Esto esta mal (¿Acaso eso importa?)

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Summary

Lucia, una chica que cursa su universidad estudiando la carrera de enfermería, un día de vacaciones estaba con sus amigos divirtiéndose en un centro comercial. Lucia, que siempre cuando va a ese centro comercial compra un café, esta vez no fue la excepción, pues fue a comprar su café mientras sus amigos iban a buscar algo que comer. Al tener su café ya listo, no se da cuenta y choca con alguien y su café sale volando, cayendo en la camisa de aquel hombre que era muy guapo, pero traía un mal humor, y aunque Lucía intentó calmar la situación, por parte de aquel hombre no ayudaba. Tuvieron una pequeña discusión hasta que Lucía no quiso seguir y se fue. Lo que no esperaba es que días después aquel hombre lo vería de nuevo, pero ahora como su profesor. Lo odia profundamente por su comportamiento, dado que todo había sido un accidente. Sin embargo, también es sumamente atractivo.

Status
Ongoing
Chapters
20
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

Capítulo 1

Lucia

—Ma, nos vemos al rato, ya me voy. —Me despedía de beso; hoy tenía una reunión con mis compañeros de la universidad; se nos empezaban a acabar las vacaciones. ¡Qué horror ver nuevamente a los profesores que quieren que te aprendas todo lo que te enseñan, cuando a ellos les tomó toda su carrera saberlo!

Pero bueno, qué se le puede hacer; ni hacer corajes es bueno porque luego te da un paro cardíaco.

Al llegar, tuve que mirar a todas partes. Había un montón de personas y el ruido era la mejor combinación que podía existir. Daría mucho para que todos se callaran.

No tardé mucho en notar que estaban en la entrada de aquel lugar llamado Crazy que estaba dentro de un centro comercial...

Me acerqué a ellos saludando con una sonrisa, y ellos de la misma forma, o bueno, no todos.

—Al fin llegas —decía Frida con una cara de pocos amigos—te recuerdo que a mí no me dan permiso de salir tanto tiempo-

—Sí, ya lo sabemos —no pude evitar que mi voz se escuchara de fastidio. —Bueno, seguimos hablando y que se pase el tiempo o ya entramos a jugar-

Pagamos la entrada y empezamos a jugar. Todos éramos malísimos, pero lo importante era divertirse. Había pasado como 30 min y solo 2 bolas habían entrado.

—Yo ya no juego. No le doy a nada y qué vergüenza-

Ya se había tardado en hablar. —Por favor, Frida, nadie sabe jugar ni yo he podido meter una, deja ese humor que te cargas y ponte a jugar-

—A mí no me vas a mandar-

-Perfecto, no juegues-

—Chicas, chicas tranquilas, solo es un juego, no se enojen —habló Miguel.

No dije nada, y por un momento tuve la impresión de que ella iba a decir algo; pero no solo se mantuvo en silencio.

Así que solamente me dispuse a tirar y por un momento pensé que iba a entrar, pero chocó en la esquina y fregó todo.

—Casi —dijo José, otro compañero que estaba ahí —no me dejes todo el trabajo, Luci-

—Es lo que hay —me encogí de hombros.

Todo eran risas cada vez que había una falla, menos de Frida, que cada vez que fallaba se enojaba. ¿Le debería de dar un cachetado? Tal vez así dejaba de ser tan amargada.

Me tentaba esa opción, pero tenía que sacarla de mi mente cuando sentí un pequeño codazo de parte de José, como si hubiera sabido lo que pensaba.

Había pasado como una hora y ahora estábamos a una de ganar uno de los dos equipos. Le tocaba a Frida toda la tensión; se sentía que dejamos de respirar; como en cámara lenta, pego en la bola, pero no entró; se quedó a un dedo.

—No vale, la tienes ganada, yo propongo...—

—No, ni modo para que no le des más fuerza.

—Si no la metes, Lu ya es mucho-

—Ay, ya cállense que me ponen nerviosa —tome el palo y me posiciones bien solo para darle un pequeño empujón, dónde corte mi respiración al momento que vi que la bola blanca casi entraba.

Se escucharon los gritos de José y después los míos. Chocamos las manos alegremente.

-No, si nosotros si sabemos jugar- dije

—Cállate, Luci, que yo tuve que hacer todo el trabajo-

-Tu di que si, José-

—Bueno, puedo decir que felicidades, aunque casi les ganamos-

—Para la otra será, yo confío en ustedes—, mirando a ambos, Frida y Michel.

—Te aseguro que ganaremos-

Sonreímos ambos; a veces éramos muy competitivos, pero nadie se enojaba.

Salimos del lugar, ya que solo habíamos pagado 2 horas y teníamos mucha hambre después de ese arduo juego que tuvimos.

