Amor platónico
¿Alguna vez harían lo que fuese por una persona que aman demasiado? Siempre he oído que cualquiera sería capaz de hacer lo imposible para gustarle a alguien, puede sonar tonto, pero el amor siempre te vuelve idiota, ¿no?, solo pienso todos los días en mi soledad, siempre he conocido a muchos chicos y chicas lindas, tengo amigos, pero jamás he conocido el amor. De verdad, siempre he soñado con tener un novio, aunque no cualquier novio; siempre he soñado en que ese chico que me ha gustado desde la primera vez le presté atención, lamentablemente creo que jamás podría suceder. En fin, mi despertador está por sonar así que tengo que ponerme manos a la obra para irme a la escuela, la misma rutina de siempre, y tal como lo había pensado, el despertador comenzaba a llenar la habitación de ese tonto ruido que tanto detestaba. Agarraba mi teléfono y apagaba aquel despertador mientras me levantaba. Me sentaba en la cama, se notaba que había tenido un buen fin de semana, ya que tenía el cabello completamente destruido, cualquiera que me viera pensaría que soy un sol andante. Me bajé de la cama abrigando mis pies con aquellas pantuflas de osito panda, caminaba por los pasillos de mi casa hasta acabar llegando al baño, dejaba caer mi pijama y comenzaba a darme un baño, salía teniendo una toalla envuelta en mi cabello y en mi cintura. Una vez en la sala me sentaba en el comedor en donde comenzaba a desayunar lo mismo; Un sandwich junto con poco de huevo revuelto, tras acabar de comer fui y me puse mi uniforme, peinaba mi cabello y alisaba mis pestañas, arreglaba mi ropa y me di una última mirada al espejo, sonreía, mi mamá siempre me decía que la primera cara que ponía era la más importante del día.
Agarraba mi mochila y me la puse; estaba bastante a tiempo así que salía de mi solitario hogar, cerraba la puerta y comenzaba a caminar tranquilamente por mi vecindario, saludando a todo aquel que me encontraba. Estaba siendo todo bastante tranquilo y monótono como de costumbre, aunque de cierta forma estaba emocionado ya que hoy por fin se acababa esa tortura llamada estudiar. Solo para iniciar una aun peor llamada trabajar, vaya vida, al llegar a mi escuela miraba algunas cosas en mi casillero, sentí algo que estaba en mi espalda, como si Alguien estuviese viéndome por lo que me daba la vuelta, puede que solo fuese una sensación, pero decidí hacerlo, y vaya que fue la mejor decisión que tomé; ahí estaba ese chico, viéndome fijamente con sus ojos verdes y brillosos como dos esmeraldas de la mejor calidad.
Sonreía de forma amistosa, aunque por dentro estaba casi muriéndome. Podía sentir que mi corazón quería salirse de mi pecho; aquel chico se iba, a lo que me daba la vuelta viendo que había dejado una marca de mi mano en aquel casillero. Rápidamente agarraba una toalla conmigo y limpiaba aquella marca de sudor mientras avergonzado cerraba el casillero. Odiaba sudar cuando me ponía nervioso. Él me ponía nervioso, estúpido y sensual Mekel. Las clases continuaban con normalidad hasta que finalmente acababa la última clase del año.
— ¡Hey Mekel! ¿Vas a venir a la fiesta de graduación?—preguntaba Lehey enfrente suya.
—No lo creo, no es como que tenga a alguien con quien venir, además de que eres el único amigo que tengo —respondió Mekel en un tono apagado.
—¡Ah vamos, será divertido, yo iré contigo! —Lehey sonreía abriendo sus brazos.
— ¿Hasta que te vayas con otro grupo de amigos y quede yo solo?, no gracias.
