I.
œuvre nombre un : repos entre les marguerites au printemps.Veintitrés años, una carrera por delante y un ranking por arrasar.
Bakugou Katsuki tenĂa todo lo que un hĂ©roe revelaciĂłn aspirante al primer lugar debe tener: un gran poder, habilidad en combate, tĂtulos con honores y un corazĂłn ferviente por el heroĂsmo.
Sin embargo, todos incluyendo al propio Katsuki admitĂan lo arisco de su personalidad. Un chico reservado, cerrado y normalmente esquivo, brusco con cualquier que le dirija la palabra y entre dientes soporta la atenciĂłn del pĂşblico.
Sus reacciones seguĂan siendo asquerosas, repugnantes para las personas que se sentĂan genuinamente atraĂdas por quien era. Todo rastro de interĂ©s se iba al escuchar la boca sucias que este poseĂa, su ceño fruncido acompañado de gruñidos profundos y constantes ante los extraños confundĂan a la gente.
¿Es un héroe o un villano?
—Patrañas —espeta soltando el teléfono enojado—.
—¿Irás o no? —.
Insiste Eijiro. Su compañero y más cercano amigo en su vida le insiste, insiste en trabajar su imagen pública de mejor manera y mostrar aparte de sus cualidades, sus sentimientos buenos, sus emociones positivas y su gran corazón. Kirishima es testigo de que el cenizo tiene un hermoso corazón, pero el muy esquivo no le gusta demostrarlo.
—¿Mostrarme ese hilo de Twitter fue tu poderosa carta para convencerme? —inquiere con una ceja arriba, aún molesto—.
—¿S� —.
—¿Pues que crees? Los monos de Twitter viven enojados y escupen veneno como las vĂboras que son, esos comentarios carentes de neuronas no me obligarán a ser "más blando" —.
—Vamos Bakugou, sé que en el fondo te interesa hablando fuera de la farándula —.
—Ir a una campaña de hospital no es de mi interés pelos de mierda —pronuncia más el ceño—. Mi interés está en subir de ranking, punto —.
—¡Mina fue con Koda para salvar animalitos en peligro de extinciĂłn! ÂżY quĂ© crees que pasĂł? ¡SubiĂł muchos puestos en el ranking por su buen actuar! —frunce los labios ante su argumento—. AnĂmate bro, nos harĂa bien ayudar a esas personas, hace parte de ser un hĂ©roe —.
Un sentimiento repentino lo atravesĂł y se quedĂł, llevándolo a aceptar y firmar la campaña con los benefactores de la agencia Endeavor. El hĂ©roe mitad frĂo mitad caliente ya habĂa participado en aquel encuentro, uno que moviĂł sus cables y lo llevĂł a desarrollar mejor sus sentimientos para bien o para mal. Shoto, el hĂ©roe nĂşmero 11 en el ranking estaba orgulloso de Katsuki por su decisiĂłn, ya que decĂa mucho de su persona, pero tambiĂ©n ligeramente asustado por lo que podĂa desencadenar.
Y asà fue con las demás personas.
Las redes estallaron, nadie en su vida, jamás de los jamás se imaginĂł a Bakugou Katsuki en una campaña tan humana. No pensaron que la voz de los cientos de fans en los hospitales se escucharian para el gruñón hĂ©roe. Al contrario, resonaron como mosquitos en sus oĂdos por la noche con melodĂas nefastas dañando su dormir.
Enfrentarse a lo que venĂa es lo que más temĂa, y eso le provocĂł insomnio una noche antes de acudir al hospital de Musutafu, una sensaciĂłn que lo mantenĂa alerta e inquietante. No consumiĂł cafĂ© aquella noche, tampoco le temĂa a algo en especial que existiera en una sede mĂ©dica, quizá serĂa al hecho de interactuar con otros desconocidos y tragarse los cumplidos/elogios que le dirĂan, mientras que Ă©l deberĂa aceptarlos como si nada estuviese pasando.
El dos de abril de aquel año fue su primer visita, la que marcĂł el inicio de su ascenso, pintarĂa su historia en un retrato y despuĂ©s, una parte de ella se marcharĂa con el frĂo del viento.
