I
EstΓ‘ historia me inspire en el fanfic "Por tΓ mi Rey" .
AsΓ que crΓ©ditos a LuliTan2 .
EstΓ‘ historia serΓ‘ un a continuaciΓ³n de la historia "Por tΓ Mi Rey". AsΓ que si no lo has leΓdo, anda a leerlo para que comprendas estΓ‘ nueva historia.
DΓas desolados y grises se han cernido como una niebla perpetua sobre el Reino de Camelot. Desde la partida de su amado Rey, aquel Rey noble y justo que un dΓa sostuvo la espada de la esperanza, la tierra ha cambiado. No fue una muerte, no del todo. Fue algo peor: una despedida sin retorno, una promesa rota entre el cielo y la tierra. El Rey no cayΓ³ en batalla, ni su cuerpo fue hallado entre los escombros de la guerra. Simplemente... volviΓ³ a su mundo. A ese otro mundo del que, quizΓ‘s, jamΓ‘s debiΓ³ salir.
Y con su partida, todo se quebrΓ³.
Lancelot, el caballero mΓ‘s leal y valeroso del reino, fue el mΓ‘s golpeado por aquella pΓ©rdida. Se dice que aquella noche, cuando el Rey se dirigΓa a la alcoba de su amado entre la bruma de la oscuridad, fue absorbido por un portal, Lancelot cayΓ³ de rodillas y no volviΓ³ a levantarse como antes. Ya no era el mismo. Su fuerza se volviΓ³ peso, su valentΓa se convirtiΓ³ en carga, y su corazΓ³n -ese corazΓ³n que una vez latiΓ³ por amor y lealtad- se ahogΓ³ en el mΓ‘s profundo de los silencios.
Enclaustrado en su alcoba, Lancelot dejΓ³ de existir para el mundo. IgnorΓ³ los llamados de sus vasallos, el llanto de su pueblo, y peor aΓΊn, el llanto de su propio hijo: Galahad.
Galahad era aΓΊn un niΓ±o cuando todo esto ocurriΓ³. Sus ojos grandes buscaban en vano una respuesta, una caricia, un abrazo. Pero su padre ya no estaba presente. VivΓa, sΓ, pero atrapado en un dolor que no dejaba espacio para mΓ‘s nada. El niΓ±o creciΓ³ con la idea de que no era querido. Que no era suficiente para despertar a su padre de su pena. Que quizΓ‘, en algΓΊn rincΓ³n de ese corazΓ³n roto, Lancelot deseaba que Γ©l tampoco hubiera estado allΓ.
Pasaron los aΓ±os. El castillo siguiΓ³ envejeciendo con Γ©l. Galahad creciΓ³, solo, alimentΓ‘ndose de historias que escuchaba en los corredores: que su padre habΓa sido el mΓ‘s grande caballero del reino. Que habΓa amado al Rey mΓ‘s que a sΓ mismo. Que habΓa jurado proteger a Camelot hasta el fin de los tiempos. Pero para Galahad... Nada de eso compensaba el vacΓo de una infancia sin amor.
Hasta que un dΓa, impulsado por la angustia y el dolor, el joven Galahad cruzΓ³ la puerta de la alcoba donde su padre se refugiaba desde hacΓa aΓ±os. El aire estaba cargado de humedad y polvo. Las cortinas, cerradas. La habitaciΓ³n, casi sin vida. Lancelot yacΓa allΓ, envuelto en sus recuerdos, como una sombra. Galahad, de pie ante Γ©l, gritΓ³ y llorΓ³.
Una chispa, quizΓ‘. Un susurro del alma. Un destello en los ojos apagados de Lancelot. El caballero, por primera vez en tanto tiempo, lo mirΓ³. Lo vio de verdad. Y en ese instante, comprendiΓ³ todo lo que habΓa perdido... y todo lo que aΓΊn podΓa recuperar.
Lancelot despertΓ³.
