🍯"Cereal de Alfa"🍓
El reloj marcaba las once de la mañana cuando Jimin, acurrucado en su bata de seda blanca, decidió que tenía antojo. No de frutas. No de galletas. NO.
Quería cereal. Pero no cualquier cereal.
Bajó las escaleras de su mansión con paso lento, una mano sobre su pancita de cuatro meses y la otra sosteniendo un bowl rosado. El cereal ya estaba servido, pero faltaba lo más importante: la leche. No de vaca. No de almendra.
—Necesito la de mi alfa… —susurró, mordiéndose el labio inferior, con las mejillas encendidas.
Jungkook estaba en su oficina del último piso del edificio Jeon Enterprise, inmerso en llamadas, informes y contratos. A su secretaria, Seo-yeon, no le caía bien Jimin. Decía que era “solo un omega bonito”, pero la verdad era otra: ella lo deseaba todo de Jungkook. menos su corazón, porque ese ya tenía dueño.
Jimin llegó al edificio con su chofer y entró directo, como siempre, pero…
—Lo siento, señor Park. El señor Jeon está ocupado —dijo la secretaria con una sonrisa falsa.
Jimin parpadeó. ¿Lo estaba bloqueando?
—Soy su esposo— y mi apellido es jeon dijo con voz aguda, ofendido.
—Aún así, no puedo dejarlo pasar sin autorización.
Jimin infló las mejillas, los ojos llenos de lágrimas, como un cachorro a punto de llorar. Sacó su celular y marcó.
—¿Alfa? Tu secretaria no me deja pasar… quiero mi leche... para el cereal..
Jungkook tardó tres segundos en salir con el ceño fruncido. Vestía un traje negro impecable, y su mirada ardía.
—Seo-yeon —dijo en tono frío— estás despedida.
—¿Q-qué? ¡Señor Jeon!
—No vuelvas a interponerte entre mi omega y yo.
Jimin lo miró con ojos brillantes. Jungkook lo rodeó con un brazo fuerte, besó su cuello expuesto y lo levantó con facilidad.
—Mi bebé tiene hambre, ¿hmm? Vamos a mi oficina. Te alimentaré como mereces.
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El omega se sentó en el sofá de cuero, moviendo las piernas con ternura mientras Jungkook cerraba la puerta con seguro y comenzaba a desabrocharse el cinturón.
—¿Puedo? —preguntó Jimin, con voz tímida, mirando el bulto marcado entre las piernas del alfa.
—Es toda tuya, bebé.
Jungkook sacó su pene ya semi endurecido, y Jimin lo acarició con ternura, besando su punta húmeda. Lo masturbó lento, dejando que cada gota blanca cayese directamente dentro de su tazón rosado.
—Está calientita… como me gusta —susurró el omega con una sonrisa traviesa.
Una vez recolectó suficiente leche de su alfa, vertió el cereal dentro y comenzó a comer feliz, con cucharadas ruidosas y satisfechas, mientras Jungkook lo observaba fascinado, su miembro todavía duro.
—Mírate, mi omega dulce, todo mío, embarazado y precioso —susurraba Jungkook, acariciando su pancita.
Cuando terminó su cereal, Jimin se relamió los labios y se giró para subirse en sus piernas.
—Ahora quiero postre —susurró, y sus ojos se oscurecieron.
—Te voy a dar tanto que vas a rogar que te deje dormir…
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El sexo fue lento al inicio, con Jungkook acariciando cada centímetro de su omega, lamiendo su cuello, hundiéndose en su entrada con fuerza y ternura. Lo penetró con pasión, sujetando sus muslos abiertos, admirando la forma en que su pancita rebotaba con cada embestida.
—Dímelo, bebé… ¿de quién es esta dulce pancita?
—¡Tuya, alfa, solo tuya… más fuerte, más…!
Jimin lloró de placer, los ojos llorosos y el cuerpo temblando mientras Jungkook lo llenaba por dentro una vez más, su esencia tibia mezclándose con la delicia que su cuerpo deseaba.
Después del clímax, Jungkook lo envolvió en su abrigo y lo cargó hasta el auto.
—Mi omega solo debe preocuparse por descansar y comer rico —susurró, besándolo en la frente mientras Jimin se dormía contra su pecho, satisfecho.
Y sí. Volvieron a casa.
Donde su omega estaba seguro. Donde su alfa lo amaba más allá del deseo.
Donde el cereal siempre tendría la leche perfecta.