Romance de otra vida

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Summary

El romance de Melissa y Jacob es interrumpido, cuando él cae gravemente enfermo, y muere días después de su cumpleaños. Conociéndose desde hace una década, su amistad en el salón se trasformó en una relación de mejores amigos, que luego escaló en una relación durante su adolescencia. Hasta que la muerte les separa a la edad de 17 años. Tiempo después, Melissa siendo una mujer de 34 años. Dando clases en un bachillerato, reconoce a un chico que, es idéntico a él. Con ayuda de una conocida suya experta en brujería, Melissa debe buscar alguna chica adolescente que esté dispuesta a intercambiar su cuerpo. Ella prometió encontrarle en otra vida, y lo hizo... Obra publicada: 6/05/2025

Genre
Romance
Author
Josué G
Status
Ongoing
Chapters
13
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 ~ Romance de adolescencia.

Es un día soleado, muy lindo. Camino de la mano junto a mi chico... rodeados de árboles, arbustos y pasto verde. Me encanta este parque, por lo bien cuidado que está y lo ameno que se vuelve la estancia aquí.

Jacob, mi novio. Estamos buscando alguna área de bancas para sentarnos. Volteo y veo su cabello oscuro, corto y un poco alborotado. Suele utilizar cera para acomodarlo, su piel morena clara y su sonrisa inconfundible... esos ojos de color café claro, iluminándose cuando el sol se alcanza a reflejar en los mismos. Es hermoso... y lo mejor de todo, es mi enamorado.

Coloco la pequeña bolsa que contiene los alimentos sobre la mesa, él se sienta sobre la banca y me lanza una mirada cariñosa. —Eres preciosa—expresa con su voz suave cuando jugamos un poco con las puntas de nuestras narices. Estoy sentada sobre sus piernas, en dirección opuesta a él, así que mis piernas están a su espalda.

—Y tú eres hermoso-muerdo su labio inferior. —¿Es increíble que nos conocemos desde que tenemos qué?... ¿7 años?—pregunto mientras envuelvo su cuello con mis brazos.

Él sonríe e intenta hacer memoria. —Teníamos 7... recuerdo cuando entraste por esa puerta, te miré y dije... a ella si le presto mis crayolas—exclama con una mirada de ensueño.

Suelto la carcajada. —Lástima que perdí como dos crayones...—respondo.

Él levanta sus hombros. —Sí recuerdo eso... mi mamá me regañó por ello, pero valió la pena. Así me pude acercar a ti desde el primer día... y ahora míranos. Llevamos 5 años de relación. No cambiaría estos años por nada del mundo. Estamos destinados a estar juntos. ¿Estás conmigo?—acaricia mi mejilla con su mano derecha.

Besó su mano. —Siempre... no importa qué, estaremos juntos-besó sus labios.

Sonríe después de que me aparto un poco. Es increíble que tenemos 17 años... y el único que creció en estatura fui yo... tu sigues siendo mi enana-bromea con sus ojos un poco cerrados.

Ruedo mis ojos. —No me hagas darte otra bofetada, amor-hago una expresión de que me intento contener.

Jacob curva sus labios. —Es que no creciste mucho. Pero eres perfecta así... ¿Quieres que empecemos a comer?—me pregunta con una voz melosa.

Asiento. —Te quiero comer a ti—finjo morderlo.

Él sonríe. —Eso también se puede...—contesta al mismo tiempo que me ayuda a ponerme de pie al lado de la banca para poder poner los artículos en la mesa.

El viento, sol, los colores verdes... aire natural rodeado por los árboles de nuestro alrededor, y vaya que estamos rodeados de árboles. Todo este parque tiene tal cantidad de árboles que podrían limpiar todo el aire de la ciudad.

Aquí estamos en una primavera de marzo... momentos perfectos para estar con él.

