Parte 1
Meses después de la llegada del dios de la destrucción y su lucha contra el super saiyajin dios, Bulma organizó una nueva fiesta en Corporación Cápsula, era el cumpleaños 9 de su hijo. No escatimó en nada, las luces de la fiesta brillaban con intensidad, había mucha comida y muchos invitados, con juegos inflables pensados para el cumpleañero y su mejor amigo, Goten; éstos jugaban mientras que los adultos conversaban y reían.
Mr. Satán intentaba impresionar a un grupo de invitados con una demostración de fuerza que claramente estaba manipulada.
—¡Y con un solo dedo, sostendré esta cápsula llena de... ¡ladrillos! —gritó dramáticamente, inflando el pecho.
Lo que no sabía es que Oolong había intercambiado la cápsula por otra con... gelatina.
Al activarla, una enorme masa roja temblorosa explotó en el rostro del campeón del mundo, empapándolo por completo.
—¡¿Q-qué es esto?! —gritó Mr. Satán con la cara cubierta de gelatina.
—¡¡Postre instantáneo!! —gritó Oolong desde una mesa cercana, chocando las manos con Puar.
En una de las mesas, Krilin trataba de comer en paz, pero Marron le había pintado el cráneo con plumones de colores. Un pequeño dragón azul, un sol sonriente y lo que parecía un bigote falso adornaban su cabeza calva.
18 observaba todo sin intervenir, tomando una copa con elegancia.
—No te ves tan mal, querido. Hasta pareces un guerrero.
—¿Eh? ¿De verdad? —preguntó Krilin esperanzado, hasta que notó que Yamcha se estaba riendo a carcajadas desde el fondo.
Mientras todos disfrutaban de la fiesta, Goku y Vegeta estaban cerca de la mesa de postres, observando un enorme pastel de varios pisos.
Goku (con ojos brillantes):
—Vegeta, ¿quieres apostar a quién se come más rebanadas?
Vegeta (cruzándose de brazos):
—¿Qué clase de reto ridículo es ese? ¡Obviamente yo ganaría!
Goku (sonriendo pícaro):
—Entonces, si pierdes, tendrás que hacerme 10 sentadillas con peso... ¡y sin quejarte!
Vegeta (desafiando):
—Y si ganas tú, harás la cena para toda la patrulla del universo.
Los dos se lanzaron una mirada intensa, y sin más, comenzaron a devorar el pastel a una velocidad alarmante. A los pocos minutos, ambos estaban con la cara cubierta de crema y pastel, jadeando.
Vegeta (entre respiros):
—¡Esto es una pérdida de tiempo! ¡No hay honor en esto!
Goku (riendo):
—¡Jejeje! Lo importante es divertirse, Vegeta.
En ese momento, Bulma pasó junto a ellos, alzó una ceja y dijo:
—¿Otra vez con sus tonterías? ¿No podrían comportarse siquiera una vez?
La fiesta transcurrió durante varias horas, llena de risas y alegría. Cuando estaban por despedirse, sin aviso alguno, una figura comenzó a descender lentamente desde el cielo. Todos los guerreros, alertados por una oleada de ki, se reunieron en silencio, formando una línea. Miraban solemnemente desde abajo como la figura continuaba acercándose, hasta hacerse más visible. Era un ki que por segundo oscilaba entre la presencia de Vegeta y la de Goku. Aterrizó y tocó el suelo a unos metros de distancia de ellos.
Bulma y los otros invitados observaban desde mayor distancia. El enigmático ser portaba unos relucientes aretes amarillos, ropa naranja y azul, cabello castaño oscuro y erizado. Su rostro era una perfecta fusión de los rasgos de Goku y Vegeta.
—Papá, ¿quién es él?, ¿otro saiyajin?... —preguntó Trunks.
—¿Esos aretes no son los que portan los Kaio-shin?
Goku y Vegeta se dirigieron una mirada confundida.
—Padre... —Gohan yacía una idea—. Ese parecido contigo y el señor Vegeta, y esos aretes. Ese no es...?
