Capítulo 1
Mirarlo a la distancia traía consigo sentimientos muy diferentes a los que una vez sintió. Subastó todos sus sentimientos creyendo que iba a obtener la puja más alta, lo apostó todo por Jeon Jungkook, pero lamentable o agradecidamente, el pelinegro no tuvo el menor interés. Esa historia que terminó antes de comenzar, tuvo lugar poco más de dos años atrás y, si bien creyó olvidarla, era gracioso notar que con solo ver al protagonista de lejos, todas las memorias se arremolinaron en su mente.
Taehyung apretaba los puños dentro de los bolsillos de su chaqueta, intentando controlar el temblor nervioso de sus manos. Esa noche, la luz de la luna se filtraba entre las ramas de los árboles en el parque, pintando manchas plateadas en el suelo a su alrededor. Había elegido ese lugar tranquilo para confesar sus sentimientos, esperando que la serenidad del entorno le diera valor. Necesitaba paz porque si su corazón se acelera más, sentía que podría salírsele de su pecho. Frente a él, Jungkook lo observaba con curiosidad e impaciencia.
—¿Qué era eso tan importante que tenías que decirme? —Preguntó Jungkook, con media sonrisa. Parecía tranquilo, ajeno a la tormenta que sacudía el interior de Taehyung. Se mecía ligeramente sobre sus talones, emanando esa seguridad relajada que siempre lo caracterizaba.
Taehyung aspiró hondo, notando el aire frío de la noche llenándole los pulmones. Era ahora o nunca. Llevaba semanas reuniendo el coraje para eso. Había imaginado decenas de escenarios, desde los más románticos hasta los más desastrosos. Ninguno lo había preparado del todo para la realidad. Jungkook estaba allí, esperándolo, sin idea de lo que estaba a punto de escuchar.
—Jungkook... —comenzó Taehyung en voz baja, maldiciendo internamente lo tembloroso que sonaba su tono. No había forma perfecta de expresar sus emociones, por lo que optó por un enfoque directo. Arrancar la curita de vez era más sencillo que ir levantándola de a poco, así que iría directo al grano. Carraspeó y volvió a intentarlo, esta vez con más firmeza—. Jungkook, me gustas.
El silencio que siguió pareció prolongarse durante horas, aunque solo fueron un par de segundos. Inesperadamente, fue demasiado consciente de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Las personas que caminaban a lo lejos, uno que otro auto que también transitaba, el sonido del viento, de las ramas de los árboles oscilándose de una lado a otro como lo hacían sus pensamientos. Los grillos nocturnos cantaban a lo lejos, ajenos a la quietud repentina entre esos dos hombres que también eran amigos.Notó como Jungkook había abierto ligeramente los ojos, claramente sorprendido. Era obvio que no esperaba esa confesión, no de él, del Kim Taehyung que conocía desde que llegó a Seúl.
El chico que llevaba su cabello rubio sintió que el corazón se le subía a la garganta. Seguir callado parecía ser una sentencia que lentamente lo desquiciaría terminaría por liquidar sus esperanzas, por eso necesitaba hablar, decir algo, lo que fuera que hiciera ese momento menos incómodo.
—Lo que quiero decir es que me gustas de verdad. — Sus siguientes palabras salieron atropelladas, intentando aclarar lo evidente. — Más que como un simple amigo.
Cada sílaba le pesaba, pero también le liberaba. Ahí estaba, desnuda y vulnerable, su verdad flotando en el aire frío de aquella noche. Taehyung sostuvo la mirada del menor, buscando desesperadamente alguna señal en esos ojos oscuros que amaba: aceptación, confusión, lo que fuer.
Jungkook parpadeó un par de veces, procesando la confesión. Soltó el aire en una breve risa incrédula, rascándose la nuca con incomodidad.
—Tae... no sé qué decir. —Desvió la mirada por un instante hacia el suelo, donde sus sombras se tocaban bajo la luz lunar. Cuando volvió a mirarlo, tenía una disculpa escrita en sus ojos.— Eres importante para mí, de verdad. Pero... —dudó, mordiéndose el labio antes de continuar— No eres mi tipo.
Maldición, eso quizás no era lo que debía decirle a alguien que estaba rechazando, pero sentía que le debía una explicación al menos. No le desagradaba, como amigo, Kim Taehyung había sido genial, pero como hombre, no llenaba sus expectativas. Quería buscar palabras más bonitas, pero se iba a sentir como un idiota si decía frases demasiado trilladas.
“No eres tú, soy yo.”
“Eres increíble, pero no estoy buscando una relación en este momento.”
“No quiero hacerte perder el tiempo, no estoy listo para algo serio.”
“Tengo demasiadas cosas pasando en mi vida en este momento.”
“Tal vez en otro momento, si las cosas fueran diferentes...”
Habían muchas, la verdad. ¿Pero qué bien le harían a una persona que él consideraba como un amigo? Sería absurdo ponerse a rebuscar demasiado y el mayor podía verlo.
Taehyung en verdad se dio cuenta y sintió un pinchazo helado en el pecho, como si las palabras de Jungkook se hubieran transformado en agujas. Sentía que el rostro se le calentaba, y agradeció la oscuridad por ocultar la vergüenza y el dolor que seguramente se reflejaban en sus facciones.
—¿No soy tu tipo? —repitió con un hilo de voz, queriendo asegurarse de haber escuchado bien. —¿Qué significa eso exactamente? — Cada palabra le sabía amarga.
Jungkook asintió, desviando la vista de nuevo, incómodo bajo el escrutinio herido de Taehyung. Se apresuró a explicar, sin darse cuenta de que sus justificaciones dolían más que el silencio.
—Me refiero a que... Prefiero chicos más... —se aclaró la garganta—. Más masculinos, supongo.
Más masculinos.
La frase cayó con un peso brutal entre los dos. El rubio sintió que algo dentro de él se resquebrajaba. ¿Así lo veía Jungkook? ¿Insuficientemente masculino? Él siempre había sido consciente de sus facciones por momentos delicadas, de su actitud calma y sus gustos artísticos. Cosas que, en su círculo de amigos, a veces le habían valido bromas ligeras. Sin embargo, nunca pensó que para Jungkook eso significara no ser lo suficientemente masculino. Él era masculino, quizás en unas ocasiones más que otras dependiendo del contexto y el punto de vista de las personas, pero lo era. No se consideraba un hombre afeminado, ni siquiera con aptitudes femeninas.
Tragó el nudo que amenazaba con ahogarlo. No iba a llorar. No ahí, no frente a él. Su orgullo, aunque herido de muerte, se aferró a la última pizca de dignidad que le quedaba. Logró curvar los labios en una sonrisa tensa y llena de amargura.
—Entiendo. —Su voz sonó extrañamente calmada, como si la confesión que acababa de hacer hubiese sido sobre el clima y no sobre su corazón roto—. No te preocupes.
Jungkook frunció el ceño, dando un paso hacia él. Parecía querer decir algo más, pero Taehyung dio un paso atrás instintivamente. En ese momento no soportaría palabras de consuelo ni disculpas; serían sal en la herida.
—Tae, yo... —empezó Jungkook, con la culpa pintada en la cara.
—Olvídalo, ¿sí? — Cortó el rubio, alzando una mano. Puso todo su esfuerzo en que su tono sonara ligero, despreocupado, aunque sabía que Jungkook podía ver a través de él.— Solo finjamos que no dije nada. Que esta conversación nunca pasó.