—¡Héroe Dynamight! Es un honor para nuestro equipo tenerlo en esta ala, nos encargaremos de guiarlo. Red Riot fue a la otra esquina de esta misma ala —.
Asiente tratando de que su rostro no sea fuertemente influenciado por su pensamiento y por su incomodidad desde que entrĂł al aire helado y a enfermo del lugar. Los pasillos blancos, las sillas con personas llorando y las puertas abiertas mostrando una escena peor golpearon duro el mural de su Ăłrgano bombeador. Algunos recibĂan las noticias, otros las enfrentaban y otros se despedĂan, todo sucediendo en las paredes blancas de las instalaciones.
—¡Niños, miren quien ha decidido acompañarnos! —.
—¡¿Dynamight?! —.
Un conjunto de pequeños entre los cuatro y doce años se vieron invadidos por una carga inmensa de felicidad, sus ojos brillando de la ilusiĂłn y emociĂłn por ver a su hĂ©roe en persona les hacia muy felices, eso conmoviĂł ligeramente al frĂo Katsuki.
No sabĂa cĂłmo reaccionar, por lo que se limitĂł a lucir amable y no explotar a los niños que lo tocaban por todas partes. La enfermera se alejĂł de la montonera un poco avergonzada, un niño se subĂa por la espalda del hĂ©roe agarrando fuerte su traje, otros dos pequeños colgaban de sus granadas y una niña estaba al borde del colapso. El resto daba saltos, brincos y hacĂan preguntas a la vez, la vena en la sien de Bakugou se viĂł tentada a explotar.
—¡TĂş eres un hĂ©roe increĂble, tan genial! —escuchĂł del infante en su espalda, abrazando su cuello con aprecio tremendo. Katsuki lo toma con la mayor delicadeza posible dejándolo en el suelo—.
—¡Tengo todas tus figuras! Mamá las guarda en casa pero en mi cuarto tengo mi peluche de Dynamight, lo traje conmigo para que lo vieras —el niño eleva el muñeco contento, la vista derrite a la enfermera con tanta dulzura—.
—¡La forma en la que peleas y vences a los villanos te hace lucir tan poderoso y lo eres más en persona! —dice maravillado un pequeño—.
—¡Mi abuela dice que eres alguien muy grosero, pero eso no quita que la hayas salvado de un camión! —menciona una niña y Bakugou se espanta de la declaración natural de la chiquilla—.
—Señora Dynamight —es llamado suavemente por la enfermera, por lo que acerca su oĂdo para unas palabras susurradas—, Âżle gustarĂa jugar con los pequeños o hablarles sobre su trabajo? se ven emocionados por escucharlo hablar —señala con una sonrisa—.
Katsuki inevitablemente desvĂa su mirada de la enfermera hacia el grupo de niños, sus manitos apretadas en un puño eufĂłrico, sus rostros con una sonrisa plasmada e intachable y una expectativa a lo que el hĂ©roe quisiera hacer con ellos. Son un grupo de treinta y tres niños, algunos en la fase inicial de la enfermedad y otros en la etapa final. SĂ, recordarlo le pellizca el alma.
Antes de llegar ahĂ tuvo que pasar por otras alas donde se trataban distintas enfermedades, todos los residentes eran niños y todos los que solicitaron la presencia del hĂ©roe fueron niños, ningĂşn adulto tenĂa el deseo de conocerlo en persona y por Ă©l estaba bien. Los niños eran tan inocentes, no conocĂan o no podĂan ver el lado tosco, bruto e inhumano con el que Katsuki se expresaba y demostraba tener. Por ello recibĂa todo tipo de cumplidos, todos positivos, un adulto nunca en su sano juicio le dirĂa algo de ese tipo.
Tomada la decisiĂłn, camina entre los pequeños tomando asiento en el sillĂłn. Los pequeños se sientan en el tapete de goma con nĂşmeros y letras del abecedario armado en el suelo, dispuestos a escuchar al hombre que admiran. Katsuki inhala profundamente, pensando detenidamente sobre quĂ© hablar y quĂ© serĂa entretenido para los chiquitos. Una vez decidido, empieza a narrar.
