Pesadillas al final
El viento aullaba como un lobo hambriento, lanzando ráfagas de lluvia helada que parecían cuchillas contra cualquier superficie que tocaban. La tormenta envolvía la noche en un manto de oscuridad, mientras los relámpagos rasgaban el cielo con destellos cegadores.
En medio de este revuelo, dos figuras se perfilan en un callejón estrecho y desolado. Uno de ellos, un alpha ya conocido con ese pelo castaño y desordenado lleno de vendas, actual dueño de la Port Mafia quien permanecía erguido, con el brazo extendido y una pistola en la mano. El cañón del arma apuntaba directamente a la cabeza del hombre en el suelo. Sus ojos, dos pozos oscuros de desprecio, reflejaban un odio tan frío y feroz como la tormenta que los rodeaba.
Yaciendo en el suelo Chuuya un hermoso omega quien momentos antes el castaño le terminó por romper el corazón, su rostro deformado por una mezcla de dolor y rabia. Sus manos temblaban mientras intentaba incorporarse, pero el peso de la derrota lo mantenía clavado en el suelo mojado.
Chuuya en el suelo escupió sangre antes de hablar, su voz era un gruñido ronco que apenas se oía entre el estruendo del trueno. -“Dazai maldito desgraciado, es imperdonable esto... Una vez más vuelvo a morir en tus sucias manos... ¿Hasta cuándo se repetirá este ciclo sin fin?”
El hombre armado no respondió de inmediato. Una sonrisa amarga torció sus labios mientras miraba a su enemigo con desdén. Cada palabra que salía de su boca estaba cargada de veneno. “Siempre fuiste un cobarde, Chuuya. Siempre te escondiste detrás de otros, cuando molestabas a mi gente. Pero hoy, no hay nadie que pueda salvarte.”
Chuuya intentó levantarse una vez más, pero la fuerza del golpe y el peso de sus errores lo mantenía postrado. Su mirada, llena de desafío, no se apartaba de la del hombre que lo tenía en la mira. -“Hazlo entonces. No tienes el valor.” Grito Chuuya, mientras se preguntaba a sus adentros- “¿Así es como piensas terminar todo esto? ¿Con una bala en la cabeza?, ja en ningunas de las cuatro veces que he vuelto, ni una sola vez cambiaste por mi, solo crees lo que ves y para ti yo era un enemigo en tu territorio y tus objetivos. Fueron las últimas quejas antes que Chuuya volviera a cerrar sus ojos en esta vida.
El hombre armado dejó escapar una risa breve y sin alegría. “¿Valor? No se trata de valor. Se trata de justicia.” para después disparar a su contrincante.
La tensión en el aire era palpable, cada segundo se alargaba como una eternidad. El sonido de la lluvia golpeando el pavimento y los truenos retumbando en el cielo eran los únicos testigos y cómplices de este asecinato.
En un lugar oscuro y desconocido Chuuya se encontraba pensando en sus adentros,- “Fue un error conocerte, desde aquella vez no he podido ser normal otra vez... De mi primera muerte recuerdo vagamente que me enamoré de ti y en ese mismo instante no me di cuenta que mi alma ya no me pertenecía, si no que era, de tu pertenencia. Alejándome de mi familia para estar solos nosotros dos... Aun así me mataste por no ser más de utilidad... Mi primera muerte, o mejor dicho, el primer destrozo.
En el instante en que morí desperté en una habitación conocida, que hace tiempo no veía, el calor de la casa donde fui criado. Al principio no comprendía lo que había sucedido pero estaba seguro que dios me dio esta oportunidad para demostrarte que realmente te amo. Empecé a juntarme más a ti, a tus conocidos, me adentre a tu mundo, a complacerte en todo lo que fuera, para poder ser alguien a tu lado. Pero hahaha... Como si fuera yo la burla del cielo me volviste a hacer lo mismo esta vez me incriminante de haber sido cómplice de matar a tu adorado Oda y te burlaste en mi segundo lecho de muerte, gritando delante de todos tus allegados, aquellas personas con las que yo igual conviví y pase lindos momentos. Que el niño que esperábamos no era tuyo, porque aquella noche que yo recordaba con esmero y amor fue en realidad una farsa planeada por ti; me mandaste vio%&/ en forma de pago inicial para vengar la muerte de Oda dando principio a cosas más horrendas, segun tu este engendro era mi propio error, empezaste a destrozar a mis seres queridos iniciando con mi hermana y terminando con la familia de mi hermano. Te roge arrastrándome hacia ti con el puñal en el pecho gritandote que nunca le haría tal cosa a Oda, aun asi no me escuchaste en absoluto. Fue mi segunda muerte, esta vez más amarga que la anterior.
Al principio de mi tercera muerte comprendí que tendría que ser tu celestino en tu tormentosa vida si quería no morir, así que esta vez decidí guiarte, lo primero que hice fue hacer un contrato de subordinación, oculto como el contrato de compromiso que durante nuestras tres vidas es inminente para el publico. Te predije los moviomientos de tu padrastro Mori, evite que Oda muriera, te ayude a elevar tu estatus y poder dentro del bajo mundo haciendo los trabajos sucios y delante de la sociedad pretende ser un omega comprometido con su alpha siendo nombrados “el matrimonio del siglo” jajaja una burla era para todos aquellos que me conocían, me decían “perro del jefe” o “marioneta”, mientras que tú disfrutabas los frutos con tu amante en turno, pero sobre todo me mantuve alejado de ti. Aun con todo lo que hice en la tercera vida no fueron suficientes puesto que esta vez tus súbditos más confiables pusieron una trampa para mi y calumniaron de traición siendo este mi fin.
Harto de todo esto en la cuarta y reciente vida decidí mantenerme alejado de ti, me prometi esta vez ser solo alguien poderoso para mantenerte lejos, mientras tú crecías odiandome, no me importó puesto que esta vez tenía el apoyo de tu padrastro, ahora veo tu gran odio en esta vida. Solo tuve compasión de Oda que en todas las vidas era una víctima igual que yo, solo lo ayude a escapar, lo tomaste con odio esta acción ya que aleje a Oda de ti, acabando por fin mi cuarta vida.
No se de quien fue la maravillosa idea de regresar siempre al mismo lugar y fecha acabando siempre con el mismo final. Al principio pensé que era el cielo quien me estaba dando una oportunidad pero con cada vuelta acabe confirmando que era el mismísimo infierno quien me veía como un juguete del destino.
Dando inicio por una quinta vez el mismo ciclo esta vez Chuuya acepto que nunca podría cambiar a Dazai y la declaración más certera era que ahora lo odias más que a nadie, que si Dazai va a jugar con fuego, Chuuya se encargaría de quemarlo hasta que no quede nada más que su repugnante olor. Preparado para proteger lo que más ama, el dara todo, ya no se dejará ser la marioneta de nadie, se convertira en el titiritero ahora.