Růže
Bar Růže [10 P.M]
Las fiestas, esas fechas donde lo único que importa es comer hasta reventar, tomar y disfrutar con los seres queridos.
Pero ¿Y si ya no te queda nadie? ¿Si, estas solo en este aburrido y destruido mundo?
Su vista viajo de la pinta de cerveza fría frente a él, al exterior, con la cara recargada en su mano, el pelo largo cayendo sobre la mitad de su rsotro y una mirada nostálgica, jurando ver a dos chicos castaños correr en la nieve, empujándose y disfrutando de la compañía que se brindaban mutuamente, con el sol en sus caras, escuchando las risas y gritos algo agudos cuando las bolas de nieve impactaban en sus caras, las dulces carcajadas...
Los gritos...
“Adrian”
“¡Atrápame!”
“CUIDADO”
Los sonidos de desesperanza, el murmullo de la gente, la caída del hacha, la sangre, su cabeza rodar por la blanca nieve, manchándola de un tono carmín, su... su última expresión... de pánico... d-de...
“¡UGH!”
Apretó el vaso, negando repetidas veces, volteando a la ventana nuevamente, pero ahí afuera sólo había oscuridad, la luna tapada con las nubes, la aguanieve cayendo sin piedad, junto al granizo, tornando el ambiente más frío y deprimente.
Un suspiro salió de sus labios, mientras apretaba entre sus blanquecinas manos el vaso con cerveza, jugó con la pluma encima de su libreta, se suponía que estaba ahí para terminar un trabajo de la universidad mientras tomaba algo, pero sólo recordaba todo su melodramático y deprimente pasado sin cesar.
-No la has tocado ¿Seguro que no quieres un café?, se va a calentar
Un pelinegro de sonrisa amable y poca mota de bartender se paraba frente a él
Aquino negó sin quitar la mirada de esos llamativos ojos lila que veía de refilón de vez en vez
- ¿No deberías estar tras la barra?
Una pequeña sonrisa burlona se apareció por su cara, con los ojos dulces y risueños que cautivaban al pelinegro
-Acabo de terminar mi turno
Contestó quitándose el saco del uniforme quedando en una camisa de manga corta color gris, pegada, dejando a la vista su marcado cuerpo.
Se sentó frente a él
- ¿Cómo vas con el resumen?
Le saco plática, aprovechando que por fin había tenido una pequeña oportunidad para hablar con el castaño de ojos miel que frecuentaba ese lugar, nieto del dueño.
Otro suspiro, pero esta vez de cansancio salió de su boca
-Es un ensayo, y llevo una mierda
Dijo con la mirada brillante y una mueca de inconformidad
A lo lejos su abuelo quien no perdía detalle de la plática intervino
- ¡AQUNO CHATZIS VOCABULARIO!
Las carcajadas de los trabajadores y de alguno que otro comensal de confianza no se hicieron esperar, causando que Aquino se encogiera en su lugar dentro de ese gabinete con las mejillas encendidas en rojo, hasta las orejas.
Duxo río sintiendo un pequeño calor en su pecho al verlo
Aquino abrió la boca para contestar, pero nada salió de sus labios, la pena era inmensa. Jalo los cordones blancos de su hoodie negro hacia abajo cerrando la capucha, con notable irritación por la vergüenza, y un puchero en sus labios.
“Por dios es demasiado tierno”
-Viejo y con buena audición
Se burló Duxo
-Ni que lo digas
-Y bien... ¿De qué es el ensayo?
- ¿Mgh?
Aquino se había perdido en aquellos orbes lilas que brillaban más que la luna en esos momentos.
- ¡Ah! D-de esto... ah... l-literatura
Si Aquino definiera la risa del chico de él, no sería “hermosa” como esos típicos libros de cliché que la hermana de Adrian tanto le gustaba prestarle, no, sería como única y curiosa, algo infantil, pero ¿Quién lo culpa de reírse como una pequeña foca?
