres lo hayan hecho como un método de protegerse a sí mismos. Esta es la versión popular comentada en los periódicos de la capital.Pero Kim Taehyung no piensa de sí mismo como un chismoso ni mucho menos un fácil creyente, así que no se inclina ni de un lado ni del otro. Aún tiene una pregunta muy clara:


¿Qué habrá pasado realmente?


Taehyung pensó en esa pregunta mientras tomaba uno de los bálsamos labiales y lo pasaba suavemente por sus labios, coloreandolos de un hermoso carmín asimilando el tono del vestuario. Cuando finalizaron el maquillaje de los omegas, fueron llevados al área de zapatos.


Dos tacones de planta baja se deslizaron por los pies enmallados de Taehyung, proporcionándole un poco más de altura a su esbelta figura. Una de las mujeres llegó para colocarle una rosa en sus cabellos rubios y entonces, estuvo listo para el baile.


El omega siguió a los demás bailarines hasta llegar detrás del enorme telón rojo que resguardaba el escenario. Taehyung tomó una honda respiración cuando las telas se retiraron hacia ambos lados, dejando ver las distintas personas sentadas por todo el auditorio.Las palabras de Jimin lo dejaron con curiosidad, así que queriendo confirmar sus dudas miró hasta los asientos de la realeza para ver quiénes ocupaban los campos.


Y vaya... El príncipe Hoseok realmente podía convencer a cualquier persona.



─𐇵─



Apenas arribaron en la concurrida avenida nocturna, Jungkook soltó una exhalación de alivio. El príncipe Hoseok lo había traído casi a rastras.


Jungkook recibió la ayuda del portero con su pesado abrigo. La leve inclinación del beta a su llegada fue una muestra de respeto ante Jeon de Aumale, su rango estaba siendo respetado aún en "este lugar."


Un "lugar" tan famoso nominado Le Grand Paradise. Una inversión de los altos mandos en un cabaret destinado únicamente a la clase alta. Solo los más finos y refinados omegas danzaban a sus mayores para complacerlos, algunos, en el doble significado de la palabra.


Jungkook no estaba interesado en este proyecto, su vida en Aumale se resumía a ser un exiliado por su propia voluntad. Estaba mucho más tranquilo allí que en la reciente modernización donde vivían sus allegados.


Jung Hoseok —el príncipe del país y próximo heredero francés—, insistió en sacar a Jungkook del norte, donde los días del alfa castaño se resumían en vivir encima de un caballo y hacer equitación hasta el anochecer.


Para la opinión de Hoseok, Jungkook necesitaba actualizarse, refrescar su mente y ser uno con el país. De paso, dar su opinión acerca del lugar en el que estaba invirtiendo.


Además, para Jung este cabaret era la idea revolucionaria del siglo, una mucho más ingeniosa que la locomotora recién ingresada en los rieles de París. Esperaba con ansias que Jeon Jungkook aka el alfa más retraído a la sociedad cambiase aquella actitud asocial luego de divertirse con la vista de un baile de cancán.


«—Y bueno. —Pensó Jungkook con amargura—. Aquí estamos».


Sus grandes ojos marrones se dirigieron a la figura del príncipe Hoseok, quién recibió el mismo trato con sus ropas, segundos después ambos ingresaron al lugar.


De inmediato el desagrado apareció en el rostro de Jeon. ¿Por qué esperó que fuera diferente?El lugar era amplio, con numerosos asientos y personal atendiendo a los condes, marqueses, varones, damas, señores y cualquier rango importante que estuviera allí dentro. Estructuralmente, el lujoso auditorio tenía un escenario resguardado bajo un telón rojo, el tamaño del mismo podría confundirse con un teatro. Habían diversas esculturas de bailarines, seguramente talladas por los mejores artesanos, y demás decoración costosa.


Para los ojos de Jungkook físicamente el lugar era agradable, pero existía un problema que le impedía sentirse cómodo allí dentro.


El olor a los numerosos alfas, omegas y betas molestaba de sobremanera su sensible nariz, sentía arder sus vías pulmonares en cada respiración. Otros olores se encimezclaron al inhalar: alcohol, tabaco y mucha más fragancia dominante, ansiosa y excitada.