No esperó respuesta. Se giró sobre sus talones y comenzó a alejarse con pasos rápidos, antes de que la fachada se le derrumbara. Jungkook alzó una mano hacia él, como para detenerlo, pero la bajó al instante, respetando la decisión de su amigo de marcharse. Se quedó allí bajo la luna plateada que parecía tornarse dorada a medida que las nubes la iban cubriendo, viendo cómo Taehyung se alejaba.
Con cada paso que el mayor daba sentía que se hundía más en un abismo. Su corazón latía con fuerza dolorosa y la vista se le nublaba con lágrimas que se negaba a dejar caer. Sería muy absurdo llorar únicamente porque alguien no gustaba de él. Cada persona tenía sus gustos y preferencias, era normal. Él mismo tenía sus propios gustos, aunque desgraciadamente, todos esos se adaptaban muy bien a Jungkook.
La noche le pareció de repente inmensa y desoladora. El viento frío acariciaba su rostro, mezclándose con la primera lágrima silenciosa que escapó sin permiso. Qué estúpido estaba siendo, se reprochaba mentalmente por su actitud. Había arriesgado todo, poniendo en subasta su orgullo y su corazón. ¿Lo más gracioso? Que los había perdido en un instante.
Mientras se alejaba del parque, unas gotas empezaron a caer desde el cielo. Taehyung levantó la mirada; una llovizna fina comenzaba a pintar el pavimento de oscuro. Una risa sarcástica escapó de sus labios temblorosos sin poder evitarlo. Porque por supuesto, tenía que empezar a llover en ese instante. Era como si el universo se burlara de él, añadiendo un cliché dramático a su rechazo. Las lágrimas que había contenido terminaron por fundirse con la llovizna sobre sus mejillas. Eran gotas tibias en medio de la fría noche lluviosa que de pronto envolvía su mundo.
Caminó bajo la lluvia con el corazón hecho trizas y el ego magullado. Cada gota parecía susurrarle que él no había sido suficiente, que nunca sería el tipo de Jungkook. Pero si se decía a sí mismo que lo comprendía y estaba bien con eso, ¿por qué estaba llorando? ¿Por qué seguía haciéndolo cuando intentaba evitarlo?
¿Cómo volvería a mirarlo a la cara después del patético espectáculo que había hecho? No podía mirarlo y tratarlo como si nada si cada vez que se vieran Jungkook recordaría que se había confesado, que le gustaba. No podía. Así que, con cada paso que daba lejos del pelinegro, tomó la dolorosa decisión de alejarse por completo. Si no podía tener un lugar junto a él, prefería no estar en absoluto.
Los días siguientes confirmaron esa determinación. Taehyung se distanció del grupo poco a poco, poniendo excusas para no salir en las reuniones habituales. Eventualmente, cuando le llegó la notificación para cumplir con el servicio militar obligatorio, la aceptó casi con alivio. Marcharse por un tiempo le vendría bien. Sería una forma de escapar, de recomponerse, de dejar atrás ese amor no correspondido que había dejado su vida con matices azules y grises. Con esa tristeza de un azul profundo como el mar, imposible de disimular.
No iba a mentir y decir que lo olvidó en un instante. Durante su tiempo en el servicio, Taehyung pensó a menudo en Jungkook. Pero cada recuerdo venía acompañado del eco cruel de aquellas palabras. “No eres mi tipo”. Esas palabras se convirtieron en el combustible de su orgullo y la fuerza para ir alejándose de sus propios sentimientos. Con el paso de los meses, entre entrenamientos y noches silenciosas en el cuartel, fue forjando una coraza nueva alrededor de su persona. Aprendió a tragarse la añoranza y a convertirla en determinación. El chico sensible y de facciones aparentemente suaves que se había marchado, regresaría convertido en un hombre más firme, más fuerte.
No se trataba de Jungkook, jamás cambiaría toda su persona únicamente por complacer el gusto de alguien. Él simplemente quería cambiar, dejar atrás su lado más sensible y entregado. Tal vez no podía cambiar quién era en esencia, pero podía crecer, fortalecerse y, sobre todo, sanar.
Entonces, dos años habían pasado y justa en ese primer día que aceptó reunirse con sus amigos que deseaban darle una bienvenida, lo vio pasar de largo en su vehículo en busca de un estacionamiento. Fue rápido, pero aun así el ahora castaño pudo ver a Jungkook pasar y recordar aquel momento de su vida que ya no dolía, pero tampoco olvidó del todo. Sentado en su propio auto, Taehyung echó la cabeza hacia atrás y sonrió, decidiendo extender su entrada un poco más.
La tarde caía sobre la ciudad con los últimos destellos anaranjados del sol cuando Jungkook llegó al restaurante donde sus amigos habían organizado esa reunión. Hacía mucho que no conseguían juntarse todos; la vida adulta y las responsabilidades los habían dispersado un poco en los últimos años. Jungkook entró ajustándose la chaqueta de cuero y barriendo con la mirada el lugar en busca de caras conocidas. En una mesa del fondo vio a Jin y a Jimin riendo por algo, mientras Namjoon gesticulaba animadamente en una conversación con Hoseok. Yoongi, como de costumbre, observaba con una media sonrisa tranquila desde su asiento.
—Casi todos están aquí, — murmuró bajo Jungkook, alegrándose al ver a su círculo reunido de nuevo. Casi había olvidado lo bien que se sentía estar con ellos sin prisas, poniéndose al día.
Avanzó entre las mesas y saludó primero a Jin con un abrazo por detrás del respaldo de su silla.
—¡Mírate, Jungkookie! —Exclamó Jin alzando los brazos teatralmente—. Cada día más guapo, ¿eh? Vas a tener que pasarme el contacto de tu estilista, porque necesito mantener mi título como el hombre más guapo del mundo hasta que tenga canas blancas incluso entre los vellos de mi trasero.
—Lo último que queremos saber es que tienes un trasero que no se depila y que dejarás que se llene de canas. —Habló Jimin con una mueca de asco en su rostro.
—¿Qué dices? Mi culo hasta peludo es hermoso.
Jungkook rió y negó con la cabeza. Siempre era fácil sentirse cómodo con Jin cerca; tenía ese don de hacer reír a todos con sus ocurrencias.
—Hyung, por favor, si tú pareces más joven cada año —replicó Jungkook antes de soltarlo. Jin fingió acomodarse el cabello, aceptando el cumplido con su característico aire bromista.
Jungkook pasó a saludar al resto de sus amigos alrededor de la mesa, chocando la mano con Hoseok, dándole una palmadita en el hombro a Namjoon y abrazando brevemente a Jimin. Finalmente llegó hasta donde Yoongi estaba sentado y le apretó el hombro en un gesto de saludo tranquilo.
—Llegas justo a tiempo, JK —comentó Yoongi con su típica voz suave, alzando ligeramente su vaso en señal de bienvenida—. Pensábamos que te habías olvidado de nosotros.
—Jamás —respondió Jungkook con una sonrisa sincera, tomando asiento en la silla vacía que habían guardado para él—. El tráfico estaba terrible, lo siento.
—Lo importante es que ya estás aquí —dijo Jimin contento, removiendo su bebida con una pajita—. Estábamos contando algunas historias, pero creo que nos guardamos las mejores para cuando estuvieras.
Jungkook sonrió a sus amigos, sintiéndose cálido por dentro. Era bueno estar ahí, rodeado de aquellas personas que consideraba su familia escogida. Sin embargo, notó que faltaba alguien. Había una silla más vacía en la mesa y un cubierto sin usar. Frunció ligeramente el ceño, repasando mentalmente quién no había llegado.
—¿Esperamos a alguien más? —Preguntó, tomando un sorbo de agua del vaso que Jin le acercó.
—Oh, sí, falta un invitado sorpresa —canturreó Hoseok con aire travieso, intercambiando una mirada cómplice con Jimin.