—Les contarĂ© una de las batallas más difĂciles en mi p-patata vida —.
Reprimiendo la más minĂşscula palabrota de su mundana boca, se metiĂł en el personaje de su narraciĂłn, contando con emociĂłn los sucesos que habĂa vivido en carne y hueso en los tres años que llevaba de carrera. Su motivaciĂłn para seguir hablando a su pĂşblico es influenciado enormemente por los ojos relucientes de los menores, aquellos par de orbes que lo empujaban a continuar escupiendo cĂłdigo tras cĂłdigo para formar una historia enganchadora, increĂble y sobre todo, real.
—Muchas gracias por compartir estas horas con ellos, en serio lo apreciamos mucho —habla la enfermeda con él fuera de la habitación donde los infantes continúan—. Ha hecho felices a un grupo de niños héroe Dynamight, un acto dulce que espero continúe disfrutando como lo hizo hoy —.
SĂ, lo disfrutĂł. El poco control, la hiperactividad y las hermosas cosas dichas salida de los labios pequeños calentaron su corazĂłn. Luego de haber hablado por mucho tiempo y en consecuencia, gastar su garganta, fue convencido a jugar con los niños. Una sesiĂłn de juego donde risas, felicidad sin ser afectada por la cruel realidad resonaron por toda la habitaciĂłn. Al despedirse, una lágrima se deslizĂł solamente de su ojo izquierdo, una que significaba genuina alegrĂa proveniente de su corazĂłn de piedra y tambiĂ©n, sĂmbolo de su profunda tristeza.
—Cuando nos fue comunicada su presencia el dĂa de hoy estuve a punto de negarme, su reputaciĂłn allá afuera no es muy buena —dice por primera vez una mujer, aparentemente una madre—. Pero, cuando vĂ la emociĂłn que hace tiempo no veĂa en el rostro de mi pequeño, no pude hacerlo, y usted se ha dirigido a ellos con amor, cariño, delicadeza y empatĂa. Ojalá el mundo le dĂ© una segunda oportunidad —.
Las palabras le hicieron reflexionar por unos segundos. La figura pública que construyó y siempre quiso tener era una ruda, imponente y cero amigable. Sin embargo, a los ciudadanos no les agradó que aplicará incluso con ellos mismos, cosa que lo llevó al odio de ciertos individuos. En parte, algo que lo llevó a ser parte de la caridad.
—Gracias —murmura apenado, un cumplido por parte de un adulto lo hace sentir bien aunque quiera ignorarlo—, gracias por sus palabras señora —.
—Gracias a usted —devuelve con lágrimas en sus ojos—. Mi hijo cumplió su sueño antes de irse y fue el más feliz de esta tierra, gracias —.
Se queda estupefacto, a veces se le olvida con quienes está tratando. Traga fuerte, presentĂa que se encontrarĂa con esa clase de situaciones y es su deber acostumbrarse a estas, ya que el trato dura hasta el final del verano. SerĂan visitas organizadas por la agencia ciertos dĂas, seguirĂan siendo pagados mas su labor será visitar a personas que lo soliciten, nada más. Volviendo al mundo, la mujer con la que antes hablĂł ya se ha marchado de su vista, parpadea atĂłnito y piensa hacer lo mismo.
—Señor Dynamight —una mano sobre su hombro lo detiene—, las visitas no han terminado —.
Bajo esa declaraciĂłn, es guiado hacia el elevador donde presionan el noveno piso y un pasillo similar al primero se abre, aunque este se mantiene en silencio. A la izquierda se encuentra colocados letreros con los apellidos de los internados junto a la inicial de su nombre, algunas puertas abiertas con visitantes, otras no, la mayorĂa de internados se trataban de personas en la Ăşltima etapa de su vida: la vejez, deduciendo que la visita es para un anciano.
—AquĂ es. Por lo que se trata de un adulto, no es necesaria mi presencia. La visita es de una hora mĂnimo, máximo tres, Âżsabe cĂłmo regresar a la salida? —Katsuki asiente—. Bien, buena suerte hĂ©roe Dynamight, fue un placer conocerlo —.
