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Summary

Un nuevo comienzo o una segunda herida...

Status
1yr ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

I

EstΓ‘ historia me inspire en el fanfic "Por tΓ­ mi Rey" .

AsΓ­ que crΓ©ditos a LuliTan2 .

EstΓ‘ historia serΓ‘ un a continuaciΓ³n de la historia "Por tΓ­ Mi Rey". AsΓ­ que si no lo has leΓ­do, anda a leerlo para que comprendas estΓ‘ nueva historia.


DΓ­as desolados y grises se han cernido como una niebla perpetua sobre el Reino de Camelot. Desde la partida de su amado Rey, aquel Rey noble y justo que un dΓ­a sostuvo la espada de la esperanza, la tierra ha cambiado. No fue una muerte, no del todo. Fue algo peor: una despedida sin retorno, una promesa rota entre el cielo y la tierra. El Rey no cayΓ³ en batalla, ni su cuerpo fue hallado entre los escombros de la guerra. Simplemente... volviΓ³ a su mundo. A ese otro mundo del que, quizΓ‘s, jamΓ‘s debiΓ³ salir.

Y con su partida, todo se quebrΓ³.

Lancelot, el caballero mΓ‘s leal y valeroso del reino, fue el mΓ‘s golpeado por aquella pΓ©rdida. Se dice que aquella noche, cuando el Rey se dirigΓ­a a la alcoba de su amado entre la bruma de la oscuridad, fue absorbido por un portal, Lancelot cayΓ³ de rodillas y no volviΓ³ a levantarse como antes. Ya no era el mismo. Su fuerza se volviΓ³ peso, su valentΓ­a se convirtiΓ³ en carga, y su corazΓ³n -ese corazΓ³n que una vez latiΓ³ por amor y lealtad- se ahogΓ³ en el mΓ‘s profundo de los silencios.

Enclaustrado en su alcoba, Lancelot dejΓ³ de existir para el mundo. IgnorΓ³ los llamados de sus vasallos, el llanto de su pueblo, y peor aΓΊn, el llanto de su propio hijo: Galahad.

Galahad era aΓΊn un niΓ±o cuando todo esto ocurriΓ³. Sus ojos grandes buscaban en vano una respuesta, una caricia, un abrazo. Pero su padre ya no estaba presente. VivΓ­a, sΓ­, pero atrapado en un dolor que no dejaba espacio para mΓ‘s nada. El niΓ±o creciΓ³ con la idea de que no era querido. Que no era suficiente para despertar a su padre de su pena. Que quizΓ‘, en algΓΊn rincΓ³n de ese corazΓ³n roto, Lancelot deseaba que Γ©l tampoco hubiera estado allΓ­.

Pasaron los aΓ±os. El castillo siguiΓ³ envejeciendo con Γ©l. Galahad creciΓ³, solo, alimentΓ‘ndose de historias que escuchaba en los corredores: que su padre habΓ­a sido el mΓ‘s grande caballero del reino. Que habΓ­a amado al Rey mΓ‘s que a sΓ­ mismo. Que habΓ­a jurado proteger a Camelot hasta el fin de los tiempos. Pero para Galahad... Nada de eso compensaba el vacΓ­o de una infancia sin amor.

Hasta que un dΓ­a, impulsado por la angustia y el dolor, el joven Galahad cruzΓ³ la puerta de la alcoba donde su padre se refugiaba desde hacΓ­a aΓ±os. El aire estaba cargado de humedad y polvo. Las cortinas, cerradas. La habitaciΓ³n, casi sin vida. Lancelot yacΓ­a allΓ­, envuelto en sus recuerdos, como una sombra. Galahad, de pie ante Γ©l, gritΓ³ y llorΓ³.

Una chispa, quizΓ‘. Un susurro del alma. Un destello en los ojos apagados de Lancelot. El caballero, por primera vez en tanto tiempo, lo mirΓ³. Lo vio de verdad. Y en ese instante, comprendiΓ³ todo lo que habΓ­a perdido... y todo lo que aΓΊn podΓ­a recuperar.

Lancelot despertΓ³.

