ESTRELLA FUGAZ
🔻NOTA IMPORTANTE AL FINAL DEL CAPÍTULO
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Los últimos días la casa se sentía silenciosa, fría y vacía, lo que años atrás sería placentero y un gusto ahora se convierte en una silenciosa tortura. Días antes estaba repleta de risas, gritos y música que resonaba por todos los pasillos, ahora se siente como un cascarón vacío, sabe que no es por mucho, lo sabe y se lo recuerda constantemente a su Omega interna cada que regresa a casa solo, lo hace ya que su Omega aúlla y chilla anhelando su regreso, sabe que fue un acuerdo, más aun así los extraña, solo cuenta los últimos días para que todo regrese a lo de antes, para que todo regrese a sentirse bien, cálido, feliz, para que su familia se vuelva a reunir completa…
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🌌10:30 PM🌌
La carretera a esas horas de la noche le gusta, sin ruido molesto de claxons tocando, sin tráfico de gente exigiendo el pase, sin el calor asfixiante que el sol da en horas tempranas. Le gusta justo como está ahora, la noche fresca, el cielo despejado haciendo que ver las estrellas tintineando en lo alto sea fácil. Los árboles a su alrededor pasan borrosos, la ventana abajo permite que el aire entre, produciendo un ruido constante y relajante, acompañado con el ronroneo del motor, los grillos y algunos otros sonidos de la naturaleza, el viento fresco acaricia su rostro, sintiendo como el estrés del día desaparece, ayudando con el olor a los pinos. Ese olor embriagante y profundo, si no fuera manejando, sería un panorama perfecto para dormir y relajarse.
Hace dos semanas regresó, la misión fue todo un éxito, durando aproximadamente siete meses, no puede quejarse, estaba planeada para durar un año, más su suerte y el excelente trabajo en equipo que hizo con sus colegas les restó tiempo, lo agradece, claro que lo agradece, estar tanto tiempo alejado de su familia le estaba empezando a cobrar factura, su cuerpo ya comienza a sentirse cansado y débil, sintiendo como si un puñal caliente fuese enterrado en su pecho, su Alfa interno se retuerce gimoteando por ratos y rasguña queriendo salir, salir para reunirse nuevamente, añorando sentir en sus brazos a sus pequeños cachorros y a su hermoso Omega. Si él lo está pasando mal, no imagina cómo la debe de estar pasando el Omega.
Trabajar en la empresa más grande de Japón de ingeniería espacial es un sueño hecho realidad, desde pequeño soñó con ser uno, con arduo trabajo se logró, creaba los artefactos, eran analizados, probados y luego eran lanzados al espacio, rara vez su equipo era lanzado arriba, otras veces solo se quedaban en el taller, esta vez no fue la segunda, él y su equipo tuvieron que salir al espacio para arreglar una de las grandes bases que fueron lanzadas hace solo un año. Era necesario ir, algo de emergencia, lo platicó con su Omega y este no se negó, era su trabajo después de todo.
Desearía que lo hubiera detenido pero no fue así. El trayecto fue una experiencia única. Su niño interno lloró emocionado, no era su primera vez arriba pero siempre era emocionante cada que regresaba. Un año fue lo que se estimó de tiempo, un año en el que no estaría cerca de su familia, fue duro pero valió completamente la pena. Más cuando acabaron su misión y vieron que tenían tiempo de sobra, todos tomaron sus cosas, abordaron la nave y partieron de regreso a la Tierra.
El regreso fue tranquilo pero tedioso cuando les retuvieron para revisar todos sus signos, hicieron análisis y monitorearon sus sistemas, adaptarse nuevamente a esta gravedad no fue tardado, después de eso fueron libres, con cinco meses completos de vacaciones.
Lo agradece, recuperar todo ese tiempo perdido con su adorada familia era algo que anhelaba y necesitaba de regreso con todo su ser, despertar con su compañero de vida al lado de la cama, ese beso de buenos días, los desayunos en familia, los gritos y correteos de sus hijos, las salidas a casa de sus padres, sí, también los extrañaba a ellos, pese a que no tenía una “buena” relación con su padre lo extrañaba y de su madre ni decir.
Justamente con ellos es a dónde se dirigía, mientras estuvo fuera estaba en comunicación con su familia, una o dos veces al día, pequeñas pláticas. En la última que tuvo su Omega le contó que los cachorros querían pasar unos días con los abuelos así que los llevó, el Omega también quería quedarse pero su trabajo en el estudio era importante, así que no podía abandonar sus proyectos, menos cuando estaba a días de terminar las esculturas. Sí, su esposo era artista y semanas atrás un comprador encargó algunas esculturas, por lo que llevarse el trabajo a casa de sus suegros no era una opción, menos cuando el trabajo ya estaba pagado y había mandado una fecha de entrega. Así que aceptó y los pequeños se fueron con los abuelos. El Alfa tenía planeado pasar por ellos y llevarlos a casa, podría pasar mañana y llegar directo a casa a descansar pero estaba desesperado por reunirse con los pequeños.