Bufó bajo y llevó su mano enguantada hacia su nariz, cubriéndola sin exageración. Sólo sus más allegados conocían el problema que cargaba desde su nacimiento.


Los alfas normales portaban un olfato desarrollado por naturaleza, pero el de Jungkook iba un poco más allá de lo normal, molestándolo e impidiéndole tener una buena relación con los de su especie. Exceptuando a su familia y amigos, oler desconocidos siempre fue un dolor de cabeza.


Y eso por pequeño que parezca, lo volvió retraído.


Su padre detestaba su comportamiento tan aislado, a menudo Jungkook huía de las reuniones con la realeza solo para no oler extraños a su alrededor. Su madre también se enfadaba con él por rechazar a todos los omegas que ella le escogía para emparejarse y tener un heredero. Jungkook lo intentó en un principio, realmente puso de su parte, pero sencillamente su lobo era un ser extraño que se erizaba cual erizo por un simple aroma.


Pero sin duda alguna, el mayor reto fueron los celos de apareamiento.


Su lobo siempre tendía a sentir como una amenaza a todos, y eso convertía su actitud en agresiva; Los olores, las personas, las prescencias de simples animales... todo le molestaba, era hipersensible a cualquier cosa.


En una ocasión, su hermano Namjoon le ofreció un omega voluntario para que lo acompañara en su celo... Jungkook terminó enloqueciendo por su aparición y los agredió a ambos. Debido a esto, el duque Jeon prefería encerrarse en propiedades alejadas para evitar causar daños nuevamente.


Le molestaba que su alfa interno fuera tan mostruoso, pero aprendió a no odiarse a sí mismo por algo que no tenía reparo alguno.


El ser duque le dió un único beneficio a su situación: tener sus propios terrenos alejados de todo contacto. Solo la servidumbre beta que rondaba en su mansión eran sus acompañantes.Existía una regla bastante estricta en casa: todos ellos debían portar neutralizador una semana antes del celo de Jungkook. Cuando no, podían andar sin usarlo, después de todo el aroma beta no era tan fuerte como el de las otras designaciones.


Con esa comodidad Jungkook había vivido medianamente feliz sus veintisiete años de vida, hasta que llegamos a este momento. Es inevitable que alguien tan retraído como él no se sientese molesto en un lugar plagado de aromas desconocidos.


—Esto apesta —murmuró molesto, bajando su mano para saludar cordialmente a quienes lo reconocían en la distancia, sin mucha alegría.


Hoseok flaqueó su porte serio al verlo, sabiendo que odiaba tanta aglomeración al estar acostumbrado a campos abiertos y sin olor.


—Las palabras que seguramente todo anfitrión quisiera oír de su invitado —dijo con gracia, sonriendo sutilmente cuando sintió a Jungkook carraspear con vergüenza.


—Disculpa, sabes que no estoy acostumbrado a... —Contuvo el aliento cuando un conde pasó cerca suyo con ligero hedor a alcohol.


—Nada por lo cual disculparse. —Colocó una mano en su hombro, caminando hasta sus asientos—. Ven, vámonos antes de que te asfixies.


Un sirviente beta les guió a los campos de su rango. Subiendo unas escaleras hasta quedar un piso por encima de los asientos normales, ambos podían observar directamente al escenario. El menor agradeció que estuvieran algo lejos de los demás. Pudo respirar con libertad, rellenando sus pulmones.


Después de tomar asiento y mover un poco el paño que se acomodaba alrededor de su cuello, habló.


—Me alegra que me tomaras en cuenta para dar mi opinión sobre uno de tus negocios —dijo con toda la naturalidad que su malestar aún latente le permitía, mirando al príncipe—. Pero, ¿precisamente este enorme lugar debía ser para apreciar el... cancán?


La Diosa Luna le había iluminado con una voz exquisita que era tan agradable para omegas, betas y alfas por igual. En la mayoría de situaciones opinaba con poca sutileza y no era reprendido. Era un tono equilibrado. Ni tan grave, ni tan agudo, perfecto para que un solo ronroneo pusiera la atención de los demás en él.


