Every day of my life ||HunHan||

Summary

LuHan había tenido un apasionado romance con Oh SeHun, pero cuando su matrimonio se vino abajo después de muy poco tiempo, decidió marcharse con sus dos hijas para no regresar jamas. Dos años después, LuHan estaba de vuelta en Italia; había llegado el momento de que las niñas conocieran a su padre. Pero sus planes no incluían quedarse en Italia, ni permitir que aquel hombre tan sofisticado y seductor se acercara demasiado a él. Con lo que no contaba era con que sus sentimientos por SeHun despertaran nada más volver a verlo y lo obligaran a admitir que seguía muriéndose de deseo y amor por él... -ADAPTACIÓN. -ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE, TODOS LOS CRÉDITOS A SU RESPECTIVO AUTOR.

Status
Complete
Chapters
14
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo


-No voy a dejar que se arruine mi boda - retumbó la profunda voz de Oh SeHun. No solía levantar la voz y las modistas y modelos al otro lado del elegante salón lo miraron, sorprendidas. Su prometida SeoYeon puso una mano en su brazo.

-No estropeara la boda, cariño. Aún falta casi tres meses.

-Dos meses y medio.

Iban a casarse después del desfile de Primavera-Verano. Pero el trabajo no estaba terminado y empezaba a quedarse sin tiempo.

-No deberías preocuparte. Las cosas, al final, siempre salen bien -sonrió entonces SeoYeon.

SeHun no estaba tan seguro. Frunciendo el ceño, miró la pálida mano de SeoYeon, en cuyo dedo brillaba el opulento anillo de compromiso que le había regalado un mes antes.

Un diamante de tres quilates cortado en forma de esmeralda, rodeado de zafiros y montado en una banda de oro del siglo XVIII. El anillo había pertenecido a la familia Kim durante generaciones hasta que, veinticinco años antes el padre de SeoYeon, Kim SangWoo, se había visto obligado a venderlo.

La fortuna de los Kim se hundió al tiempo que crecía la de los Oh. Pero en aquel momento SeHun no estaba pensando en eso. Estaba preocupado, muy preocupado por la colección. Le faltaba imaginación, inspiración.

Era, pensó, poco creativa, aburrida. Y eso en el mundo de la moda era un destino peor que la muerte.

Como su padre antes que él, SeHun nunca había necesitado que alguien de fuera le dijese si las colecciones funcionaban o no. Lo sabía. Lo sabía por instinto. Y su instinto le decía que la colección de primavera-verano sería una desilusión para el público si no hacía algo inmediatamente. Si no encontraba la mantita Dahyun.

Pero ¿cómo iba a encontrarla?

Aún no lo sabía y, desde luego, no iba a encontrar la respuesta con su ex esposo en Milán.

-No confío en él. LuHan únicamente está interesado en sí mismo.

-Ha dicho que solo venía de vacaciones, ¿no?

SeoYeon tenía unos preciosos ojos de color caramelo que contrastaban a las mil maravillas con su larga melena oscura.

Como director de Oh, la casa de moda más importante de Milán, SeHun trabajaba con modelos guapas y guapos todos los días y había vestido a algunas de los famosos más bellos del mundo, pero su prometida Kim SeoYeon era algo especial.

-¿Cómo puedes ser tan comprensiva? - murmuró, metiendo la mano en el bolsillo para sacar el paquete de cigarro... y recordando después que había prometido dejar de fumar. Ella se encogió de hombros.

-Porque LuHan ya no representa una amenaza para mí. Nos conocemos hace mucho tiempo, SeHun. Hemos pasado por muchas cosas juntos. Nos entendemos y sabemos bien lo que queremos. Es diferente de tu primer matrimonio, ¿no?

Completamente diferente, pensó él. En realidad, su relación de veintiún meses con LuHan ni siquiera podía llamarse matrimonio.

Fue más bien un desastre.

No, una pesadilla.

SeoYeon se puso de puntillas para darle un beso en los labios.

-No te enfades, cariño. No estará aquí mucho tiempo y, además, vendrá con las niñas. Sé que tú siempre has querido mantener una relación normal con ellas...

-Eso fue hace mucho tiempo, antes de que las hiciera rehenes, antes de que las usara contra mí. Una vez fueron mis hijas, pero ya no lo son. LuHan se ha encargado de eso.

SeoYeon sonrió, comprensiva.

-Siguen siendo tus hijas. Sé que adoras a esas niñas y que las has echado mucho de menos.

SeHun intentó deshacer el nudo que tenía en la garganta. Las había echado de menos. Tanto que le dolía el corazón solo de pensar en ellas.

-LuHan sabe que le pediré la custodia -dijo entonces-. Sabe que si vuelve a Italia, le resultará difícil volver a llevárselas del país.

-Entonces, ¿por qué las trae con él?

Buena pregunta, pensó SeHun. Una muy buena pregunta.