CapĂtulo 1 - Noche de encuentros
La mĂşsica suave del bar Blue Rose flotaba entre el murmullo de conversaciones y el tintinear de copas. Era un lugar discreto en las afueras de la ciudad, donde nadie hacĂa muchas preguntas y todos buscaban lo mismo: escapar de su rutina, aunque fuera por una noche.
Un Lobo de pelaje gris y de cabello blanco teñido, apoyado en la barra, giraba lentamente el vaso entre sus dedos. Sus ojos cian, intensos y afilados, observaban el ambiente con una mezcla de hastĂo y aburrimiento. HabĂa tenido una semana larga, más de lo habitual, y aunque no lo admitirĂa en voz alta, esa noche solo buscaba algo que lo sacara de su cabeza.
VestĂa con su estilo habitual: chaqueta cafĂ© abierta, camiseta ajustada blanca, jeans rasgados oscuros. Su porte musculoso destacaba, como siempre, pero no era solo su fĂsico lo que llamaba la atenciĂłn: era su energĂa. Una especie de magnetismo salvaje que muchos notaban... aunque no sabĂan exactamente por quĂ©.
Fue entonces cuando entró él.
Un joven Gato tambiĂ©n de pelaje gris de un tono más claro, cruzĂł la puerta con cierta timidez. TenĂa el pelaje bien cuidado, el cabello castaño cayĂ©ndole suavemente sobre la frente, y unos ojos verdes llenos de vida... pero tambiĂ©n de algo más. ÂżInseguridad? ÂżCuriosidad?
El Lobo lo notĂł de inmediato.
—No pareces del tipo que viene a estos lugares —murmurĂł para sĂ, divertido.
El Gato se sentĂł al otro lado de la barra, no muy lejos. PidiĂł algo suave, con voz amable, y luego mirĂł alrededor con aire nervioso. El Lobo sonriĂł. No podĂa evitarlo. HabĂa algo en ese chico que le picaba la curiosidad.
Después de un par de minutos, se levantó y caminó hacia él, copa en mano.
—¿Primera vez aquĂ? -preguntĂł, con esa voz grave y confiada que usaba cuando querĂa jugar.
El gato levantĂł la vista, sorprendido. Luego sonriĂł, un poco apenado.
—¿Tan obvio es? -respondió con suavidad.
—Un poco -el lobo se encogió de hombros-. Aunque... eso no es malo.
—Soy Toga —dijo el gato, extendiendo la mano sin pensarlo demasiado.
El Lobo dudĂł un segundo. Toga, Âżeh? HabĂa algo en Ă©l... algo que no era normal. Pero su instinto le gritĂł que no se alejara.
—Frank —respondió, estrechando su mano—. Bienvenido a este agujero de mundo, Toga.
Ambos sonrieron.
Ninguno de los dos lo sabĂa aĂşn, pero ese apretĂłn de manos iba a marcar el inicio de una historia más grande de lo que jamás imaginaban.
—Entonces... ÂżquĂ© te trajo por aquĂ? —preguntĂł Frank, recargado contra la barra con esa media sonrisa coqueta que parecĂa natural en Ă©l.
Toga bajó la mirada a su vaso, girándolo entre sus dedos. El hielo tintineaba suavemente.
—Supongo que... necesitaba distraerme un poco —admitió—. He estado... procesando cosas.
Frank alzĂł una ceja, curioso.
—¿Del tipo "ex" o del tipo "crisis existencial"?
El Gato soltĂł una risita nerviosa.
—Un poco de ambas.
Frank dejó escapar una carcajada suave. La sinceridad de Toga le resultaba refrescante, incluso extrañamente encantadora. No estaba acostumbrado a gente que hablaba con el corazón en la mano... y, sin embargo, ahà estaba ese gato desconocido, confesando sus emociones a un completo extraño.
—Bueno, viniste al lugar correcto —dijo Frank—. Aquà nadie te juzga, y el alcohol no hace preguntas.
Toga lo mirĂł con esos grandes ojos verdes, brillantes bajo las luces tenues del local.
—¿Y tú? ¿Vienes mucho por aqu�
—A veces —respondió Frank, bebiendo un trago—. Es tranquilo. No me gustan los lugares con demasiada gente... ni con demasiadas reglas.
Toga ladeĂł la cabeza, intrigado.
—¿Eres de los que no sigue las reglas?
—Depende —sonrió Frank—. Algunas merecen romperse.
