Super Asesino

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Summary

En la sombría ciudad de Nethraxis, Taylor, un vigilante conocido como Súper Asesino, se embarca en una cruzada implacable para destruir a la Hermandad del Cuervo Negro, una organización secreta que ha sumido a la ciudad en la corrupción. Forjado por una infancia marcada por la tragedia y la pérdida de su familia, Taylor enfrenta no solo a los letales operativos de la Hermandad, sino también a sus propios demonios internos. En su camino, se cruza con otros vigilantes como Vesper y Crimson Shade, formando alianzas tensas y enfrentándose en combates brutales que desafían su propósito. Cuando la batalla final contra el monstruoso Don T exige un sacrificio supremo, Taylor entrega su vida para salvar a la ciudad y a su hermano Max, dejando un legado de redención y un dilema moral que sacude a Nethraxis. Súper Asesino es una historia épica de venganza, heroísmo y el costo de la justicia en un mundo donde las sombras ocultan tanto a héroes como a villanos.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1: El Nacimiento del Asesino

Nethraxis era un laberinto de sombras donde la esperanza se desvanecía al caer la noche. Las calles, sumidas en susurros oscuros, ofrecían un escenario de caos y desesperanza. Entre los restos de un pasado glorioso, se erguía una vieja mansión, eco de una época olvidada, ahora vencida por el abandono. En sus entrañas, oculto a la vista del mundo, un taller secreto latía como el corazón de una bestia dormida. Allí vivía Taylor, un hombre moldeado por el dolor y la pérdida.


El lugar estaba saturado de tecnología de punta, esquemas minuciosos y prototipos inconclusos. El zumbido constante de los dispositivos llenaba el aire, junto con el eco metálico de su trabajo incansable. Frente a un espejo resquebrajado, Taylor observaba su reflejo distorsionado. Sus ojos, helados y calculadores, repasaban cada trazo de su rostro, mientras en su mente se repetía la noche que selló su destino.

Era solo un niño, escondido en un armario mientras la muerte reclamaba a sus padres. Esa imagen, fragmentada y borrosa, había sido sustituida por la resolución férrea de un adulto dispuesto a vengarse y proteger a los indefensos.

El anciano que lo crió no solo le enseñó a luchar, sino a pensar como un cazador en un mundo infestado de presas. Su entrenamiento fue implacable, diseñado para convertirlo en algo más que un asesino: una sombra de justicia y temor. Ese era su legado. Y había llegado el momento de hacerlo real.

Sobre una mesa, una armadura de nanotecnología lo aguardaba. Taylor pasó los dedos sobre el material futurista. Aquello no era solo un traje: era su piel, su fuerza, su símbolo. Cada componente había sido diseñado para elevar al máximo su eficiencia en combate y supervivencia. Mientras se enfundaba en ella, sintió cómo el metal se adaptaba a su cuerpo como una segunda piel. El reactor en su pecho se encendió, derramando una luz pálida que iluminó fugazmente el taller.

Se miró una vez más en el espejo. Esta vez, no vio al hombre, sino a la figura que había creado: el Guardián Oscuro. La transformación estaba completa. Bajo el casco, sus ojos portaban una mezcla de determinación y melancolía. Nethraxis necesitaba más que justicia: necesitaba una purga. Y él estaba listo para iniciarla.

Salió del taller sin una palabra, ascendiendo hacia la noche hostil que lo esperaba. Desde la azotea, contempló la ciudad envuelta en neblina, corrupta hasta el alma. El viento rugía, pero él permanecía inmutable. Con un salto preciso, desapareció entre las sombras, su silueta fundiéndose con la oscuridad.

Las calles se convirtieron en su cacería. Solo tenía un objetivo en mente: encontrar a la Hermandad del Cuervo Negro. Cada paso, cada movimiento de su armadura, estaba calculado para el sigilo. Sus enemigos no sabían que ya estaban siendo cazados.

La pista más reciente lo llevó a un callejón en ruinas, donde un informante esperaba a un socio desconocido. El hombre, nervioso y desaliñado, no tenía idea de que su tiempo se agotaba. Taylor emergió del oscuro rincón como una sombra letal.