Faltaban pocos minutos para llegar, el vecindario en el que creció se veía a lo lejos, las calles no estaban solas, era viernes, día donde a la mayoría de las personas les gusta salir de la rutina. Divisó la casa grande de dos pisos color crema de sus padres y estacionó afuera, las luces aún estaban encendidas por lo que todos, o al menos sus padres, aún estaban despiertos. Caminó por la acera un poco rápido, deteniéndose en la puerta antes de tocar, tenía una llave pero intuía que era mejor tocar y dar así la sorpresa, aparte no quería que sus padres se preocuparan al escuchar ruidos y pensaran que alguien se había metido a la casa. Porque sí, no le avisó a nadie que regresaba antes.
Tocó dos veces el timbre y esperó, sus manos comenzaban a sudar, le empezaba a costar pasar saliva y comenzó a respirar un poco entrecortado, estaba nervioso, nervioso de volver a verlos.
Cuando la puerta se abrió un hombre algo bajito de cabello café, lentes del mismo color y vistiendo un suéter rojo con pantalón negro y sandalias se asomó y lo vio… el aire y todo se detuvo.
—¿Katsuki? —el hombre soltó con la voz quebrada, sin poder creer lo que sus ojos veían, su hijo parado en la entrada de la casa con una pequeña sonrisa en su rostro—. ¿De verdad eres tú?
—Mamá.
No hizo falta decir más para que el Omega soltara el pomo de la puerta y saliera a abrazar a su único hijo, soltando más palabras que no se entendían bien pues era un mar de lágrimas, Katsuki también soltó un poco de lágrimas y estrechó a su madre en sus brazos, respirando el olor de canela con miel que de niño siempre lo calmaba en los momentos difíciles, cómo había extrañado ese olor.
—¿Querido quién es?, ¿por qué tardas tanto? —una segunda voz no tardó en escucharse y aparecer en escena. La Alfa ceniza al ver que su pareja no regresaba fue a ver qué sucedía, encontrando la imagen de su hijo en la puerta abrazando a su esposo—. ¡KATSUKI! —su Alfa interno se agitó y chilló gustoso por ver nuevamente a su cachorro, él estaba bien y estaba de regreso, no dudó ni un segundo y corrió a abrazarlo, olvidando esa faceta orgullosa, estrechó a sus dos amores.
Después de unos minutos los tres pasaron a la casa, adentro estaba calientito, con el olor a canela y café de sus padres, sintiendo pequeñas notas de miel de los cachorros. Extrañaba esto.
—Mocoso ingrato, ¿cómo es que regresaste y no nos avisaste? —habló fuerte Mitsuki de brazos cruzados, esperaba una explicación.
—¿Ah? —Katsuki estaba listo para comenzar con las contestaciones, nunca cambiarían, se amaban y todo pero eso era ya algo de ellos. Antes de que una guerra verbal comenzara el Omega intervino.
—Cielo cálmate, los niños están arriba durmiendo, no querrás despertarlos y asustarlos gritando así a estas horas de la noche, Katsuki debe tener una buena razón, así que ya —su voz armoniosa y tranquila como siempre puso un alto a ambos.
Katsuki resopló y empezó a contarles el porqué de aparecer tan de repente. Ambos entendieron y decidieron entrar a la cocina. Masaru se ofreció a calentar un plato de la cena que comieron horas antes, sabe que su hijo debe estar cansado y hambriento por el camino de regreso, así que mientras calentaba el platillo preguntó por los niños.
—Están arriba durmiendo, después del paseo a la feria que tuvimos hoy cayeron rendidos después del baño, deberías dejarlos dormir, al menos hasta mañana cariño —Masaru insistió en su voz, pues vio cómo su hijo estaba casi a nada de correr escaleras arriba después de escuchar dónde estaban.
—Amor está bien, déjalo, estuvo mucho sin verlos, su Alfa debe de estar inquieto, puedo oler su ansiedad amarga, anda, sube —dijo la Alfa con voz tranquila.
Mitsuki comprendía cómo debe de sentirse su hijo, pues ella haría exactamente lo mismo, sabe que cuando un Alfa está lejos de sus cachorros la ansiedad por protegerlos y marcarlos con su aroma es horrible. Y más teniendo meses sin estar con ellos, una cosa es verlos y hablar por la pantalla, pero nada se compara a tenerlos en sus brazos. Así que corriendo subió al segundo piso, al llegar a la habitación con el letrero M y K entró rápido, haciendo ruido al azotar la puerta, provocando que los pequeños que estaban abrazados en la cama se despertaran exaltados. Pero al reconocer el olor intenso ambos se levantaron rápido, y al ver a la persona que estaba en la puerta con la respiración agitada y una enorme sonrisa en el rostro corrieron a él mientras lloraban de alegría, su padre y Alfa estaban de regreso.
—¡PAPI! —gritaron mientras Katsuki los cargaba a ambos, repartiendo besos en sus caritas pecosas.
La habitación se llenó de ronroneos, feromonas felices, lágrimas y mocos. Los niños entendían que era el trabajo de su padre, y les emocionaba en lo que él trabajaba, pero estar tanto tiempo sin él les costó, sus cuerpos a ratos se sentían débiles con el paso de los días, sentían su abandono, haciendo que por ratos entraran en una pequeña depresión, el Alfa en la familia es importante, aunque dejó un poco de sus feromonas artificiales para que las usaran, no hacían el mismo efecto que las originales.
—Amores los extrañé como no tienen idea —se sentó en la cama mientras seguía abrazándolos—. Papá está aquí, y no se va a ir, tendremos varios meses para estar juntos nuevamente —siguió hablando, mientras veía cómo los ojitos de los cachorros se iluminaban por la noticia.