Aprieta el pomo gĂ©lido, la sensaciĂłn frĂa le envĂa una corriente por los nervios. Suspira, preparándose mentalmente para lidiar esta vez con alguien mayor a Ă©l que solicitĂł su presencia, quien sabe si es por buenas o malas razones, por experiencia piensa en la segunda opciĂłn. Respira hondo y se adentra al cuarto de siete grados centĂgrados, de frente un ventanal extenso en la mitad de la pared lo recibe, en la pared a su derecha hay un televisor y una repisa con ciertos artĂculos y por Ăşltimo, una camilla con una persona joven sentada perdido en un punto del cuarto.
—¿Dynamight? —.
Sale en un susurro débil, su dueño consta de unos labios delgados y rosados, una nariz pequeña y unas pecas en cada mejilla, las orbes esmeraldas se ponen en él sin creerlo y sus cejas se arrugan de manera tierna, todas sus facciones forman un rostro armonioso, una cara de bebé capaz de provocarle un vuelco en su estómago.
—Ese soy yo —dice caminando suave hacia él—.
—¿Tú, tú eres real? —luce perdido, confuso—, se trata de otro sueño ¿a qué hora me dormà de nuevo? —el desconocido se enfurruña consigo mismo, Bakugou frunce el ceño—.
—No estás soñando idiota —se permite decir esa palabra delante de aquel adulto, sà es que es un adulto—.
—¿No? —las pestañas rizados parpadean dos veces, lleva su mano para tocar el antebrazo de Katsuki. Cuando el toque es real, aparta la mano asombrado—. ¡Wow, en serio estás aquĂ! —una felicidad similar a la de los chiquitos se hace presente en su cara, cambiando rápidamente a una embarazosa—. ¡Chispas, perdĂłn por pensar que eras de mentira! No es que suela tener sueños contigo, para nada —rĂe nervioso haciĂ©ndolo sentir perdido, son muchas cosas en pocos segundos—.
El silencio se forma, uno donde Ă©l cenizo no tiene ni mĂnima idea de cĂłmo entablar una conversaciĂłn con el interno, y el peliverde no sabe cĂłmo apaciguar sus emociones amenazando con salir a flor de piel. Desde que ingresĂł a la habitaciĂłn han transcurrido diez minutos, los cuales Ă©l se mantuvo como un idiota de pie a la izquierda de la camilla atento a las manecillas del reloj que apuntaban las 16:10.
—¿Puedo preguntarte cualquier cosa? —empieza el pecoso, el ojirubà asiente—. ¿En serio? Entonces... ¿Puedo pedirte un favor? —.
—¿PodrĂas dejar de ser tan amable y ir directo al grano? —.
—¡PerdĂłn! Eh, tráeme la Ăşltima libreta azul en la estanterĂa y un lapicero, por favor —pide señalando sin perder la educaciĂłn. Katsuki chasquea la lengua haciendo caso, entregándola en las manos delgadas y frĂas del muchacho provocando un choque electrizante para sus pieles—. G-gracias —.
—Comienza, no tengo todo el dĂa —rueda los ojos sentándose finalmente en la silla disponible, cruzando sus brazos y colocando su pie derecho sobre la rodilla izquierda, tanteando con sus dedos su brazo en señal de su nerviosismo—.
—E-esta bien, ¿cómo funciona exactamente tu don? —.
—Segregar nitroglicerina y explotarla, se resume en eso —.
—No quiero que lo resumas —.
—¿Debo hacer lo que quieras? —.
—N-no —balbucea cabizbajo, Bakugou gruñe y acepta—.
—Las glándulas sudorĂparas de las palmas de mis manos segregan el lĂquido denominado como: nitroglicerina, el cual puedo explotar provocando explosiones de cualquier magnitud en proporciĂłn a la cantidad segregada —.
—¡Bingo! —el chico parece tachar algo animadamente, Katsuki lo mira sin expresiĂłn al ser interrumpido abruptamente—. Âżtus guantes acumulan el lĂquido y brillan cuando están totalmente cargadas verdad? —.
