Capítulo único
El aeropuerto estaba medio vacío, como si todos hubieran decidido quedarse en casa esa noche. Jungkook bajó la cabeza con el gorro cubriéndole casi los ojos, y dejó que el anuncio de embarque lo guiara como un río mecánico hacia la puerta 17.
No recordaba bien por qué había elegido ese vuelo. Ni siquiera estaba seguro de si quería llegar. Solo sabía que tenía que irse.
El avión olía a café recalentado y metal húmedo. Cuando encontró su asiento 14B se dejó caer con un suspiro, apoyó la frente en el respaldo delantero y cerró los ojos.
Había algo extrañamente reconfortante en estar en un lugar donde nadie espera nada de ti.
Minutos después, una figura se detuvo a su lado.
—Perdón, creo que voy aquí — dijo una voz suave.
Jungkook alzó la vista y vio a un chico de su edad, o quizás un poco mayor, le sonreía con un gesto breve y educado. Tenía una mochila pequeña, unos auriculares colgando del cuello, y el cabello rubio peinado con aire distraído cubriendo su frente.
Jungkook se hizo a un lado y lo dejó pasar sin decir mucho.
El chico se sentó en el asiento 14A, junto a la ventanilla. Sacó su celular, conectó los audífonos y comenzó a buscar algo en la pantalla. Jungkook pensó que iba a poner música, pero terminó apagando el dispositivo antes de siquiera darle play.
— ¿Siempre hace tanto frío en los aviones o soy yo? — murmuró el chico de pronto, frotándose los brazos.
Jungkook sonrió apenas pues se sentía cansado pero no quería ser grosero así que respondió.
— Es el aire acondicionado. O el insomnio.
—Probablemente ambas.
Se quedaron en silencio unos minutos. El avión comenzó a moverse. Las luces se atenuaron y la voz del piloto se escuchó, distante, informando el despegue en unos minutos. Nadie parecía ponerle demasiada atención.
— Me llamo Jimin, por cierto — dijo el chico, girándose un poco hacia él. — ya que estaremos compartiendo oxígeno durante las próximas tres horas.
Jungkook lo miró de reojo.
—Jungkook.
—Bonito nombre.
No dijo nada más. Se acomodó el cinturón, bajó el apoyabrazos y cerró los ojos como si estuviera acostumbrado a volar cada noche.
Jungkook se quedó mirando la ventanilla por un momento a pesar de estar distante, Jimin no le cubría la vista. Afuera, la pista de despegue parecía estirarse eternamente, como si el avión nunca fuera a despegar.
Pero finalmente lo hizo. Sintió el tirón en el estómago cuando las ruedas se despegaron del suelo y el mundo empezó a encogerse. Cerró los ojos y por primera vez en días... no pensó en nada.
El avión ya estaba en el aire, deslizándose entre capas de nubes como si flotara en un sueño espeso.
Las luces interiores se habían atenuado casi por completo, y la mayoría de los pasajeros dormía o fingía hacerlo.
Jungkook giró el rostro hacia la ventanilla de nuevo, pero solo encontró niebla. Ni estrellas, ni luna. Solo blanco, espeso, inmóvil.
Jimin tenía los ojos cerrados. Su respiración era constante y tranquila. Parecía completamente ajeno al movimiento del avión.
Jungkook no sabía por qué, pero no podía dejar de mirarlo. Había algo en su perfil que le resultaba familiar. No de una forma obvia, sino como cuando escuchas una canción y no sabes si la conoces o si solo la soñaste alguna vez.
Quizás lo había visto en algún lado. En otra ciudad. En otro vuelo.
O tal vez en otra vida.
Desvió la mirada con incomodidad, sacó su teléfono por costumbre, pero no tenía señal. Ni siquiera el modo avión mostraba barras.
Revisó la lista de pasajeros en la app de la aerolínea -un hábito ansioso que tenía desde pequeño-, pero solo le aparecía su nombre. Ni siquiera el de su propio asiento vecino.
Eso le arrancó una risa silenciosa.
"Error del sistema", pensó. Como si algo tan frágil como una red pudiera contener a todos los que están en el cielo.
— ¿No puedes dormir? — preguntó Jimin, de repente.
Jungkook se sobresaltó un poco. Lo encontró observándolo con curiosidad, los ojos entreabiertos.
— No mucho —respondió, volviendo a guardar el celular —¿Tú sí?