Aún recuerdo ese día que mencioné, me cambiaron de escuela cuando yo tenía 7 años... me asignaron a una nueva primaria y llegué, había un niño peculiar que resaltaba de entre todos... y sí, desde ese entonces era un poco más alto que yo. Cursamos primaria y secundaria juntos... a la edad de 12 años dimos comienzo a nuestra relación...

—¿Quieres manzana verde?—pregunto al verlo sostener su vaso con agua de arroz.

Él asiente. —Recuerdo la vez que te enojaste porque una chica me pidió que le enseñara unos problemas de matemáticas, era de otro salón-expresa con una sonrisa, qué quiere provocarme.

Yo de inmediato levantó mi mirada mientras sostengo el cuchillo con el cual parto el pan del sándwich. —Tengo un cuchillo y no dudaré en usarlo, querido-arqueo mi ceja para después finalizar de partir. -Pero sí... como olvidar a esa chica. ¿Perla? Y todavía recuerdo cómo se acercó y con su voz muy tierna... -volteó a verle y me pongo en una posición que causa lástima. -¿Me puedes ayudar con estos problemas?... es que tú sabes mucho-intentó imitarla y luego comienzo a reír.

Me observa de pies a cabeza. —A ti con mucho gusto, hermosa...—contesta cuando le entregó el plato.

Sonrió. —Recuerdo que esa vez casi me daban ganas de darle una patada... pero mantuve la clase que me caracteriza. Y por cierto... ¿Por qué no te negaste?—sostengo mi plato.

Mi chico levanta sus hombros. —Quizás porque soy una buena persona... y me gusta ayudar a los demás—expresa con serenidad.

Comienzo a reír. —No, ya en serio... háblame sin bromas-le contestó antes de morder mi sándwich.

Él me miró sin gracia. —Más respeto a tu novio. Que soy un pan de dios-contesta cuando está sentado a mi lado.

Me acerco y beso su mejilla. —Eres una persona dulce e inocente, la persona más pura en este mundo lleno de maldad... claro mi amor, ese eres tú—destacó con una voz llena de orgullo y mientras le veo.

Jacob solo sonríe y cierra un poco sus ojos mientras mueve su cabeza levemente de un lado a otro, causando ternura.

—Me acuerdo cuando al inicio de nuestra relación, cuando nos conocíamos... mi papá dijo que apenas teníamos 12 años y pensaban que sería algo ocasional...—comentó después de morder mi sándwich.

Él asiente. —Ya se... el otro día que llegué a tu casa estaba esperándote para ir al cine, me comentó eso entre risas. Dijo que no creyó que duraríamos tanto... de broma le dije: "Ya pronto estaremos comprometidos". Creo que no debí decirlo porque su risa se ocultó—explica recordando ese día. —Por un momento pensé que te dirían: Ya no irás al cine con él—agrega antes de beber de su vaso.

—Sí me preguntó algo sobre eso... le dije que obvio que estabas bromeando, si le decías que era cierto, capaz y se le baja la presión del impacto-respondo cuando tomo una servilleta y limpio un poco el contorno de la boca de mi novio.

Sonríe. —No saben que a la menor oportunidad te comprometerás...—me mira coqueteando.

—Desde hace años... pero los formalizaremos pronto-guiño el ojo.

Me ve con cariño. —¿Sigue en pie lo de tu carrera, amor?—inquiere.

—Sí. Maestra... no se me va. Pero me agrada dar clases... aunque aún no sé. ¿Te imaginas que de clases en nuestro bachillerato? Le daría clases a los hijos de nuestros amigos y amigas—exclamó con una sonrisa.

—Me emociona iniciar esa etapa... mi plan es dar clases en algún lugar en donde alguna vez yo las tome. Será interesante. Ya me imagino sentada con mis plumones de colores pastel y calificando exámenes con mis plumas de colores rosa, morado y menta... haciendo mis juntas para padres y esforzándome que todo se vea lindo... y al final de las clases, esperar afuera para que pases por mí-agregó mientras le observo.

