CapĂtulo Ăšnico
YoonGi sentĂa sus manos un poco sudorosas, despuĂ©s de todo, está a minutos para entrar en la mejor empresa conocida en todo corea, para realizar su pasantĂa. Aunque entrar en esta cueva de lobos fue todo gracias a la ayuda de su hermano mayor, YoonGi ya se siente que volĂł al cielo, porque esta empresa no es fácil, no todos pueden entrar a trabajar aquĂ como si nada.
Inhalando profundamente, intento calmarse para evitar tartamudear, cuando llegara a recursos humanos.
El ascensor dio un ligero *ding* y abrió sus puertas, varias personas salieron de dentro de él, y luego solo él junto con la secretaria entraron al ascensor.
― No estes muy nervioso, nuestro jefe es realmente muy bueno. Solo es su expresión la que esta... ¿severamente congelada? ―Ella se burlo un poco, y luego carraspeo. ― Te llevare hasta recursos humanos y luego ellos te enviaran a algún departamento para que comiences a trabajar.
YoonGi tarareo un ligero “hump” y deseo que fuera al departamento de asistencia en tecnologĂa, porque su carrera era esa.
El ascensor sonĂł y las puertas se abrieron, los empleados se movĂan rápidamente llevando carpetas en sus manos. El mundo laboral era muy ajetreado. PensĂł Ă©l.
― Hola Kwon, este es el nuevo pasante que se presentarĂa hoy, lo dejo en tus manos. Tengo trabajo que hacer. ―Ella sonrio y luego se dio la vuelta, sin expresiĂłn alguna en su rostro.
El hombre de nombre Kwon levanto su cabeza y sus gafas se deslizaron un poco hacia más abajo del puente de su nariz. Suspirando el hombre murmuro. ―En verdad te pareces a tu hermano mayor.
YoonGi solo sonrio, hace mucho tiempo se acostumbrĂł que todos le dijeran los mismo, ya se ha vuelto inmune a esas palabras.
― Bien, veamos... ¿Dónde te asignare? ―Sus dedos eran veloces tecleando aquà y allá, hasta que el sonido del celular interrumpió su trabajo.
― ÂżSĂ?, um, sĂ. ÂżEstá seguro de eso?, Âżes asi?, bien, lo enviare enseguida. ―La llamada se colgĂł.
YoonGi guardo silencio, de sus manos ya podĂan fluir rĂos de sudor. ÂżQuĂ© fue eso, justo ahora?
― Bien, Min YoonGi, ¿cierto?
El mencionado asintió rápidamente, teniendo un presentimiento ominoso.
― Me acaba de llamar el secretario del presidente Park ―El señor Kwon masajeo su entrecejo antes de seguir hablando―. Me pidió que te enviara para ser el asistente del presidente Park.
El cuerpo de YoonGi fue congelado, es como si un cubo de hielo se partiĂł en trocitos y fue rociado con el. ÂżPor quĂ©?, ÂżPor quĂ© tenĂa que ser el asistente del presidente park? Él no tenĂa ni la menor idea de lo que hacĂa un asistente. YoonGi está seguro que será echado en solo cuestiĂłn de horas, no, minutos o quizás segundos.
Âżpuede el volver por su camino y pedir mejor hacer su pasantĂa en otra empresa?
Y fue asi, como Min YoonGi se convirtiĂł en el asistente perro del presidente Park JiMin.
El pelinegro se dejĂł caer sobre su mullida cama, sentĂa cada parte de su cuerpo destrozada. Estaba tan cansado. ÂżQuiĂ©n dijo que ser el asistente personal de un presidente mandĂłn era fácil?
Una semana.
Solo llevaba una semana como asistente y sintiĂł que su alma se escapĂł de su cuerpo como unas treinta veces.
¡¡Tan aterrador!!
Sin quitarse la ropa que llevaba puesta, se quedó completamente dormido. Y solamente fue despertado por la alarma de su celular, avisándole que era un nuevo dia, para ir a trabajar de mula de carga.
Se quito las zapatillas y las voló lejos y camino como un zombi hasta el baño. El sonido de la regadera se escuchó rápidamente y luego de unos veinte minutos, el pelinegro salió del baño con solo una bata semi abierta y una toalla alrededor de su cuello para secar su cabello.
Se sentó en la cama y tomo su celular. ―Que alivio, hoy es viernes, mañana por fin poder descansar.