—¡Siiiii! —el pequeño Katsuma estaba a reventar de emoción, tendría a su padre muchos días, donde podría estar en sus grandes brazos mientras le hacía mimos, peinaría sus cabellos rizados cenizos, lo llevaría a la escuela, jugaría con él y, y, y…
—Eso es genial papá, realmente te extrañé mucho, pero ¿por qué estás aquí? Digo, me encanta pero aún faltaba para que regresaras —Katsuki les contó y ella prosiguió—. ¡Genial! Ahora podré presumir nuevamente a mis compañeros que papá está en casa —dijo Mahoro alejándose de su padre para comenzar a saltar en la cama.
Los tres se acostaron unos minutos a platicar y mimarse, los cachorros podían sentir cómo el dolor que sentían en sus cuerpecitos y los demás malestares se alejaban rápidamente después de que su padre los comenzara a bañar de feromonas. A los minutos Masaru apareció para avisar que la cena estaba lista, muriendo de ternura interna al encontrarse con la escena de los tres.
Katsuki salió de la habitación y los cachorros lo siguieron, pese a que su abuelo y padre insistieron en seguir durmiendo ellos querían estar con su padre. Cenó disfrutando del sazón, él podrá ser un excelente cocinero pero nadie le gana a su madre. Eran unos platillos gloriosos. Después de hablar un poco más se decidió que los tres regresarían a casa esa misma noche, quería regresar con su Omega y los niños querían a mamá y papá juntos, así que solo subieron por un abrigo y el conejito de peluche de Katsuma, después vendrían por las demás cosas.
Al llegar a casa todo estaba oscuro, al entrar el frío y la soledad los abrazó. Se sentía… triste. Pequeñas notas de tristeza bailaban en el aire, llenando los pulmones del Alfa y su corazón de culpa, así que se puso a buscarlo por la casa mientras los niños lo seguían de cerca. Al no encontrarlo fueron al estudio, encontrando la puerta de cristal cerrada, al ser de cristal vieron cómo el Omega estaba hecho bolita en el sillón que tenía adentro, Katsuki se llenó de alivio al verlo pero una sensación cálida y fría le recorrió el cuerpo, su Omega se veía pálido y cansado, quería entrar, abrazarlo, besarlo, hacerle mil cosas y decirle que no volvería a irse, no así, no por tantos meses, estaba a nada de entrar cuando la pequeña mano de su hija lo detuvo, volteó a verla y vio su pequeño entrecejo fruncido.
—Creo que deberíamos dejar que duerma, los días que estuvimos con los abuelos escuché a Abu Masaru comentar con Abu Mitsuki que a mamá le estaba costando conciliar el sueño. Así que creo que deberíamos dejarlo y esperar a mañana.
Soltó viendo y retando con la mirada a su padre, Katsuma solo veía de un lado a otro, alternando sus ojitos verdes de ellos a su madre durmiendo. Katsuki soltó el aire y asintió. Si entraba Izuku despertaría y no volvería a dormir en lo que quedaba de la noche, y si eso habían comentado sus padres entonces lo mejor era dejarlo dormir y esperar.
Tomó a sus pequeños de las manos y fueron a la habitación de ambos, encerrándose en esta, contuvo sus feromonas a lo mínimo para que no se expandieran en la casa y así no despertar a su Omega, pero dejando unas pocas para arrullar a sus pequeños. Cuando estos cayeron en sueño él se quedó contemplando el techo, pensando en todo y en nada hasta que cayó dormido, él en medio y los pequeños a los lados, hechos bolita y abrazando el brazo de su padre, antes de dormir y desconectarse sintió cómo su Alfa poco a poco empezaba a estar tranquilo, sin llorar, sin gruñir, ahora solo estaba sentado mientras movía animadamente su cola, estaba feliz, feliz de estar en casa, con su familia.
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🌌9:00 AM🌌
La luz que se filtraba por la ventana le golpeó en el rostro, haciendo que dejara su dulce sueño atrás, entreabrió los ojos buscando a sus pequeños, al no encontrarlos y no escuchar tampoco ruidos en el baño, supuso que habrían bajado, tranquilamente se estiró en la cama mientras bostezaba, sintiendo cómo sus músculos se estiran, tenía mucho sin dormir tan bien, podría jurar que incluso rejuveneció un par de años.
Fue al baño a lavarse la cara y los dientes, al salir escuchó un débil golpeteo, rápidamente se dispuso a averiguar el origen, suponiendo que eran el par de rubios, recorrió la sala y nada, hasta que escuchó cuchicheos molestos provenientes de la cocina y dio con ellos, ambos estaban con la estufa prendida e ingredientes regados en la barra de la cocina, algunos trastes en el piso también. Podrían ser unos cachorros aún pequeños pero eran muy inteligentes para su corta edad. La mayor tenía ocho y el menor estaba por cumplir los seis.
—Dame eso Katsuma —arrebatándole el recipiente con huevos a su hermano—. Te dije que son cinco huevos, no tres.
—No, son tres, mami siempre pone tres cuando va a ser para todos, yo sé, ella me lo dijo y yo lo observé —le contestó a su hermana mientras su rostro tenía un lindo puchero, intentando atraer nuevamente hacia él el recipiente. Antes de que el piso se bañara en huevos rotos Katsuki entró en la cocina y les arrebató el recipiente, mirándolos acusadoramente.