No de un sueΓ±o, sino de un abismo y de la muerte. AbrazΓ³ a su hijo, temblando, pidiΓ©ndole perdΓ³n sin palabras. Galahad, sorprendido, sintiΓ³ que el corazΓ³n se le quebraba. Lancelot volviΓ³ a querer. No como antes, sino como un hombre que ha renacido del dolor.

Le pidiΓ³, entonces, que partiera. No por huida, sino por destino. Que viajara con Mephisto, el maestro de Galahad, sabio en caminos y en la vida. Le dijo que viviera aventuras, que conociera el mundo, que encontrara su verdad. Y que un dΓ­a, cuando regresara, se sentarΓ­an juntos frente al fuego, y Γ©l escucharΓ­a cada una de sus historias con el corazΓ³n abierto.

Y asΓ­, Galahad partiΓ³. Con una nueva luz en los ojos. Con un futuro por delante. Y Lancelot, aunque el vacΓ­o del Rey seguΓ­a latiendo en su pecho, encontrΓ³ un propΓ³sito nuevo: ser fuerte, no por sΓ­ mismo, sino por su hijo.

Lancelot fue coronado como el nuevo Rey de Camelot. No lo hizo con alegrΓ­a ni orgullo, sino por su hijo. Un Rey que gobierna con sabidurΓ­a nacida del dolor. Que camina entre los jardines como quien cuida los ΓΊltimos pΓ©talos de una flor que aΓΊn quiere florecer. Que cada noche mira al cielo, esperando ver una seΓ±al del Rey... o la silueta de su hijo regresando por el camino.

Y en ese trono solitario, donde alguna vez estuvo la gloria, habita ahora un hombre redimido, que lucha con valentΓ­a no por conquistas, sino por amor.

Porque comprendiΓ³ que amar al Rey no era vivir en su sombra, sino honrar su legado. Que ser padre no era ser perfecto, sino luchar por enmendar los errores.

Y asΓ­, bajo los cielos nublados de Camelot, un nuevo Rey gobierna.


En un rincΓ³n apartado del vasto y antiguo reino de Camelot, lejos de las torres doradas y las historias que aΓΊn susurraban los vientos, se encontraba una casa sencilla, de madera y piedra, envuelta por la brisa templada del campo. Era un hogar humilde, pero cΓ‘lido. AllΓ­ vivΓ­a Sonic.

Sonic no era un noble ni un guerrero. No tenΓ­a sangre azul ni linaje conocido. Era simplemente un joven de alma fuerte, mirada sincera y espΓ­ritu trabajador. Desde que tenΓ­a memoria, habΓ­a vivido solo en aquel hogar, cultivando la tierra, cuidando a sus animales, y sobreviviendo con lo poco que la naturaleza le ofrecΓ­a. El mundo le habΓ­a enseΓ±ado a valerse por sΓ­ mismo, a no esperar nada de nadie y a encontrar en lo simple la belleza de la vida.

Aquel dΓ­a, sin embargo, no era como los demΓ‘s. Mientras el sol se alzaba tΓ­mido en el cielo, Sonic estaba empacando los ΓΊltimos vegetales en su carreta, dispuesto a venderlos en los pueblos cercanos. Pero esta vez, su destino no era un mercado cualquiera. Esta vez, irΓ­a mΓ‘s lejos de lo habitual. IrΓ­a a Camelot.

-Muy bien... estos son los ΓΊltimos vegetales -dijo, secΓ‘ndose el sudor de la frente, con voz algo cansada pero satisfecha.

ColocΓ³ la ΓΊltima caja de zanahorias junto a las demΓ‘s y echΓ³ un ΓΊltimo vistazo a su hogar. Aquel campo silencioso, las montaΓ±as a lo lejos, el canto suave de los pΓ‘jaros. Todo eso formaba parte de su historia... pero ahora debΓ­a escribir una nueva.

-VΓ‘monos, Rof -murmurΓ³ con una sonrisa, acariciando a su viejo burro, su fiel compaΓ±ero de tantas jornadas.