DespuĂ©s de navegar un poco por los momentos de sus amigos en kakao, comenzĂł a vestirse y luego a arreglar el maletĂn que le dieron para que cargara con ese montĂłn de papeles.
La pantalla del celular se ilumino, habĂa un nuevo mensaje. Sin embargo, si miras de cerca, podrĂas notar que la foto de fonde de pantalla era la de cierto presidente mandĂłn, que estaba comiendo y tenĂa las mejillas abultadas como una ardilla.
Se rociĂł un poco de perfume y saliĂł de la habitaciĂłn, camino hasta la cocina por una taza de cafĂ©, desenrosco la tapadera del termo y lo vaciĂł en su taza negra. El lĂquido estaba humeante aĂşn.
Diez minutos después, se encontraba en el metro, esperando a bajar en la siguiente parada.
JiMin masajeo su frente, sintiéndose un poco agotado.
No habĂa podido dormir muy bien desde la Ăşltima vez. Una sonrisa hilarante adorno su rostro y luego*tsk*dos veces.
A sus treinta años, es increĂble que tenga sueños hĂşmedos. PensĂł que despuĂ©s de pasar su pubertad y adolescencia, esos sueños morbosos dejarĂan de existir. QuiĂ©n lo dirĂa, que solo necesitaba ver la parte vital de cierto hombre, para que sus deseos reprimidos, volvieran como un huracán tempestuoso.
De verdad querĂa estrangular a alguien.
― Presidente Park. La reunión que estaba planeada para unos minutos fue pospuesta para las tres de la tarde. ―YoonGi informo, entrando en la oficina.
JiMin relamió sus labios y se recostó sobre su asiento. ― ¿Por qué?
YoonGi levanto la cabeza de la tableta en sus manos. ―El vuelo del señor Zhang se retrasĂł dos horas y no llegara hasta las once del dĂa.
JiMin suspiro. ―Bien, entonces que asà sea. ―Comentó, bajando la mirada hacia su computadora.
YoonGi lo observo en silencio, su manzana de adán subió y bajo lentamente. Su mirada abrazadora fue percibida por JiMin, y este se puso un poco nervioso.
― Algo más? ―Logro preguntar, por instinto sus piernas se apretaron un poco más.
YoonGi guardo silencio, luego negó. ―No.
― Entonces, sal. Tengo trabajo que hacer.
― Si, presidente.
Cuando YoonGi cerrĂł la puerta de la oficina, el mayor dejo escapar un suspiro contenido, aflojo su corbata y desabotono de los botones, sintiendo calor por todo su cuerpo.
No pudo evitar reĂrse de su indulgencia. ―IncreĂble, Park JiMin, eres realmente increĂble. ÂżCĂłmo es posible que un adolescente te caliente, Âżeh? Eres un desvergonzado... ―Se regaño a si mismo, sintiendo desprecio por sus pensamientos hacia el joven.
― No sé qué está pensando al hacerle caso a Geun Jae, genial. Cavaste tu propio agujero. ―Se burlo de su propio yo.
Por otro lado, YoonGi golpeo su pecho, más exactamente, al lado de su corazĂłn. Sus mejillas estaban algo acaloradas y sus orejas... bueno, bien podrĂan confundirse como dos cerezas maduras.
No sabĂa porque estaba sintiendo eso. El aire alrededor de Ă©l y su jefe era... Âżextraño? Porque... ÂżPor quĂ© se sentĂa tan nervioso cada que estaban solos?, ÂżPor quĂ© le tomaba fotos a escondidas?, ÂżPor quĂ© tenĂa sueños amarillos donde se veĂan involucrados ellos dos?
YoonGi nunca ha estado enamorado de un hombre. Tuvo varias novias mientras estaba en la secundaria, tambiĂ©n tuvo uno que otro ligue en la universidad, pero todas eran chicas, nunca se habĂa sentido atraĂdo por un hombre, hasta que lo conociĂł y convivio con Ă©l todos estos dĂas.
Entonces, Âżle gusta? YoonGi se preguntĂł confundido.
Se sentĂa diferente. Cuando salĂa con Kim JiShi no se sentĂa para nada igual, podĂan tomarse de las manos, pero Ă©l no sentĂa la necesidad de verla a cada instante, tampoco tomaba fotos de ella a escondidas, ni soñaba con ella.
ÂżEra gay?
YoonGi negĂł, si fuera gay, entonces se hubiera sentido atraĂdo por los compañeros de cuarto o sus amigos del club de nataciĂłn, y no. No sentĂa atracciĂłn por ninguno de ello.
