Prólogo
Imagina que conoces al chico perfecto.
Es gracioso, atractivo y tiene un culo de los mil dioses.
Pero también es un mujeriego sin remedio.
Los chicos como esos no son precisamente el tipo ideal para una relación. Bueno… al menos no para mí.
Yo buscaba algo duradero, sano y serio. O, como mínimo, no salir hecha pedazos.
Por eso lo convertí en mi mejor amigo.
Jaxon Heils era el típico atleta de película: alto, guapo y con talento natural para cualquier deporte. Eso le consiguió un pase directo a Stanford.
Y aunque no era un genio académico, sus calificaciones eran lo suficientemente decentes como para no parecer un cliché completo.
Yo, en cambio, tuve que matarme estudiando durante meses, hacer mil actividades extracurriculares y sacrificar mi vida social para entrar. Lo logré por poco, pero lo logré. Y después de tanto esfuerzo, me prometí relajarme un poco.
Así que, por primera vez, me di permiso de explorar una relación romántica.
Su nombre era Derek.
Estudiaba Economía, como yo. Tenía excelentes notas, jugaba fútbol americano con Jaxon, era popular y guapo. ¿Qué más podía pedir?
Se preocupaba por su futuro, decía todas las cosas correctas. Era perfecto para mí… o eso creí.
Jaxon no confiaba en él. Decía que un mujeriego siempre reconoce a otro. Que era su radar.
No le hice caso.
Y quizás, solo quizás… si lo hubiera escuchado, no habría terminado tan mal.