—¿Qué se supone que intentan hacer? ¿El desayuno o una guerra de comida? —levantó una ceja y señaló todas las cosas regadas.
—No es una guerra, es un desayuno de panqueques para todos y están tirados porque no sabíamos en cuál prepararlos. Sé lo que hago y Katsuma está quitándome las cosas diciendo que no son así —reprochó mirando enojada al pequeño. Este solo sonrió a su padre ignorando un momento lo dicho por su hermana mayor.
—Buenos días papi, no te despertamos porque te veías a gusto, perdón —jugó con sus manitas mientras lo decía—. Y ¡NO! Mahoro lo está haciendo mal, son tres huevos, mami me dijo.
Ambos cachorros se gruñían entre ellos, ambos diciendo saber la verdad aunque Mahoro estaba mal, era verdad que eran tres huevos, el cachorro siempre observaba y escuchaba a su madre cuando cocinaba, no entendía por qué su hermana insistía en que eran tantos, quería que los panques quedaran ricos, no a sabor huevo crudo, ese sabor en los panes no le gustaba, hacía que su pancita se revolviera al probarlos.
—Ya, ambos —Katsuki reprendió, ambos asintieron y bajaron la cabecita un poco tristes—. Recojamos esto, yo los haré y ustedes ayudarán.
Aceptaron ambos y pusieron manos a la obra. Recogieron todo y organizaron las nuevas cosas. Katsuki empezó a mover y mezclar los ingredientes mientras los niños observaban y le pasaban lo que el Alfa pedía, estaban atentos a cada uno de sus movimientos. Al final, Katsuma sonrió victorioso cuando su padre rompió tres huevos y no cinco, como su hermana insistía. Mientras los panques se cocían, los cachorros ayudaron a cortar la fruta y prepararon el jugo con mucho cuidado, con Katsuki supervisando que ningún accidente pasara. También pusieron la cafetera para el café de los mayores. Cuando terminaron, los pequeños gritaron triunfantes por su victoria.
Al acomodar todo en la mesa, los pequeños empezaron a reprocharse mutuamente, pues habían olvidado algo fundamental la tarde del día anterior.
—Katsuma, lo olvidamos… olvidamos el regalo de mamá —la cachorra veía a su hermano con sus ojitos rojos bañados en tristeza y sorpresa.
—¡Cierto! ¿Qué hacemos ahora? Mamá estará muy triste si no le damos nada —Katsuma soltó pequeños sollozos.
El regalo de su madre era algo que debían comprar cuando salieron con sus abuelos el día anterior. Ambos habían juntado sus ahorros más la mesada que sus abuelos les daban cada semana para comprarle un regalo decente a su madre. Pero lo habían olvidado, todo había sido un fracaso. Su madre estaría triste, ya que no tendría su regalo. Katsuki quedó pensativo al escuchar a sus pequeños decir “regalo”. ¿Pero de qué? No entendía. No era el cumpleaños de su Omega ni alguna otra festividad que recordara, así que interrumpió a sus pequeños y preguntó.
—El regalo del 10 de mayo, papá. El regalo de mamá. Debíamos comprarlo ayer, pero por estar emocionados subiendo a las atracciones con Abu Mitsuki lo olvidamos completamente y ahora… ahora no tenemos nada.
Mahoro estaba a punto de soltarse a llorar. Sabía que su madre no se enojaría ni los regañaría en caso de olvidarlo, pero por sus compañeros de clase y su maestra de primaria sabía que ese día era especial para todas las mamis, así que no dar un regalo sería algo malo, haría sentir mal a su madre. Contando el hecho de que olía a tristeza desde anoche, cuando llegaron, no sabía qué pasaba, pero su olfato hacía que su cuerpecito se sintiera mal por él, y sin regalo no sabía si podría alegrar a mamá. Su hermano no aguantó y empezó a soltar algunas lágrimas mientras veía a su padre, esperando que dijera o resolviera algo, sabía bien que su padre siempre resolvía los problemas y los enfrentaba con fuerza cuando se presentaban.
10 de mayo… esas palabras resonaron en su mente y tardó unos momentos en entender. Rápidamente llevó sus manos a encender su teléfono dentro de su pantalón de pijama y así ver el día en el que estaban. Y así era: sábado 10 de mayo. Día de las Madres, día donde siempre recibía a su Omega con el mejor trato para que él disfrutara y se relajara, llenándolo de agradecimiento, regalos, mimos y mucho amor… y lo había olvidado. Estuvo tanto tiempo afuera que olvidó la fecha. Estaba ansioso por regresar y no recordó ese día, maldición, debía pensar en algo rápido para solucionar su descuido.
Tal vez debía pedir algo rápido por internet y envolverlo, o salir él mismo a buscarlo, pero no podía dejar a sus cachorros solos ni dejar que el desayuno que los tres felizmente prepararon se enfriara, así que puso un alto a todo lo que estaba pensando y calmó a los cachorros antes de que el comedor se llenara de lloriqueos y reproches más fuertes.