ÂżBisexual?
Min lo sopeso, pero aun asi, no sentĂa atracciĂłn por otros hombres, el Ăşnico que le movĂa el tapete -como decĂa su abuelo- era su jefe. Y eso... lo emocionaba y a la vez lo asustaba.
― Asistente Min, Âżestá bien? Luce muy pálido. ―El secretario le pregunto, al pasar por su cubĂculo a dejarle la agenda de la siguiente semana.
YoonGi parpadeo rápidamente y sonrio. ―Estoy bien, solo algo cansado.
El secretario lo observo en silencio. ―Es normal, yo era igual a ti en mis primeras semanas, luego te acostumbras. ¿Cuántos meses estarás acá?
YoonGi pensó y luego respondió. ―solo dos meses.
El secretario asintió. ― Suerte. Si quieres desestresarte un poco, en la noche iremos con algunos amigos a un pub a beber, te nos puedes unir.
YoonGi lo repensó un poco y luego asintió. ―bien, iré. Creo que necesito unos buenos tragos.
El secretario se rio un poco. ―De acuerdo. Quizás y te tires un polvo.
YoonGi se rio. Y no respondiĂł nada. Este secretario que luce tan serio y con cara de pĂłker todo el tiempo, quien dirĂa que en confianza es tan desinhibido.
El silencio reino nuevamente.
¿Quién dijo que beber era un buen incentivo para dejar de pensar?
Aunque su cabeza estaba mareada y pesada, sus pensamientos estaban puestos en su jefe, en sus ojos brillantes y feroces, sus labios rojos y voluptuosos, su figura bien definida y ese aroma a colonia D&G.
¡Ahg, maldición!
El pub tenĂa la mĂşsica por los cielos, y los demás compañeros de la oficina estaban bailando y coqueteando con las chicas. Y el, el solo querĂa largarse de este lugar ruidoso.
― ÂżHola guapo, quieres compañĂa? ―una voz algo chirriante hablo cerca de su oĂdo. YoonGi se estremeciĂł y giro su cabeza rápidamente, provocándole un poco de dolor de cabeza.
― uff, feroz~ ―dijo.
YoonGi intento enfocar su mirada, pero sus ojos no cooperaron. ― ¿Quién eres?
La persona se rio. ― ¿Estas muy borracho, quieres subir y dormir un poco?
Antes de que YoonGi respondiera algo, fue jalado del brazo y se tambaleo un poco. ―El viene acompañado.
La persona levanto sus brazos en rendiciĂłn. ―no sabĂa, lo mirĂ© solito y quise hacerle compañĂa. Tranquilo guapo, no soy un tercero.
YoonGi no entendiĂł su parloteo, su cabeza estaba mareada y tenĂa ganas de vomitar...
― ¡Pre-presidente Park! ―la voz del secretario se elevó un poco.
JiMin lo observo en silencio y no dijo nada. ―salimos a divertirnos un poco, el pasante Min se nos unió, pero...
― Me lo llevo.
― pero... él
― ¿Qué?
― No, nada. Su maletĂn esta en el suelo.
JiMin observo a su alrededor y encontrĂł el maletĂn debajo de la mesa, se agacho aun con YoonGi en su otro brazo y recogiĂł el maletĂn. ―necesita ayuda presidente Park?
El castaño lo pensĂł un poco y luego asintiĂł, aunque era mayor que YoonGi, este niño... ÂżCuánto comĂa? ÂżPor quĂ© tan pesado?
El secretario engancho de un brazo a YoonGi y JiMin del otro, y solo asi pudieron moverlo fuera. El auto negro ya estaba esperando con la puerta abierta. Empujaron dentro al pelinegro y suspiraron ambos. Tan pesado.
― Esto... presidente. ¿Sabe dónde vive?
JiMin se congelo y luego fingió tranquilidad. ―Lo sé, su hermano me dio la dirección.
El secretario suspiro tranquilo y espero a que su jefe subiera al auto, hasta que dicho automóvil se perdió de la vista, el secretario abrió sus ojos y murmuro: “¿Cómo es que el presidente es tan cercano al novato?”
Mientras tanto en el auto.
― A mi departamento.
― Si, presidente. ―el conductor dijo sin ningún altibajo en su voz. El guardaespaldas en el copiloto tampoco dijo algo. Todos en silencio.
JiMin observo al joven a su lado, cabecear y luego murmurar sepa que cosa, habĂa una extraña sonrisa en su rostro frio.