—Dime lo que sabes —ordenó con voz baja, cortante.


El informante, paralizado por el miedo, balbuceó:


—Yo… yo no sé nada sobre la Hermandad. Solo vine a cerrar un trato...


No hubo compasión. En un parpadeo, Taylor lo desarmó y lo redujo con una brutal técnica de combate. El hombre cayó temblando, y el casco negro se inclinó sobre él.


—Habla. No tengo tiempo que perder.


La mirada del vigilante era una sentencia. Aterrorizado, el criminal comenzó a soltar la lengua. Pero antes de que pudiera terminar, un disparo rompió el silencio. Una bala impactó la pared cercana. Desde las sombras aparecieron dos figuras: Vesper y Elian Crowe.


Vesper se adelantó, imponente.


—¿Qué ocurre aquí?


Su voz era profunda, autoritaria, imposible de ignorar.


Elian, su joven aprendiz, lo seguía con mirada insolente.


—¿Y este quién se supone que es?


Taylor se incorporó con calma, sin apartar la vista de Vesper.


—Estoy tras la Hermandad del Cuervo. Este sujeto tenía información.


Vesper avanzó con la cautela de un depredador nocturno.


—¿Y por qué habría de confiar en ti? No pareces interesado en cooperar.


—No vine a unirme a tu grupo —respondió Taylor, firme—. Solo busco destruir a la Hermandad. Si eso implica colaborar, bien. Pero no seguiré tus reglas.


La expresión de Vesper se endureció.


—No tolero a los justicieros sin control. Esto no es una venganza personal. Nethraxis necesita orden.


Taylor acortó la distancia con una rapidez intimidante.


—No necesito tu permiso. Si quieren resultados, me van a necesitar. No tengo tiempo para jugar a los héroes.


Elian se tensó, listo para intervenir, pero Vesper alzó una mano.


—Haz lo que tengas que hacer... pero hazlo con cuidado. Esta ciudad ya está al borde del abismo.


Taylor se dio media vuelta y se internó en la noche sin volver la vista atrás.


Siguió su ruta hacia los distritos más peligrosos, donde solo sobrevivían los que no conocían límites. Allí, sin saberlo, cruzó a territorio de otro vigilante: Crimson Shade.


Nolan, el hombre tras ese nombre, no toleraba intromisiones. Al ver una figura desconocida entre sus dominios, no dudó en actuar.


—¡Detente ahí! —gritó, acercándose con sus armas desenfundadas. Su casco rojo brillaba bajo la escasa luz—. No sé quién eres, pero este lugar no te pertenece.


Taylor se detuvo, girando lentamente. Evaluó a su interlocutor con una frialdad calculadora. No lo reconocía, pero comprendió que tenía frente a sí a otro cazador.


—Lo que haga, y donde lo haga, no es asunto tuyo —replicó—. Tengo una misión. Y no dejaré que nadie se interponga.


Crimson Shade frunció el ceño bajo su casco.


—No me interesa tu misión. Si estás aquí, más te vale tener una buena razón... o te sacaré por la fuerza.


La amenaza se perdió en el vacío. Taylor no era de los que se dejaban mandar, y menos por desconocidos. Sin responder, avanzó hacia Crimson Shade con paso firme, dejando clara su postura.


—Te lo advertí —murmuró Nolan, y disparó dos balas que impactaron frente a los pies del intruso.


Taylor no se inmutó. En un movimiento veloz, desenfundó su espada y desvió los proyectiles con un giro certero. Las esquirlas saltaron en todas direcciones. La pelea comenzó sin más palabras.


Crimson Shade disparaba con precisión, buscando mantener la distancia, pero Taylor se deslizaba entre las sombras con movimientos ágiles y letales. Su espada destellaba como un rayo en la penumbra. Cerró el espacio entre ambos en segundos, lanzando un tajo que Nolan esquivó por poco.


El combate se intensificó. Cada ataque de Taylor era rápido, preciso, lleno de furia contenida. Nolan, aunque hábil, comenzó a ceder terreno; su técnica no alcanzaba la brutalidad de su rival. Un giro fulminante desarmó a Crimson Shade, su arma voló hasta chocar contra un muro con estruendo metálico.