El viaje fue largo. Las ruedas de la carreta chirriaban sobre los caminos de piedra y tierra. A veces lloviznaba, otras veces el sol pegaba con fuerza. Pero Sonic no se quejaba. Estaba acostumbrado a los contratiempos. El hambre, el frΓ­o, la soledad... eran viejos conocidos. Y sin embargo, algo en el aire le decΓ­a que ese dΓ­a no serΓ­a como los otros. SentΓ­a una inquietud en el pecho, una especie de presagio que no sabΓ­a nombrar.

Al fin, cuando la tarde comenzaba a caer, Sonic divisΓ³ las murallas majestuosas del legendario Reino de Camelot. Las torres se alzaban como gigantes dormidos, envueltas en niebla y misterio. El joven tragΓ³ saliva, nervioso pero curioso.

-Me esperas aquΓ­, ΒΏsΓ­? -le dijo a Rof, dejando la carreta cerca de la entrada del mercado.

Sonic caminΓ³ por las calles adoquinadas, fascinado por la arquitectura, por los caballeros que patrullaban con sus armaduras brillantes, y por los ciudadanos que hablaban con acentos refinados y vestΓ­an ropajes que jamΓ‘s habΓ­a visto.

Pero pronto se dio cuenta de algo extraΓ±o.

Todos lo miraban. Con ojos abiertos, con miedo... con asombro. Algunos murmuraban entre sΓ­, otros se alejaban con respeto. No era desprecio, ni hostilidad. Era como si... como si lo reconocieran. Sonic frunciΓ³ el ceΓ±o.

-ΒΏQuΓ© les pasa...? -murmurΓ³ incΓ³modo.

Se sintiΓ³ fuera de lugar, observado como un intruso. AsΓ­ que decidiΓ³ regresar por donde habΓ­a venido. Pero al llegar al lugar donde habΓ­a dejado a Rof y la carreta... no estaban.

-ΒΏΒ‘QuΓ© demonios!? -exclamΓ³, alarmado, girando sobre sus talones.

Y entonces los vio. A lo lejos, hacia el castillo, un caballero escoltaba su carreta... Β‘con Rof incluido!

Sin pensarlo, Sonic corriΓ³ tras ellos. CruzΓ³ calles, empujΓ³ cajas, saltΓ³ charcos. Cuando llegΓ³ a la gran puerta del castillo, dos guardias la custodiaban, imponentes. Pero al verlo, sus rostros palidecieron. Se miraron entre sΓ­ con incredulidad... y sin decir una palabra, abrieron las puertas del castillo.

Sonic los mirΓ³ con desconfianza.

-ΒΏQuΓ© clase de guardias hacen eso? -dijo entre dientes.

EntrΓ³ al palacio. CaminΓ³ sin saber a dΓ³nde iba, perdido, buscando su carreta, a su burro, cualquier cosa que tuviera sentido. Hasta que, casi sin darse cuenta, empujΓ³ una gran puerta de roble y entrΓ³ en el corazΓ³n del castillo: la sala del trono.

AllΓ­ estaba Lancelot, sentado con gravedad en su trono. Sus ojos repasaban documentos antiguos, desgastados por el tiempo. A su lado se encontraban Nimue, la sabia hechicera y madre de Lancelot, y dos de los caballeros de la mesa redonda: Percival, de semblante firme, y Gawain, el mΓ‘s grande y fuerte.

Sonic dio un paso al frente, confundido, hasta que varios guardias -mΓ‘s nuevos, mΓ‘s jΓ³venes- se acercaron rΓ‘pidamente al ver al forastero.

-Β‘Eh, tΓΊ! No deberΓ­as estar aquΓ­ -dijo uno de ellos, sujetando a Sonic por el brazo.

Sonic se resistiΓ³, molesto, pero antes de que pudiera hablar, algo cambiΓ³ en la atmΓ³sfera.

Lancelot alzΓ³ la mirada.

Lo vio.

Y en ese instante, el tiempo se detuvo.

Los papeles cayeron de sus manos. Nimue lo mirΓ³, sin aliento. Percival frunciΓ³ el ceΓ±o. Gawain retrocediΓ³ un paso. Pero Lancelot... Lancelot sintiΓ³ que el mundo giraba en sentido contrario.