Pero Hoseok es un alfa que lo conoce, y sabe cuando algo no le agrada en absoluto. Ahora el rostro niveo de su amigo le muestra una clara respuesta: no le agradaba este lugar.


—Sabes que este baile es bastante famoso y que ningún omega está obligado a estar aquí.Una mínima arruga apareció en el ceño de Jungkook, como si le molestase la idea.


—¿Por qué te molesta tanto, Jungkook?


—No me molesta, pero que los bailarines sean consortes es...


—¿Vulgar?


—Peligroso —corrigió, pasando sus dedos por el cobertor de alfombrilla rojo del asiento.


El príncipe guió su vista al frente, sus finos ojos de tonalidad marrón con destellos grises se sumergieron en una mirada apreciativa hacia una de las esculturas de piedra. La inspiración del tallado provino de su bailarín favorito, fue un pequeño capricho que le encantó regalar a su omega preferido.


—Tampoco estoy completamente cómodo con la seguridad de los omegas, aún pueden ser extorsionados para cumplir órdenes alfa. —Miró a su alrededor, el gran lugar donde invirtió tanto en los últimos años—. Pero ellos están conscientes de eso, aún cuando trabajen en el espectáculo de alta gama saben de los peligros que se enfrentan, y los alfas son el mayor de los peligros.


«Bueno. —Pensó Jeon—. Si los demás alfas son un peligro, yo podría ser catalogado un monstruo».


—¿Qué sucede si un omega es atacado? —ingirió curioso.


—Están protegidos por la ley, y por mí —aclaró el príncipe de forma dominante—. Sus propiedades quedarán confiscadas y la multa será pagada al omega en cargos contra su integridad, además de ir a la cárcel. No creo que quieran arriesgarse a tanto dinero y un encarcelamiento, pero siempre habrán excepciones.


En el breve silencio, un sirviente llegó hasta ellos ofreciendo una botella de vino con dos copas en una bandeja de oro. La pequeña mesa frente a ellos reposó el alcohol y ambos tomaron una copa.


La mirada de Jeon regresó al auditorio, siendo recibidor de más ojos curiosos por su aparición.No los culpaba, ni por asomo se imaginó un día estar sentado donde se supone que va su padre, con una copa de vino sobre sus guantes y a punto de presenciar omegas alzar sus faldas y dar vistazos a sus entrepiernas al ritmo de una orquesta. Esto será hilarante para los periódicos de mañana.


—¿Hay algún consorte que sea de tu propiedad? —preguntó, estresado por tanta atención.


—Uno —informó Jung, balanceando su copa—. Su nombre artístico es Petit Ange.


Jeon sonrió ladino. ¿Pequeño ángel?


Habría preguntado su nombre real, de no ser porque toda su atención fue llevada al escenario. El telón rojo se retiró, dando por iniciado el show.


La gente aplaudió en una ovación al ver la línea de bailarines, todos recubiertos de pies a cabeza por el hermoso y característico traje de cancán. Jungkook pasó su mirada desinteresadamente por todos ellos, contando un total de diecisiete tanto hombres como mujeres.


Todos eran lindos, agraciados y esbeltos, pero... Diosa Luna, la figura celestial que adornaba el centro de la fila capturó su atención en segundos.


La distancia no le permitió detallarlo como debía, pero su alfa igual de interesado agudizó su vista al tornar sus ojos en ámbar, concediéndole una mejor visión.


Era el único omega que portaba una rosa roja en su cabello rubio, los pétalos carmín similares al tono de sus labios gruesos y brillantes. Los ojos miel del omega miraban de aquí a allá por los asientos, saludando con su cabeza a los invitados.


Por leve curiosidad Jungkook observó su fino cuello. Una gargantilla negra cubría los alrededores, pero además de eso estaba limpio e intacto de alguna marca. A Jeon le gustó a como le extrañó ese hecho... ¿Alguien tan precioso como él aún no estaba marcado?