—¡Imposible! ¡No hay modo de que ese insecto haya podido manifestarse sin nosotros! —prosiguió Vegeta.
—¿Y cómo se supone que se llama? —inquirió Krilin despreocupadamente.
—Vegetto... —replicó Goku casi en un susurro—. Pero, ¿qué hace aquí?...
Goku dio un paso con cautela, y siguió acercándose. Vegetto se mantenía inexpresivo e inmóvil.
—Hola —saludó intentando sonar amistoso.
Sin responder con palabras, Vegetto posó una mano firme sobre el hombro de Goku. En ese instante, Goku sintió cómo su cuerpo reaccionaba automáticamente: su aura dorada comenzó a envolverlo, sus músculos se tensaron y su cabello se erizó, impulsándolo involuntariamente a transformarse en Super Saiyajin 3.
—¡Wow! —exclamó Goku, sorprendido por el súbito cambio.
Antes de que pudiera reaccionar, Vegetto giró levemente y le propinó una patada poderosa que lo lanzó contra las mesas cercanas, destrozándolas en pedazos.
—¿Qué haces, miserable?! —Vegeta se transformó en SSJ3 y voló hacia Vegetto para conectarle sus mejores ataques.
Le siguió Ten y 18. Krilin y demás se mantuvieron expectantes.
—¡No sé qué está pasando, pero muévanse! —exigió Bulma desde lejos.
—¡Qué quieres de mí?! ¡No quiero morir otra vez! —bramó Yamcha intentando apartarse del conflicto.
—Gohan, tú estuviste con el Shin anciano. ¿Te dijo algo sobre que una fusión puede manifestarse independientemente? Porque, si ése es el tal Vegetto, la fusión de Goku y Vegeta cuando pelearon contra Majin Boo, solo tú sabrías de esto.
—No, señor Piccolo. Y se supone que la fusión sería permanente, es decir, sus dos partes no volverían a separarse. Ese Kaio-shin no mencionó nada de una posible separación, ni mucho menos de que posteriormente podría manifestarse de esta forma... Y sea lo que sea, no creo que sea la fusión de mi padre con Vegeta.
Mientras tanto, Goku observaba desde los cielos como Vegetto peleaba con Vegeta. Había dejado inconsciente de un golpe a 18 y a Krilin, apurado, como si éstos no fueran más que un simple estorbo, mientras que a Vegeta no lo derrotaba tan rápidamente, manteniéndose más a la defensiva, limitándose a esquivar y bloquear cada uno de sus ataques, con una mirada imperturbable y calculada. Miedo no era exactamente lo que Goku sentía, pero sí impotencia; nunca antes había desistido de luchar contra un enemigo, por más fuerte que sea, no al instante, pero esta vez era diferente. Era imposible no comprenderlo: tenía ante sí, como una entidad aparentemente independiente, al guerrero que alguna vez humilló a Majin Boo, y que ni siquiera se había tomado la molestia de usar la fase 2 y 3, con la fase 1 ya era más que suficiente para volverse intocable para Majin Boo.
—Vegeta, ¿qué haces?... —musitó preocupado.
—Trunks, déjame confirmar: ambos estamos de acuerdo en que sería contraproducente fusionarnos, ¿verdad? —Goten le dirigió a su amigo una mirada insegura.
—Claro —contestó como si fuera lo más obvio del mundo—, después Gotenks podría aparecer también de este modo.
El grito de Gohan resonó en la zona. Ascendió a su estado definitivo.
Vegetto, que siempre había tenido a Vegeta acorralado, finalmente se decide a contraatacarlo, asestándole un golpe seco en la nuca, dejándolo inconsciente en el suelo. Era el turno de Gohan.
El hijo de Goku, con tan solo la mitad de sus fuerzas en su estado definitivo, voló hacia la fusión, la cual con cierta dificultad frenó su golpe.