Porque aquel joven... ese muchacho campesino, sucio por el viaje, vestido con ropas sencillas... tenΓ­a el rostro del Rey que un dΓ­a amΓ³ con todo su ser.

Pero no era Γ©l. No podΓ­a ser Γ©l.

ΒΏO sΓ­?

Lancelot se levantΓ³ lentamente. Cada paso hacia Sonic era una puΓ±alada de recuerdos. Cada latido de su corazΓ³n resonaba con el eco de lo que una vez fue: las risas compartidas en los pasillos, las noches de batalla y de silencios bajo las estrellas. El dolor de su partida. El vacΓ­o. La caΓ­da.

Y ahora... esto.

Frente a Γ©l, Sonic lo miraba sin entender nada. No lo conocΓ­a. No sabΓ­a por quΓ© lo observaban como si fuera un fantasma. Pero Lancelot lo veΓ­a. No al campesino. No al forastero.

Lo veΓ­a a Γ©l.

Y al llegar frente a Γ©l, sus miradas se cruzaron.

Y aunque no se dijeron una sola palabra......el alma de Lancelot volviΓ³ a arder.

El silencio era espeso, casi tangible, mientras Sonic y Lancelot seguΓ­an mirΓ‘ndose fijamente, como si sus almas se reconocieran en medio de la confusiΓ³n. Ninguno de los dos dijo nada al principio. El salΓ³n real, tan acostumbrado al estruendo de decisiones polΓ­ticas y estrategias de guerra, ahora guardaba un respetuoso mutismo ante aquel encuentro que parecΓ­a mΓ‘s una apariciΓ³n que una coincidencia.

Sonic, algo incΓ³modo, desviΓ³ la mirada primero.

-Ah... disculpe por entrar asΓ­ al castillo -comenzΓ³, con voz baja pero firme, frotΓ‘ndose la nuca-. La verdad es que unos caballeros se llevaron mi carreta llena de verduras y... bueno, solo la estaba buscando.

Lancelot no respondiΓ³. Sus ojos, oscuros como la noche en que el Rey se fue, lo observaban con una intensidad difΓ­cil de soportar. No era ira, ni sospecha, ni siquiera duda. Era anhelo. Una nostalgia que no cabΓ­a en palabras. Un dolor envuelto en esperanza.

-Por lo que siento y veo -intervino Nimue, rompiendo el momento con voz pausada-, no eres de por aquΓ­, ΒΏverdad?

Sonic negΓ³ suavemente con la cabeza.

-En realidad no. Vengo de muy lejos, tengo una pequeΓ±a granja al otro lado de las montaΓ±as. Nunca habΓ­a estado en Camelot. Vine para vender mis vegetales... eso es todo.

-ΒΏEntonces eres un campesino? -preguntΓ³ Nimue con curiosidad.

-SΓ­, de hecho... -respondiΓ³ Sonic, y de inmediato levantΓ³ la vista, algo mΓ‘s serio-. Pero... ΒΏpuedo hacer una pregunta?

Lancelot apretΓ³ levemente los puΓ±os. Aquel tono en la voz de Sonic, aunque mundano, tenΓ­a una musicalidad tan parecida a la de su Rey que le dolΓ­a en los huesos.

-Por supuesto -dijo Nimue, mirΓ‘ndolo con un brillo sabio y misterioso en los ojos.

Sonic se cruzΓ³ de brazos y mirΓ³ hacia la gran sala.

-ΒΏPor quΓ© todos me miran como si fuera un fantasma?

Nimue soltΓ³ una risa suave, cargada de melancolΓ­a.

-Es... complicado de explicar.

Sonic arqueΓ³ una ceja, molesto pero resignado. A su alrededor, Percival y Gawain aΓΊn lo observaban con recelo, como si en cualquier momento fuera a revelar que todo habΓ­a sido una farsa. En sus corazones, ambos caballeros habΓ­an sentido esa punzada de esperanza: ΒΏY si...? Pero no. Γ‰l no era su Rey. Lo sabΓ­an. Lo sentΓ­an. Y, sin embargo, no podΓ­an apartar la vista.