—Bueno, no es tan sorpresa, realmente —aclaró Namjoon encogiéndose de hombros—. De hecho, es alguien a quien conocemos bien.
Jungkook ladeó la cabeza, intrigado. Antes de que pudiera preguntar de quién se trataba, escuchó una voz masculina y profunda detrás de él, cercana y familiar, que hizo que un escalofrío le recorriera la espalda.
—Lamento la demora.
Al voltear hacia el origen de la voz, Jungkook vio a un hombre alto acercándose a la mesa. Al principio, solo registró detalles sueltos: unos hombros anchos bajo una camisa negra ajustada, postura segura y relajada, cabellos castaños cortos peinados con sencillez, mandíbula definida. El hombre sonreía levemente en dirección a Jimin mientras se acercaba, como si hubieran estado hablando antes de que él se uniera a la mesa.
Jungkook parpadeó, con el ceño ligeramente fruncido. Había algo desconcertantemente familiar en él, pero no lograba ubicarlo. Seguramente era alguien del grupo que no veía hacía mucho. ¿Algún antiguo compañero de la escuela, tal vez, o un amigo de otro círculo al que habían invitado?
Porque ahí el único que faltaba de los verdaderamente cercanos era Taehyung, pero desde que este había entrado al servicio no había vuelto a verlo. Incluso había desactivado sus redes sociales y en los estados de Kakao lo único que publicaba era paisajes, comidas o bebidas. No lo había estado acosando o espiando, simplemente veía los estados de sus amigos cuando subían algo.
Sin darse cuenta, Jungkook se quedó mirándolo de más, intrigado por esa extraña sensación de deja vu. Además, no podía ignorar que el recién llegado era atractivo, muy atractivo. Al menos de refilón, porque no había podido verlo bien a la cara porque había estado de espaldas cuando entró y todavía no se ubicaba en la silla frente a él. Por lo que notaba, ese hombre tenía ese porte imponente que inmediatamente captaba la atención en la habitación.
El desconocido tomó asiento en la silla vacía junto a Jimin, riendo por algo que este le susurró. Jungkook notó la facilidad con la que se integró. Jimin le dio la bienvenida con un abrazo de costado y Hoseok chocó los cinco con él como saludo. Definitivamente todos parecían conocerlo... ¿Quién rayos era ese que no se terminaba de quitar la mascarilla?
Aún frunciendo el entrecejo, Jungkook se inclinó hacia Jin, que estaba a su derecha, y le susurró casi al oído para no interrumpir la plática general.
—Hyung, ¿quién es ese? —Hizo un gesto con la barbilla hacia el nuevo integrante del grupo, que ahora conversaba animadamente con Jimin sobre algo del trabajo de este último.
Jin lo miró con una mezcla de sorpresa y diversión mal disimulada. Una sonricita empezó a formarse en sus labios, como si hubiera estado esperando esa pregunta.
—¿En serio no lo reconoces? —Murmuró Seokjin de vuelta, alzando ambas cejas. Sus ojos viajaron de Jungkook al hombre y de vuelta a Jungkook, disfrutando evidentemente del momento.— Pensé que no te olvidabas de los que rechazabas.
El estómago de Jungkook dio un vuelco. Su cerebro tardó un par de segundos en procesar las palabras de Jin, pero cuando lo hizo, sintió un calor repentino subiéndole al rostro. Abrió los ojos exageradamente, volviendo a fijarlos en el desconocido. Ahora, con la revelación de Jin, y la mascarilla que finalmente era removida las piezas encajaron con un clic casi audible en su mente.
—No puede ser...— Susurró e ignoró la diversión en el rostro del mayor del grupo. —¿Taehyung? —Espetó en voz alta antes de poder contenerse.
La conversación en la mesa se detuvo por un instante breve, todas las miradas se dirigieron a él y luego al aludido. El hombre que hasta entonces parecía desconocido giró su rostro hacia Jungkook al escuchar su nombre, y sus ojos se encontraron. Eran los mismos ojos cálidos y expresivos que Jungkook recordaba, aunque ahora parecían más maduros, con un brillo reservado tras unas pestañas largas. Taehyung inclinó apenas la cabeza, observándolo con una expresión indescifrable, mezcla de curiosidad y un deje de diversión en la curva de sus labios.
—Vaya, no sé si tardaste menos o más de lo que pensé en reconoc... —Taehyung comenzó a decir con suavidad, pero Jin, quizás intentando cortar la tensión incipiente, soltó una carcajada y levantó su copa.
—¡Reencuentro oficial! — Exclamó Jin, chocando su vaso contra el de Namjoon para incitar a los demás a brindar—. Por los viejos amigos que vuelven.
Los demás siguieron su ejemplo entre risas y comentarios alegres haciendo que la atención general se dispersara de nuevo. Sin embargo, Jungkook seguía paralizado, mirando a Taehyung como si estuviera viendo un fantasma.
Taehyung... Estaba irreconocible y a la vez era el mismo. Jungkook lo examinó de reojo mientras alzaba mecánicamente su vaso junto con los demás. Habían pasado aproximadamente dos años desde la última vez que se vieron, y el chico que se marchó entonces había cambiado más de lo que Jungkook habría imaginado. La última imagen que tenía de Taehyung era la de un joven de facciones suaves, sonrisa dulce aunque triste, caminando bajo la lluvia en una noche oscura después de...
No, no podía volver a pensar en eso en ese momento. El pelinegro se reprendió mentalmente, desviando la vista a su bebida para romper el hechizo del recuerdo.
Pero era imposible ignorar la presencia de Taehyung tan cerca. Su voz, más profunda que en sus memorias, se unió al barullo de conversaciones mientras hablaba con Yoongi y Jimin sobre algo gracioso que les había pasado en la base militar. Jungkook sintió una punzada de culpa al enterarse así, indirectamente, de lo que Taehyung había hecho en estos años. Claro, se fue al servicio militar. Por eso no estuvo en casi ninguna reunión. Jungkook recordaba vagamente haber escuchado la noticia de su alistamiento, pero en su momento se sintió aliviado de evitar la incomodidad de verlo tras... Eso. Ahora entendía que, en cierto modo, se había estado escondiendo de la culpa.
Un aplauso repentino de Hoseok lo sacó de sus pensamientos. Jin había contado algún chiste exagerado y todos se reían. Jungkook se unió con una risa automática, aunque no hubiera escuchado bien la anécdota. Sus ojos, sin embargo, volvieron a desviarse hacia el castaño. Observó cómo este reía también, mostrando esa sonrisa cuadrada que a Jungkook siempre le había parecido entrañable. Solo que ahora había algo diferente en ella, como si estuviera más contenida, menos transparente.
—Tiene barreras, — notó Jungkook casi con tristeza. Antes, Taehyung solía desbordar emociones; ahora parecía controlarlas con maestría.
—¿Qué dijiste? — Preguntó Jin, pero el pelinegro rápidamente negó restándole importancia a lo que sin querer dijo en voz alta.
Taehyung debió sentir su mirada, porque de pronto giró el rostro hacia Jungkook. Sus miradas chocaron y ninguno apartó los ojos de inmediato. A Jungkook se le secó la boca. No sabía qué decir, si debía decir algo. Un simple “hola” parecía insuficiente y un “cuánto tiempo” demasiado trivial. Para su sorpresa, Taehyung fue el primero en romper el silencio entre ambos una vez más.
—Jungkook —saludó Taehyung con una inclinación de cabeza cortés y una sonrisa diminuta—. Hola.