Él suspira. Curva sus labios y sonríe mientras me escucha con suma atención. —Me encanta cuando hablas de tus planes a futuro. Y mejor aún, es como una cereza en el pastel, cuando me incluyes en ellos-declara mientras sostiene una rebanada de manzana verde.

Me acerco a él. —Siempre—beso su mejilla.

Seguro las demás personas que transitan por aquí nos miran y pensarán "que empalagosos". "Cuanto romanticismo..."

Yo alguna vez lo hubiese pensado. Pero realmente el amor y el lazo que siento hacia mi novio es muy fuerte. Como sí realmente estuviéramos destinados a estar juntos.

Esta salida la planeamos así de la nada, a veces los planes espontáneos, sí es que podemos decirle así; son lo mejor.

Lo que trajimos para preparar era algo tranquilo, en especial la cantidad. Fue algo que preparamos rápido y salimos de mi casa. Un día como hoy, no se puede perder, y he aquí el resultado; es especial e inolvidable.

Menos mal que apenas inicia la primavera, el clima es agradable, el viento que sopla es fresco, pero lo poco cálido del sol ma tiene una temperatura perfecta.

—Te luciste con el agua de arroz—afirma después de terminar de beber de su vaso.

Sostengo el termo. —¿Te sirvo más?—pregunto, ya lista para servir.

Mi media naranja niega. —En un momento de la madrugada, después de que terminamos el chat... bostecé e intenté dormir... pero un loco andaba su auto haciendo derrapes en la calle, no frente a mi casa... pero sí cerca... cuando salí de casa para ir por ti, miré las marcas en el suelo—ríe.

-Seguro era alguno de mis primos, les gusta hacer eso...—bromeo. —Pero fuera de eso... ¿Se fue pronto del lugar o algo así?—pregunto.

Él asiente. —Sí, se escuchó las sirenas de la policía poco después y minutos antes se escuchó que quemó llanta y desapareció...-responde. —Admito que una vez me cruzó por la cabeza hacer eso con el auto de mi papá... pero después me saqué esa idea de la cabeza—expresa con algo de vergüenza.

—¿Quieres que vayamos a caminar?—le preguntó después que tenemos un rato sentados en la banca.

Levanta sus hombros y me observa. —Claro, nena. Solo guardemos las cosas...—exclama cuando se pone de pie.

Tardamos un rato guardando las cosas en la bolsa que yo traje desde un inicio.

Una vez que hemos finalizado, él toma la bolsa con su mano izquierda. Tomo su mano derecha y caminamos.

Vamos por el camino, tomados de la mano como un par de enamorados.

En este momento es como si nuestras almas estuvieran unidas, los sentimientos son mutuos y la charla fluye con naturalidad.

—Disfruto días como este—exclamó cuando volteó a verle como camina a mi lado.

Él sonríe. —Nunca dudes que no disfruto de estar contigo. Para mí siempre es un placer...

El día de hoy podría ser uno común en nuestras vidas, pero el hecho de estar juntos hace que todo sea perfecto.

Podemos pasar charlando de cualquier tema mientras caminamos bajo este clima cálido, mientras compartimos el camino junto a otras parejas o grupos de familia que están aquí, pero que para nuestra percepción pasan desapercibidos.

—Hace días que fuimos al cine a mirar "Sherk, felices por siempre", me quedé pensando en el mensaje de la misma...

Él voltea a verme con cierta curiosidad. —¿Cuál mensaje, corazón?—pregunta mientras continuamos caminamos con nuestro brazos y manos entrelazadas.

—Sherk no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, es ahí cuando lo valora. Esa última discusión que tiene con Fiona... después de eso encuentra al pequeñín ese de cabello rojo—rio. —Le concede su deseo y todo cambia. Es triste que algunas personas deban pasar por alguna situación así para apreciar que lo tienen todo—destacó y curvo un poco mis labios, dejándole ver victoriosa. —Por suerte, no es mi caso—me acerco a él para con ternura besar su mejilla.