Perdido pero consciente asiente, el chico celebra nuevamente.
—¿Qué mierda eres? ¿Un nerd? —.
—A-algo asĂ, me gusta analizar el don de los hĂ©roes, es un hobby para mà —esboza una sonrisa diminuta—. Si le agobia, puedo dejar las preguntas para otro dĂa —.
—O mejor para nunca —dice en broma mas la cara triste le recuerda que está hablando con un extraño vulnerable—. DĂ©jame acomodar el libro en la estanterĂa, supongo que no puedes pararte —.
Adelantándose a una respuesta, toma el cuaderno y lo coloca en su lugar, regresando a la silla rápidamente poniendo su atención en la persona que tiene al frente. Las mejillas del individuo se vuelven rojizas, apretando sus ojos y una semilla de curiosidad transparente se planta en su mente.
—¿Cuál es tu nombre? —.
—En la puerta decĂa —.
—¿Quieres que te explote? —.
—Izuku Midoriya —.
—¿Qué edad tienes? —.
—Veintitrés, pero cumplo los veinticuatro en julio —.
—¿Te pregunté? —eleva una ceja, Izuku salta asustado por la agresividad—. Estoy bromeando tonto —.
—Oh, ya veo —rĂe nervioso—.
—¿QuĂ© clase de fan eres? —pregunta de repente, el chico se pone aĂşn más nervioso—. La mayorĂa me odia —.
—Hago parte de los que te aman —responde con una sonrisa tenue—. ¡Ama tu trabajo, sĂ! Eres un hĂ©roe increĂble, tus combates son fascinantes de analizar y ni hablar de tu don, ¡sabes explotarlo demasiado bien! —.
—Mi quirk no es la gran cosa —.
—¡Exacto! —esa afirmaciĂłn escarba en su ego—. Tu quirk puede ser normal, pero la forma en la que lo usas es increĂble y de admirar. Realmente te admiro Dynamight —.
El sosiego regresa, dos corazones se sienten cálidos con la presencia del otro, uno por un reconocimiento a su trabajo arduo y esfuerzo continuo por llevar su poder al máximo, el otro por la dicha de compartir un par de palabras con el héroe que ha llevado observando desde su debut, una persona que admira fuera de ser héroe y anhela conocer como persona. Desea que el sentimiento sea mutuo.
—No me digas Dynamight, dime Bakugou —.
—Y tú puedes decirme Midoriya, Bakugou —.
Los labios levemente apuntan hacia arriba, sobre todo en el rostro bañado en pecas, Katsuki trata de controlar su expresión. Sin embargo, la familiaridad desconocida que comparte lo hace sentir seguro, una tranquilidad en la que puede dejarse llevar y comportarse como la persona que lleva siendo por muchos años.
El ventanal de la habitación enseña un hermoso atardecer, el cielo teñido de naranja y derivados esparcen las nubes por el firmamento para iluminar con tal belleza a la gente de Musutafu, incluso a ellos en la habitación de hospital. Mientras que Izuku se dedica a admirar el maravilloso horizonte, Katsuki dirige su mirar al peliverde bañado en aquella luz, un escenario donde no es posible retirar la mirada.
—De casualidad, ¿te gusta el color naranja? —.
—SĂ, ÂżPor quĂ©? —.
—Por nada —.
—Las casualidades no existen —.
—¿Te gustan las margaritas? —.
—SĂ, son mis favoritas —afirma sorprendido—.
—Entonces, las coincidencias sà existen —.
—¿Y si dejas el misterio y me dices el por qué? —.
Un dĂa cuando la tarde daba lugar a la noche, a las 17:55 en el mes de abril, interludio de la primavera, esmeralda y rubĂ se encontraron. Una conexiĂłn intangible se formĂł y para entonces, era muy tarde para arrepentirse.
Una confesiĂłn saliĂł de sus labios, una que uno de ellos no conocĂa la magnitud y alcance de aquellas letras, mucho menos lo especial que se volverĂa ese demacrado ser oculto tras una bata de hospital para su vida.