Capítulo 1
Mis párpados están pesados por el sueño, pero la luz blanquecina que se cuela por entre las cortinas rasgadas me impide seguir durmiendo. Siento el cuerpo entumecido, como si algo invisible me sujetara contra el colchón. Quiero girarme, mover un dedo, pestañear…pero no puedo. Hay algo profundamente antinatural en esto. Como si ya no estuviera en mi habitación, como si ya no estuviera en mi cama. Intento con todas mis fuerzas moverme, gritar, sacudirme del letargo. Finalmente, mis ojos se abren con un estremecimiento.
Y lo que veo me hiela la sangre.
Estoy amarrada a una silla de madera vieja y astillada, en lo que parece ser una cabaña abandonada. Las paredes están cubiertas de moho, con grietas por donde se cuela el viento helado. Las cortinas cuelgan en jirones, y el olor…oh, Dios, el olor es insoportable: putrefacción, óxido, humedad acumulada por años y algo más que no logro identificar. Algo que parece muerto y aún presente.
Intento gritar. Mis labios tiemblan, pero solo escapan susurros ásperos. El pánico se desliza por mi pecho como una víbora ¿Dónde mierda estoy? ¿Qué es este lugar? ¿Quién me hizo esto?
Empiezo a explorar con la mirada cada rincón. La madera del suelo está manchada con huellas secas…huellas oscuras, casi negras. ¿Es sangre? Hay restos de lo que parecen uñas rotas, cabellos con lo que parece sangre seca pegados a la pared, y en una esquina, colgando, un peluche infantil manchado de rojo.
-Cálmate…-me susurro entre dientes, temblando- Que no cunda el pánico…voy a estar bien, voy a estar bien.
Pero la voz me suena hueca, sin convicción.
De reojo, veo una navaja oxidada sobre una mesa destartalada. Está a unos pocos metros de mí. Con movimientos lentos y dolorosos, comienzo a dar pequeños saltos con la silla. Cada golpe resuena como una campanada en la cabaña vacía. Cuando al fin llego a la mesa, giro la silla con dificultad para colocar mis muñecas detrás. El borde afilado me roza apenas. Mis manos sangran con cada intento. La cuerda está tan apretada que la piel se me ha roto en varias partes.
Después de varios minutos de esfuerzo desesperado, logro cortar parcialmente una cuerda, luego otra. Finalmente, mis manos están libres. Me apresuro a liberar mis tobillos. Apenas lo hago, me lanzo hacia la puerta.
Está cerrada con llave, obvio, me giro hacia una ventana sucia. La empujo con fuerza y, milagrosamente, se abre.
Mi corazón late con fuerza en mi garganta. Estoy a punto de saltar cuando escucho la manija de la puerta girar. No hay tiempo. Desesperadamente me lanzo por la ventana, caigo de bruces en la tierra húmeda y corro.
Corro sin mirar atrás.
El bosque me engulle con sus árboles altos y raíces torcidas. El aire es denso, y el cielo, cubierto por nubes grises, parece presagiar algo peor. No sé quién me persigue, pero lo siento cerca. Lo escucho. Sus pasos son pesados, su respiración agitada.
- ¡Skyler, detente! - grita una voz masculina detrás de mí. Grave, autoritaria y extrañamente me parece familiar.
- ¡No! - grito con desesperación, sin dejar de correr. Tiene un cuchillo, lo vi. Estaba cubierto de sangre, y su mirada…era inhumana.
-Vamos, cariño, sabes que voy atraparte. No hay nadie aquí que pueda ayudarte- resuena su voz, burlona, lacerante, como si disfrutara el juego.
Los árboles parecen cerrarse más y más. Mi respiración es errática, mi cuerpo me duele. Tropiezo varias veces, pero me niego a caer. En un instante de suerte, el bosque se abre. Veo una carretera…y un auto que pasa.
- ¡Ayuda! – chillo. Mis brazos se agitan frenéticos.
El auto parece reducir la velocidad. Pero justo cuando me acerco, siento un tirón brutal en el cabello. Una mano helada me cubre la boca y me arrastra hacia atrás, a la oscuridad de los árboles.
El conductor del auto duda por un segundo…y sigue de largo. No me vio o no quiso ver.
Estoy temblando. Las lágrimas brotan sin permiso, mi cuerpo lucha, pero él es más fuerte. Me arrastra al suelo y siento el frío del cuchillo acariciando mi cuello.
-Te advertí que te detuvieras- susurra contra mi oído- Ahora sufrirás las consecuencias.
-P-por favor…- sollozo- no sé quién eres…déjame ir
- ¡Cállate, Skyler! - su voz retumba- conocerás la peor parte de mi...preciosa…Tú…eres mía.
Sus dedos se cierran alrededor de mi cuello, aprieta, me falta el aire. Mis uñas rasguñan sus manos. El mundo se vuelve borroso. No quiero morir. No aquí, no así.
-Te encontraré, Sky- musita como si fuese una promesa sagrada- Y Cuando escuché tu voz por primera vez, sabré que no hay marcha atrás. Eres la grieta en mi máscara…y yo, el veneno que te hará florecer.
Un golpe seco.
Una voz lejana.
- ¡Skyler! ¡Skyler, hija, despierta!
Abro los ojos de golpe. Estoy sudando, jadeando. Mi madre está inclinada sobre mí, con el rostro preocupado.
- ¿Mamá?
-Solo fue una pesadilla, hija…estas a salvo.
Pero algo en mi pecho me dice que no lo estoy. Que no era un sueño cualquiera. Era una advertencia.
Y lo peor es que, en lo más profundo de mí, sentí que ese chico…ese monstruo…ya me conocía.