Le parece sumamente adorable, tanto que su sonrojo se aumenta, ha notado su torpeza y se golpea mentalmente al haber tartamudeado y ponerse nervioso.
Una sonrisa boba se instala en su cara, sin dejar se apreciar al chico de piel caramelo frente a él.
Duxo lo nota, nota su sonrojo, nota su tierna sonrisa, la vergüenza en sus ojos, y esa chispa de felicidad en sus amielados orbes, sus labios carnosos le invitan a probarlos, a sentirlos y morderlos, se relame los labios pensando en obscenidades hasta que Aquino le nota pensante.
- ¿Pasa algo?
-No nada ¿Por qué?
-Te quedaste callado
-Ah, sí, perdón, estaba pensando
- ¿Piensas?
Expresó con burla y los ojos levemente abiertos de más en modo de asombro
Duxo soltó una carcajada sarcástica y en su tono se escuchaba algo ofendido.
-Ja, Ja, que gracia me hace tu chiste.
-Lo sé
Le sonrió con picardía, Duxo contraataco robándole la pinta que empezaba a sudar por la perdida de frío, mostrándole la lengua de una forma un tanto infantil
- ¡OYE!
El pelinegro estaba ahí para divertirle un rato y claro que no le molesto, el bar se vaciaba rápidamente y solo quedaban ellos entre copas y tarros de cerveza, con los ánimos por los cielos y hablando de cualquier cosa absurda que se cruzara por sus mentes.
El abuelo no había visto a su nieto tan feliz tras la muerte de Adrian hace ya 15 años, y estaba agradecido con aquel bartender, sólo que nunca lo mencionaría en voz alta.
Llegan a ese punto donde las penas no se resisten, donde el dolor amargo de las perdidas se mantiene en boca y pecho, donde el dolor se clava como una estaca al corazón.
¿A quién le interesa la historia que tanto le duele?
A Duxo le interesa, pero Aquino no tiene el valor para decirlo, sólo prefiere cambiar de tema, arrugando el borde de su falda tableada de a cuadros rojos y negros, con el maquillaje un poco corrido, pero una sonrisita sincera que derrite el corazón al pelinegro.
-¿Me acompañarías al salir del bar?
Duxo asiente, complacido.
-.-.-.-
Departamento de Aquino [1:30 A.M.]
Estaban ambos, sentandos en un sillón del pent-house del castaño, viendo a la nada, pensando en todo, hace media hora que habían llegado al lugar entre risas por petición del castaño quien había invitado a Duxo a quedarse.
Y tal vez hacer alguna cosa más~
Se miraron a los ojos, esperando algun movimiento del otro, alguna señal, pero solo se perdieron en el reflejo de ellos mismos en los ojos contrarios, ajenos a cualquier cosa, sientiendo el corazón palpitarles con fuerza y fiereza, sintiendo la temperatura subir.
Que extraño...
Sienten la necesidad de estar con el otro, pegados, sintiendose, tocándose, pasando calor el uno al otro, y no estan borrachos, estan concientes, pero quieren algo más, se dan cuenta que necesitan algo más, y no se van a negar.
La pelea de miradas perdura durante un buen rato, cuando la lluvia para y la nieve cae, adornando los suelos de blanco, llenando el ambiente de melancolía de un momento a otro, Aquino deja de ver la cara contraria, deja de ver todo lo que hay al rededor, sólo ve negro y el dolor le muestra de nueva cuenta aquel recuerdo de sus cinco años que cada Diciembre le lastima, que cada 3 de Diciembre le reprocha en la cara ser un asesino, un descuidado.
Un abrazo le hace abrir los ojos, con las lágrimas en sus mejillas y el rímel en esas gruesas gotas negras saladas.
-No llores, eres demasiado hermoso para llorar
Su corazón se estrujaba al escucharlo sollozar, al verlo así , y la curiosidad le gana, quiere saber porque esa bella criatura llora.
Sintiendo como estrujaba su camisa, como la apretaba y se pegaba más a él, acariciando su espalda baja expuesta por el hoodie, recorriendo la mitad de esta con el dedo, causándole escalofríos al castaño.
