Prólogo
Los gritos eran un eco constante entre los callejones de Roppongi. El sonido de motocicletas, cadenas golpeando el asfalto y la electricidad en el aire anticipaban un enfrentamiento inminente.
Kuroda Aneko —alias Black Feather— giró la cabeza justo a tiempo para ver cómo los bandos de Kudo Rengu y Ragnarok colisionaban como olas embravecidas. Su respiración se volvió inestable. Sabía que Wakasa estaba en algún lugar de ese mar de caos. Y aún así, ese no era su mayor miedo.
Una motocicleta venía directo hacia ella. No tuvo tiempo de moverse.
—¡Oye! —Una voz masculina, grave y desesperada—. ¡¡Cuidado!!
Dos brazos fuertes la envolvieron, arrastrándola al suelo segundos antes del impacto.
Cuando abrió los ojos, el mundo aún giraba, pero la voz ya no. Frente a ella, tendido sobre el pavimento y con una herida sangrante en el hombro, estaba él: Sano Shinichiro.
—¿Estás bien...? —le preguntó, apenas incorporándose con una mueca.
Aneko, aún temblando, asintió con lentitud. Por un segundo, su máscara de líder cayó. No era Black Feather. Era solo una chica. Y él… un extraño que se interpuso entre ella y la muerte.
Así comenzó todo.