PRÓLOGO
No es fácil mirar a quien amas y saber que no te entenderá.
No hoy. Quizás nunca.
He aprendido que proteger a alguien no siempre se siente como bondad. A veces se siente como traición. Como un cuchillo que tú misma afilas, sabiendo que cortará, pero convencida de que el corte es necesario.
Porque si no lo haces tú, alguien más lo hará con menos cuidado.
Y entonces… dolerá más.
Ella no lo sabe. No debe saberlo.
No ahora.
No mientras sus ojos aún sueñan con lo imposible y su corazón late por cosas que no puede tener.
Los padres dicen que lo hacen por amor.
Los amantes, por sacrificio.
Yo… yo lo hago por miedo.
Porque el mundo es cruel. Porque la vida es breve. Porque el amor no siempre basta.
Porque prefiero verla odiarme en silencio que enterrarla en un futuro que no perdonaría.
Dicen que las decisiones se toman con el alma.
Yo las tomo con los restos de la mía.
Que crean lo que quieran.
Que lloren por quien no tuvo elección.
Que odien al que actuó en su lugar.
Alguien tenía que escribir el final antes de que empezara la melodía.