Capitulo 1
En un salón oscuro y elegante, decorado con ornamentos tradicionales y sombras alargadas, dos hombres se sentaban frente a frente en una mesa de madera maciza. La atmósfera estaba cargada de un silencio tenso, roto solo por el leve sonido de un vaso de sake siendo posado cuidadosamente.
El líder del clan Yamamoto, un hombre de mirada fría y porte imponente, observaba a su homólogo del clan Nakamura con cautela.
-Saburo Nakamura -Dijo con voz firme. - Hemos estado en guerra durante demasiado tiempo. La sangre derramada entre nuestras familias solo alimenta el odio y debilita nuestro poder.
Saburo, de expresión dura y cabello oscuro pero con algunas canas, asintió lentamente.
-Ryutaro Yamamoto. -Respondió con respeto contenido. -Estoy de acuerdo. La guerra no nos lleva a ningún lado. Pero necesitamos una solución que garantice la paz y la fuerza de nuestros clanes.
Los dos hombres se miraron por un largo instante, evaluando las intenciones del otro.
-He venido con una propuesta. -Continuó Saburo. -Un pacto que podría unir a Yamamoto y Nakamura para siempre.
Ryutaro arqueó una ceja, interesado.
-Habla.
Saburo tomó un sorbo de sake antes de continuar.
-Nuestros hijos, Kiyoshi y Ryunosuke, son los futuros de nuestros clanes. Si logramos unirlos en matrimonio, consolidaremos nuestra alianza y pondremos fin a esta guerra.
Ryutaro frunció el ceño, una sombra de preocupación cruzó su rostro.
-¿Casar a Ryunosuke con Kiyoshi? -Preguntó. -Es una unión delicada. Ambos son orgullosos y reacios.
-Precisamente por eso. -Respondió Saburo con una sonrisa leve. -Pero la sangre que nazca de esa unión será la garantía de nuestra paz y el símbolo de un poder imparable.
El silencio volvió a caer sobre el salón. Los dos patriarcas sabían que ese pacto no solo cambiaría el destino de sus familias, sino también el de todo el país.
-Entonces, ¿estamos de acuerdo?-Preguntó Ryutaro finalmente.
Saburo asintió con firmeza.
-Sí. Por la paz y el honor de nuestros clanes.
Ambos levantaron sus vasos y los chocaron suavemente, sellando un pacto que cambiaría todo.
La noche se cernía sobre la ciudad como un manto silencioso de sombras. Las luces del distrito alto apenas lograban romper la oscuridad que rodeaba la mansión del clan Yamamoto, un lugar tan imponente como su linaje. Las paredes estaban cubiertas de retratos antiguos, silenciosos testigos de una historia bañada en sangre, poder y traición.
Ryunosuke estaba de pie frente a una de las ventanas del salón principal, una copa de whisky en la mano y la camisa abierta, dejando ver parte de sus tatuajes, marcas que hablaban más de él que cualquier palabra. La humedad de su piel aún brillaba tras una reciente sesión de entrenamiento. Su mirada, afilada y vacía, se perdía entre los reflejos rojizos de la ciudad.
-Ryunosuke.
La voz profunda de su padre rompió el silencio. El patriarca del clan, un hombre de rostro endurecido por los años y las guerras, lo observaba desde el umbral. Vestía su tradicional kimono negro, con el emblema del dragón bordado en oro.
- Necesitamos hablar.
Ryunosuke no respondió de inmediato. Se giró con lentitud, tomando un sorbo de la copa antes de posar la vista en su progenitor.
-¿Sobre qué? ‐Preguntó con desdén, dejando entrever la tensión habitual entre ambos.
El patriarca caminó hasta el centro de la sala y se detuvo frente al altar familiar. Encendió un incienso, murmurando unas palabras a los ancestros, antes de girarse hacia su hijo.
-Los tiempos han cambiado. Nuestro clan esta al borde de una guerra contra el clan Nakamura y si no actuamos ahora, todo lo que construimos caerá.
-No me digas que piensas arrodillarte ante los Nakamaru. -Exclamo Ryunosuke con una notaria expresión de molestia.
Su padre lo miró sin titubear.
-No. Te unirás en matrimonio con el heredero del clan Nakamura.
Un silencio pesado llenó el salón.
Los ojos de Ryunosuke, normalmente inalterables, se entornaron con furia contenida. Sus labios se curvaron en una mueca de burla.
-¿Estás dispuesto a entregarme como si fuera un simple peón?