Vegeta, inconsciente, caía desde aproximadamente 100 metros arriba. Piccolo lo atrapó en sus brazos antes de que pudiera estrellarse contra el suelo.
El cielo se partía con cada impacto. Gohan y Vegetto se deslizaban como relámpagos entre las nubes, intercambiando golpes y patadas con una velocidad que apenas podía seguirse desde el suelo.
Por primera vez desde su aparición, el semblante de Vegetto comenzó a cambiar. Hasta ese momento, había permanecido como una figura fría e imperturbable, con una mirada serena que transmitía absoluta confianza, casi desprecio. Pero ahora, su ceño se fruncía.
—¡Ah! —gritó Gohan, lanzando un gancho que obligó a Vegetto a bloquear con ambos brazos. El impacto desvió ligeramente su vuelo, y por un instante, sus pies rozaron el aire como si perdiera el control.
El guerrero fusionado apretó los dientes. Un leve gruñido escapó de su boca mientras contenía una lluvia de puñetazos que Gohan arremetía con furia. Su mirada, antes vacía y superior, ahora brillaba con concentración. Había tensión en sus mandíbulas, y un tic involuntario surcó una de sus sienes, señal clara de que el combate exigía su verdadero enfoque.
Vegetto giró sobre sí mismo y lanzó una patada descendente que Gohan apenas logró esquivar. Al fallar, el pie de Vegetto impactó contra una montaña lejana, haciéndola estallar en una nube de rocas y polvo.
—¡Te tengo! —gritó Gohan, reapareciendo justo detrás de él, y le lanzó una ráfaga de ki directa a la espalda.
Vegetto giró con rapidez, bloqueándola con un campo de energía, pero al hacerlo, retrocedió por primera vez. Su respiración era más audible. Sus músculos, antes relajados, ahora se tensaban con cada movimiento. Su cabello se sacudía violentamente con la fuerza del intercambio, y un leve rastro de sudor bajaba por su frente.
—Nada mal... —murmuró Vegetto, por fin rompiendo su silencio.
Gohan jadeaba, pero aún firme.
—¿Quién o qué eres? —inquirió Gohan amenazantemente—
Vegetto se limitó a sonreír sarcásticamente.
—¿Sabes qué, Goten? Al diablo. ¡Fusionémonos! No creo que a Gohan le cueste detenernos cuando Gotenks aparezca con una mirada de pocos amigos, y no tenemos otra opción.
—¡Sí! —exclamó su amigo con la misma desesperación y pánico.
Gotenks emergió, inmediatamente como SSJ3. En su cuarta manifestación, se veía serio, ocultando su creciente nerviosismo y terror. Vegetto, al sentir su ki, no perdió más el tiempo, se transformó en SSJ fase 1. Con un dedo detuvo a la otra fusión. Gohan y Gotenks siguieron atacando, pero Vegetto los detenía sin esfuerzo.
En medio de eso, Goku, aún transformado en SSJ3, conversaba con Bulma y Piccolo. Goku temblaba.
—¿Goku...? —preguntó Bulma, preocupada—. ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué no subes?
Goku bajó la vista un instante, luego la alzó hacia el cielo donde sus hijos luchaban.
—No lo entiendes... Esa forma de pelear, ese poder... es la perfecta combinación de Vegeta y yo. ¡Y aún le quedan 2 transformaciones! —gritó horrorizado—. ¡No le costaría nada matar a cada uno de nosotros antes de que nos diéramos cuenta!
—¡Maldición, Goku! Tal vez nuestros recursos sean limitados, pero en estos momentos tus hijos están haciendo lo que pueden, ¡así que muévete! ¡Te necesitamos!
Goku tragó saliva y respiró profundamente.
Vegetto ya no quería jugar, dejó inconsciente a Gotenks y apretaba a Gohan del cuello. Gohan pataleaba para liberarse, sintiendo cómo le cortaban la respiración.
—¡Ya basta! —exclamó Goku.
—Vaya, al fin te cansaste de dejar a tus hijos librar tus batallas, Kakaroto.