Las manos cubiertas por guantes de encaje alzaron un pliegue de su falda al terminar la ovación, instalándose el silencio cuando la orquesta empezó a prepararse.


Jungkook detalló sus largas piernas recubiertas de mallas hasta sus muslos y dos listones rojos encima. Su vestuario carmín tenía la cola rebosante de pliegues hasta tocar el suelo, mientras que el frente era corto para su objetivo de baile. Sus tacones negros y bajos estaban amarrados con pequeñas tiras de seguridad, y para terminar, su pecho y cintura eran apretados por un precioso corsé que dejaba sus hombros y clavículas al deguste visual del público.


No le sorprendió en lo más mínimo que vistiera femenino, los bailarines omegas llevaban este tipo de vestimentas en sus shows. Con la industria textil tomando fuerza, era normal ver omegas varones con vestidos pomposos, tacones o incluso con cabellos largos, fuera o dentro del espectáculo.


No, no fue su ropa lo que llamó su atención. Para Jeon, fue la belleza de ese omega, incluso por su posición y leves movimientos mientras se preparaba, transmitía un aura etérea.


En algún momento de su apreciación privada, el omega rubio pareció percatarse de su mirada y elevó sus ojos hacia arriba, encontrándolo. Jungkook no supo dicernir si el pequeño pinchazo de calor en su pecho fue su parte alfa o su parte humana, pero ambos estuvieron de acuerdo en algo: necesitaban saber quién era.


Diferentes compositores mundiales ofrecieron sus canciones para ser interpretadas en este lugar, así que no se sorprendió cuando la pieza de Jacques Offenbach's llamada "Cancán" empezó a ser tocada por la orquesta.


Y con ella, el baile inició.


De inmediato, los movimientos rápidos de los bailarines mostraron la coreografía; Los levantamientos de piernas iban con el sonar de los platillos, cada ¡zas! coordinaba al son de un paso rápido, las flautas solo apuntaron más hiperactividad al baile. Era una canción movida, sin dar tiempo a detenerse cuando giraban entre sí, cambiaban de posición y continuaban la coreografía.


El omega celestial retrocedió sus pasos sin voltear y todos los demás tomaron posición adelante hasta formar una V, sin detener los movimientos de piernas. Era enérgico, tan enérgico que se ensimismó en verlos, en ver tan increíble danza que no les hacía perder su gracia, estilo ni glamour.


Lo más maravilloso era notar la sonrisa del omega al levantar sus pliegues aquí y allá, saltar, dar vueltas y colocarse de puntillas algunas veces.


La canción finalizó con leves golpes de platillos y flauta, dando un espacio para que los bailarines fueran aplaudidos por el público. Jungkook se sorprendió a sí mismo aplaudiendo, más conforme de lo que estaba dispuesto a admitir.


Notó al lindo omega recoger un sombrero que fue lanzado por un alfa con la punta de su pie, tomándolo y después entregándolo devuelta. El chico estaba sonriendo mientras respiraba agitadamente.


Nunca esperó ser cautivado por la belleza de un omega. Han existido anteriores que le han parecido lindos o atractivos, pero nadie lo ha capturado como ese de vestido rojo, tacones y cabello en ondas rubias.


—Son muy talentosos —comentó en voz baja.


—Lo son. —Fue lo único que acotó Hoseok a la pequeña conversación.El grupo de bailarines retomó posición en el escenario, firmes al momento en que "Les Toréadors" dió inicio a su segundo baile.


El público mantuvo su atención en el escenario, las figuras agraciadas movían las faldas y daban piruetas por todo el lugar. Cuando el ritmo se tornó lento, los omegas formaron una línea y entrelazaron sus brazos al agarrar las cinturas a su izquierda y derecha, para después alzar sus piernas de un lado a otro.


El vistazo fue más que claro, nada fugaz.


Jungkook no esperaba un movimiento tan seductor, mucho menos que aquellos iris miel lo enfocaran al hacerlo. El omega le sonrió levemente y volvió al ritmo rápido impuesto por la orquesta.


¿Desde hace cuánto tiempo lo llevaba observando?


Se sintió un poco avergonzado, pero vamos, justamente este era el objetivo de esos bailes. Se consoló con ese pensar.