—Casi nunca duermo en los vuelos —dijo Jimin, encogiéndose de hombros — Me gusta mirar las caras dormidas. Hay algo... honesto en eso.
—Eso suena un poco raro. —Jungkook arqueó una ceja.
—Lo es — respondió Jimin, sonriendo — Pero también es cierto.
Hubo una pausa.
—¿Nos conocemos? —preguntó Jungkook, como si no pudiera contener la pregunta más tiempo — ¿Eres de Busán no? Reconocí el acento también soy de ahí. Es decir... siento que ya te he visto antes.
Jimin ladeó un poco la cabeza.
—¿Sí?
—No sé. Puede ser en el metro, o en algún café... —dijo, bajando la voz, avergonzado de la idea.
Jimin sostuvo la mirada por unos segundos. Luego negó suavemente.
— No lo creo. Soy bueno recordando rostros. El tuyo no lo olvidaría.
Jungkook sintió que algo le apretaba el pecho.
No por las palabras, sino por la forma en que las dijo: tranquilo, sin intención alguna, como si fueran una verdad simple, sin peso.
Volvió a mirar por la ventanilla, todavía niebla. Todavía nada.
Y fue ahí cuando notó algo raro:
la pantalla del respaldo delante de ellos mostraba un mapa de vuelo. Una línea azul señalaba la trayectoria pero no había nombres de ciudades. Ni puntos de referencia.
Solo... vacío.
Pensó que era otro error técnico. Tal vez no habían actualizado los datos.
Tal vez.
Jimin volvió a cerrar los ojos y Jungkook, sintió que no sabía exactamente hacia dónde iban. Estaba teniendo pensamientos extraños y confusos cuando un estruendo lo alertó y lo trajo de vuelta cuando se dio cuenta de que parecía haber una tormenta. Nunca había estado en una sobre un avión y eso lo ponía nervioso.
Los primeros truenos fueron lejanos, como si alguien estuviera golpeando una puerta detrás de las nubes.
Jungkook alzó la mirada. En la pantalla del respaldo, la línea azul seguía moviéndose pero el avión parecía no avanzar o tal vez era solo la sensación.
Un destello iluminó brevemente el ala izquierda. Luego otro. Y otro más.
—¿Eso fue un rayo? — preguntó en voz baja.
Jimin abrió los ojos. Su expresión seguía siendo serena, casi indiferente.
—Parece que entramos en tormenta.
La voz de la azafata sonó por los altavoces, pidiendo a los pasajeros que permanecieran sentados y con los cinturones abrochados. Pero había algo raro en su tono. Una calma demasiado perfecta. Pensó que solo era por su profesionalismo para no alterar a los pasajeros. Aún así lo sentía como una grabación.
Volvió a mirar alrededor, algunas personas dormían profundamente, otras miraban al frente con los ojos abiertos, sin parpadear. Nadie hablaba. Nadie parecía inquieto.
Como si no oyeran la tormenta, como si ya supieran que estaba ahí.
Sintió un escalofrío recorrerle la nuca y Jimin notó su incomodidad.
—¿Te dan miedo las tormentas? — preguntó.
—No. Me dan miedo los silencios antes de que pase algo.
Jimin lo observó un momento. Luego desvió la vista hacia la ventanilla como evitando decir algo incorrecto.
—A veces es peor el silencio después.
Un nuevo rayo iluminó el interior del avión. Por un instante, Jungkook vio el reflejo de Jimin en el cristal pero no se estaba moviendo.
No respiraba.
Solo lo miraba desde el vidrio, inmóvil.
Parpadeó. El reflejo desapareció.
La turbulencia comenzó poco después. No fue brusca, sino intermitente. Como si el avión dudara de su propia dirección.
Una vibración leve, seguida de una más intensa. Jungkook sujeto con fuerza su asiento, su respiración se alteró, miró a los demás y parecía ser el único asustado así que intento relajarse y concentrarse en respirar adecuadamente. Luego, por unos segundos, todo se detuvo y el avión se sumió en una oscuridad total.
Jungkook contuvo el aliento. El motor seguía zumbando, pero las luces de cabina se apagaron, durante ese breve apagón...
oyó algo.
No era un ruido del avión, ni del cielo, era una voz. Muy cerca de su oído.
> "¿Recuerdas por qué estás aquí?"
—¿Qué dijiste? — Se giró de golpe, mirando a Jimin.
—¿Qué cosa? — Jimin lo miró confundido.
—Lo que me acabas de decir...