Vegetto aventó violentamente a Gohan.
—No eres ni Vegeta ni yo —dijo Goku seriamente.
Gohan no tardó en levantarse y reincorporarse a la batalla, pero Vegetto de un golpe lo noqueó, como si ya no fuera más que un juguete que no merecía más atención.
—¡Eres un monstruo maldito! —gritó Goku apretando los puños.
El primer choque fue brutal. Goku lanzó un poderoso puñetazo que Vegetto esquivó con una velocidad impresionante. Vegetto contraatacó con una patada lateral que Goku bloqueó justo a tiempo, sintiendo la fuerza del impacto vibrar hasta sus huesos.
Los dos comenzaron a intercambiar golpes a una velocidad vertiginosa, la tierra temblando bajo sus pies cada vez que conectaban. El aura de ambos brillaba intensamente, iluminando el cielo crepuscular.
Goku frunció el ceño y aumentó la velocidad, lanzando una ráfaga de golpes dirigidos al rostro de Vegetto, quien bloqueaba y esquivaba con agilidad.
Vegetto bostezó con claro aburrimiento. Lo sujetó firmemente. Goku intentaba zafarse pero era inútil. El aire se volvió más frío y delgado a medida que ascendían, dejando atrás la atmósfera y adentrándose en el vasto silencio del espacio exterior. Desde allí, la Tierra aparecía como una esfera azul y blanca, suspendida en la oscuridad.
Con mano izquierda, Vegetto empezaba a cargar un ataque, demorándose solemnemente.
—¿Uh? ¿Qué haces? —exclamó Goku conmocionado—. ¡No lo hagas! Por favor, detente!
Vegetto, impasible, lanzó el ataque. La onda expansiva surcó el espacio y azotó la Tierra con una fuerza devastadora, el planeta explotó en una lluvia de escombros y fuego, esparciendo fragmentos que se dispersaron lentamente por el espacio, mientras la luz de la explosión iluminaba el oscuro universo con un brillo fugaz y devastador.
Goku observó con ojos enrojecidos por las lágrimas cómo los restos de la Tierra flotaban en pedazos a su alrededor. Su cuerpo temblaba, no por el frío del espacio, sino por una furia ardiente que lo consumía desde dentro. Aquel planeta, su hogar, sus amigos, su familia... todo se había ido. Y él no había podido hacer nada.
Vegetto giró sobre sí mismo con elegancia casi burlona, luego lanzó a Goku como si fuera un muñeco de trapo. El impacto contra la superficie de la luna levantó una nube de polvo lunar y formó un enorme cráter que se extendía por kilómetros.
Por unos segundos, todo quedó en silencio.
Pero entonces, del fondo del cráter, se alzó Goku. Con el rostro cubierto de polvo y sangre, los puños cerrados tan fuerte que sus nudillos crujían. Su cuerpo irradiaba una determinación furiosa.
—¡Eres un maldito! —gritó con una voz desgarrada por la rabia, el dolor y la pérdida.
Su aura dorada del Super Saiyajin 3 comenzó a parpadear y desvanecerse... para ser sustituida por una nueva luz. Roja. Intensa. Pura.
El ki dejó de ser perceptible. No vibraba ni explotaba en ondas. Era una llama serena y poderosa, un fuego divino que quemaba desde el alma.
Los ojos de Goku se tornaron más brillantes, y su cabello, más suave pero erguido, adquirió un tono rojo. Su respiración se calmó, pero su furia seguía ardiendo.
Había trascendido nuevamente al nivel de los dioses. Era el Super Saiyajin Dios.
Vegetto, por primera vez, se puso serio. No más juegos.
—Al fin te transformaste —reconoció solemnemnete—.
Vegetto alzó lentamente su brazo derecho, con los dedos extendidos hacia el vacío, y seguido de un parpadeo, su cabello se alargó súbitamente y sus cejas desaparecieron, mostrando un considerable aumento en su poder.
—Usaré todo mi poder, no hay más necesidad de contenerse.