Parpadeó dos veces para salir del transe y sacar la duda que le carcomía la cabeza.


—¿Quién es el rubio con una rosa roja en el cabello?


Hoseok se mantuvo en silencio, sin creer que el duque Jeon Jungkook, quién repelió a los omegas por su insoportable olor y actitud desde su nacimiento, ahora estuviera interesado en uno de ellos, en un bailarín de cancán.


—Se llama V. —Miró al mencionado tomar un pliegue de su falda y alzarlo en el escenario—. Afortunadamente para ti, ninguno de mis familiares ni amigos lo tiene de consorte, es solo un bailarín.


Jungkook alzó una ceja.


—¿Les permiten elegir?


—¿Qué crees que somos Jeon?— preguntó ofendido—. Si tenemos consortes es porque existe un acuerdo entre ambos, no los obligamos.


Jeon le miró con escepticismo, pero era bueno saber que aquel omega estuviera libre, no le gustaría pelear por él.


Espera.


¿Pelear por él?


El baile finalizó y el sonido de los aplausos inundó el auditorio. Jeon se concentró en observar al hermoso omega que sonreía y saludaba con sus manos a todos los invitados. Se sintió extraño con sus propios pensamientos y repentinos intereses, parecieron tan mágicos como potenciales.


"Omega."


Retuvo un estremecimiento y dejó de observarlo. Lo estaba imaginando.Su aroma a preocupación llegó hasta el olfato de Hoseok y se giró hacia él.


—¿Estás bien?


El castaño asintió suavemente, inhalando profundo y buscando al bailarín que le instaló esa sensación, encontrándolo paseando por los alrededores.


Tan conforme como extraño, salió de su lugar y se despidió del príncipe Hoseok, excusándose con no sentirse bien pero asegurándole que disfrutó su invitación.


Jung no lo retuvo, se daba una idea de lo que estaba pensando.


Jungkook no estaba acostumbrado a ser deslumbrado por un omega, siquiera a sentir atracción. El príncipe sabía más que nadie lo desinteresado que era con los omegas, pero para todo existe una primera vez.


Cuando salió del lugar fue llevado a su mansión apenas ingresó al carruaje. Ahora, con un poco de distancia, Jeon se permitió pensar claramente y llenar sus pulmones del frío aire de la noche. Ese susurro en su cabeza no fue su imaginación, mucho menos la sensación de su pecho.Y él volverá para comprobarlo.



─𐇵─



"Omega."


El mismo pensamiento en su cabeza y el mismo tirón sacudió su pecho en la siguiente función. Jungkook había llegado a la conclusión de que su lobo quedó embelesado por el omega, y sin admitirlo aún... él también.


Ahora mismo se encontraba observando a V danzar. Sin embargo, está función fue distinta, pues era ballet.


El escenario portaba una sola figura envuelta en tul, plumas y encaje blanco, sus movimientos agraciados eran dados por sus pies con zapatillas rosas. El bailarín V danzaba sin más compañía que su delicadeza, siguiendo los sonidos del arpa, piano y violín de una manera tan suave como profesional.


El príncipe Hoseok no asistió ese día, Jeon vino por su propia cuenta luego de esperar una semana hasta la siguiente función. No le molestaron las noticias que salieron en el periódico el primer día, se había acostumbrado a ser el foco de atención desde hace mucho tiempo. Ahora lo único que le importaba era descubrir por qué todos sus sentidos se anclaban al omega, de dónde proviene este... interés.


Sin movimientos vacíos ni pausas, la danza del omega resumía la delicadeza etérea del ballet, tomando su misma belleza y exteriorizandola en talento. Esa preciosa criatura rubia arrancaba el aliento y su aliento junto a ellos, enamoraba con su esplendor, con su baile, con su existencia febril y viva.


Era algo increíble de verdad, tal vez por eso estaba dando una función en solitario. Los encargados de las funciones debían confiar ciegamente en el talento de V para darle números en solitario, era un talento bastante inusual y muy bien mostrado.