Era un saludo educado, neutral, como el que se da a un compañero de clase que hace años no se ve. Jungkook sintió un tirón raro en su interior. Esa cordialidad distante dolía más de lo que habría esperado. Trató de sonreír a su vez, con un remolino de emociones en el pecho.
—Hola, Tae... Taehyung —respondió Jungkook, corrigiéndose. No estaba seguro de si aún tenía el derecho de llamarlo así. Esa cercanía de antaño parecía ahora fuera de lugar. Como para reforzar esa idea, Taehyung enarcó una ceja, y la sonricita en sus labios tomó un cariz más irónico.
—¿Qué tal todo? —Preguntó Taehyung con cortesía distante, tomando un sorbo de su bebida.
—Bien, yo... bien —contestó Jungkook, maldiciéndose en silencio por lo torpe que sonaba. ¿Dónde quedaba su naturalidad? Este era Taehyung, su antiguo amigo, no un extraño. Pero justo en ese pensamiento cayó en la cuenta. En realidad, no sabía mucho del Taehyung que tenía frente a él. Era como encontrar a alguien nuevo metido en la piel de quien solía ser cercano. —Te ves... diferente —agregó un poco abruptamente. No pudo contener el comentario que se le escapó en un tono medio admirado, medio sorprendido.
Taehyung dejó el vaso en la mesa y lo miró de arriba abajo, como si evaluara cada centímetro del pelinegro con deliberada lentitud. Aquella mirada hizo que Jungkook se removiera en su asiento, inquieto.
—¿En serio? —Replicó Taehyung al fin, arrastrando las palabras con ligereza.— Supongo que dos años hacen diferencia. Tú sigues... Igual.
El comentario, dicho con naturalidad, llevaba un filo oculto que el menor captó de inmediato. No estaba seguro si Taehyung se refería a su apariencia porque ciertamente no había cambiado demasiado físicamente en ese tiempo, o si había un doble sentido más profundo, como diciendo “sigues siendo el mismo de antes”. Fuera cual fuese la intención, Jungkook sintió sus mejillas arder levemente. Por esto decidió no morder el anzuelo de la posible pulla.
—Me alegra verte —dijo en cambio, sincero a pesar de todo. Y era cierto, más allá de la incomodidad y la culpa, había extrañado a Taehyung. Se dio cuenta en ese instante de cuánto. Verlo ahí, después de tanto, removía en Jungkook una mezcla de nostalgia y algo nuevo que no terminaba de descifrar.
—Igualmente. — El castaño inclinó la cabeza en un gesto educado. Sus ojos oscuros estudiaron a Jungkook por un latido de más antes de responder finalmente.
La conversación se quedó sin aire tras esa única palabra. Taehyung no preguntó nada, no dio pie a retomar la familiaridad. Simplemente desvió la atención volviendo a la plática general en la mesa, comentando algo a Yoongi sobre un nuevo bar de jazz que había descubierto. Como si Jungkook no estuviera a su lado removiéndose entre el desconcierto y la ansiedad.
Jungkook apretó la mandíbula y mojó sus labios con la lengua, probando el amargor que había quedado. Sentía como si en ese pequeño intercambio hubiera perdido contra Taehyung en un juego que ni sabía que estaban jugando. Porque de alguna manera, Taehyung había tomado el control de la interacción con su indiferencia pulida, dejándolo a él como un espectador más.
—Bueno, ¿pedimos la comida? —Anunció Jin, frotándose las manos dramáticamente.— Mi estómago está a punto de empezar a cantar solo.
Todos rieron y asintieron, aliviados de pasar a asuntos más mundanos. La llegada de Taehyung había tensado ligeramente el aire, pero Jin, con su talento para la hospitalidad, se aseguró de que la velada continuara sin silencios incómodos. Pronto, el grupo se vio inmerso en conversaciones animadas, compartiendo anécdotas y poniéndose al día.
Jungkook trató de participar como siempre, contando entre risas cómo casi pierde el autobús al trabajo esa semana por quedarse dormido olvidando que su carro había estado en el taller, o escuchando atento a Hoseok narrar sus peripecias aprendiendo a cocinar un plato complicado. Por fuera, reía y reaccionaba; por dentro, una parte de su mente no soltaba la presencia de Taehyung. Era consciente de cada movimiento del otro, del sonido de su risa tranquila cuando Jin hacía alguna tontería, de su perfume sutil que llegaba en oleadas tenues cada vez que Taehyung se movía.
Hubo momentos en que sus brazos se rozaron al cambiar de postura, enviando una pequeña descarga por la piel de Jungkook. Antes, ese tipo de cercanía entre ellos era habitual y cómoda; ahora, Jungkook la sentía cargada de electricidad y tensión. Se descubrió queriendo decirle mil cosas —preguntarle cómo había sido el servicio, si lo había pasado bien, si había conocido gente interesante, si había... si lo había olvidado— pero permaneció callado, temiendo que cualquier intento de entablar conversación personal fuera recibido con otra pared de cordialidad fría.
Por su parte, el castaño solo le dirigía la palabra cuando era imprescindible, como al pasarle una jarra de agua o al ofrecerle la salsa de soja para un aperitivo. Cada vez, su tono era educado, impersonal. Ni un rastro del viejo Taehyung que se inclinaba hacia él con complicidad para susurrarle bromas internas, o que le sonreía abiertamente iluminando la sala. Esa ausencia dolía de cierta forma. Jungkook no podía evitar reconocer que lo había arruinado, con un peso de remordimiento asentándose en su pecho. Puede que no fuera dramatismo decir que había perdido a alguien valioso porque aunque no lo quiso como hombre, siempre le gustó como amigo, casi como el mejor de todos.
La cena transcurrió con relativa normalidad pese a esa tensión latente. Cuando terminaron de comer, Jimin propuso que continuaran la reunión en un club cercano para bailar y tomar algo más. Todos estuvieron de acuerdo rápidamente; era viernes por la noche y nadie tenía prisa por terminar la velada. La idea de música y baile emocionó especialmente a Hoseok, que prácticamente saltó de su asiento dispuesto a arrastrarlos al local.
Jungkook sintió un ligero alivio ante la perspectiva de un ambiente distinto. Pensó que, con la música fuerte y la multitud, tal vez se sentiría menos enfocado en Taehyung y más capaz de relajarse. Además, en una pista de baile abarrotada habría excusa para acercarse sin que pareciera extraño, quizás lograría conversar con él entre canción y canción, distendidos por el alcohol y el ritmo. Tal vez en el club tuviera la oportunidad de arreglar un poco las cosas, al menos era eso lo que se repetía a sí mismo, aferrándose a un hilo de esperanza.
El club vibraba con la energía del fin de semana. Luces de neón azules y rojas parpadeaban al compás de la música pop que resonaba en las paredes. Jungkook y sus amigos entraron entre risas y empujoncitos juguetones, abriéndose paso hasta la zona VIP que Namjoon había conseguido gracias a un contacto. Desde allí tenían una buena vista de la pista de baile, un lugar estratégico entre la barra y la zona más tranquila con sofás.
Nada más llegar, Hoseok tomó a Namjoon de la mano y lo arrastró a la pista exclamando que esa era su canción —un tema pegadizo que Jungkook apenas reconoció—, dejando a los demás riendo detrás de ellos. Jin y Jimin se unieron tras un momento, contagiados por el entusiasmo de Hoseok. Yoongi se acomodó en un sofá junto a la mesa, diciendo que prefería observar por ahora y guardando energías para más tarde.