Lentamente gira para intercambiar muestras miradas. —Somos muy afortunados—reafirma. —Sí lo había notado, solo que quería que lo dijeras—ríe.

Ruedo mis ojos. —Estamos conectados—guiño el ojo. —La película me gustó mucho. Una prima que me visitó hace poco me mostró que una chica habló de la película en YouTube... ya ves, ese nuevo sitio está en todos lados. Muchas personas están grabando contenido allí y cada vez hay más y más—exclamó cuando observó a lo lejos a una chica jugando con 3 cachorros chihuahueños, me parece muy tierna la escena de los perritos corriendo, esas formas tan pequeñas moviéndose de un lugar a otro, eso sí, son rápidos.

Jacob asiente. —También he notado eso. YouTube está creciendo como espuma y cada vez más personas graban contenido allí. Deberíamos subir videos de nosotros haciendo cualquier cosa, quizás mostrando nuestra vida de enamorados—agrega un poco ilusionado por ello.

Me extrañó un poco. —No sé sí la gente se muestra interesada de seguir nuestra vida día a día...—expresó con cierta duda.

Él me ve incrédulo. —Creo que ese contenido poco crecerá cada vez más. De mí te acuerdas y te lo recordaré—afirma.

Logra convencerme. —Quizás tengas razón, amor. Sobre ambas cosas. Deberíamos grabarnos y subirlo, ver qué sucede, a lo mejor la gente se muestra interesada—declaró.

Las charlas nos acompañan cuando caminamos por el parque, sino mente disfrutando de este verano.

Jacob hace mucho énfasis en sus planes a futuro, pues estamos por cursar último año de bachillerato y con ello viene la universidad. Años difíciles y a la vez intrigantes, quizás de decisiones que marcan parte de nuestra vida.

—Últimamente me he hecho la pregunta sobre cómo será nuestro futuro. Sobre sí por azares del destino daré clases en la que alguna vez fue el bachillerato donde estudié—expreso con una pizca de incredulidad.

Él ríe. —Te imaginas dar clase y ahora lidiar con esos chicos enfadosos... algo así como yo—expresa con una mirada coqueta.

Desvió mi mirada de él... —Un citatorio y listo—guiño el ojo y con mi dedo índice le doy un ligero golpe en la punta de su nariz.

Con el descanso del sol para ser relevado por su amiga luna, caminamos a casa con tranquilidad y charlando de cualquier tema que se nos cruce, literal... hablando de cualquier persona que se cruce frente a nosotros o algún tema sobre nuestro bachillerato.

Jugamos un poco con nuestras narices, dándonos un poco de cariño para después sentir como él me coloca ambas manos en mi cintura y me levanta en el aire para dejarme caer sobre él.

Estoy a unos centímetros del contorno de su boca, aprieto sus labios para después acercarme con lentitud y besarle lentamente. Me antepongo a él, mis pies detrás de su espalda los cruzo como una especie de seguro.

Envuelvo su cuello con mis suaves manos mientras intercambiamos unos besos, jugando con nuestras lenguas un poco. Al abrigo de la noche nos estamos despidiendo después de este gran día, lo que eleva la adrenalina, es que estoy afuera de mi casa. No quiero que mi familia vea, y menos mi padre.

Solo importa el ahora. Dibujo una sonrisa en mi rostro mientras le observo y siento su respiración. —Lastima que debo entrar ya, pero mañana podemos divertirnos un poco—le lanzó una sonrisa coqueta para después besarle rápidamente antes que me devuelva mis pies al suelo. Quizás volver al mundo real después de estar en mi país de las maravillas.

Él sostiene con firmeza mi mano derecha. —Te amo. Descansa—se despide con una voz melosa.

—Buena noche, amor. Mándame mensaje cuando llegues—me aparto de él para caminar de espaldas a la puerta de mi casa. —Por mas días como este—sentenció e intercambiamos nuestras miradas antes de que él se retire.