—No dije nada. — respondió mirándolo con duda
La luz volvió y entonces Jungkook lo notó, el asiento frente a él, el respaldo, el mapa. Ya no había línea azul. Solo un círculo.Un punto rojo girando en sí mismo.
Sin destino.
Sin tierra firme.
La tormenta ya no se quedaba fuera retumbaba dentro de su pecho. Jungkook tenía las manos aferradas al borde del asiento. No era miedo al avión.
Era miedo a algo que no sabía nombrar, una sensación viscosa, antigua, que se arrastraba desde el estómago hasta la garganta.
—¿Estás bien? —preguntó Jimin, con voz calma. Demasiado calma.
Como si él no sintiera la vibración en el piso, ni los crujidos en el fuselaje.
—Creo que sí... no lo sé — murmuró Jungkook, sin apartar la vista del mapa vacío.
Ese punto rojo seguía girando sobre sí mismo sin avanzar ni detenerse.
— Tal vez deberías dormir un poco — sugirió Jimin.
—No puedo. Siento que si cierro los ojos... — se interrumpió.
—¿Qué?
— ... que si cierro los ojos, algo va a cambiar. Que cuando los abra, no voy a estar aquí.
Jimin lo miró y sonrió pero esta vez, la sonrisa tenía algo triste.
— Eso es exactamente lo que va a pasar.
—¿Qué quieres decir? —Jungkook frunció el ceño.
Jimin se limitó a apoyarse en el asiento, mirando hacia el frente ignorando su pregunta. Su perfil se volvió sombra.
Un nuevo relámpago iluminó la cabina por un instante, Jungkook volvió a ver los rostros de los pasajeros y notó que nadie se movía.
Todos tenían los ojos cerrados.
Incluso el niño que antes pateaba el asiento, la mujer que hojeaba una revista...
Todos. Como si estuvieran dormidos o muertos
Su respiración se cortó, se levantó de golpe, ignorando la turbulencia, y caminó por el pasillo, por el movimiento del avión estuvo a punto de caer sobre otro pasajero, se disculpo pero nadie se inmutó, no hubo miradas, ni quejas, ni sonidos.
Llegó al área de los sobrecargos. Estaba vacía, las cortinas no se movían.
Entró al baño cerrando la puerta tras el y encendió la luz. fue entonces cuando lo vio.
Su propio rostro en el espejo.
Pero no era como él se recordaba. Tenía un corte en la frente, la piel pálida y las pupilas dilatada como si acabara de despertar de algo o como si nunca hubiera despertado del todo.
Si ya se sentía alterado por toda la situación de la tormenta y la turbulencia ahora estaba peor, sentía que el pecho le ardía al respirar, como si no le llegara suficiente oxígeno, le dolió la cabeza y se la sostuvo con ambas manos apretando los labios para no gritar y entonces, una imagen cruzó su mente.
Un auto destrozado, un volante girando sin control.
Su teléfono, caído sobre el suelo. Un mensaje sin enviar.
"Hyung, ya casi llegamos al aeropuerto."
Y al lado suyo... Una mano, una mano pálida, con un anillo plateado.
Jimin.
Recordó todo, su vida, su infancia, como conocio a Jimin haciendo mejores amigos y después pareja, sus citas en la playa, su boda solo con familia y personas más cercanas a ellos, su luna de miel...
Jungkook jadeó sujetandose del lavamanos y entonces lo escuchó.
La voz detrás de él. Serena. Imposible.
—Ahora lo recuerdas, ¿verdad?
Se giró. Jimin estaba ahí. De pie. Dentro del baño.
—¿Cómo... cómo entraste?
—No importa eso, lo que importa es que ya no tenemos tanto tiempo.
—¿Tiempo para qué?
Jimin lo miró, con ternura y por primera vez, hubo dolor en su voz.
— Para que aceptes que este vuelo... no te está llevando a ningún lugar.
Jungkook dio un paso atrás, como si el espejo pudiera tragárselo, el zumbido del avión ya no venía del motor. Venía de adentro de su cabeza.
—Esto no tiene sentido, no se de que estas hablando—murmuró.
Jimin lo miraba con compasión. No se acercaba, no insistía. Solo esperaba.
—¿Por qué no lo recuerdas todo todavía? —preguntó, más para sí mismo que para Jungkook.
El menor apretó los dientes. Las imágenes volvían como fragmentos sueltos, como hojas bajo una tormenta:
La autopista.
La lluvia.