Jungkook fue hacia la barra improvisada del área VIP para pedir bebidas para el grupo. Mientras esperaba, no pudo evitar buscar a Taehyung con la mirada. Lo encontró enseguida, estaba de pie cerca del balcón interior que daba a la pista principal, apoyado con los antebrazos en la barandilla mientras observaba a la gente bailar abajo. La luz azul del neón perfilaba su silueta, y por un instante Jungkook lo contempló enmarcado en ese resplandor nocturno, como si fuera parte de una escena de un videoclip. Le vino a la mente la portada de aquel álbum que Taehyung, una vez le había mostrado, con sus tonos melancólicos y artísticos; había algo de esa vibra en la imagen del hombre pensativo bajo luces azules.
Con dos tragos en la mano, Jungkook se acercó al castaño decidido a aprovechar ese momento a solas. Había ensayado mentalmente un par de líneas sencillas durante el corto trayecto en auto al club. Nada muy profundo, no era el lugar ni el momento para una conversación seria, pero sí algo que rompiera el hielo sin incomodidad. Quizás un comentario sobre la música, o sobre lo mucho que había cambiado la ciudad en dos años. Cualquier cosa para recobrar un poco de normalidad entre ellos.
—Te traje algo —habló al llegar a su lado, tendiéndole uno de los vasos con whisky-cola que había conseguido. Tuvo que alzar un poco la voz para sobreponerse al pulso de la música.
Taehyung giró el rostro hacia él, visiblemente sorprendido de verlo ahí. Bajó la mirada al vaso ofrecido y luego a Jungkook. Sus ojos se estrecharon ligeramente, como evaluando sus intenciones. Finalmente, aceptó la bebida con una inclinación leve de cabeza.
—Gracias —respondió, haciéndose oír a pesar del ruido. Dio un trago corto, y sus labios se curvaron apenas—. Justo lo que quería, ¿cómo lo supiste?
Jungkook notó el tinte divertido en la pregunta. ¿Taehyung estaba bromeando? Por su expresión le costaba saberlo. Decidió seguirle el juego, esbozando una sonrisa de medio lado.
—Aún recuerdo tus gustos, al menos en cuanto a tragos —añadió apresurado, dándose cuenta de que la frase “recuerdo tus gustos” podía tener otras lecturas más personales. Y precisamente el historial entre ambos giraba en torno a gustos no correspondidos.
Taehyung soltó una pequeña risa que se perdió casi en la música. Sus ojos se desviaron de nuevo hacia la pista de baile de abajo, donde la gente se movía como un mar ondulante de cuerpos al compás de un nuevo tema. Jungkook se apoyó en la barandilla junto a él, guardando silencio por unos segundos, tomándose el tiempo para un sorbo de su propio vaso y para reunir valor.
Desde ahí arriba divisó a Hoseok y Namjoon; bailaban uno frente al otro, riendo y moviéndose con complicidad. Jimin y Jin estaban cerca, haciendo una mini coreografía tonta que los hacía doblarse de risa a ambos. Era una escena alegre, y por un momento Jungkook se dejó contagiar por esa vibración. Se volvió hacia Taehyung, señalando con la mirada hacia sus amigos.
—Nada ha cambiado tanto, ¿verdad? —comentó con suavidad—. Jin hyung sigue siendo el alma de la fiesta, y Hoseok... Bueno, míralo. — Taehyung siguió la dirección de su mirada y asintió una vez, con una media sonrisa serena.
—Hoseok nació para la pista de baile — eso fue todo lo que dijo. Luego sus ojos encontraron a Yoongi, que desde el sofá les hacía un pequeño gesto con su vaso en alto, como brindando a la distancia. Taehyung alzó ligeramente el suyo en respuesta—. Y Yoongi hyung sigue prefiriendo observar hasta tener la certeza de que vale la pena unirse.
Jungkook rió entre dientes, relajándose un poco. Al menos estaban conversando de forma casual, casi como viejos amigos.
Casi.
Necesitaba aprovechar el buen ánimo.
—¿Y tú? —Preguntó, inclinándose un poco hacia Taehyung para que le oyera claramente—. ¿También te gusta más observar primero, o vas a unirte a bailar en algún momento?
La respuesta de Taehyung llegó tras un breve silencio en el que sus ojos se encontraron con los del pelinegro. Ese contacto visual hizo que a Jungkook le hormigueara el estómago, pero se sostuvo firme, intentando no apartar la mirada esta vez.
—Supongo que estoy calentando motores —contestó Taehyung al final, girando su cuerpo ligeramente para quedar medio frente a Jungkook, apoyándose con la espalda contra la barandilla. Tomó otro sorbo de su bebida. —Hace tiempo que no salgo... Al menos no a lugares así. —Jungkook asintió, animado porque el castaño le daba tema para seguir.
—Claro, después de estar fuera tanto tiempo... Imagino que extrañabas estas cosas simples, ¿no? Algunas personas suelen alocarse cuando están de pase, pero no te vi salir jamás —dijo, acercándose un poco más para no tener que gritar. La música cambió a una canción pop conocida, bajando el ritmo a algo más sensual. Las luces se tornaron púrpura, bañándolos a ambos en destellos.— Salir con amigos, buenas canciones...
Taehyung ladeó la cabeza, observándolo. La luz morada reflejaba un destello en sus ojos, haciéndolos parecer más intensos. Jungkook sintió su propio pulso en los oídos cuando el mayor respondió finalmente, casi en un murmullo audible solo para él.
—Sí, extrañaba muchas cosas.
Había algo en la forma en que lo dijo, o tal vez en la forma en que lo miraba al decirlo, que hizo que Jungkook contuviera el aliento por un segundo. ¿Se refería a algo más que a los clubes? ¿Lo decía por él? El corazón de Jungkook dio un brinco ante la posibilidad. Quizás, solo quizás, aún quedaba algo del viejo Taehyung debajo de esa fachada calma. Algo que lo echó de menos, que lo extrañó en las noches solitarias...
—Tae, yo... —empezó Jungkook, sin estar seguro de qué quería decir exactamente. Sentía las palabras agolparse en su garganta. Una disculpa, una petición de segundas oportunidades, un te extrañé desesperado. Pero antes de que pudiera decidirse, Taehyung arqueó una ceja y lo interrumpió con un amago de sonrisa en la comisura de sus labios.
—¿Vas a invitarme a bailar, Jungkook? —Soltó de repente, con un tono indefinible.
La pregunta descolocó a Jungkook por un instante. ¿Invitarlo a bailar? Claro, eso era lo que pretendía eventualmente, pero el ofrecimiento directo de Taehyung sonó casi como un desafío. Aún así, el pelinegro no iba a desperdiciar la oportunidad. Sonrió de lado, alzando su vaso medio vacío como brindis.
—Pensé que jamás lo pedirías —respondió con un toque juguetón, terminando de un trago su whisky-cola para armarse de valor.
Taehyung también acabó su bebida de un sorbo y dejó el vaso vacío en la mesa alta detrás de ellos. Sin más, asintió con la cabeza en dirección a la pista arriba, donde varias parejas y grupos ya bailaban también en la sección VIP.
Jungkook sintió un nerviosismo parecido al de aquella noche en el parque, pero esta vez venía acompañado de expectación emocionada. Se acercó a Taehyung y, con un gesto cuidadoso, posó su mano en la curva de su codo para guiarlo entre la gente hacia un espacio en la pista.
Al principio bailaron con cierta timidez, apenas moviéndose al ritmo de la música uno frente al otro. La canción era algo más lenta que las anteriores, con un bajo marcado y sensual. Jungkook podía sentir la vibración en el pecho. Observó a Taehyung moverse. Era más seguro que antes, tenía ritmo y fluidez en los hombros, en las caderas, como si no le preocupara ser observado.
¿Siempre había bailado así?