El Gato se sonrojĂł apenas, y apartĂł la vista, sin saber exactamente cĂłmo manejar el tono provocador del lobo. Pero en el fondo, no le molestaba. Algo en Frank le parecĂa... familiar. No por el rostro ni la voz, sino por algo más profundo, más invisible.
El instinto.
ÂżLo sientes tambiĂ©n? pensĂł Toga, incĂłmodo. Su "otro yo", el que dormĂa en lo más hondo de su ser, comenzaba a agitarse, como si reconociera algo en ese lobo. Un aura distinta. Una vibraciĂłn en el aire.
Frank lo notĂł. No el sonrojo, sino el cambio sutil en la atmĂłsfera. Lo sintiĂł como un escalofrĂo recorriĂ©ndole la espalda. Por un instante, sus sentidos demonĂacos reaccionaron, percibiendo una luz que no encajaba. Una pureza.
No puede ser...
Ambos guardaron silencio por unos segundos.
Toga fue el primero en romperlo.
—¿Sabes? Me alegra haber venido esta noche.
Frank lo miró, los ojos entrecerrados. Luego, sonrió, con menos arrogancia y más sinceridad.
—A mà también.
En algĂşn rincĂłn del bar, la mĂşsica cambiĂł a una melodĂa más lenta. Una canciĂłn suave, melancĂłlica, que hablaba de encuentros fugaces y promesas sin hacer.
Y en medio del bullicio, dos seres ocultos, uno hecho de luz, otro de sombras, compartĂan un momento pequeño... pero autĂ©ntico.
El inicio de algo que ningĂşn destino pudo haber previsto.
—¿Te apetece un trago más? —preguntĂł Frank, señalando el vaso medio vacĂo de Toga.
El gato dudĂł un segundo, pero al final asintiĂł con una sonrisa tĂmida.
—Mientras no me lleves a casa cargado, está bien.
Frank riĂł con gusto y llamĂł al barman. PidiĂł algo más suave esta vez, consciente de que su nuevo compañero no parecĂa tener mucha tolerancia. Mientras esperaban, Toga se apoyĂł un poco más en la barra, ya más relajado.
—¿Y tú? -preguntó de repente—. ¿Qué haces cuando no estás en bares hablando con desconocidos?
—Trabajo en un taller. Motores, aceite, ruido... lo tĂpico —respondiĂł Frank, dando un sorbo a su copa-. Me gusta tener las manos ocupadas. Y ensuciarme.
Toga sonriĂł de lado.
—Eso suena... Ăştil. Yo no sabrĂa ni cĂłmo cambiar una llanta.
—Entonces ya tienes excusa para volver a verme —le guiñó Frank.
Toga se riĂł, aunque desviĂł la mirada un poco, avergonzado por lo directo del lobo.
—Yo... estudio música, bueno Masomenos, es más que nada un hobby -añadió, después de un trago—. Canto. A veces toco la guitarra.
Frank levantĂł una ceja, impresionado.
—Todo un Artista, ¿Eh? Eso explica la voz bonita.
Toga soltĂł una risa suave. Esa noche se sentĂa distinta. A pesar del dolor que habĂa arrastrado al bar, del nudo en el pecho y el peso en los hombros, sentĂa que... se aligeraba. Que podĂa respirar un poco.
—¿Te pasa a veces... que sientes que no perteneces del todo a este mundo? -preguntó de pronto, su voz más baja, más frágil.
Frank lo mirĂł fijamente. No era solo una pregunta cualquiera. HabĂa algo detrás. Algo que, si no se respondĂa con honestidad, se romperĂa.
—Sà —dijo sin dudar—. Más seguido de lo que deberĂa.
Toga lo mirĂł a los ojos. Por un momento, ninguno de los dos hablĂł. Sus naturalezas, ocultas bajo la piel y los años, se reconocĂan sin palabras. Luz y oscuridad, observándose, no como enemigos... sino como iguales.
—A veces creo que no deberĂa estar aquà —confesĂł Toga—. Como si todo lo que siento... todo lo que soy, fuera demasiado.
Frank apoyó su copa, se giró hacia él con el ceño ligeramente fruncido.
—No hay tal cosa como "sentir demasiado". Lo que sĂ existe... es gente que no sabe cĂłmo lidiar con alguien que siente más de lo que ellos jamás podrĂan.
Toga parpadeĂł, sorprendido.
—Eso fue... inesperadamente sabio.
Frank sonriĂł, esta vez sin sarcasmo.
—No soy solo músculos y sarcasmo. Aunque eso es el 90%, claro.
