Prólogo
A veces me siento como si estuviera viendo mi vida desde afuera.
Como si viviera una historia que no me pertenece, marcada por el resentimiento y por patrones que no dejan de repetirse.
Como si no fuera yo la que se pone el uniforme, la que sonríe por obligación, la que se acuesta en una cama que no le pertenece del todo.
Vivo en una habitación rentada, en un barrio donde la gente se saluda sin mirarse a los ojos.
Cada quien vive en su mundo, con sus propios problemas y sus propias felicidades.
Y no está mal.
Cada quien es dueño de sus propias desgracias, sin importar el resto.
He amado. Mal.
He mentido. Peor.
He llorado por hombres que ni siquiera se dieron cuenta.
He lastimado a otros que no lo merecían.
Vivo a la sombra de un prejuicio.
De una forma errónea de afrontar dificultades.
Intento encontrar a quién culpar, hallar el porqué de lo que me pasa.
Mostrarme tal cual soy… o simplemente callar.
Callar mi sentir, mis pensamientos, mis agobios.
A veces me pregunto si valdría la pena mostrar mi lado tierno, noble, gentil.
Dejar mi corazón al desnudo.
Ese que, a pesar de todo, no pudieron dañar las adversidades.
Soy real. Espontánea. Carismática. Pasional.
Y todo eso… mientras nadie mira.
Y eso es lo que vas a leer ahora:
Lo que soy, cuando ya no tengo que fingir.