Antes solía ser más reservado en la pista, riendo si se equivocaba en algún paso. Ahora parecía tomárselo con calma y confianza, lo cual resultaba terriblemente atrayente.
Sin darse cuenta, Jungkook comenzó a acercarse más. Extendió una mano con cautela hacia la cintura de Taehyung, un gesto que en otro tiempo hubiera sido natural cuando bailaban en alguna fiesta universitaria. Se detuvo apenas antes de tocarlo, buscando permiso en su mirada. El mayor sostuvo su mirar un segundo, luego, lentamente, asintió. Esa leve inclinación de cabeza fue suficiente. El menor posó su mano en la cintura ajena, sintiendo el calor que traspasaba la tela fina de la camisa.
Taehyung correspondió acercándose también. Sus manos se elevaron dubitativas, como decidiendo dónde posarse, hasta que una de ellas descansó en el hombro de Jungkook y la otra se quedó cerca de su propio pecho. Había todavía cierto espacio entre ambos, pero la intimidad era innegable. Cada movimiento los acercaba un poco más; cada vez que Jungkook tiraba suavemente de Taehyung hacia él siguiendo el compás, sus cuerpos rozaban levemente, enviando chispas de sensación allí donde el contacto ocurría.
Jungkook estaba casi aturdido. Tenía a Taehyung en sus brazos, bailando lentamente bajo luces púrpura, con la música envolviéndolos como un velo. Había algo en esa intimidad que le resultaba extrañamente familiar, como si en algún sueño o en otra vida ya hubiera tenido a Taehyung así de cerca. Por un instante, Jungkook casi sintió que sus almas reconocían ese momento, como un recuerdo nacido más allá del presente. El rostro de Taehyung estaba tan cerca que podía ver el contorno de sus pestañas y la pequeña cicatriz en su mejilla que antes nunca notó. Podía oler su loción, mezclada con un leve toque del whisky-cola que habían compartido.
Se movían casi en automático, un lento vaivén que no seguía del todo la música más rápida, como si hubieran entrado en un ritmo propio, un baile despacio y personal ajeno al mundo. Jungkook sintió que podía quedarse así horas, días incluso. Su mente empezó a divagar con la fantasía de que quizás Taehyung aún sentía algo; después de todo, estaba ahí con él, permitiendo esta cercanía. Quizás el momento era propicio para decir algo significativo, para disculparse sinceramente, para pedir... ¿Qué le iba a pedir? Apenas se habían vuelto a ver. Además, sería estúpido dejarse llevar por el momento y hacerle caso a la fastidiosa vocecita que le decía que le pidiera a Taehyung una oportunidad. Que lo amara otra vez, o al menos que le permitiera intentar ganarse su cariño. Al menos como amigos.
Reunió valor, apoyando ligeramente su frente contra la del castaño en un gesto cargado de intimidad. Taehyung no se apartó. Jungkook cerró los ojos un instante, disfrutando esa cercanía, ese milagro impensable hacía unas horas.
—Taehyung, sobre lo que pasó antes... — Con la voz baja, que apenas se oyó sobre la música, intentaba hablar. — Yo...
Pero nunca llegó a terminar la frase. Taehyung se separó un poco, y Jungkook abrió los ojos confundido. La canción había terminado y un ritmo más animado empezó a sonar, haciendo vibrar de nuevo el lugar. Alrededor, otras parejas cambiaban de paso o se retiraban de la pista. Taehyung había soltado el hombro de Jungkook y retrocedido un paso. En su rostro había aparecido otra vez esa máscara amable pero distante.
—Gracias por el baile —dijo Taehyung con cortesía, aunque su tono sonó frío, dejando heladas las pocas esperanzas que se habían encendido en el pecho de Jungkook—. Fue divertido.
Antes de que Jungkook pudiera articular respuesta como le había estado ocurriendo toda esa tarde y noche, Taehyung ya se daba la vuelta para alejarse. Jungkook estiró una mano instintivamente para sujetarlo, rozando la punta de sus dedos contra su antebrazo.
—Espera, Tae —pidió, olvidándose de usar el nombre completo en su urgencia.
Taehyung se detuvo y miró la mano que lo había tocado, luego los ojos de Jungkook. Había en ellos un destello de algo, quizá molestia, quizá algo más doloroso.
—¿Qué? ¿Hay algo más que quieras, Jungkook? — Esa última pregunta llegó un poco más afilada.
La formalidad de antes se había resquebrajado, dando paso a una voz baja cargada de sarcasmo contenido. Jungkook sintió que cualquier palabra podía ser la equivocada y, sin embargo, sabía que no podía dejarlo ir así, no después de sentirlo tan cerca. Podía recuperar a su amigo después de dos años.
—Yo... Solo quería decir que lamento... —comenzó, tragando saliva. Era absurdo intentar disculparse en medio de un club ruidoso, pero su corazón insistía en hablar—. Aquella vez, hace dos años, yo fui un idiota.
Taehyung entrecerró los ojos, y por un momento Jungkook temió que no contestara. Pero lo hizo, en un tono medido que dolió más que un grito.
—Sí. Lo fuiste. Pero todo eso está en el pasado.
Jungkook sintió la sangre concentrarse en sus mejillas. No había reproche estridente en la afirmación de Taehyung, solo la fría confirmación de un hecho. Eso la hacía mil veces más contundente. Sus dedos aún flotaban cerca del brazo de Taehyung, como queriendo sujetarlo pero sin atreverse a hacerlo del todo. Retiró la mano lentamente, bajándola, en señal de rendición momentánea.
—Lo siento —espetó simplemente, con voz ronca, pero sincera. Sus ojos buscaron los del mayor, intentando transmitir con la mirada todo el remordimiento y la nostalgia que lo inundaban.
Taehyung sostuvo su vista durante unos segundos que se hicieron eternos. Hubo un atisbo de emoción en sus ojos oscuros, un temblor casi imperceptible en su máscara de indiferencia. Jungkook contuvo el aliento, esperando...
¿Qué esperaba exactamente? Un perdón instantáneo no vendría, eso estaba claro. Quizá solo quería un indicio de que no todo estaba perdido.
Sin embargo, Taehyung desvió la mirada primero. Sus hombros parecieron hundirse apenas antes de cuadrarse de nuevo.
—Olvídalo. — Asintió una vez, como aceptando las disculpas, pero sus palabras pintaron un muro firme. — De verdad, todo está bien, Jungkook. Ya pasó.
Esas palabras fueron pronunciadas de manera cortés, pero implicaban un final.
Ya pasó.
Como si aquello hubiera quedado en un pasado enterrado. Como si no hubiera nada más que decir al respecto. Jungkook sintió que algo se le rompía por dentro ante esa sentencia. Quizás había esperado gritos, reproches o que Taehyung se desahogara; cualquier cosa menos esa aceptación distante que lo dejaba a él sintiéndose invisible, irrelevante en la vida del contrario.
Tragó el nudo en su garganta y asintió también, sin fiarse de su propia voz. Taehyung ofreció una pequeña sonrisa educada, como para suavizar el golpe, pero en sus ojos bailaba una chispa de triunfo triste. Era como si hubiera recuperado el control de la situación y eso le diera una sombría satisfacción. Ahora el que estaba dolido y anhelante era Jungkook, y Taehyung lo sabía.
—Nos vemos allá con los demás, ¿sí? — Habló el castaño, cortando el momento. Ni esperó respuesta; se dio la vuelta y se perdió entre la gente que abarrotaba la zona de la barra.