-No soy hermoso
Reclama en un susurro
-Tienes razón, no lo eres
Un golpe suave sin fuerzas le da en el hombro haciendole reír levemente
-Eres tierno, precioso, una pequeña diva y un terrón de azúcar er-
Lo calló con un beso, no le iba a contar su historia, y tampoco importaba en esos momentos.
Se paró del sillón sin dejar de besarle, se sentía tan bien, y tan gratificante, que nada pasaba por su cabeza, parando a Duxo con él. El beso era suave y delicado, tierno en pocas palabras, era dulce y los disfrutaban, movían sus labios al compás, se unían como si hubieran sido hechos a la medida para el otro.
Llevó sus manos a la nuca de Duxo, enredando sus dedos en sus negros cabellos, punteando [porque aquí mi Aquino trapito es más bajo] para poder alcanzarlo, sintiendo como el mayor lo pega más a él, pasando sus brazos por su cadera.
Un chasquido se escuchó cuando separaron sus labios, con un hilo de saliva juntándo sus labios y las respiraciones agitadas.
Sus ojos brillaban, sus labios también al momento de pasar la lengua sobre ellos, rojos e hinchados, ¿Para qué hablar? No vale la pena gastar palabras.
Se volvieron a besar, con dulzura y cariño, abrazados, con los ojos cerrados, y las respiraciones cortadas, duxo paseaba sus manos por toda la figura de Aquino, marcándola, como si lo quisiera grabarselo en su cabeza, aquella -para él- perfección de persona, el beso al igual que las caricas subían la temperatura del ambiente, contrarrestando el frío, algunos suspiros salían de la boca de Aquino entre el beso, Duxo paso su lengua por los dulces labios de Aquino, pidiendo permiso para entrar, transformandolo en algo salvaje y lejos de ser inocente.
El peliengro pasaba sus manos por los muslos del chico con quien se besaba de manera bruca, sintiendo sus gordos muslos, masajeándolos, apretándolos, Aquino suspiraba y sentía como un bulto se restregaba en su abdomen bajo, excitándolo, la falta de aire se presentaba y se separaban busacándolo, jeadeando.
-Mgh~
Un gemido salió de su ya no virgen boca, Duxo apretaba sin descaro sus glúteos con una mirada lasciva.
Volvió a atacar sus labios desabrochando y quitando la falda tableada de a cuadros rojos y negros, aventándola por cualquier parte de la sala, Aquino fue alzado para que enredara sus piernas en la cintura de Duxo, saboreando los labios con sabor miel, una y otra vez, caminando con torpeza hacia la recámara del menor, chocaban con algunos muebles y una que otra cosa, pero no les importaba en lo absoluto, en esos momentos sólo eran ellos, dos, entregándose en placer y lujuria, sin dejarse de besar, de probar y devorar los labios contrarios, con el sabor de la miel y la cerveza negra combinándose.
A mitad del camino la ropa había ido desapareciendo, quedando regada por todo el pasillo del departamento, Aquino ya recostado en la cama pasaba sus manos por el marcado abdomen de Duxo, mirándolo con fascinación, sin pena alguna, disfrutando de los besos y lamidas que el pelinegro dejaba en su cuello y parte de su pecho, sus besos y lamidas bajaron hacia el desnudo pecho del chico debajo de él, saboreando cada rincón de este, disfrutando de las expresiones de Aquino, hasta llegar a sus pezones, lamió el derecho primero, jugando con su mano con el otro, los jadeos y gemidos se hicieron presentes, y eso le encantaba, los succionaba y jalaba, los mordía sin fuerza hasta dejarlos por completo rojos, como unas pequeñas cerezas dulces. Cuando termino con su trabajo comenzó a masturbar al castaño a la vez que le ponía tres dedos enfrente, Aquino no entendió, solo gemía.
- ¿Qu...? Ah~ ¿Qué?