Por otra parte, Taehyung estaba dando su mayor esfuerzo por haberlo perfecto, pues sabía que una vez más él estaba aquí, un depredador de traje elegante observando cautelosamente desde su sitio.


Taehyung mentiría si dijera que no sentía ni el mínimo cosquilleo debido a su atención. La primera vez que lo observó, Kim fue sorprendido por la apariencia joven y apuesta del duque cual escultura agraciada de temple firme: sin cambiar sus expresiones faciales, sin dejar a la vista sus pensamientos.


Y eso fue tan atractivo para él.


Jimin le escuchó esa misma noche después de la función, y mientras se expresaba del duque Jeon, se dió cuenta de que le atrajo de una forma irremediable. Era tonto y fantasioso imaginar una posibilidad con un duque, pero... él ha vuelto, y parece interesado en verle una vez más. Así que aunque su posición de omega le impida dar el primer paso Taehyung lo atraerá con su danza, lo suficiente para medir sus oportunidades.


Dió un último giro de zapatillas en su lugar y bajó ambas manos, extendiéndolas a sus costados para reverenciar al público. Los aplausos no tardaron en resonar.


Hubo otra función después de esa, un número de Cancán en el cual también participó, y cuando terminaron las funciones Taehyung se encontraba algo agotado, pero aún así no se privó de socializar un poco con los invitados.


El cabaret no era únicamente un anfiteatro, abajo habían mesas donde algunas personas podían conversar entre sí y tomar algo luego de los bailes. Al omega rubio le gustaba pasear por allí y saludar sin más intenciones que esas.


Con su garganta casi quemando, Taehyung tomó un vaso de agua de una bandeja y agradeció al camarero mientras conversaba con una condesa, pero su interés en socializar no duró demasiado cuando una voz tan extraña como conocida le susurró cerca de su oído, dejándolo estático.


"Ven aquí."


Taehyung parpadeó con confusión y observó la dirección donde se supone que habían susurrado, pero no había nadie. No, no fue externo, fue una voz dentro de su cabeza. ¿Se estaba volviendo loco?


Se tomó un tiempo para calmarse y pensó seriamente si el agua contenía alguna droga, pero descartó la idea. Excusándose con la mujer, tomó algo de distancia de la aglomeración. Jimin llegó hasta él al verlo apoyado en una columna de piedra, sin moverse.


—Tae. ¿Qué sucede?, ¿por qué estás aquí?


—Estoy cansado. —Sacó un abanico de los pliegues traseros de su falda, dándose aire en sus mejillas acaloradas. Le entregó una mínima sonrisa—. No te preocupes por mí, ve a divertirte.


Jimin lo miró con su ceño fruncido, acercándose para susurrar.


—¿Acaso estás en...?


Taehyung se tornó rosa.


—No Minnie, no es eso. Bailé dos veces hoy y estoy agotado —dijo de forma segura. Sabía que no era su celo, no podía ser.


Aún así, Jimin no parecía muy convencido por esa excusa.


—¿Quieres que te acompañe a tu habitación?


El rubio negó, mordiéndose el labio.


—No puedo irme aún, yo... —Se silenció, mirando detrás de Jimin a un hombre en específico.


Curioso, el castaño miró detrás de ellos, encontrando al causante.


Un apuesto alfa con cabellera castaña, piel pálida, mentón en su palma enguantada y de hermoso traje negro era el objetivo. La mirada ámbar del duque erizó la piel de Taehyung al conectarse, haciéndole estremecerse.


Era muy atractivo, sin exageración alguna Taehyung podía decir que era el alfa más apuesto que había visto, su lobo parecía estar muy de acuerdo.


—¿Jeon? —El asombro no tuvo disimulo en las palabras de Jimin—. ¿Que vas a..?


—Hablar, necesito hablar con él. —Tragó secamente y entonces recordó que tenía un vaso de agua, así que terminó de beberlo.


—¿Y estás seguro de hablar con él Tae? No creo mucho en chismes, pero es algo...