Ambos rieron, y por primera vez en la noche, Toga dejĂł de pensar en lo que habĂa dejado atrás. En su dolor. En su soledad.
Por un instante, solo existĂa ese lobo frente a Ă©l. Con sus bromas, su mirada profunda, y ese extraño calor en su voz que parecĂa envolverlo como un abrigo en invierno.
Cuando el reloj marcĂł casi las 2 a.m., el bar empezĂł a vaciarse. Pero ellos seguĂan allĂ, hablando de todo y de nada: pelĂculas que odiaban, comidas favoritas, sus ciudades natales, pequeños detalles que solo compartes con quien no esperas volver a ver... y, sin embargo, deseas volver a ver más que nada.
—Bueno —dijo Toga, estirándose—. Creo que deberĂa irme antes de que me quede dormido aquĂ mismo.
Frank asintiĂł, sin dejar de mirarlo.
—¿Tienes cómo volver?
—SĂ, tomĂ© taxi hasta aquĂ. HarĂ© lo mismo ahora.
Frank dudĂł un segundo, pero luego dijo:
—¿Puedo pedirte algo raro?
Toga ladeĂł la cabeza, curioso.
—Depende de qué tan raro.
—No desaparezcas —dijo Frank, serio por primera vez en toda la noche—. Me caĂste bien, Gato sentimental.
Toga sonrió, su pecho llenándose de una calidez inesperada.
—No planeaba hacerlo, Lobo misterioso.
Se despidieron con una sonrisa, sin abrazos ni promesas... pero con algo más fuerte.
Algo que los volverĂa a reunir.
Toga saliĂł del bar con las manos en los bolsillos de su abrigo. La noche estaba fresca, silenciosa, con una neblina tenue que cubrĂa las calles con un velo suave. CaminĂł unos pasos, esperando el taxi que habĂa pedido desde su celular. El aire frĂo le despejaba un poco las ideas... pero no el revoloteo constante que sentĂa en el pecho.
¿Por qué me siento as� Apenas lo conozco...
Detrás de él, la puerta del bar se abrió. Frank salió sin decir nada al principio, simplemente se apoyó contra la pared junto a la entrada y encendió un cigarro. La tenue luz del cartel del bar iluminaba su rostro gris, y sus ojos cian brillaban en la penumbra.
—¿TodavĂa aquĂ? -preguntĂł, sin mirarlo directamente.
Toga se encogiĂł de hombros.
—El taxi aún no llega.
Frank asintiĂł, exhalando el humo lentamente hacia el cielo.
—Las noches se sienten más largas cuando uno no quiere que terminen.
Toga lo mirĂł, sin decir nada.
Frank bajó la vista hacia él. Sus ojos se encontraron otra vez, como si ese último momento estuviera esperando pasar.
—Oye... —murmuró Frank—. No suelo hacer esto. De hecho, ni siquiera sé por qué me importas tanto. Pero algo me dice que nos volveremos a ver.
Toga sintiĂł una punzada en el estĂłmago. No de nervios... sino de certeza.
—Yo también lo creo —respondió.
Frank dio un paso más cerca, y por un instante, Toga sintiĂł que el mundo se detenĂa. El sonido lejano de un auto se acercaba, pero en ese espacio entre ambos, no existĂa nada más.
—Si algĂşn dĂa tienes una noche mala... como la de hoy —dijo Frank, con voz baja—. Vuelve a este bar. Tal vez yo tambiĂ©n estĂ© aquĂ, haciendo de cuenta que no espero verte.
Toga sonriĂł con ternura.
—¿Y si no tengo una noche mala, pero igual quiero verte?
Frank lo mirĂł en silencio... y luego sonriĂł de lado.
—Entonces no esperes tanto.
El taxi finalmente doblĂł la esquina, sus luces iluminando la escena como un cierre de telĂłn. Toga abriĂł la puerta, pero antes de entrar, se volviĂł por Ăşltima vez.
—Gracias por esta noche, Frank.
—No me des las gracias todavĂa —le guiñó el lobo—. Esto reciĂ©n empieza.
Y con eso, el taxi se alejĂł, dejando a Frank solo en la acera, con la brasa del cigarro brillando como la Ăşnica estrella en su noche.
Se quedĂł allĂ unos minutos más, contemplando la oscuridad... y preguntándose por quĂ©, por primera vez en mucho tiempo, sentĂa que su mundo estaba por cambiar.









Es mi primera vez aquĂ, espero que les guste mi historia.