No de un sueΓ±o, sino de un abismo y de la muerte. AbrazΓ³ a su hijo, temblando, pidiΓ©ndole perdΓ³n sin palabras. Galahad, sorprendido, sintiΓ³ que el corazΓ³n se le quebraba. Lancelot volviΓ³ a querer. No como antes, sino como un hombre que ha renacido del dolor.
Le pidiΓ³, entonces, que partiera. No por huida, sino por destino. Que viajara con Mephisto, el maestro de Galahad, sabio en caminos y en la vida. Le dijo que viviera aventuras, que conociera el mundo, que encontrara su verdad. Y que un dΓa, cuando regresara, se sentarΓan juntos frente al fuego, y Γ©l escucharΓa cada una de sus historias con el corazΓ³n abierto.
Y asΓ, Galahad partiΓ³. Con una nueva luz en los ojos. Con un futuro por delante. Y Lancelot, aunque el vacΓo del Rey seguΓa latiendo en su pecho, encontrΓ³ un propΓ³sito nuevo: ser fuerte, no por sΓ mismo, sino por su hijo.
Lancelot fue coronado como el nuevo Rey de Camelot. No lo hizo con alegrΓa ni orgullo, sino por su hijo. Un Rey que gobierna con sabidurΓa nacida del dolor. Que camina entre los jardines como quien cuida los ΓΊltimos pΓ©talos de una flor que aΓΊn quiere florecer. Que cada noche mira al cielo, esperando ver una seΓ±al del Rey... o la silueta de su hijo regresando por el camino.
Y en ese trono solitario, donde alguna vez estuvo la gloria, habita ahora un hombre redimido, que lucha con valentΓa no por conquistas, sino por amor.
Porque comprendiΓ³ que amar al Rey no era vivir en su sombra, sino honrar su legado. Que ser padre no era ser perfecto, sino luchar por enmendar los errores.
Y asΓ, bajo los cielos nublados de Camelot, un nuevo Rey gobierna.
En un rincΓ³n apartado del vasto y antiguo reino de Camelot, lejos de las torres doradas y las historias que aΓΊn susurraban los vientos, se encontraba una casa sencilla, de madera y piedra, envuelta por la brisa templada del campo. Era un hogar humilde, pero cΓ‘lido. AllΓ vivΓa Sonic.
Sonic no era un noble ni un guerrero. No tenΓa sangre azul ni linaje conocido. Era simplemente un joven de alma fuerte, mirada sincera y espΓritu trabajador. Desde que tenΓa memoria, habΓa vivido solo en aquel hogar, cultivando la tierra, cuidando a sus animales, y sobreviviendo con lo poco que la naturaleza le ofrecΓa. El mundo le habΓa enseΓ±ado a valerse por sΓ mismo, a no esperar nada de nadie y a encontrar en lo simple la belleza de la vida.
Aquel dΓa, sin embargo, no era como los demΓ‘s. Mientras el sol se alzaba tΓmido en el cielo, Sonic estaba empacando los ΓΊltimos vegetales en su carreta, dispuesto a venderlos en los pueblos cercanos. Pero esta vez, su destino no era un mercado cualquiera. Esta vez, irΓa mΓ‘s lejos de lo habitual. IrΓa a Camelot.
-Muy bien... estos son los ΓΊltimos vegetales -dijo, secΓ‘ndose el sudor de la frente, con voz algo cansada pero satisfecha.
ColocΓ³ la ΓΊltima caja de zanahorias junto a las demΓ‘s y echΓ³ un ΓΊltimo vistazo a su hogar. Aquel campo silencioso, las montaΓ±as a lo lejos, el canto suave de los pΓ‘jaros. Todo eso formaba parte de su historia... pero ahora debΓa escribir una nueva.
-VΓ‘monos, Rof -murmurΓ³ con una sonrisa, acariciando a su viejo burro, su fiel compaΓ±ero de tantas jornadas.