—Oigan, oigan, shshsh… tranquilos, ¿sí? —arrulló, tomando sus pequeñas caritas y haciendo que lo vieran—. No pasa nada si no tenemos un regalo justo en estos momentos, ¿de acuerdo? Lo mejor es ir y despertar a mamá tranquilamente, desayunar los cuatro y por la tarde salir a comprar algo, algo que él quiera y él elija.
Soltó un poco de su aroma para calmar a los pequeños, haciendo la tarea exitosa. Lentamente, los dos comenzaron a respirar más tranquilos y se calmaron.
Katsuki limpió sus caritas con sus manos mientras repartía cortos besos en sus cabecitas. Mientras comenzaban a servir la comida en los platos, los tres quedaron de acuerdo en ir a despertar al Omega con una canción especial, pero antes de siquiera terminar de servir fueron interrumpidos por un peliverde que entraba rápido al comedor.
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El día había sido pesado para él, así que después de terminar una de las esculturas, a eso de las 10 p. m, decidió tomar la taza de café medio caliente que se sirvió minutos antes y se asomó al pequeño balcón que había en su estudio. Vio hacia el cielo, le encantaba ver las estrellas, verlas e imaginar que su esposo lo veía desde arriba. Era ilógico, pero le gustaba imaginarlo. Suspiró terminando de tomar el café y, antes de entrar nuevamente, vio cómo una estrella fugaz pasaba velozmente por el cielo. La observó y recordó las palabras de su madre y todas esas historias: “Cuando veas una estrella fugaz, pide un deseo y se cumplirá”.
Sonrió y, desde lo profundo de su corazón, lo dijo en voz alta:
—De… deseo que mis cachorros y mi Alfa estén aquí conmigo.
Extrañaba a los tres. Sabía que sus pequeños en un par de días estarían de regreso alegrando la casa y su corazón, también sabía que su Alfa regresaría en un par de meses, pero estar esos días encerrado la mayor parte del tiempo y solo le hacía pensar cosas feas, cosas que le lastimaban a él y a su Omega, haciendo que ambos estuvieran tristes y deprimidos. Aun así, pidió el deseo. Una parte de él le decía que era algo tonto y la otra añoraba que el deseo se cumpliera, aun así, no perdía nada soñando… ¿o sí?
Entró nuevamente y cerró la puerta con seguro. La casa estaba cerrada, así que se dispuso a dormir en el sillón. No quería hacerlo en su cuarto sabiendo que su Alfa no estaría con él nuevamente. Cerró los ojos y, por arte de magia, pudo dormir después de días sin hacerlo bien.
Se despertó gracias a la insistente vibración de su celular en una de las mesitas al lado del sofá. El sonido era apenas perceptible, pero estando en una habitación silenciosa hacía que se escuchara el triple. Se levantó sintiendo dolor en su espalda, dormir en el sillón y en posición de rollito hizo que tuviera una mala postura. Se estiró lentamente y agarró el celular. Lo desbloqueó para leer los mensajes que se habían juntado hasta ahora. Contestó algunos del día anterior y leyó los más recientes, eran del grupo de amigos, donde le deseaban a Ochako y a él felicitaciones por el Día de las Madres. Respondió dando las gracias y regresó el celular a la mesita. Se quedó sentado pensando en qué haría ese día. Era sábado y, aunque le faltaba una escultura por terminar, esperaría a mañana para continuar. Hoy quería descansar.
Tal vez desayunar afuera era una buena opción, despejarse y que le diera el sol un rato. Después daría una visita a su madre y luego iría a casa de sus suegros para pasar el día con ellos y sus cachorros, felicitar a su suegro y tal vez cocinar algo rico en el asador. Después, los cinco saldrían un rato al parque. Muchas cosas pasaban por su mente hasta que un ruido afuera del estudio lo hizo regresar a la realidad.
Fue un ruido lo que escuchó, después fueron voces. Rió nerviosamente. Debía de estarlo imaginando, él estaba solo en casa, así que debía de ser nada… ¿verdad?
Para estar más tranquilo fue a revisar. Abrió la puerta de cristal para salir al pasillo y, en el momento en que la abrió, el olor a pan y café asaltó sus fosas nasales y unas risas se escucharon en el aire.
¿Qué estaba pasando?
Se suponía que estaba solo. ¿Alguien se había metido en la noche mientras él dormía? Su cuerpo se tensó y su Omega se puso en guardia. Tomó un objeto al azar del estudio y rápidamente fue a revisar; un pequeño jarrón de plástico era su mejor arma en ese momento. Al faltar unos pasos para llegar al comedor, que era de donde se escuchaban los ruidos, un aroma lo invadió, un aroma inconfundible: el aroma a miel y manzanilla de sus cachorros y el aroma a madera y lluvia de su Alfa…
Entró corriendo, encontrándose con la escena de sus cachorros y Alfa sirviendo comida en los platos de la mesa del comedor. Un sonido ahogado fue lo único que escapó de sus labios, haciendo que los tres voltearan sorprendidos a verlo.
—Buenos días, mami —ambos cachorros, al ver a su madre, siguieron sirviendo la comida en los platos.
—¿Qué…?