Una risa.
La canción en la radio.
Jimin al lado suyo.
—Íbamos al aeropuerto —dijo Jungkook en voz baja—. Íbamos juntos.
Jimin asintió.
—Tú manejabas. Yo tenía frío, ¿recuerdas? Me diste tu chaqueta sin soltar el volante.
Jungkook cerró los ojos, un nuevo trueno retumbó fuera del avión pero ya no estaban en el baño, no estaban en ningún pasillo.
Estaban de nuevo en ese auto.
El olor a lluvia y motor. El aire cortante.
Y el instante en que todo cambió.
Un camión.
Luces.
El agua sobre el asfalto tiñendose de rojo.
Y después… Oscuridad.
—No fue tu culpa. —Jimin habló con calma al ver la expresión en el rostro ajeno
—Yo manejaba.
—No viste el derrape del otro coche. Nadie lo vio.
Jungkook abrió los ojos. Estaban de nuevo en el avión pero ahora solo estaban ellos dos, los asientos vacíos, las luces apagadas, ningún piloto, ningún mapa.
Solo el sonido de algo que se arrastra… como el fin de un sueño.
—¿Dónde estamos? —susurró.
Jimin sonrió con tristeza sus ojos brillaban.
—Entre lo que fue… y lo que viene.
—¿Y tú?
Jimin miró al asiento junto a la ventana. El 14A.
—Yo ya tuve mi boleto de salida. Pero no podía irme sin despedirme.
Jungkook sintió cómo se rompía algo en su pecho.
—¿Entonces tú…?
—Yo no desperté del accidente, lo siento —respondió Jimin con suavidad.
Silencio.
Jungkook solo respiraba.
Y dolía.
—¿Por qué estoy aquí?
—Porque tú estás despertando. Pero no querías dejarme atrás. Te aferraste al recuerdo. Me buscaste entre los asientos. Me hiciste sentarme a tu lado.
Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Jungkook, surgiendo sin control.
—No quiero olvidarte —dijo con voz quebrada—. No quiero despertar. No quiero estar sin ti.
Jimin se acercó un poco, la mirada llena de tristeza y fuerza a la vez.
—Jungkook, aún no es tu hora. Tienes cosas que hacer, sueños que cumplir aún. Personas que necesitan de ti, que te esperan.
—¿Y qué sentido tiene todo eso si no es contigo? —rogó él
— Le prometiste a Soobin qué llegarías a su cumpleaños, nuestro sobrino te espera Kook.
— No quiero seguir si tú no estás a mi lado.
Jimin respiró profundo, tocando suavemente su mejilla retirando algunas lágrimas.
—Nunca estaré realmente lejos. Yo vivo en ti, en cada latido, en cada recuerdo. Y aunque yo ya no pueda quedarme, tú tienes el poder de vivir por los dos.
La tormenta afuera golpeaba el fuselaje con fuerza, mientras ellos se quedaban suspendidos en ese instante eterno.
—Entonces… prométeme que vivirás —susurró Jimin.
—Por ti —contestó Jungkook, con la voz entrecortada.
Jimin estiró lo brazos cortando ya los pocos centímetros qué los separaban y lo abrazó con suavidad.
Sus labios se encontraron en un beso lento, lleno de amor y despedida.
Era un beso que contenía un "hasta luego", un "no olvides quién soy" y un "vive por mí".
Cuando se separaron, Jimin sonrió con esa melancolía que solo el amor eterno sabe mostrar.
—Gracias por encontrarme, Jungkook.
—Gracias por volver —respondió él, con lágrimas desbordándose.
Una luz blanca comenzó a envolver el avión consumiendo cada espacio, se aferro a la mano de Jimin, no quería soltarlo, no queria que se fuera sin el pero el rubio lo soltó despacio y entonces comenzó a desaparecer en medio de esa intensa luz que lo obligó a cerrar los ojos.
El sonido del motor cambio por un sonido de un pitido constante.
Solo quedaba Jungkook, con el corazón roto y lleno al mismo tiempo, con las lágrimas que rodaban calientes y libres, abrió los ojos.
Al abrirlos, la realidad lo golpeó:
La habitación blanca, la máquina pitando, su madre llorando, llamando a los médicos con voz desesperada y enfermeras corriendo por la habitación.
Él estaba despierto.
Había despertado del coma.
Y aunque aún con lágrimas en los ojos, la última imagen en su mente era la de Jimin, y el amor inmenso que le prometía vivir.