Y entonces, como si el aire se quebrara con un suspiro antiguo, una figura brillante emergiΓ³ de la nada. Flotaba con elegancia, recortada por la luz que caΓ­a desde los ventanales altos. Era una espada.

Pero no una espada cualquiera.

Era Excalibur.

-Eres un desvergonzado -rugiΓ³ la voz etΓ©rea y cortante de la espada-. ΒΏCΓ³mo te atreves a volver? ΒΏA presentarte aquΓ­ con ese rostro?

Sonic dio un paso atrΓ‘s, atΓ³nito.

-ΒΏVolver? -preguntΓ³, genuinamente confundido-. ΒΏDe quΓ© estΓ‘s hablando?

La espada centelleΓ³ con furia. Pero antes de que pudiera continuar, Lancelot hablΓ³.

-Excalibur, basta -ordenΓ³ con una firmeza que helΓ³ el aire.

La espada titilΓ³ unos segundos mΓ‘s, como si dudara en obedecer, pero finalmente retrocediΓ³, quedando suspendida en el aire, silente.

Sonic sintiΓ³ un extraΓ±o escalofrΓ­o recorrerle la espalda. Y al oΓ­r la voz de Lancelot, por alguna razΓ³n que no podΓ­a explicar... su corazΓ³n palpitΓ³ con mΓ‘s fuerza.

No era miedo. Era... una conexiΓ³n inexplicable.

-Eh... bueno, si no es mucha molestia -dijo Sonic, rompiendo la tensiΓ³n-, ΒΏpodrΓ­an devolverme mis cosas? Mi carreta, mi burro... Solo quiero irme.

Lancelot bajΓ³ ligeramente la cabeza, frustrado. Aquello le dolΓ­a. No porque Sonic quisiera marcharse. Sino porque todo su ser le rogaba que no lo dejara ir... aunque Γ©l no tenΓ­a ningΓΊn derecho a retenerlo. Porque ese joven no era su Rey. No era Γ©l. Solo un eco... un reflejo dolorosamente perfecto.

Y sin embargo...

-No es necesario que te vayas -dijo finalmente, con la voz mΓ‘s suave que habΓ­a pronunciado en aΓ±os-. Puedes quedarte esta noche. Descansa de tu viaje. Tus pertenencias serΓ‘n llevadas a tu alcoba... personalmente me asegurarΓ© de ello.

Sonic dudΓ³. Por dentro, sentΓ­a que todo esto estaba sobrepasando lo que un simple vendedor de verduras debΓ­a enfrentar. Pero estaba cansado. Y algo en la mirada de Lancelot... algo cΓ‘lido y roto a la vez... lo hizo ceder.

-EstΓ‘ bien -susurrΓ³.

Antes de que pudiera aΓ±adir algo mΓ‘s, varios sirvientes entraron y lo escoltaron por los pasillos del castillo.

Lancelot lo siguiΓ³ con la mirada hasta que desapareciΓ³ tras una de las columnas.

Nimue se acercΓ³ lentamente a Γ©l.

-Γ‰l no es tu Sonic, Lance -dijo con ternura, posando una mano en su hombro-. Lo sentΓ­. Su aura... es distinta. Γ‰l pertenece a esta Γ©poca. No es un viajero. No es un recuerdo.

Lancelot asintiΓ³ lentamente, sin despegar los ojos del pasillo.

-Lo sΓ©... -murmurΓ³-. Pero su voz... su rostro... incluso su forma de caminar...

-Es un reflejo -aΓ±adiΓ³ Nimue-. Un reflejo del amor que perdiste.

-O del que nunca terminΓ© de dejar ir -dijo Lancelot, cerrando los ojos.

Y en ese silencio que volviΓ³ a llenar la sala del trono, el nuevo Rey de Camelot sintiΓ³ que el pasado no estaba tan muerto como creΓ­a. Tal vez... su historia aΓΊn no habΓ­a terminado. Tal vez Sonic, aunque no fuera el mismo, traΓ­a consigo una oportunidad.

Un nuevo comienzo.

O una segunda herida.


Primer capΓ­tulo πŸ—£οΈ

Besos πŸ’‹

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