El Alfa de Katsuki aulló fuertemente al ver a su Omega entrando a la cocina, un poco desaliñado y con el cabello desordenado, pero era él: aquel hombre de cabello verde, mejillas pecosas y ojos verdes; sus dos esmeraldas preciosas y brillosas. Pasarían mil años y juraría que su Omega siempre sería el ser más perfecto y hermoso. Mientras el Omega estaba sin moverse, el Alfa abrió los brazos formando una enorme y encantadora sonrisa, esperando que el Omega se lanzara a sus brazos. No tardó mucho para que este reaccionara y se lanzara hacia él.
—¡KACCHAN!
Gritó. El corazón del pecoso se agitó y su cuerpo reaccionó a la acción del Alfa. Sin pensarlo, tiró el jarrón de plástico y se lanzó a sus brazos. El Alfa, al sentir a su Omega, lo apretó, alzándolo mientras el Omega enrollaba sus piernas en su cintura. Lo sintió temblar y lo sintió restregarse en él mientras hundía su nariz en el hueco de su cuello para olfatear su glándula, aspirando y llenando sus pulmones de madera y lluvia, ese aroma que tanto amaba. No tardó mucho en ronronear.
—¡Dios! Kacchan, estás aquí… estás aquí, es real, es real, no es un sueño, estás aquí —el Omega soltó a llorar después de eso, su Alfa estaba de regreso, con él.
—Sí, bebé, estoy aquí. No sabes cuánto te extrañé.
—También te extrañé.
Tener a su Omega en sus brazos fue como un bálsamo para su corazón y su Alfa. Tenerlo y estrecharlo mientras olía su aroma a romero y tierra mojada fue un deleite. Repartió besos en sus mejillas y en sus esponjosos labios. Maldición, había extrañado todo de este chico: su chico, su esposo, su compañero, SU OMEGA.
Antes se veía haciendo todo a futuro solo, pero ahora no se veía sin su Omega en su vida, su gran amor. Después de algunos besos y palabras melosas por ambos, se separaron y el peliverde se volteó, moviéndose ahora hacia sus cachorros para abrazarlos, esos días sin sus cachorros fueron un martirio.
No entendía cómo era que estaban ahí, pero no se quejaría. El Alfa, al ver su expresión confusa, habló:
—La misión acabó antes de tiempo. Terminamos de arreglar la chatarra que el equipo de inútiles de Monoma fabricó —explicó mientras su Omega y cachorros lo veían atentamente, resoplando cuando su Omega lo reprendió con la mirada por la palabra “inútiles”. Los cachorros soltaron una risita al ver la acción de su madre—. Pelo Pincho y yo encontramos el problema, analizamos y acabamos rápido con los demás de mi equipo. Regresamos hace apenas dos semanas, nos hicieron los chequeos y bueno… aquí estoy.
—Kacchan, debiste decirme que regresabas. Pude haber preparado todo para tu regreso, pude haber ido a recogerte. Condujiste hasta aquí y trajiste a los cachorros también.
Antes de que su Omega se ahogara en más murmullos, lo detuvo.
—Está bien, amor. Quería que fuera una sorpresa para ustedes y realmente moría por verlos —se acercó a él dejando un corto beso en sus labios.
La discusión se cortó cuando un gruñido se escuchó en el comedor. Ambos adultos voltearon a ver al responsable: el estómago de Katsuma había despertado exigiendo comida. El pequeño, al ver todos los ojos en él, se puso rojo, haciendo reír a su hermana.
—Ya tengo hambre, mami —habló con voz quedita.
—Jeje, será mejor que empecemos entonces. No queremos que ese estómago feroz nos devore a todos —dijo Izuku juguetón, abrazando y haciendo cosquillas a su cachorro menor. El pequeño Katsuma rió negando por las cosquillas, rió más fuerte cuando su madre hizo una voz graciosa, simulando que se iba a comer a todos. Eso le gustaba, cuando todos estaban en casa y hacían comentarios y juegos graciosos—. Todo huele y se ve delicioso.
El Omega se separó feliz y analizó la mesa. Su boca se hizo agua al ver los panques con huevo, tocino, fruta y café recién hecho.
—Te queríamos sorprender con una canción antes del desayuno, pero tú nos ganaste y despertaste antes, mami. Eso es trampa —Mahoro intentó reprender a su madre, fallando en el intento.
—Bueno, entonces me regreso y fingimos que nada pasó para que puedan despertarme —rió el Omega y apachurró una de las mejillas de su cachorra.
Katsuki negó divertido y se sentó. Empezó untando mantequilla en sus panques. Los cachorros rápidamente se sentaron en sus sillas y comenzaron a comer. El Omega se quedó parado al lado de su silla, sintiendo cómo la casa, días antes sumergida en soledad y silencio, cambiaba ahora con risas de sus pequeños y Alfa, el aire que antes era seco ahora se sentía y respiraba alegre, cálido. Su Omega se relajó al instante.
El Alfa vio a su Omega sentarse con calma, vio cómo empezaba a comer mientras ayudaba a Katsuma a servirse un poco de jugo, y solo así pudo respirar al fin tranquilo. Su familia estaba reunida y eso era lo único que importaba.
Cuando terminaron el desayuno, el matrimonio recogió los trastes y comenzaron a lavarlos. Al terminar, la familia Bakugo se sentó en el sofá más grande de la sala: el Alfa abrazando a su Omega y ambos cachorros al lado de ellos, todos disfrutando de la paz familiar, abrazados y felices. Los cuerpecitos de los cachorros ahora se sentían fuertes y llenos de energía, tener a sus padres juntos y rodeados del aroma combinado de ambos los hacía sentirse seguros.