Si no fuera porque su mejor amigo visita ese pub, no se habrĂa dado cuenta que su asistente estaba en el local, y podrĂa ser presa de esas bestias hambrientas de sexo...
Treinta minutos después.
El guardaespaldas cargo a un YoonGi semi inconsciente hasta dejarlo en la habitación de invitados. ―si ya no nos necesita, nos retiramos.
JiMin asintiĂł. Tanto el chofer como el guardaespaldas dejaron el apartamento.
El castaño se apoyĂł en el marco de la puerta, habĂa una sonrisa extraña en su rostro. Mientras JiMin lo observaba en silencio, YoonGi se acomodĂł en la cama, agarrando la almohada y enterrando su cabeza en ella. Para resoplar y al parecer, quedarse dormido.
Después de unos minutos, JiMin se acercó hasta la cama y se sentó, su mano se estiro y quito el cabello de la cara de YoonGi, este volvió a resoplar y mover sus labios.
El corazĂłn del castaño estaba bombeando fuertemente, se sentĂa como un ladrĂłn por lo que iba hacer, pero... ya no podĂa aguantar más, estaba sediento.
Se reclino y cerrando sus ojos, probo los labios del joven, tenĂan un olor a coctel de malta, un poco amargo pero dulce cuando bebes hasta el final. YoonGi gimiĂł bajito y JiMin chupo del labio suavemente, como una libĂ©lula posando por segundos antes de volar lejos.
Cuando se retiro estaba acalorado y sus pupilas dilatadas, si no se detenĂa... estaba seguro de que todo se saldrĂa de control. Se levanto de la cama y saliĂł rápidamente de la habitaciĂłn, cerrando la puerta en silencio, se apretĂł la mano contra el pecho.
¡joder, eso fue tan... estimulante! Se dijo. Mientras caminaba lentamente hacia su habitación.
Por otro lado. YoonGi abriĂł sus ojos y la mirada de borracho se habĂa sustituido por una muy sobria, tenĂa una extraña sonrisa en su rostro, sus dedos tocaron sus labios, aun podĂa sentir el calor del tacto que le dieron los labios bonitos de su jefe.
― Presidente Park... eres muy atrevido ―se rio bajito y luego se cubriĂł con la cobija―. No importa, eso significa que el tambiĂ©n se siente atraĂdo hacia mi... genial.
Ambos durmieron cĂłmodamente, teniendo sueños hĂşmedos que los hizo anhelar el contacto fĂsico hacia con el otro.
Lunes, por la mañana.
La tensiĂłn en el aire era palpable. O al menos eso es lo que sintiĂł JiMin, mientras ojeaba los papeles en sus manos. La mirada penetrante de YoonGi lo calaba hasta los huesos.
― Seguirás mirándome asi toda la mañana? ―JiMin no pudo evitar preguntar.
YoonGi resoplo y se acercó hasta estar al filo de la mesa. ― ¿Qué, no se me permite ver?
JiMin enarco una ceja. Sintió que la actitud de este pasante cambio desde el sábado que amaneció en su apartamento. Y el solo hecho de recordar lo que hizo, lo hacer ruborizar.
― ¿Qué-que insinúas?
YoonGi se rio bajito. ―Mis ojos no pueden dejar de verlo porque está usando ropa informal, y no sus costosos trajes de valentino.
Los dedos de JiMin se apretaron en las hojas en sus manos. Ciertamente se dio un capricho de usar ropa informal, aunque tenĂa treinta años, si vestĂa como lo hacĂa cuando iba a la universidad era como ver a un joven de veinte seis años, jugando a ser el presidente de la mejor compañĂa electrĂłnica del mercado.
YoonGi realmente estaba tratando de contenerse, pero hoy cuando vio entrar al presidente, usando un pantalĂłn jean negro, unos Nike rojos y una camisa roja a cuadro. Sus fantasĂas sexuales explotaron en su cerebro.
― saldrĂ© con unos amigos despuĂ©s, y no querĂa ir a cambiarme y regresar.
YoonGi tarareo un “oh” como si le creyera. Y se inclinó hacia adelante, por instinto JiMin se alejó un poco, su corazón estaba yendo demasiado rápido.
¡demasiado cerca!
YoonGi podĂa ver el nerviosismo en los ojos de su jefe. Como un niño que está siendo agraviado y quiere que lo consuelen. ―presidente Park, puedo probar algo?