—Saben, tengo ganas de un café, así que ahorita vuelvo. Si quieren ustedes, sigan ahorita los alcanzo-

—Vamos, así no vas sola-

—Ay, ya la escuchaste, Michel, ahorita nos alcanza, no tenemos que ir, aparte no le va a pasar nada-

Me mordí mi labio inferior; un día me iba a sacar de mis casillas y nadie me va a poder parar —pueden ir, ahorita los alcanzo, así piden primero y no perdemos tiempo-

Al principio veía que ninguno de mis dos compañeros me quería dejar sola, pero casi los empujaban para que no pensaran mucho.

—Nos avisas si pasa algo y venimos corriendo-

—Sí, José, entendido —hice un ademán como saludo de soldado ante ellos. Dieron la vuelta para irse —bien ahora por mi café— y caminé hacia aquel lugar donde daba gracias por qué no había tanta fila. Llegué hasta la barra y pedí mi café. Observaba cómo los preparaban; era un tipo de deleite ver eso.

—Aquí tiene, señorita, que tenga un buen día. —sonrió con amabilidad aquel muchacho mientras me daba mi café.

—Gracias, igualmente —respondí de igual forma con una sonrisa y me dispuse a caminar hacia donde estaban los demás. En eso sonó mi teléfono; era un mensaje de ellos; querían saber dónde estaba y porque tardaba mucho. Sonreí para después contestarle.

Lo que pasó después fue muy rápido; iba caminando con la vista puesta en mi teléfono y no me di cuenta en qué momento un hombre se metió en mi camino y tropecé con él; me asusté en ese momento y cuando levanté mi mirada, lo primero que ví fueron gotas de mi café en su camisa.

-Perdón yo...- me interrumpe

—No debería de fijarse por dónde va —él ni siquiera me prestaba atención, solo intentaba quitarse las manchas de café de su camisa.

Claro como si eso fuera a quitar aquellas manchas.

Me mordí mi labio inferior; quería gritarle y decirle cosas, pero tenía que calmarme. —No lo ví; estaba contestando mi teléfono.

—Claro, en vez de que se detenga en alguna parte, sigue caminando y ocasiona accidentes. —Al fin se dignaba a mirarme.

Su mirada penetrante de ojos azules oscuros, cabello negro, vaya que sí es atractivo. Lástima, que su humor no le ayudaba mucho.

—Ya le pedí disculpas que más quiere —me exalte.

—Y piensa que con una simple disculpa se arreglará lo que ocasionó-

—Puede, pero yo no tengo toda la culpa, usted también, porque no se desvío a un lado así no hubiera pasado nada-

—Ahora me está culpando-

—Solo estoy siguiendo su lógica, y ya no se enoje, señor viejo malhumorado, mejor tenga —sacó servilleta y un billete de 500 pesos y se los tendió. No creo que esa camisa valga más que eso.

—¿Me acabo de llamar viejo malhumorado? Quien se cree para...-

Ruedo los ojos; de verdad quería acabar con todo esto. Agarro su mano y en su palma le dejo la servilleta y el billete.

—Creo que con eso alcanzará y si quiere mucho esa playera, puede lavarla con un poco de jabón y tallar un poco y queda como nueva-

—Mira, muchachita, no quiero tu dinero, quiero que entiendas que estuviste mal— quería regresarme el billete, pero di unos pasos atrás.

—Sí, sí, ya entendí, así que como ya entendí me voy y espero no verlo —lo rodé antes de que él dijera algo más. Tenía que salir de ahí antes de que me metiera en más problemas. Lo bueno es que es muy difícil volver a verlo, o eso creía.

—Tardaste mucho, te encontraste a tu amor por ahí-

—Ojalá el destino me lo hubiera mandado. Pero no me mandó otra cosa-

-Que te mando?-

—Qué chismoso eres, José-

—Es ser comunicativo, solamente no queremos que te pase nada-

—Sí, como no —empecé a contar la pequeña historia de lo que pasó. Todos se fueron hasta Frida que no se había reído desde que salimos de la mesa de billar.

—Tal vez se encuentren nuevamente y se enamoren, ya saben lo que dicen por ahí: del odio al amor solo hay un paso-

—Deja de decir tonterías, José, no ves que no lo quiero ver ni en pintura-

—Creo que tienes razón, José, ésta se va a venir enamorando de él-

—Ahora tú también, Michel, ya mejor cállense y coman. —Era un dolor de cabeza cuando se lo proponían.

—Sí, ya déjenla— dijo Frida por fin. A veces se comportaba como mi enemiga y otras veces como la mejor amiga que pudiera tener...

Solo espero que el destino no me juegue una mala jugada y me vuelva a ver con él. Era muy guapo, pero realmente su humor no ayudaba; era un idiota.

Un idiota tan lindo.