-Esto no es una elección. Es tu deber. Y el chico Nakamura... Kiyoshi, es igual de rebelde que tú. Solo alguien como tú podrá domarlo. Si no hay respeto mutuo, que haya fuego. Pero esa unión debe suceder.
Ryunosuke rió sin humor. Un sonido áspero, como si algo dentro de él se hubiera quebrado lentamente.
-Un Nakamura... ¿Quieres que me mezcle con esos bastardos?
El padre se acercó y lo miró con dureza.
-Quiero que nos mantengamos con vida.
Ryunosuke lo empujó suavemente hacia un lado y caminó hacia la puerta, su copa vacía en la mano y su mente encendida.
-Veremos si ese tal Kiyoshi está a la altura del infierno que le espera.
El silencio reinaba en la mansión Nakamura, ubicada en lo alto del distrito este, donde los muros estaban custodiados por faroles encendidos y guardias armados. El interior, en cambio, era puro orden: mármol pulido, estatuas de lobos y una frialdad que hacía eco en cada paso.
Kiyoshi estaba en el dojo privado, con el torso desnudo y el cabello naranja pegado a su frente por el sudor. Respiraba agitadamente, blandiendo una katana que cortaba el aire con precisión. Sus movimientos eran agresivos, impulsados por la ira. Una furia que lo acompañaba desde siempre... una que tenía nombre: Enigmas.
-Kiyoshi.
La voz grave de Saburo Nakamura interrumpió el ritmo del entrenamiento. El patriarca, alto y severo, llevaba un haori oscuro con el símbolo del lobo grabado en la espalda. Sus ojos rojos, idénticos a los de su hijo, se clavaron en él como dagas.
Kiyoshi se detuvo, bajando la katana lentamente.
-¿Qué quieres ahora? -Preguntó, sin molestarse en ocultar el fastidio.
-Ven al despacho. Esto no se habla entre sudor y espadas.
Kiyoshi frunció el ceño, pero lo siguió.
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El despacho de Saburo estaba iluminado con luz tenue, adornado con mapas, contratos y retratos de antiguos líderes. Todo olía a estrategia y guerra.
Kiyoshi se cruzó de brazos, de pie frente a su padre.
-¿Y bien?
Saburo no se anduvo con rodeos.
-Me he reunido con el líder del clan Yamamoto. Hemos llegado a un acuerdo de paz.
Kiyoshi rió por lo bajo, con un tono irónico.
-¿Paz con los Enigmas? ¿Desde cuándo los lobos lamen las botas de las serpientes?
-Cállate. -La voz de Saburo cortó el aire como un látigo. -No es debilidad. Es supervivencia. Si no hacemos algo, terminaremos sepultados bajo el poder de ese clan. Lo sabes bien.
Kiyoshi apretó los dientes.
-Son arrogantes. Inestables. Se creen dioses porque sus sombras llegan más lejos. ¡Han hecho sufrir a los nuestros durante generaciones! ¿Y ahora quieres que incline la cabeza?
Saburo se levantó lentamente y se acercó a él.
-No quiero que la inclines. Quiero que te cases con uno de ellos.
Kiyoshi dio un paso atrás como si lo hubieran golpeado.
-¿Qué dijiste?
-Ryunosuke Yamamoto. El heredero. Se casará contigo.
El silencio que siguió fue explosivo. Kiyoshi lo rompió con una carcajada vacía.
-¿Quieres que me una con un Enigma? ¿Con ese bastardo? ¿Con uno de ellos?
-Sí. Porque si no hay unión, habrá guerra. Y prefiero verte compartiendo cama con el enemigo antes que verte muerto en un campo de batalla.
-No somos cobardes.
-No somos estúpidos. -Saburo lo fulminó con la mirada. -Esto no es una petición. Es una orden.
Kiyoshi bajó la mirada un segundo, temblando de furia, antes de clavar los ojos en su padre.
-Entonces que se prepare ese Ryunosuke... Porque no pienso hacer de esto una historia de amor. Esto será una batalla más.
Continuará...
Esta historia es una novela original hecha por mí. Cualquier copia en algún lado le caerá una denuncia ya que tengo los derechos registrados a mi nombre.
Gracias por leer,espero les haya gustado.
Saburo nakamura,lider del clan Nakamura:
Edad: 50 años
Ryutaro yamamoto, líder del clan Yamamoto:
Edad: 55 años
Graciass de nuevo por leer :)