JiMin ladeo su cabeza, sin entender del todo su pregunta. ― ¿sà puedo?
—SĂ. —AsintiĂł despuĂ©s de unos segundos.
YoonGi rodeo la mesa hasta estar a escasos centĂmetros del castaño y luego lo agarrĂł en un beso que hizo olvidar el hecho de que estaban en la oficina. No hubo vacilaciĂłn en ello. Fue un beso profundo, de labios a labios, devastador que hizo estremecer hasta el fondo a JiMin. Separo sus labios y los abriĂł. La presiĂłn de la lengua de YoonGi contra la de Ă©l enviĂł escalofrĂos de deseo corriendo a travĂ©s de todo su cuerpo. Como encontrar agua en el desierto despuĂ©s de meses con sed.
Ambos querĂan más.
Necesitaban más.
YoonGi separo su boca de la JiMin, degustando de los inflamados que lucĂan, miro sus profundos ojos marrones y nuevamente volviĂł a devorar su boca, arrancándole gemidos bajitos al mayor. JiMin enredo sus dedos en el cabello del joven, sintiendo sus piernas dĂ©biles y eso que estaba sentado en su silla, sin embargo, su cuello dolĂa un poco.
― ¿quieres continuar? —pregunto después de separarse del beso candente. Los ojos de JiMin ya estaban empañados de deseo.
Si se detenĂa ahora, se arrepentirĂa el resto de su vida. De eso estaba cien por ciento seguro.
Tragando grueso un suave “Si” para evitar luego la mirada devoradora de YoonGi. Su cuerpo se estremeció.
― bien, pondremos seguro a la puerta... no queremos interrupciones. ―comento YoonGi, ya caminando para colocar el seguro a la puerta, es un alivio que hoy el secretario que siempre esta frente a la oficina, tenga libre. Si no, que chisme empezarĂa a correr rápidamente.
DespuĂ©s de hacer eso, camino de nuevo hasta donde estaba JiMin, habĂa una sonrisa depredadora en su rostro. Las mejillas de JiMin ya estaban teñidas de un rojo vergonzoso, pero exĂłtico.
Mirando hacia abajo, levanto la barbilla del mayor, y se acerco hasta sentir el aliento de JiMin en su rostro. —Bien—, dijo con fiereza y juntĂł sus bocas, incapaz de seguir luchando contra el hambre que sentĂa, su cuerpo se elevĂł hacia JiMin, cada fibra, cada parte.
QuerĂa fundirse, escalar, sentir la piel.
JiMin gimió alrededor de la lengua de YoonGi, agarrándose a sus hombros. Tuvieron sexo allà mismo, sobre el escritorio de JiMin, follando en seco como adolescentes, incapaces de besarse con la suficiente profundidad o fuerza.
JiMin ya no era capaz de hablar, asà que se abrió a YoonGi, ofreciéndole sus pensamientos y emociones y exigiendo lo mismo a cambio.
Su mente era un lio, era como si dijera o gritara un “Te echaba de menos, no podĂa dejar de pensar en ti, no quiero a nadie más, creo que te quiero, te necesito, te adoro, te quiero, sĂłlo a ti”.
Y era atemorizante sus pensamientos, porque los sentĂa con una gran intensidad. Pero no importaba. PodĂa sentir que YoonGi sentĂa lo mismo por Ă©l. Porque sus movimientos eran voraces, mordiendo cada parte de su cuerpo.
Estaban en la misma lĂnea. QuerĂan lo mismo: el uno al otro. Y eso era lo Ăşnico que importaba. Todo lo demás lo resolverĂan despuĂ©s.
YoonGi siseo. —cariño, me estas apretando mucho, relate ¿s�... es delicioso, pero si sigues asi, me vendré muy pronto.
JiMin intento formular palabras, pero cada estocada golpeaba su punto. —Tu-tu desvergonzado.
YoonGi se carcajeo un poco, sus caderas se siguieron moviendo, la hebilla de su faja rozando las nalgas rojizas del castaño.
JiMin apretĂł un poco cuando el orgasmo lo golpeo fuertemente, el sillĂłn rojo se manchĂł del lĂquido blanquecino de su corrido. YoonGi se empujĂł más fuerte y se inclinĂł hacia adelante, mordiendo el hombro del mayor, para dejar todo su semen dentro del culito de su jefe.