Jungkook se quedó de pie en medio de la pista, sintiendo el bajo de la música retumbar a su alrededor, contrastando con el repentino silencio que parecía haberse formado en su pecho. Un par de chicas pasó riendo junto a él, obligándolo a moverse para dejarlas pasar. Como en automático, salió de la pista regresando hacia la mesa donde Yoongi seguía sentado, ahora acompañado por Jin que había regresado a descansar un rato.
—¿Estás bien? —preguntó Jin en cuanto Jungkook llegó y se dejó caer en el sofá junto a ellos. Al parecer, había notado algo en su cara.
—Sí... sí, solo un poco mareado del baile —mintió, esbozando una sonrisa forzada. Tomó el vaso de agua que Yoongi le ofrecía, agradecido, y bebió un largo sorbo. El agua fría le calmó un poco la garganta seca, pero no logró llevarse la opresión que sentía en el pecho.
Trató de centrarse en otra cosa, siguiendo con la mirada a Taehyung para ver a dónde había ido. Lo encontró en la barra principal del club, no muy lejos, hablando con Yoongi.
¿Yoongi?
Jungkook parpadeó, percatándose de que el Yoongi a su lado ya no estaba; probablemente había ido a buscar otro trago y se encontró con Taehyung allí. Observó cómo ambos conversaban cerca, con postura relajada. Yoongi dijo algo que hizo reír a Taehyung, quien asintió. Luego, para sorpresa de Jungkook, Yoongi apoyó su mano en la parte baja de la espalda de Taehyung de forma casual, inclinándose para susurrarle algo al oído, seguramente para evitar gritar por encima de la música.
La imagen hizo que a Jungkook se le revolviera algo en el estómago. ¿Qué estaba haciendo Yoongi? Cualquiera hubiera dicho que estaban hablando casualmente, pero el pelinegro conocía muy bien a su amigo. Era obvio que estaba coqueteando, ¿pero con Taehyung? Todos eran amigos, ¿por qué estaba lanzándose a Taehyung? Con su mirada, Jungkook estudió a este último. No parecía incómodo en lo absoluto, al contrario, le sonreía a Yoongi con esa expresión serena, permitiendo la cercanía.
Jungkook reconoció esa mirada en Yoongi una mezcla de interés y picardía. Lo había visto antes cuando su hyung encontraba a alguien atractivo en las salidas nocturnas. Nunca imaginó verlo dirigido hacia Taehyung, pero en retrospectiva, ¿por qué no? Taehyung ahora llamaba la atención de cualquiera.
—Maldición... —Murmuró Jungkook para sí, apretando el vaso de agua con más fuerza de la necesaria.
—¿Qué pasa? — Jin, que seguía a su lado, lo miró confuso.
—Nada —negó rápido Jungkook, esbozando una sonrisa tensa.— Creo que necesito un poco de aire fresco, ahora vuelvo.
No esperó aprobación, se levantó y se dirigió hacia la terraza pequeña del club, la cual estaba habilitada para fumadores y para quienes buscaban respirar un poco fuera del tumulto. Salir le sentó bien. El aire de la noche, aunque impregnado de nicotina y ruido lejano, era más fresco y real que el ambiente cargado adentro.
Apoyó ambas manos en la barandilla de la terraza y respiró hondo. Desde allí podía ver la calle iluminada abajo, la fila de gente esperando para entrar, taxis pasando ocasionalmente. La noche seguía su curso indiferente a su pequeño drama personal. Aquello no era una escena de ficción ni un drama con libreto; no había cámaras grabando su dolor ni un guión que asegurara un final feliz. Era la vida real, enfrentándolo con las consecuencias de sus propias decisiones.
Apenas había vuelto a ver a Taehyung hacía unas horas, ¿por qué se sentía así repentinamente? Sí, físicamente, el castaño se había vuelto completamente su tipo, pero eso no era suficiente para estar tan abrumado por su presencia.
Jungkook cerró los ojos un instante. Repasó en su mente todo lo ocurrido en esas pocas horas: el shock de ver a Taehyung de nuevo, la sensación de atracción intensa que le había golpeado, la frustración de su actitud distante, aquel baile lento que por un momento le hizo creer en segundas oportunidades y finalmente ese portazo en la cara con la fría cordialidad de Taehyung. Para rematar, ahora la visión de él quizás coqueteando con Yoongi. También estaba muy presente.
No podía culpar a Yoongi, ni a Taehyung. Eran dos adultos solteros, libres de hacer lo que quisieran. Y sin embargo, Jungkook sintió celos. Ardientes, desconcertantes celos que casi lo tomaron por sorpresa. Porque si hace unos días alguien le hubiera dicho que estaría celando a Taehyung, no lo habría creído. Pero ahí estaba, mordiéndose por dentro al imaginar siquiera la posibilidad de que Taehyung se fuera esa noche acompañado por otro.
¿Por qué le importaba tanto? La respuesta se dibujó sola, dolorosamente obvia. Porque en el fondo, quizá siempre hubo algo. Algo que él no quiso ver, cegado por sus preferencias superficiales y su fijación con otra persona. Namjoon...
Ah, Namjoon. Otro nudo enredado en su corazón esa noche. Jungkook había llevado años suspirando en silencio por el mayor de sus amigos. Namjoon, con su voz grave y su mente brillante, con su liderazgo natural y su risa adorable. Durante mucho tiempo Jungkook pensó que era su “crush” definitivo, alguien por quien nunca se atrevió a hacer un movimiento por miedo a arruinar la amistad y, también, porque Namjoon nunca dio señal de corresponderle. La verdad es que lo de Namjoon siempre había sido un sentimiento más fantasioso que real, un amor idealizado, casi musical y prohibido, que existía únicamente en su imaginación.
Pero fue esa ilusión la que contribuyó a que rechazara a Taehyung tan ciegamente. Prefería chicos más masculinos... Aún ahora, recordarlo le daba ganas de darse un puñetazo a sí mismo. Había usado de excusa su atracción por la masculinidad que representaba Namjoon para menospreciar la de Taehyung. Había que mirarlos ahora. Namjoon estuvo bailando con Hoseok toda la noche, claramente con intenciones más que amistosas. Jungkook había visto cómo se sonreían, cómo se tomaban de la mano sin disimulo al salir de la pista un par de veces para beber agua. ¿Desde cuándo estaba pasando eso? Quizá durante meses y él, ensimismado en sus asuntos, ni cuenta se había dado.
Sacó el móvil de su bolsillo e hizo amago de revisarlo para distraerse, pero realmente no tenía mensajes urgentes ni nada interesante ahí. Era solo para no sentir que estaba parado sin hacer nada. Inhaló profundo otra bocanada de aire nocturno, intentando aclarar su mente.
Tal vez se lo merecía. Por haber herido a Taehyung, por haber deseado lo inalcanzable con Namjoon y no valorar lo que tenía cerca. Allí, bajo las estrellas tímidas de la ciudad y el eco distante de la música del club, Jungkook admitió para sí mismo que su ego estaba sufriendo. Estaba herido al ver que Taehyung ahora no lo necesitaba ni siquiera como amigo, que podía incluso preferir a otro. Herido al confirmar que Namjoon nunca sería para él.
Se quedó fuera unos minutos más, hasta que el frío le erizó la piel de los brazos. Antes de volver adentro, revisó su reflejo oscuro en la ventana de la terraza y ahí estaba, un Jeon Jungkook tratando de recomponerse.
—Vamos, no hagas pucheros, — se reprendió. Debía mostrarse entero.
Al regresar al interior, el calor y el ruido lo envolvieron de nuevo. Localizó a sus amigos con la vista rápidamente. Hoseok y Namjoon ahora estaban sentados muy juntos en un sofá, compartiendo una botella de agua y sonriendo en una burbuja propia. Jin conversaba con un conocido que se había encontrado, y Jimin bailaba con un grupo de gente que no identificó, probablemente nuevos amigos de la pista. ¿Y Taehyung y Yoongi?
