Dedicatoria
Para quienes han amado y perdido.
Para aquellos que han sentido que el mundo se desmoronaba entre sus manos, que el vacío era insoportable y el dolor una herida abierta que jamás sanará. Para quienes han aprendido a respirar entre lágrimas, a sonreír con el alma rota y a seguir adelante, aun cuando cada paso pesa como un recuerdo.
Este libro es para ustedes.
Porque sí, duele. Duele como si el corazón jamás volviera a latir igual, como si la ausencia fuera un eco eterno que nunca se apaga. Pero también es cierto que hay vida después del dolor. Que, aunque las heridas nunca desaparecen del todo, aprendemos a vivir con ellas, a convertirlas en cicatrices que cuentan nuestra historia, sin permitir que nos definan.
Y sobre todo, este libro es un recordatorio de que, aunque no haya nada que salvar, siempre habrá todo que amar.
Porque el amor, incluso en su forma más trágica, nos transforma. Nos deja algo imborrable. Nos hace humanos. Y eso, aunque duela, siempre será suficiente.