Suspiraba cuando escuchaba esas palabras. Mekel era lindo, pero no era alguien sociable; de hecho, seguramente una piedra hablaba más que él. Dejaba mis manos sobre mis caderas y veía cómo se iba. ¿Cómo podía llamar la atención de mi ser amado sin ser demasiado lanzado? A veces me hubiese gustado nacer mujer, si lo fuese, no hubiese tardado un segundo en declararme a ese chico. Bajaba mis cejas y al final terminaba por salir del aula. Al llegar a mi casa veía mi teléfono viendo las fotos que tenía junto a él, desde pequeños hasta ahora casi a ser adultos, aunque en una de esas fotos veía la foto de una mujer. Recordaba que eso había sido una imagen que me había mandado de cómo le gustaban las mujeres. Me quedaba viendo aquella foto y solo pensé, ¿Y si fuese ella?, me quedé en silencio hasta que de golpe ese sentimiento me atacó, como si fuese una bala. Salía corriendo de mi casa, volviendo después de unas horas teniendo una caja de cosas, dejaba la caja en el suelo y la abría revelando que habían bastantes cosas adentro.
—¡Oye, Mekel, necesito que vayas al baile de graduación!—Lehey hablaba de una forma agitada como si estuviese moviéndose.
— Ya te dije que no iré—Respondía Mekel, pulsando los botones de su consola.
—¿Y si te digo que una chica irá contigo?, es una amiga mía, yo tengo que salir a hacer unas cosas y no creo que vaya a poder ir —Aquel tono agitado continuaba, más sabiendo que Lehey estaba corriendo para maquillarse.
— ¿Lehey, te sientes bien? Te escucho algo agitado, además falta menos de una hora para que comience la fiesta —preguntaba Mekel alto, extrañado de oirle.
— ¡Solo ve de una vez!
La llamada era colgada, a lo que Mekel dejaba de jugar, y con un tono pesado suspiraba levantándose y yendo hacia el baño. Claro que Lehey estaba acelerado, después de todo estaba usando todo lo que había comprado en aquella caja. Sus pestañas fueron levantadas, este tomaba algo de maquillaje y comenzaba a pintarse, en cuestión de segundos ya tenía el rostro completamente femenino. Tenía el rostro, pero aún le faltaba el cuerpo; afortunadamente, ya había pensado en eso. Tomaba una prótesis de silicon que había comprado y se la puso en el pecho.
— Uh.. Demasiado grande.
Se miraba en el espejo, aunque solo se encontraba con aquellas dos grandes “tetas” colgando, a lo que rápidamente la lanzaba lejos y se ponía una más pequeña. Agarraba un levantador de trasero y se lo ponía; todavía tenía la cintura muy masculina, por lo que agarraba un corset el cual se ponía en su cintura.
— Uno, Dos ¡Unngh!,.. Ah.. Siento que se me va a salir el estómago en cuanto me agache.
Lehey apretaba sus dientes mientras se veía fijamente al espejo; una vez que había terminado con todo, agarré una ropa que había comprado, la cual me puse con cuidado; tomaba aquella peluca y la puse en mi cabeza, moviendo mis mechones hasta que estos acababan completamente acomodados; levantaba la mirada y me vi al espejo. ¿Quién era ella?, ni siquiera podía reconocerme, agarraba el toque final y me echaba un poco de perfume encima, al igual que tomaba un poco de labial, el cual puse en mis labios.
Mekel ya había llegado a la fiesta, encontrándose con el escenario que menos quería. Estaba lleno de sus compañeros con parejas; este solo suspiraba mientras miraba hacia la puerta pensando en irse, aunque aún tenía de cierta forma la emoción de que supuesta mente alguien llegaría. Mekel esperaba por unos cuantos minutos hasta que terminaba por perder la fe. Se dio media vuelta y agarraba la puerta, empujaba y cuando estaba por salir sus ojos fueron encantados, era como si la mujer de sus fantasías hubiese salido de sus sueños y ahora se encontraba enfrente suya. ¿Lo estaba buscando a él, era causalidad?, Mekel se preguntaba todo eso hasta que aquella mujer levantaba la mirada cruzando sus ojos con él. ¡Era a él! Mekel no sabía qué hacer o decir; con suerte tenía contacto femenino con su hermana y las vecinas; este tragaba saliva y de una forma bastante nerviosa decía.
—.. Ho.. Hola, lo siento, ya estaba por irme, yo. Eh.. ¿Me quito?—Señalaba Mekel hacia atrás con sus mejillas rojas.