Una rápida pasada con la vista le dio la respuesta. Los vio alejándose, cerca de la salida, juntos. Yoongi tenía una mano en el hombro de Taehyung, guiándolo entre la multitud hacia la puerta. Taehyung no se veía en desacuerdo; de hecho, se inclinaba ligeramente hacia Yoongi mientras avanzaban, diciéndole algo cerca del oído a causa del volumen de la música.
Jungkook sintió un pinchazo visceral. Era oficial que Taehyung se iba. Y no solo eso, se iba con Yoongi. Podía ser que simplemente salieran a fumar juntos o a tomar aire, pero su instinto le dijo que no, que Taehyung se marchaba de la discoteca y que probablemente Yoongi lo acompañaría quién sabía hasta dónde.
Un pensamiento irracional cruzó por su mente, tal vez correr tras ellos, interponerse, hacer algo. Pero... ¿Con qué derecho? Ni siquiera sabía bien qué quería decirle a Taehyung. ¿Que no se fuera con Yoongi? Sonaría patético y posesivo, y no tenía ningún título para reclamar tal cosa. Se mordió la lengua y se quedó en su sitio, impotente.
Observó a Yoongi y Taehyung desaparecer tras la puerta del club. Jimin, que volvía de la pista secándose el sudor de la frente, se cruzó con ellos a medio camino y se acercó a la mesa donde estaba Jungkook.
—¿Viste a Yoongi y Taehyung? —Preguntó Jimin con una sonrisa de diversión en la cara—. Creo que se van juntos.
Jungkook asintió con rigidez, llevándose el vaso de agua otra vez a los labios solo para ocuparlos en algo.
—Sí, los vi —respondió, tratando de sonar casual, ignorando a Jimin que se dejó caer a su lado, riendo entre dientes.
—Quién lo diría, ¿no? —comentó, alzando las cejas de manera expresiva—. Yoongi hyung y Tae... aunque pensándolo bien, tienen cosas en común, los dos son tranquilos y les encanta la música. Seguro van a escuchar jazz o algo así a esta hora.
—Tal vez —murmuró Jungkook. La idea de ellos dos solos escuchando música suave en algún lugar hizo que su estómago se contrajera de celos otra vez.
Jimin lo observó un momento en silencio, y Jungkook notó que sus ojos brillaban con perspicacia. Su amigo siempre había sido muy intuitivo.
—Oye... —Dijo Jimin más bajo, acercándose para que solo Jungkook escuchara—. ¿Todo bien?
—¿Por qué no lo estaría? —Jungkook intentó sonreír, pero no logró engañar a Jimin, quien ladeó la cabeza mirándolo como un detective sagaz.
—No lo sé, tal vez porque tu crush eterno está acurrucado con Hobi allá —indicó con la mirada a Namjoon y Hoseok, que ahora definitivamente parecían a punto de besarse, acortando distancias en el sofá—. Y tal vez porque el chico al que rechazaste se volvió un Adonis ante tus ojos y ahora se fue con otra persona.
Jungkook abrió la boca, pero no encontró con qué rebatir. Al final suspiró, derrotado.
—Ha sido una noche... No sé, extraña —admitió, pasándose una mano por el pelo negro ligeramente sudado.
Jimin le dio unas palmaditas en la espalda con afecto.
—Te hace falta bailar más —declaró con dulzura—. Vamos. — Jungkook negó con la cabeza, sonriendo con cansancio.
—En serio, creo que ya bailé suficiente por hoy.
—Pues entonces beber —insistió Jimin, levantándose para ir a buscar algo en la mesa—. Hey, ¿y ese whisky-cola que dejaste a medias?
— ¿En serio? Dame acá, —dijo Jungkook, aunque ambos sabían que él no era de emborracharse fácilmente y no planeaba ahogar sus penas en alcohol.
—Agh, eres imposible —bufó Jimin, aunque su tono tenía más de preocupación que de burla. Volvió a sentarse junto a Jungkook, esta vez deslizando un brazo por sobre sus hombros en un gesto de apoyo—. Mira, Kook. —Usó el tono que guardaba para cuando hablaba en serio—. Sé que hoy ha sido mucho. Pero no te me hundas todavía, ¿okay? Es solo el primer round.
Jungkook frunció ligeramente el ceño, girando el rostro para mirarlo.
—¿Primer round? ¿De qué hablas?
—De esta historia. —Jimin sonrió de medio lado—. Tu historia con Taehyung, y hasta con Namjoon si quieres. Pero sinceramente, dudo que lo de Namjoon te duela tanto como lo otro...
Jungkook quiso protestar por reflejo, pero se quedó callado. Jimin asintió, como confirmando su propia teoría.
—Lo imaginé —dijo con suavidad—. Los conozco a ambos, así que aunque no deba, estoy dándote este consejo. Solo quiero decirte que nada está escrito aún. Él no era tu tipo, y bueno, aparentemente ahora tú no eres el suyo, o eso quiere que creas. —Jimin apretó su hombro, animándolo—. Te conozco, Jungkook. Eres terco, y cuando algo te importa de verdad, no te rindes.
¿O eso quiere que creas? ¿Jimin sabía algo que él no? Las palabras de su amigo se filtraron en Jungkook, dándole un poco de calor donde antes había frío. Miró hacia la puerta del club, esa por la que Taehyung se había marchado. Afuera, la noche seguía y quién sabía qué estaría haciendo él en ese momento. La idea de que estuviera con Yoongi lo golpeó de nuevo, pero la charla con Jimin le sembró también un atisbo de desafío. ¿Iba a dejar las cosas así?
No, decidió internamente. Esto no podía terminar en esa noche frustrante. Porque por más herido que estuviera su ego o su corazón, había sentido algo bailando con Taehyung. Un destello de lo que podría ser, de lo que quizá debió ser si no hubiera sido un idiota dos años atrás. Y ahora, ese algo se negaba a morir sin luchar. Jungkook enderezó la espalda, inspirando profundamente. Le dedicó a Jimin una sonrisa sincera, aunque cansada.
—Gracias, Minnie. — Jimin sonrió también y le dio un leve empujoncito con el hombro.
—¿Entonces? ¿Te vas a quedar compadeciéndote o bailamos esta última canción para cerrar la noche? — Jungkook se puso de pie, extendiendo una mano hacia su amigo en señal de rendición amable.
—Bailamos —aceptó.
Mientras se unía a Jimin para un último baile en la pista, Jungkook no pudo evitar echar una última mirada hacia la salida. Taehyung no estaba allí, por supuesto. Pero se prometió en silencio que esa no sería la escena final entre ellos, que buscaría la manera de enmendar lo roto. Aunque ellos solamente permanecieran como amigos, quería evitar esa fea sensación de tenerlo tan cerca y sentirlo tan lejos, como si anduviera viviendo en otro mundo lejano. Aunque tuviese que ir a buscarlo a ese otro mundo, iba a poner todo de su parte.
La noche había sido un torbellino de emociones, contradicciones y revelaciones dolorosas. Sin embargo, ahora tenía claro al menos una cosa. No deseaba que Taehyung fuese un extraño en su vida. Envuelto en las notas finales de la música y la risa de Jimin girando a su alrededor, Jungkook sintió esa determinación asentarse en él. Tal vez no había sido una historia ideal como Minnie le había dicho, mucho menos perfecta, pero aún estaba a tiempo de cambiar el rumbo. Él quería estar parado junto a Taehyung en el futuro, como los amigos que siempre fueron.