El Omega, que días antes se sentía deprimido, ahora se sentía el ser más feliz del mundo. Tener a sus cachorros nuevamente con él hacía que su Omega se sintiera completo, y tener a su Alfa de regreso hacía que todas esas inseguridades y quietudes quedaran olvidadas. Y el Alfa, teniendo a su familia completa, se sentía lleno. Esa ansiedad que tenía antes, ese nudo en la garganta y la opresión caliente en el pecho, ahora solo eran un recuerdo amargo.
—Mami, feliz Día de las Madres —Katsuma rompió el silencio, volteando a ver a su madre, recordando la discusión de hace rato, y lo abrazó en el acto.
—Gracias, mi amor —apachurró al cachorro, fue fácil ya que estaba a un lado de él.
—¡Siiiiiii, feliz día, mami! —la cachorra soltó el brazo de su padre para treparse en el regazo de su madre y poder abrazarlo de igual manera.
El Omega estaba encantado, pues no imaginaba que realmente pasaría ese día con su familia.
—¿Qué es lo que quieres de regalo, mami? Ayer Maho y yo olvidamos comprarte algo, perdón…
El corazón de Izuku se apachurró al ver cómo la carita de sus bebés se estrujaba de decepción. El Alfa solo observaba la interacción de los tres, recordando cómo una hora atrás casi colapsan en llanto por el regalo de su madre, soltó una risa al recordar cómo estaban desesperados y, de un segundo a otro, después de calmarse, explotaron de alegría al ver a su madre y ahora nuevamente estaban tristes. Eran una pequeña bomba de energía andante, tan parecidos a cierto Omega.
–Lo siento, bebé, pero yo también olvidé comprar algo. Somos unos sinvergüenzas, merecemos un castigo digno de ti.
El Alfa se unió al drama que sus pequeños cachorros estaban por hacer, ganándoles, ya que se echó de costado en el sofá, llevando ambas manos a su cara fingiendo llorar. El Omega se carcajeó y rodó los ojos, amaba cuando su esposo hacía esos mini dramas fingidos. Cualquiera que no lo conociera pensaría que Katsuki era un Alfa imponente, serio y grosero, cuando en realidad podía ser una masita divertida, dramática y mimosa cuando estaba con su familia.
—Descuiden, no quiero nada —soltó simplemente.
Los cachorros y el Alfa voltearon a verlo sorprendidos, tanto que Katsuki se enderezó de golpe. De todas las respuestas posibles, no esperaban esa.
—¿Cómo que nada? —Katsuma hizo una expresión de horror.
Se suponía que debía tener un regalo, su amigo Kota le dijo que si las madres no recibían nada ese día era una enorme grosería, un insulto y desprecio… y él no despreciaba a su madre, mucho menos la insultaría, jamás.
Los otros dos esperaban respuesta.
—No, mi amor, realmente no quiero nada. Pueden estar tranquilos —rápidamente el Omega acarició las mejillas de su hijo para tranquilizarlo—. Ya tengo mi regalo, así que no necesito nada más.
El Alfa y la cachorra lo miraron confundidos. Ella se animó a preguntar, necesitaba saber cuál era ese regalo, pues ninguno de ellos le había dado algo.
—¿Y cuál es, mami? —preguntó, con sus ojos brillando.
—Son ustedes, mi amor. Ustedes son mi regalo del 10 de mayo.
La cachorra no entendía, su hermano estaba igual o peor. El Alfa entendió solo un poco.
—¿Por qué somos tu regalo, mami? Yo no me he envuelto en una caja… yo no puedo ser un regalo —dijo el cachorro inocentemente.
Ambos padres se llenaron de ternura. Mahoro comenzó a reír. Katsuma no entendía qué era lo divertido, esto era serio.
—Bueno, verán… anoche, mientras estaba en el balcón de mi estudio, pude ver cómo una estrella fugaz cruzaba el cielo —acarició las cabecitas de los cachorros mientras recargaba la cabeza en el hombro de su Alfa—. Y entonces le pedí un deseo.
A ambos cachorros se les iluminaron los ojitos al escuchar lo de la estrella fugaz. Solo la habían visto en libros y videos, así que la emoción de que su madre la hubiera visto en persona los llenó de ilusión.
—Le pedí que quería a mi familia de regreso conmigo… a todos juntos: a mis cachorros y a mi Alfa —los ojos del Omega comenzaron a humedecerse y su voz se quebró un poco—. Y hoy están aquí… la estrella cumplió mi deseo y me dio el regalo más hermoso.
Después de decirlo, comenzó a llorar mientras abrazaba a sus cachorros. El Alfa sintió un nudo en la garganta, lo atrajo hacia él y los envolvió en un abrazo.
Izuku no sabía si aquello era casualidad o magia de la estrella fugaz, pero no le importaba. Solo estaba agradecido.
—¿Entonces somos un buen regalo, mami? —preguntó Katsuma, aliviado.
—El mejor de todos. Son el mejor regalo que me han dado en la vida —besó la frente de ambos cachorros.
—Bueno… ahora que somos el mejor regalo de todos los tiempos, ¿qué deberíamos hacer hoy, mi hermoso y perfecto Omega? —Katsuki se levantó del sofá.
—Quiero estar con mi familia un rato… y después salir.