Cuando saco su pene, el lĂquido blanquecino se derramo por las piernas contorneadas del castaño. JiMin estaba respirando fuertemente recostado en el espaldar del sofá. YoonGi observo detenidamente como si fuera su mayor logro y sonrio de lado.
La puerta sonĂł y ambos se exaltaron, JiMin siseo. Le dolĂa cada hueso de su cuerpo, YoonGi por otro lado, guardo su saciado pene entre su bĂłxer y se compuso el pantalĂłn, como si nada hubiera pasado.
Es solo que el sillĂłn estaba hĂşmedo, habĂa un olor a sexo en el aire, y su querido jefe yacĂa sin fuerzas y semi desnudo en el sofá. En verdad querĂa ir por una segunda ronda, pero serĂa negligente de su parte.
Desde ese entonces, la relaciĂłn asistente-presidente cambio rotundamente.
No lo habĂan vuelto hacer, pero la pĂłlvora volaba entre ellos, cada que estaban solos. Es solo que, hacerlo en la oficina, aunque era excitante, era peligroso.
SerĂa mejor si pudieran hacerlo en la cama...
Y tal parece que el deseo de ambos no está lejos de cumplirse.
--- ¿terminarlo en tu casa? —YoonGi enarco una ceja.
—¿Si, no puedes? —el castaño lo observo en silencio. YoonGi sonrió de lado.
--- sin problema alguno.
--- Bien, vámonos entonces.
YoonGi se rio nasalmente y guardo los documentos en su maletĂn, luego siguiĂł a JiMin hasta el ascensor, todo el camino fue en silencio.
Cuando llegaron al estacionamiento subterráneo, el auto ya estaba encendido. El pelinegro sonrio de lado y se montó en los asientos traseros, JiMin se sentó a su lado. El viaje comenzó, y nadie hablo durante todo el transcurso del viaje.
JiMin empujo a YoonGi de vuelta a la cama. No dijo una palabra mientras me sentaba a horcajadas sobre sus muslos. Por el deseo que pude ver arder en los ojos de YoonGi, no se necesitaban palabras.
YoonGi sabĂa exactamente lo que querĂa. PodĂa sentirlo en la dura polla que se presionaba contra su culo.
Un escalofrĂo involuntario recorriĂł su cuerpo cuando las grandes manos de YoonGi se cerraron alrededor de su cintura. Saco su camisa de super cara por la cabeza y lo enviĂł volando por la habitaciĂłn. JiMin se sintiĂł un poco desconcertado al estar medio desnudo cuando YoonGi no lo estaba.
Esa incertidumbre se desvaneció cuando sintió las deliciosas manos de YoonGi moverse sobre su pecho desnudo, posándose en sus pezones para pellizcarlos y tirarlos suavemente.
Dejo caer la cabeza sobre sus hombros y gimiĂł lastimeramente. Era un sonido
ininteligible, pero claro como el cristal en su volumen. Un profundo gemido de necesidad, su necesidad.
YoonGi parecĂa saber cuánto tirar, estirar, cuánta presiĂłn usar para llevarlo al borde mismo de la dicha.
--- voy a volverte loco por mĂ.
--- Ya, ya lo has hecho... ---respondiĂł JiMin, entre jadeos.
YoonGi sonrio ladinamente. Eso merecĂa una buena recompensa. HabĂa estado informándose de como poder satisfacer a un hombre, aunque al inicio lo encontrĂł algo hilarante, bien podrĂa hacĂ©rselo a JiMin. Solo a Ă©l.
YoonGi mantuvo ojos fijos en el alto y apuesto CEO, bajo con cuidado la boca y trago solo la punta de la polla del hombre. Sus labios ardieron cuando se estiraron alrededor de la amplia circunferencia de JiMin.
Las gotas de lĂquido preseminal que se acumulaban en la cabeza de la polla del castaño se escurrieron por su lengua, bañándome en los sabores más exĂłticos que jamás habĂa probado en su vida. PodrĂa volverlo seriamente adicto a chupar a este tipo con regularidad. Incluso podrĂa rogar por la oportunidad.
Acaricio con su lengua la cabeza de la polla de JiMin mientras esperaba que sus labios se acostumbraran al ardor mientras se estiraban lo suficiente para tragarlo. Era obvio que me iba a costar un poco más de esfuerzo de lo normal chupar a JiMin. Aparte de eso, era la primera vez que tenĂa la polla de un hombre en su boca.
Y el pene de JiMin, era muy bonito. Sexy pero bonito.