Pero no se rendiría. Aprovechó un hueco para esquivar el filo y contraatacó con una ráfaga de golpes directos. Sus puños chocaban contra el metal, pero Taylor resistía, bloqueando con su espada, el acero vibrando con cada impacto.


Era una pelea cerrada, violenta. Golpe tras golpe, ambos demostraban su destreza en cuerpo a cuerpo. Crimson Shade intentó una patada baja; Taylor la esquivó y contraatacó con la empuñadura, estrellándolo contra la pared. La rabia de ambos vibraba en el aire, cargada de propósito.


Finalmente, Taylor lo arrinconó. La hoja brillaba, apuntando directo al pecho de Nolan. Este, jadeando, alzó su arma una última vez.


—¿Quién demonios eres? —escupió, frustrado.


Taylor lo sostuvo con la mirada, sus ojos encendidos tras el visor.


—El que traerá justicia a esta ciudad. Cueste lo que cueste.


Y sin más, giró sobre sus talones y se desvaneció en la oscuridad, dejando a Nolan entre la confusión y la furia. Sabía que no sería el último encuentro.


Los pasos de Nolan no tardaron en resonar detrás. La persecución había comenzado.


Taylor se desplazaba por los tejados de Nethraxis como una sombra. Saltaba entre edificios con la precisión de un cazador nocturno, su armadura amplificando cada movimiento. Pero Nolan no se quedaba atrás. Criado entre los callejones más crueles de la ciudad, conocía cada rincón. Y no pensaba soltar su presa.


La niebla cubría los techos como un manto helado. A su alrededor, la ciudad era un fantasma de luces muertas. Taylor sabía que no podía dejarse alcanzar; la Hermandad del Cuervo Negro aún estaba suelta, y esta pelea era solo un desvío.


Giró bruscamente y se adentró en un callejón angosto, tratando de perder a su perseguidor. Pero Crimson Shade no cayó en la trampa. Saltó desde un edificio contiguo y aterrizó frente a él, bloqueándole el paso.


—Te lo advertí —gruñó Nolan, sus armas gemelas listas—. No vas a irte tan fácil.


Taylor actuó sin vacilar. Arrojó una granada de humo a sus pies. En segundos, el callejón quedó envuelto en una niebla densa. Nolan disparó, pero Taylor ya había desaparecido en el humo, moviéndose entre las sombras. Alcanzó a su rival por el flanco y, con un golpe preciso, le hizo soltar las armas.


El choque metálico resonó en el estrecho espacio, pero Nolan no necesitaba pistolas para pelear. Rugió, lanzándose al combate.


Los puños volaban en la penumbra. Taylor, entrenado en técnicas letales, atacaba con rapidez quirúrgica. Nolan, en cambio, respondía con pura fuerza, cada golpe impulsado por la rabia.


El choque era brutal, una danza frenética entre dos fuerzas que se rehusaban a ceder. El callejón se convirtió en un campo de batalla: golpes sordos, respiraciones rotas, huesos crujiendo entre bloqueos y contragolpes.


Taylor logró desequilibrar a Nolan con una patada giratoria. Este retrocedió, y Taylor no perdió el momento: desenfundó su espada, apuntando al pecho del vigilante.


Nolan, con la respiración agitada, no bajó la mirada.


—No sé quién diablos eres, pero si crees que caeré aquí… estás equivocado.


Taylor no respondió de inmediato. Mantuvo la hoja firme, evaluándolo.


—Este es tu último aviso. No te interpongas en mi camino otra vez.


Nolan apretó los puños, midiendo sus opciones. Pero antes de que pudiera moverse, Taylor dio un paso atrás, retrocediendo hacia las sombras. Sabía que seguir peleando era una pérdida de tiempo.


La Hermandad no esperaría.


Con una última mirada, Taylor desapareció entre la niebla. Nolan quedó en silencio, su furia aún hirviendo. Y en su mente, una única certeza: ese enmascarado volvería, y la próxima vez, no lo dejaría escapar.