INKBOUND [Kookv]

Summary

Kim Taehyung y Jeon Jungkook solo coincidían en una cosa: odiarse con clase. Rivales en la universidad, orgullosos, insoportablemente competitivos... hasta que un viaje, una carrera tonta y una vieja película maldita los empuja a algo imposible. Ahora despiertan en un mundo de magia, reinos, traición y conspiraciones. Son nobles poderosos, enemigos jurados desde hace generaciones. ¿El problema? Recuerdan cada escena de aquella película... y saben que su historia termina en destrucción o bueno, la de ellos... Y sí, el otro también está allí... Con el mismo nombre... La misma mirada... La misma irritante esencia imposible de ignorar... La misma boca sarcástica llena de veneno con miel... ¿Seguirán el guión y se destruirán mutuamente? ¿O se unirán para torcer el final... aunque eso implique algo más que solo política?

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

I

La Facultad de Derecho era un recinto donde se cultivaba no solo el conocimiento, sino también la ambición.

Entre sus muros antiguos y aulas llenas de murales de pensadores ilustres, la competencia entre estudiantes era una constante, no había tiempo que perder o quedarías atrás.

En ese entorno, dos nombres sobresalían con luz propia: Kim Taehyung y Jeon Jungkook. Sus apellidos resonaban con historia, sus familias formaban parte del linaje jurídico más prestigioso, y ellos mismos, jóvenes de 22 años, parecían destinados a protagonizar un duelo eterno.

Taehyung caminaba por el pasillo central, su uniforme impecable y su porte inconfundible. Sus ojos, siempre calculadores, se posaron sobre el aula 307, donde se preparaba una ponencia adecuada al calibre de la mejor universidad mayor de Seúl.

Era conocido por ser el estudiante más brillante de la facultad, belleza etérea digno de compararse con afrodita y la inteligencia suprema de atenea, con un dominio excepcional del derecho constitucional y una habilidad natural para interpretar las leyes.

Sin embargo, bajo esa apariencia fría y profesional, se escondía un sueño secreto, él deseaba dedicarse a las artes escénicas, ese donde dejas tu alma desnuda frente al público, donde cambias de personaje desde su escencia... Pero la pesada herencia familiar lo había empujado a elegir otro camino.

Por otro lado, Jungkook irrumpía en la facultad con una energía vibrante, esa que parecía desafiar las normas y poner en jaque a cualquier adversario.

De belleza picante y sensual, tatuajes por todo el brazo como si se tratara de una lucha contra lo ya establecido, mirada cruda que te ve el alma y descifra si eres útil o no.

Su popularidad era innegable, no solo por sus destrezas deportivas sino también por su carisma innato, aunque era el segundo mejor en derecho, nadie superaba su talento en la oratoria, lo que lo hacía un rival formidable.

La rivalidad con Taehyung se remontaba a varios años, y cada encuentro era una batalla donde ninguno estaba dispuesto a ceder.

Cada uno odió al otro como si fuera natural, agua y fuego, ambos dispuestos a extinguir al otro y así fue y será siempre. Cuando tenían 14 años ambos se cruzaron en una presentación de derecho penal, ambos fueron llevados por sus padres.

Cada uno fue rodeado por otras personas como de costumbre pero no sabían nada del otro, no, ni siquiera les interesaba el otro.

Pero cambió su perspectiva al momento de participar en las preguntas, Taehyung opinó con calma y tranquilidad, todos aplaudieron y antes de que fuera a sentarse nuevamente, Jungkook tomó el micrófono refutando, Taehyung con rapidez buscó esa voz y lo vió con esa sonrisita.

Taehyung no quiso caer ante esa provocación pero, ¿dejarse vencer por otro niño? ¿Por uno que al parecer su padre y el suyo no se llevan bien?... no, claro que no.

Taehyung atacó con artículos y leyes, Jungkook sonrió caprichoso respondiendo con autores reconocido en leyes, pero Taehyung tan solo no podía quedarse atrás por nadie, así que venció por una pequeña diferencia.

Esa mañana en el campus de derecho, la clase se llenó de murmullos y expectación.