El viaje fue largo. Las ruedas de la carreta chirriaban sobre los caminos de piedra y tierra. A veces lloviznaba, otras veces el sol pegaba con fuerza. Pero Sonic no se quejaba. Estaba acostumbrado a los contratiempos. El hambre, el frΓo, la soledad... eran viejos conocidos. Y sin embargo, algo en el aire le decΓa que ese dΓa no serΓa como los otros. SentΓa una inquietud en el pecho, una especie de presagio que no sabΓa nombrar.
Al fin, cuando la tarde comenzaba a caer, Sonic divisΓ³ las murallas majestuosas del legendario Reino de Camelot. Las torres se alzaban como gigantes dormidos, envueltas en niebla y misterio. El joven tragΓ³ saliva, nervioso pero curioso.
-Me esperas aquΓ, ΒΏsΓ? -le dijo a Rof, dejando la carreta cerca de la entrada del mercado.
Sonic caminΓ³ por las calles adoquinadas, fascinado por la arquitectura, por los caballeros que patrullaban con sus armaduras brillantes, y por los ciudadanos que hablaban con acentos refinados y vestΓan ropajes que jamΓ‘s habΓa visto.
Pero pronto se dio cuenta de algo extraΓ±o.
Todos lo miraban. Con ojos abiertos, con miedo... con asombro. Algunos murmuraban entre sΓ, otros se alejaban con respeto. No era desprecio, ni hostilidad. Era como si... como si lo reconocieran. Sonic frunciΓ³ el ceΓ±o.
-ΒΏQuΓ© les pasa...? -murmurΓ³ incΓ³modo.
Se sintiΓ³ fuera de lugar, observado como un intruso. AsΓ que decidiΓ³ regresar por donde habΓa venido. Pero al llegar al lugar donde habΓa dejado a Rof y la carreta... no estaban.
-ΒΏΒ‘QuΓ© demonios!? -exclamΓ³, alarmado, girando sobre sus talones.
Y entonces los vio. A lo lejos, hacia el castillo, un caballero escoltaba su carreta... Β‘con Rof incluido!
Sin pensarlo, Sonic corriΓ³ tras ellos. CruzΓ³ calles, empujΓ³ cajas, saltΓ³ charcos. Cuando llegΓ³ a la gran puerta del castillo, dos guardias la custodiaban, imponentes. Pero al verlo, sus rostros palidecieron. Se miraron entre sΓ con incredulidad... y sin decir una palabra, abrieron las puertas del castillo.
Sonic los mirΓ³ con desconfianza.
-ΒΏQuΓ© clase de guardias hacen eso? -dijo entre dientes.
EntrΓ³ al palacio. CaminΓ³ sin saber a dΓ³nde iba, perdido, buscando su carreta, a su burro, cualquier cosa que tuviera sentido. Hasta que, casi sin darse cuenta, empujΓ³ una gran puerta de roble y entrΓ³ en el corazΓ³n del castillo: la sala del trono.
AllΓ estaba Lancelot, sentado con gravedad en su trono. Sus ojos repasaban documentos antiguos, desgastados por el tiempo. A su lado se encontraban Nimue, la sabia hechicera y madre de Lancelot, y dos de los caballeros de la mesa redonda: Percival, de semblante firme, y Gawain, el mΓ‘s grande y fuerte.
Sonic dio un paso al frente, confundido, hasta que varios guardias -mΓ‘s nuevos, mΓ‘s jΓ³venes- se acercaron rΓ‘pidamente al ver al forastero.
-Β‘Eh, tΓΊ! No deberΓas estar aquΓ -dijo uno de ellos, sujetando a Sonic por el brazo.
Sonic se resistiΓ³, molesto, pero antes de que pudiera hablar, algo cambiΓ³ en la atmΓ³sfera.
Lancelot alzΓ³ la mirada.
Lo vio.
Y en ese instante, el tiempo se detuvo.
Los papeles cayeron de sus manos. Nimue lo mirΓ³, sin aliento. Percival frunciΓ³ el ceΓ±o. Gawain retrocediΓ³ un paso. Pero Lancelot... Lancelot sintiΓ³ que el mundo giraba en sentido contrario.