YoonGi lamio un largo camino desde la punta de la polla de JiMin hasta la raĂz y luego un poco más abajo. SintiĂł la mano de JiMin sobre mi cabello cuando chupo una de sus bolas.
Oh, sĂ, eso le gustĂł.
Min se tomĂ© el tiempo para chupar la otra bola, girándola con su lengua antes de lamer una lĂnea de regreso a los lados con venas gruesas. Para cuando lleguĂ© a la hendidura en la cabeza de la polla de JiMin, se habĂa acumulado otro charco de presemen y comenzĂł a gotear por los lados. LamiĂł ansiosamente cada gota.
Un profundo gemido saliĂł de los labios de JiMin mientras chupaba lentamente su eje por su garganta. Llego a la mitad de la impresionante erecciĂłn del hombre antes de tener que hacer una pausa y respirar profundamente por la nariz.
Una vez que tuvo más aire en sus pulmones, contino dándole placer a su querido presidente.
La lujuria que se encendiĂł en los vĂvidos ojos marrones de JiMin cuando lo trago hasta que la nariz se acurrucĂł en su casi inexistente vello pĂşbico, fue el mayor impulso de ego que jamás habĂa recibido.
Lo hizo sentir como si pudiera conquistar el mundo. QuerĂa más de esa sensaciĂłn. Los ojos de JiMin estaba llorosos, nunca le habĂan hecho una mamada, esta era su primera vez, y era asombroso.
Yoon sabĂa que JiMin se estaba acercando y querĂa que recordara esta mamada como la mejor que habĂa recibido. Respiro por la nariz, cuando JiMin empujĂł su polla hasta la garganta del pelinegro y se corriĂł con un ruido sordo.
Carga tras carga de corrida en su boca. YoonGi lo trago tan rápido como pudo, no fue tan asqueroso como pensĂł que sabrĂa, más aĂşn podĂa sentir gotas deslizándose por los bordes de su boca. Ansiaba tragar cada gota, pero no podĂa. HabĂa demasiado
de eso.
Cuando la presión en la parte de atrás de su cabeza se liberó, levanto mi cabeza, la polla de JiMin cayendo de su boca con un fuerte “plop”, y comenzó a lamer cada gota de semen que pudo encontrar.
YoonGi enarco sus cejas cuando se dio cuenta de que todavĂa estaba duro.
La respiraciĂłn de JiMin estaba completamente acelerada. Su pecho subĂa y bajaba rápidamente. Sonrio de lado y susurro palabras al oĂdo del mayor.
— Solo ve despacio. ---le respondió con vergüenza.
YoonGi se riĂł entre dientes mientras abrĂa la tapa del lubricante y vertĂa una cantidad suficiente de lĂquido en sus dedos, y luego cerraba la tapa. DejĂł caer el lubricante sobre el colchĂłn.
JiMin gruño agudo cuando los dedos de YoonGi empujaron en su trasero, resonĂł en la habitaciĂłn. Al instante se puso rĂgido por un momento y luego se estremeciĂł.
Su corazón tronó contra su pecho cuando YoonGi comenzó a meter sus dedos en su culo una y otra vez, hasta que sintió el pequeño anillo de músculos estirarse y latir contra sus dedos.
—Te necesito, JiMin —susurró YoonGi. —¿Puedo tenerte asà o necesitas estar a cuatro patas? Quiero poder ver tu cara cuando te tome.
Fue dulce que preguntara.
JiMin le sonrĂo. —Podemos hacerlo asĂ.
YoonGi liberĂł sus dedos y se deslizĂł entre sus muslos. El sonido de algo rompiĂ©ndose llego despuĂ©s, y luego, un momento despuĂ©s, una gran polla gruesa fue empujada en el culo del mayor, el ardor fue tan intenso que por un momento, JiMin pensĂł que podrĂa desmayarse. Fue un poco más doloroso que cuando lo hicieron en el sofá de la oficina.
El castaño estaba bastante seguro de que su culo estaba siendo partido en dos mientras YoonGi empujaba lentamente hacia adelante, hundiendo su enorme polla en su estrecho agujero. Para cuando sintiĂł los muslos de YoonGi rozar su trasero, pensĂł que podrĂa saborear la polla del hombre en dentro de su garganta.
JiMin agarro las sábanas y trato de no hacer una mueca cuando YoonGi se quedĂł inmĂłvil dentro de Ă©l. PodrĂa haber necesitado un poco más de estiramiento. ÂżSerá que la segunda vez es más dolorosa que la primera vez?