—No se diga más —los cargó a los tres sin problemas y subió las escaleras directo a la habitación principal.
Formaron un nido en cuanto llegaron a la cama; acostó al Omega y los cachorros rápidamente se acurrucaron junto a su madre, aspirando su aroma y ronroneando. El Alfa rodeó el nido y se acostó abrazando al Omega por detrás, ocultando su nariz en el hueco de su cuello para aspirar su aroma, comenzando a ronronear cuando una mano del pecoso le acarició el cabello.
Unas horas después, la familia Bakugo salió y se encaminó a casa de Inko, la madre del pecoso, para felicitarla. Al no encontrarla en casa, fueron a casa de sus suegros. Al llegar, no se sorprendieron de ver a Inko en casa de los Bakugo. La Alfa ceniza y la Omega peliverde siempre fueron amigas, al vivir sola y sabiendo la fecha, decidió ir con ellos, pues con los años también logró entablar una buena relación con el Omega de Mitsuki, así que podía estar en esa casa sin incomodidad alguna. Inko sabía que su hijo iría a casa de sus suegros y no se equivocó.
La peliverde se sorprendió de ver a su yerno, sin perder tiempo lo estrujó en un abrazo mientras el Alfa la felicitaba por haber concebido a un ser tan perfecto como lo era su hijo.
—¡KACCHAN!
El Omega se apenó y se avergonzó por lo dicho. Su corazón no soportaba cuando decían cosas así, amenazaba con salirse y ser un desastre. Aunque internamente amaba cuando lo decía, pues sabía cuánto lo amaba su esposo.
Y sí, lo que el pecoso pensó cuando se despertó se cumplió: felicitó a su madre y después a su suegro. Los alfas salieron a comprar lo necesario para preparar un rico asado que se llevaría a cabo en el patio de la gran casa Bakugo. Los niños, ajenos a la preparación, jugaron en el patio un rato mientras los adultos los llamaban a comer. Al terminar los alimentos deliciosos, todos salieron a dar un paseo al parque cercano a la casa. Los niños fueron a jugar en los pequeños toboganes, bajo la supervisión de los adultos, mientras estos se sentaban comiendo un helado. El atardecer comenzaba a caer y el viento los rozaba, era un poco cálido, así que nadie se preocupó por no llevar suéter.
El cenizo y el peliverde estaban recargados y abrazados mientras terminaban el helado. Sin duda fue un excelente día, perfecto por no decirlo. Izuku estaba feliz y pleno, Katsuki tranquilo y a gusto. Él no era la madre ni era su día especial, pero se sentía igual de afortunado.
Al final del día todos regresaron a casa. El Alfa acostó a los cachorros en sus respectivas camas y los dejó dormir. Al regresar al cuarto, el Omega ya tenía la cama lista. Se bañaron, se pusieron sus pijamas y se acostaron, cobijándose en el proceso. Unos minutos de silencio y ambos se miraron frente a frente, perdiéndose en el profundo rojo y el brillante verde. Ambos se sonrieron y sus lobos internos se acurrucaron juntos, moviendo sus colas a la par.
–Te amo.
–Te amo.
Sí. Su día fue perfecto y especial. Su perfecto Día de las Madres y su perfecto deseo de la estrella fugaz.
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Buenas noches, pelusitas ❤️💖
Este escrito lo iba a subir ayer, pero doña distraída olvidó que el 10 de mayo era hasta hoy JAJAJA 😭🤣💖 Y luego pensaba subirlo en la mañana, pero anduve ocupada desde temprano… AAAAAAAAA 🥺😅💖
Primero que nada… ¡FELIZ DÍA A TODAS LAS PELUSITAS QUE SON MAMÁS! 🌼💖 Espero que hayan pasado un día precioso 🥺💖✨
Segundo… este escrito fue el primero que subí cuando la primera página estaba activa 😭🌼💖 Y hoy es un día muy especial porque, literalmente, la página antigua la abrí un 10 de mayo… y este fue el primer escrito que publiqué 😭💖🌼
Así que sí… cuando creí que ya había superado que se borrara la página, vuelve a doler 😭😭 Hoy habría cumplido un año 😭💔
Este escrito es MUY especial para mí 🥺💖 Hace años yo solía escribir, pero la mayoría de esos escritos los eliminé o los mandé a borradores. Pasé muchísimo tiempo sin escribir antes de esto.
Y cuando dije: “Quiero abrir mi página para volver a subir cosas”… nació este escrito, justo porque se acercaba esta fecha 🌼💖
Así que sí… este fue el primero después de años 😭💖 Y además, fue mi primer Omegaverse escrito 🥺🌼💖
Le puse muchísimo amor, dedicación y sentimientos 💖😭
Así que oficialmente… ✨ Estrella Fugaz regresa a esta nueva página 😭💖🌼✨
Espero que les haya gustado 🥺💖 Si lo están releyendo, espero que lo hayan disfrutado nuevamente 🤭✨ Y si son nuevos por aquí… bienvenidos ❤️🌼
Sigan pasando una noche linda 💖 No olviden darle amor, comentar y compartir 🥺✨
La imagen la tomé de Pinterest, créditos a quien corresponda 💖
Nos vemos mañana con: el mejor regalo 🤭✨
–𝑻𝒆𝒔𝒔🍁