—¿Ya te ibas?, ah, lo siento. Sé que es una pregunta bastante tonta, pero ¿Sabes quién es Mekel? Uno de sus amigos me dijo que viniera a conocerlo personalmente —decía la chica afirmando con una sonrisa.
— Yo.. Yo soy mekel..—Impresionado objetó.
— ¡Oh.. Pero que casualidad!, ¿Entonces.. Ya te ibas?—La chica miraba hacia la salida.
—.. Yo.. Bueno..
Mekel no sabía qué responder, claro que tenía ganas de irse, pero no podía dejar pasar esta oportunidad. Mekel volteaba a verle a lo que la chica levantaba una de sus cejas mientras sonreía. La música de aquella fiesta sonaba a todo volumen, los estudiantes bailaban con gusto mientras aquella chica y Mekel estaban sentados en una mesa apartada. Mekel reía al igual que aquella chica, estaban pasándola como jamás lo habían hecho. Después de que la noche siguiera, ya todos en aquella fiesta estaban algo más cansados, las parejas, al menos la gran mayoría de ellas, ya se encontraban más “pegadas”, y la música junto al alcohol solo ayudaba a la escena.
—Entonces, Myna, ¿de dónde es que conoces a Lehey? Jamás me habló de ti; de haber sabido que tenía a una amiga tan hermosa me hubiese puesto más elegante—Mekel agarraba la corbata de su traje.
— Jaja. Ya te ves perfecto de esa forma Mekel, ¿de donde conseguiste el traje? Pensaba que no te gustaba usarlos, ¿acaso es el traje de tu padre?—preguntaba Myna, sin saber lo que decía.
— De hecho.. Si.. ¿Como lo sabes?
¡Mierda!, la había cagado en grande. Lehey era el único que sabía ese dato sobre el traje de Mekel; tenía que pensar una excusa rápida, por lo que este de forma nerviosa tragaba algo de saliva, el sudor pasaba por sus mejillas y sus manos estaban temblando, hasta que de una forma desesperada dijo.
— ¡Es que a mi primo también le sucedió lo mismo, jeje!
Mekel le quedaba viendo fijamente. Myna sonreía con algo de sudor en su rostro hasta que Mekel reía en voz baja. El alma había regresado al cuerpo de Lehey en ese momento. Mekel se levantaba y me daba la espalda, a lo que rápidamente dejaba mi rostro contra la mesa respirando de una manera agitada. La música se volvía aún más lenta y el alcohol ya estaba comenzando a pegar, así que Lehey dejaba sus manos sobre la mesa, se levantaba y tomaba la espalda de Mekel.
— ¿Quieres.. Bailar conmigo?
Gracias al sudor, algunos mechones de aquella peluca se habían movido quedándose sobre su rostro, aunque eso solo le daba un toque más atrevido al momento, tanto que sin saberlo, Lehey, gracias al alcohol, terminaba tropezando y dejando su rostro contra el pecho de Mekel. Myna comenzaba a dejar salir algunas carcajadas bobas mientras se apartaba de él.
—Jaja, lo siento, en serio que tengo que fijarme mejor por donde camino —Myna Reía mientras dejaba sus manos sobre el pecho de Mekel.
— Oye, myna..—Susurraba Mekel.
— ¿Si, que sucede Mekel?
Las mejillas de Myna se volvieron un tomate cuando sintió la mano firme de Mekel envolviendo su cintura y pegando más su cuerpo contra el de ese hombre. Su corazón estaba latiendo de una forma que solo latía cuando pensaba en él; ahora lo tenía enfrente suya, viendo los labios carnosos del chico que siempre le había gustado. ¿Era el alcohol? No, ningún alcohol podría emocionar a alguien como el amor. Nuestras miradas se vieron, y sin decir una sola palabra ya sabía lo que tenía que hacer. Poco a poco ambos cuerpos se fueron acercando, las respiraciones chocaban, Mekel se agachaba un poco mientras por parte de Myna esta se empinaba, las manecillas del reloj se movían como los pasos que daban, hasta que el mismo marcaba las doce, momento justo en el que por fin pude sentirlo, en el que por fin pude darle el beso a mi ser amado.