Respiro hondo durante varios momentos, luego asintió. —Estoy bien.
Sus piernas estaban abiertas hasta que cubrieron los brazos de YoonGi. Cuando el cuerpo de YoonGi se posĂł sobre el suyo, la polla en su culo se deslizĂł aĂşn más, lo que sorprendiĂł muchĂsimo a JiMin.
No pensĂł que YoonGi pudiera hundirse más dentro de Ă©l. Cuando el hombre comenzĂł a moverse, un fuerte grito de Ă©xtasis saliĂł de su garganta. Cada centĂmetro del enorme pene de YoonGi se arrastrĂł a travĂ©s de su punto dulce mientras el hombre salĂa y
empujaba hacia adentro.
Por un loco segundo, JiMin se preguntĂł si la polla de YoonGi habĂa sido diseñada especĂficamente solo para su rechoncho culo. SintiĂł como si llenara cada centĂmetro de Ă©l, como si se suponĂa que YoonGi encenderĂa cada nervio de su trasero.
Fue jodidamente fantástico, mejor de lo que esperaba. Fue muy diferente de la ultima vez.
El culo de JiMin estaba siendo aporreado mientras el hombre lo golpeaba a un ritmo que era, francamente, muy asombroso.
Apenas podĂa registrar el hecho de que YoonGi se habĂa retirado antes de volver a entrar. Todos los pensamientos y la respiraciĂłn en general se desvanecieron de su mente cuando sintiĂł una mano cerrarse alrededor de su propio miembro.
Estaba tan sensible que JiMin juro que podĂa sentir un cosquilleo en las bolas cuando YoonGi empezĂł a acariciarlo.
Quizás fue sudor.
Pero no importaba.
De verdad.
Solo necesitaba que esa magnĂfica polla no dejara de llenarlo. Estaba tan cerca que prácticamente podĂa saborearlo. Lo necesitaba tan jodidamente. Cada centĂmetro de su piel hormigueaba. Estaba sonrojado por el calor y se estaba calentando más.
—¡YoonGi!
Nunca habĂa experimentado tal sentimiento. Y en sĂ, no lo habĂa hecho con nadie despuĂ©s de su Ăşltima relaciĂłn, hace ya más de cuatro años. La sangre le atravesĂł el cuerpo mientras era empalado en la polla de YoonGi una y otra vez.
Se sintiĂł tan malditamente bien.
—¡YoonGi! —Un fuerte grito de finalización hizo temblar las ventanas mientras llego la liberación en la mano de YoonGi.
El rugido de YoonGi hizo eco en sus oĂdos rojos cuando el hombre empujĂł su gruesa polla tan profundamente en su culo como pudo. Él nunca saldrĂa si se saliera con la suya.
La mano de YoonGi acariciĂł su pecho mientras su rápido jadeo se reducĂa a una lenta subida y bajada. JiMin sonrio cuando YoonGi levantĂł la mano y le apartĂł el cabello hĂşmedo de sudor de la cara.
—Te amo, JiMin.
Algo hizo clic en lo más profundo de su interior, y la plenitud lo inundo al ver esos ojos brillar para Ă©l. Se sintiĂł satisfecho, más de lo que recuerdo haberse sentido algĂşn tiempo, sonrio al hombre que le habĂa arrebatado sus suspiros, sus anhelos, sus besos, el hombre que le robo el corazĂłn.
—Yo también te amo.
YoonGi parpadeo rápidamente y sonrio grandemente, sus manos acariciaron la espalda desnuda del mayor y besos sus labios sonoramente. Las mejillas de JiMin ya estaban sonrojadas, pero él sintió que se tintaron de un rojo más profundo.
Que extraño pero delicado sentimiento.
--- Aun asi, debes de preparar el plan que te entrego el secretario. ---murmuro JiMin, jugando con sus dedos sobre el pecho del pelinegro.
El cofre donde JiMin tenĂa la cabeza recostada se moviĂł por la risa del menor. YoonGi carraspeo despuĂ©s de reĂrse feliz. --- A tu servicio, mi señor.
Quien conoce los entresijos del destino, quizás hoy estén felices, y posiblemente en la siguiente semana no, pero ambos están dispuestos a intentarlo. Después de todo, son oportunidades que solo te llegan una vez en la vida. Hay que aprovecharlas.
Bueno, espero el Oneshot haya sido de su gusto, gracias por leerme, y por seguirme!!