Porque aquel joven... ese muchacho campesino, sucio por el viaje, vestido con ropas sencillas... tenΓa el rostro del Rey que un dΓa amΓ³ con todo su ser.
Pero no era Γ©l. No podΓa ser Γ©l.
ΒΏO sΓ?
Lancelot se levantΓ³ lentamente. Cada paso hacia Sonic era una puΓ±alada de recuerdos. Cada latido de su corazΓ³n resonaba con el eco de lo que una vez fue: las risas compartidas en los pasillos, las noches de batalla y de silencios bajo las estrellas. El dolor de su partida. El vacΓo. La caΓda.
Y ahora... esto.
Frente a Γ©l, Sonic lo miraba sin entender nada. No lo conocΓa. No sabΓa por quΓ© lo observaban como si fuera un fantasma. Pero Lancelot lo veΓa. No al campesino. No al forastero.
Lo veΓa a Γ©l.
Y al llegar frente a Γ©l, sus miradas se cruzaron.
Y aunque no se dijeron una sola palabra......el alma de Lancelot volviΓ³ a arder.
El silencio era espeso, casi tangible, mientras Sonic y Lancelot seguΓan mirΓ‘ndose fijamente, como si sus almas se reconocieran en medio de la confusiΓ³n. Ninguno de los dos dijo nada al principio. El salΓ³n real, tan acostumbrado al estruendo de decisiones polΓticas y estrategias de guerra, ahora guardaba un respetuoso mutismo ante aquel encuentro que parecΓa mΓ‘s una apariciΓ³n que una coincidencia.
Sonic, algo incΓ³modo, desviΓ³ la mirada primero.
-Ah... disculpe por entrar asΓ al castillo -comenzΓ³, con voz baja pero firme, frotΓ‘ndose la nuca-. La verdad es que unos caballeros se llevaron mi carreta llena de verduras y... bueno, solo la estaba buscando.
Lancelot no respondiΓ³. Sus ojos, oscuros como la noche en que el Rey se fue, lo observaban con una intensidad difΓcil de soportar. No era ira, ni sospecha, ni siquiera duda. Era anhelo. Una nostalgia que no cabΓa en palabras. Un dolor envuelto en esperanza.
-Por lo que siento y veo -intervino Nimue, rompiendo el momento con voz pausada-, no eres de por aquΓ, ΒΏverdad?
Sonic negΓ³ suavemente con la cabeza.
-En realidad no. Vengo de muy lejos, tengo una pequeΓ±a granja al otro lado de las montaΓ±as. Nunca habΓa estado en Camelot. Vine para vender mis vegetales... eso es todo.
-ΒΏEntonces eres un campesino? -preguntΓ³ Nimue con curiosidad.
-SΓ, de hecho... -respondiΓ³ Sonic, y de inmediato levantΓ³ la vista, algo mΓ‘s serio-. Pero... ΒΏpuedo hacer una pregunta?
Lancelot apretΓ³ levemente los puΓ±os. Aquel tono en la voz de Sonic, aunque mundano, tenΓa una musicalidad tan parecida a la de su Rey que le dolΓa en los huesos.
-Por supuesto -dijo Nimue, mirΓ‘ndolo con un brillo sabio y misterioso en los ojos.
Sonic se cruzΓ³ de brazos y mirΓ³ hacia la gran sala.
-ΒΏPor quΓ© todos me miran como si fuera un fantasma?
Nimue soltΓ³ una risa suave, cargada de melancolΓa.
-Es... complicado de explicar.
Sonic arqueΓ³ una ceja, molesto pero resignado. A su alrededor, Percival y Gawain aΓΊn lo observaban con recelo, como si en cualquier momento fuera a revelar que todo habΓa sido una farsa. En sus corazones, ambos caballeros habΓan sentido esa punzada de esperanza: ΒΏY si...? Pero no. Γl no era su Rey. Lo sabΓan. Lo sentΓan. Y, sin embargo, no podΓan apartar la vista.