—Intimidante. —Asintió, mordiendo su labio mientras también lo pensaba—. Lo sé, pero creo que estaré bien... Es decir, no percibo ningún aura extraña, y sabes que soy bueno en eso. —Una pequeña sonrisa estiró sus rosados labios, encogiendo sus hombros—. Si ocurre algo puedo defenderme, sabes que no soy débil.


No, quién estuviera involucrado en el baile no era precisamente "débil." Se necesitaba una condición física excelente y además, han sido entrenados con autodefensa para cualquier situación.


Jimin cedió únicamente porque sabía que Taehyung era el omega más fuerte que conocía, no dudaba de sus habilidades.


—Bien, entonces ve con cuidado —dijo, agregando de forma pícara—: Después me cuentas qué sucedió.


Taehyung sonrió con gracia, empujándolo del hombro.


—Chismoso.


Después de eso, miró a Jimin desaparecerse por el salón en busca de compañía omega. Jimin no coqueteaba con nadie más que el príncipe Jung. Los demás alfas sabían que era un consorte exclusivo, así que siquiera intentaban acercarse a él. La protección de la realeza podía ser un buen arma si saben usarla.


Y hablando de la realeza.


La vista del rubio se movió hasta los asientos reales, encontrando la mirada del duque ya fija en él. Un pequeño pinchazo sacudió su pecho apretado por el corsé cuando escuchó esa gruesa voz de nuevo.


"Ven."


Taehyung apretó el abanico en sus manos, luchando ante la sensación de ir adelante para subir las escaleras. No podía decirle a Jimin la verdadera razón por la que quería hablar con Jeon. Necesitaba confirmarlo primero, confirmar si esta sensación extraña en su pecho y más extraño aún, esa voz en su cabeza.


Tenía sus sospechas, pero era mejor confirmarlas.


Pero antes debía atraerlo. Entrar en esa área era más que prohibido, ningún plebeyo podía pisar los lugares donde los más poderosos alfas y omegas se situaban. Siquiera debería estar mirando directamente los ojos de Jeon, pero se sintió inmovilizado en su lugar por la fuerza de esos ojos ambarinos.


"Ven aquí, ahora."


—No puedo... —susurró, esperando que aquel alfa lo captara y bajase por su cuenta. Podía ser despedido si se atrevía a romper la etiqueta.


Asi que en contra de todos sus deseos por obedecerle, hizo otra táctica: Las ondeantes pupilas rosas de su lobo se vislumbraron en su rostro, surgiendo junto a una leve sonrisa. Fue la señal que Jungkook necesitó para actuar.


El alfa se levantó de su asiento, sorprendiendo al camarero que rellenaba su copa. —Iré al baño —anunció sin esperar respuesta, desapareciendo por las escaleras.



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Taehyung se adentró al camerino con un gran rubor en sus mejillas. No sabía qué le estaba pasando, pero podía darse una idea de lo que continuaba, Jungkook vendría.


Fue directamente al espejo y tomó una servilleta de tela, quitándose el sudor en su rostro. Al mirarse, notó pequeños vestigios del color rosa en sus orbes.


Parpadeó un par de veces y se acercó a su reflejo, soltando una exhalación cuando se dió cuenta que no alucinaba, realmente su lobo se estaba manifestando ahora mismo.


Antes de decidir qué hacer con esa información, su nariz registró algo, alguien estaba acercándose.


Observándose otra vez en el espejo tomó una decisión apresurada. Llevó su vista al frasco de vidrio en la vanidad, un neutralizador. No necesitaba usarlo, su lobo podía bloquear su olor ante un alfa si este era una amenaza, pero Jeon Jungkook es producto de un linaje puro y fuerte, los rumores de su actitud despiadada solo le adentraron más inseguridad.


Mordió su labio en lo que extendía sus manos hasta el frasco, apretándolo en sus dedos. Otro vistazo de sus ojos en el espejo fue suficiente para destaparlo y echar un par de gotas en el vaso de agua.


Bebió el contenido.


Continuó limpiando su rostro con un pañuelo empapado del líquido. Lo frotó en sus glándulas aromáticas con delicadeza, tratando de controlar su estado al olerlo mucho más cerca.


Si estos eran los síntomas de una conexión... él debía averiguarlo.