Ambos debían presentar ponencias en el mismo día, frente a los profesores más estrictos y un público que esperaba el choque intelectual del semestre.

Taehyung fue el primero en exponer, su voz clara y firme, navegó con precisión sobre los conceptos del derecho administrativo, desplegando una argumentación impecable sobre la supremacía de la legalidad en el ejercicio del poder público.

No solo habló con rigor, sino que añadió citas de jurisprudencia y doctrinas poco comunes que dejaban a sus compañeros maravillados. Cuando terminó, Jungkook se levantó con una sonrisa desafiante, listo para replicar.

— Respetado profesor, compañeros...

Comenzó, con una entonación que mostraba seguridad.

— La ponencia de Kim Taehyung es impecable en forma, pero su interpretación del principio de legalidad adolece de una comprensión contextual. La supremacía no puede entenderse sin considerar la finalidad social que la ley debe perseguir.

Taehyung arqueó una ceja, atento a cada palabra. Jungkook prosiguió.

— Como sostiene Hans Kelsen en su Teoría Pura del Derecho, la validez formal no garantiza la justicia material. La ley, como instrumento, debe servir a la equidad y a la protección de derechos fundamentales, y ahí radica la falencia en la ponencia anterior.

La clase quedó en silencio, la referencia no solo fue acertada, sino que puso en evidencia una perspectiva crítica que Taehyung había omitido.

Taehyung no se dejó intimidar, tomó aire, ajustó su corbata, y respondió con una sonrisa fría mientras su cabeza se movía con suavidad hacia la maestra y sus compañeros.

— Interesante punto, Jeon Jungkook. Sin embargo, Kelsen mismo reconoce que la pureza del derecho es necesaria para evitar la arbitrariedad. Cuando la equidad se antepone a la legalidad, se corre el riesgo de erosionar la seguridad jurídica, principio fundamental para cualquier Estado de derecho. ¿Podrías explicarnos entonces cómo evitar esa erosión si no es manteniendo la supremacía legal?

Jungkook no titubeó y replicó con rapidez mientras sus manos se movían al compás de sus palabras.

— El equilibrio no es un ideal utópico, sino una necesidad práctica, Ronald Dworkin plantea que la interpretación de la ley debe integrar principios morales para una justicia completa. No es solo cuestión de legalidad, sino de legitimidad.

Ambos intercambiaron miradas intensas, mientras el aula contenía la respiración, la profesora a cargo, una mujer de prestigio y rigurosidad, sonrió complacida.

Sabía que el nivel de debate que habían generado no solo era digno de un tribunal académico, sino también un espectáculo que alimentaba la competencia sana.

Durante el resto del día, Taehyung y Jungkook se cruzaron varias veces en los pasillos, los comentarios sarcásticos y las miradas cargadas de desdén eran moneda corriente.

Cada encuentro aumentaba la tensión y, en secreto, la admiración mutua, pero no de una buena, sino, con la intención de derrotarlo y pisarlo frente a todos para que sepan quien es y será el mejor.

En un momento, Jungkook se acercó al escritorio de Taehyung al verlo tan concentrado con ese libro de La teoria pura del derecho, verlo tan ñoño creyéndose el mejor solo por leer, su intención es de provocar. — Deberías relajarte un poco, Kim. No todo en la vida es derecho y reglas. A veces hay que sentir, no solo analizar.

Lo dijo con una voz suave pero lleno de cizaña, Taehyung lo miró de arriba abajo como si lo barriera y respondió con voz fría.

—Y tú deberías aprender que sin disciplina, la pasión solo es caos.

Las palabras fueron un eco de su rivalidad, un duelo que trascendía las ponencias y los exámenes.

Al caer la tarde, ambos salieron juntos, aunque separados de la facultad, el sol bajaba en el horizonte, tiñendo de naranja los antiguos muros del edificio, la competencia, a pezar uno de tantos, los motivaba a ganar a como de lugar.

Este fue solo un asalto de una batalla que definiría no solo sus carreras, sino también quizá sus destinos.

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