Y entonces, como si el aire se quebrara con un suspiro antiguo, una figura brillante emergiΓ³ de la nada. Flotaba con elegancia, recortada por la luz que caΓa desde los ventanales altos. Era una espada.
Pero no una espada cualquiera.
Era Excalibur.
-Eres un desvergonzado -rugiΓ³ la voz etΓ©rea y cortante de la espada-. ΒΏCΓ³mo te atreves a volver? ΒΏA presentarte aquΓ con ese rostro?
Sonic dio un paso atrΓ‘s, atΓ³nito.
-ΒΏVolver? -preguntΓ³, genuinamente confundido-. ΒΏDe quΓ© estΓ‘s hablando?
La espada centelleΓ³ con furia. Pero antes de que pudiera continuar, Lancelot hablΓ³.
-Excalibur, basta -ordenΓ³ con una firmeza que helΓ³ el aire.
La espada titilΓ³ unos segundos mΓ‘s, como si dudara en obedecer, pero finalmente retrocediΓ³, quedando suspendida en el aire, silente.
Sonic sintiΓ³ un extraΓ±o escalofrΓo recorrerle la espalda. Y al oΓr la voz de Lancelot, por alguna razΓ³n que no podΓa explicar... su corazΓ³n palpitΓ³ con mΓ‘s fuerza.
No era miedo. Era... una conexiΓ³n inexplicable.
-Eh... bueno, si no es mucha molestia -dijo Sonic, rompiendo la tensiΓ³n-, ΒΏpodrΓan devolverme mis cosas? Mi carreta, mi burro... Solo quiero irme.
Lancelot bajΓ³ ligeramente la cabeza, frustrado. Aquello le dolΓa. No porque Sonic quisiera marcharse. Sino porque todo su ser le rogaba que no lo dejara ir... aunque Γ©l no tenΓa ningΓΊn derecho a retenerlo. Porque ese joven no era su Rey. No era Γ©l. Solo un eco... un reflejo dolorosamente perfecto.
Y sin embargo...
-No es necesario que te vayas -dijo finalmente, con la voz mΓ‘s suave que habΓa pronunciado en aΓ±os-. Puedes quedarte esta noche. Descansa de tu viaje. Tus pertenencias serΓ‘n llevadas a tu alcoba... personalmente me asegurarΓ© de ello.
Sonic dudΓ³. Por dentro, sentΓa que todo esto estaba sobrepasando lo que un simple vendedor de verduras debΓa enfrentar. Pero estaba cansado. Y algo en la mirada de Lancelot... algo cΓ‘lido y roto a la vez... lo hizo ceder.
-EstΓ‘ bien -susurrΓ³.
Antes de que pudiera aΓ±adir algo mΓ‘s, varios sirvientes entraron y lo escoltaron por los pasillos del castillo.
Lancelot lo siguiΓ³ con la mirada hasta que desapareciΓ³ tras una de las columnas.
Nimue se acercΓ³ lentamente a Γ©l.
-Γl no es tu Sonic, Lance -dijo con ternura, posando una mano en su hombro-. Lo sentΓ. Su aura... es distinta. Γl pertenece a esta Γ©poca. No es un viajero. No es un recuerdo.
Lancelot asintiΓ³ lentamente, sin despegar los ojos del pasillo.
-Lo sΓ©... -murmurΓ³-. Pero su voz... su rostro... incluso su forma de caminar...
-Es un reflejo -aΓ±adiΓ³ Nimue-. Un reflejo del amor que perdiste.
-O del que nunca terminΓ© de dejar ir -dijo Lancelot, cerrando los ojos.
Y en ese silencio que volviΓ³ a llenar la sala del trono, el nuevo Rey de Camelot sintiΓ³ que el pasado no estaba tan muerto como creΓa. Tal vez... su historia aΓΊn no habΓa terminado. Tal vez Sonic, aunque no fuera el mismo, traΓa consigo una oportunidad.
Un nuevo comienzo.
O una segunda herida.
Primer capΓtulo π£οΈ
Besos π
Atte: MELI π·
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