Preguntaba entre gemidos ahogados, Duxo soltó una risita, avergonzándolo
-Lámelos
Demandó, Aquino acató su orden, lamiendo los tres dedos con notable vergüenza y algo extrañado, interrumpiendo su labor por momentos al gemir de manera ahogada por la atención que el azabache le daba a su miembro erecto y con presemen.
-Creo que así están bien
Su voz era ronca, cosa que erizo a Aquino, Duxo lo beso de improvisto al mismo tiempo que metía el primer dedo dentro de aquel pequeño aro que lo apretaba con fuerza, sintiendo tensarse a Aquino, con su otra mano libre, acariciaba desde la pantorrilla con la calceta negra puesta hasta los muslos, tratando de relajarlo, un segundo dedo entro cuando al separarse del beso Aquino soltó un jadeo, ¿Le dolía? Sí, y como el demonio; el tercer dedo entro sacándole un grito, Duxo murmuró un pequeño “perdón”, sin dejar de embestir con sus dedos la entrada de Aquino que se expandía, pero aún le apretaba, húmeda.
Lo puso bocabajo, sin sacar sus dedos, pegando su torso desnudo a la cama, dejando su trasero al aire, con una perfecta vista para Duxo, escuchando los dulces gemidos de Aquino, quien ya se había acostumbrado a los intrusos en su parte trasera, moviendo sus caderas en busca de un poco más de placer, provocándolo de manera inconsciente, se quitó la última prenda que lo alejaba de la desnudez, dejando expuesto su miembro con una erección que sin duda necesitaba ser atendida, sacó sus dedos recibiendo un quejido de parte de Aquino, y antes de que ese estrecho aro se cerrara entro de una estocada, ganándose un grito de dolor y unas cuantas lágrimas de parte del castaño.
- ¿Qué te pasa imbécil?
-A ya, perdón, si eres un delicado
-Delicada tu abue... ah~
Duxo se había movido callando al castaño de ojos miel, quien recibió de buena manera las estocadas que el pelinegro le proporcionaba, empezando con un vaivén lento y tortuoso para ambos, subiendo más -si es posible- la temperatura de la habitación, empañando los espejos del tocador y las ventanas.
Gruñidos y algunos gemidos roncos salían de la boca de Duxo quien comenzaba a aumentar la velocidad de sus embestidas, escuchando el choque de pieles, y lo gemidos altos que soltaba Aquino, quien con los ojos cerrados se aferraba a las sábanas rosa pastel, una capa fina de sudor cubría ambos cuerpos.
Se sentían tan bien, se sentían completos, y más cuando Duxo tocó aquel punto que hacía delirar al menor, sintiendo una corriente eléctrica en su ser, ya no valía la pena callarse, ya no importaba si despertaban a los vecinos de las plantas inferiores, sólo eran ellos, juntos.
¿Cuántas horas duraron? ¿Dos? ¿Tres? No les importaba, si fuera por ellos, ni dormirían.
Aquino se corrió por quinta vez, entre ambos torsos desnudos, dejando que Duxo lo moviera, sentados frente a frente, montándolo.
-Yo... yo ya... no puedo
Sus piernas ya no daban para más, había llegado a su punto límite, Duxo lo entendió, pero no paro de penetrarlo hasta que llegó a su tan preciado orgasmo; salió de él y lo dejo recostado contra la cabecera de la cama, dejándose caer de igual forma, trataban de regular sus respiraciones, y se sentían sumamente felices.
Duxo lo acomodo entre sus brazos, acostados, era hora de dormir, ya mañana se asearían y limpiarían su desastre.
- ¿Mañana me acompañas al bar?
- ¿Para qué?
- No creerás que esto sólo fue un polvo ¿o sí?
-N... ¿No?
Aquino titubeo en su respuesta, Duxo negó algo divertido, viéndolo con cariño y dulzura para plantarle un cariñoso beso.
Tal vez esta fiestas no este solo y sólo tal vez, tenga de nuevo a alguien que lo quiera como Adrian lo quiso una vez hace 15 años.
Y agradece haberlo encontrado en el bar de su Abuelo...
En el bar Růže