Capítulo 1
Nada en rededor parecía conocido. Aunque, en realidad... ¿cómo iba a lucirlo? Se encontraba ahora en el Nuevo Mundo, el mismo sitio al que justo habían sido enviados a investigar. Él era parte de la quinta flota en arribar. Observó a su nueva acompañante, encargada de administrar sus misiones y todo lo concerniente al papeleo. No parecía muy avispada...
—Venga, debemos continuar. El campamento quizá esté más adelante. No creo que puedas hacer gran cosa sin tus armas —dijo ella.
Era verdad… no era más útil que ella en ese momento. Sin sus armas o su armadura, ambos eran blancos fáciles. Su compañera vestía una indumentaria de cuero amarillo, nada discreta para esconderse. Analizaba el entorno con algo similar a un telescopio monocular, instalado sobre las gafas protectoras que llevaba en su gorro.
—Sígueme, quizá sea por aquí —indicó ella.
—Oye… no creo que sea buena idea…
Pero antes de que pudiera terminar la frase, ella ya se había internado en el espeso bosque. La siguió, muy a su pesar.
El lugar era gigantesco, lleno de árboles enormes. Algunos caminos consistían en ramas o lianas de estos mismos árboles. En cierto punto, su compañera se detuvo a observar un pequeño sapo de color amarillento. Estuvo a punto de tocarlo, pero él la detuvo; sabía que ahí afuera el peligro podía esconderse en cualquier parte. Cada movimiento de las ramas lo ponía en alerta, y cada zona silenciosa lo perturbaba aún más.
No pasó mucho tiempo antes de que se toparan con el primer peligro. En la vertiente de un arroyo, dentro de un foso excavado por el paso del agua, se escondían criaturas reptilianas. Eran cuadrúpedas, con escamas amarillas en el lomo y azul grisáceas en el vientre, atravesadas por rayas. Quizá eran considerados monstruos pequeños, pero su tamaño —casi dos metros de largo— bastaba para devorarlos si se les enfrentaba sin preparación. Más aún sin su equipo.
—Quizá debemos esperar un poco. Con suerte no nos notarán y se irán… —indicó ella. El sudor le corría por un costado del gorro mientras observaba a las criaturas con su telescopio.
Él la miró con cuidado. Sus manos temblaban. Le tomó una de ellas para indicarle que lo siguiera; si los escuchaban, ni los helechos los protegerían. Ella solo asintió.
Comenzaron a moverse con cautela, cobijados por la vegetación. Poco a poco los dejaron atrás, hasta salir del foso. Cuando ella creyó haber escapado de la vista de las criaturas, saltó al camino con emoción.
—Ufff… pensé que quizá no...
—¡Cuidado!
Apenas logró apartarla del camino de una enorme bestia. Era similar a las criaturas anteriores, pero de mayor tamaño. Mucho mayor. Doce metros de largo, quizá.
“Debe ser el alfa”, pensó.
Corrieron por un gran claro, con la bestia pisándoles los talones. Era evidente que los alcanzaría. Justo cuando él estaba por volverse para distraerla, algo emergió de entre los árboles y se lanzó sobre la criatura.
—¡No paren, ya casi están! —gritó un cazador, obvio por su indumentaria.
Ellos siguieron corriendo. El cazador fue arrojado por la bestia, pero también corrió tras ellos. Frente a ellos se alzaba una empalizada con una puerta entreabierta. Saltaron dentro justo cuando el monstruo les pisaba los talones. La puerta se cerró con estruendo, y la estructura se estremeció con los golpes de la criatura intentando entrar.
Su compañera se levantó de inmediato, aún animada, como si la adrenalina la impulsara. Sonreía.
—¡¿Viste eso?! ¡Casi nos devora! ¿Qué será? ¿Será una variación de los pequeños que vimos antes? ¡El alfa! ¡El líder! ¡Sí! ¡Eso debe ser! ¿No lo crees, compi? Debemos documentarlo, informar a la comitiva. Una vez que tengas tu equipo, nosotros…
Un cazador se acercó y le puso una mano en el hombro para detenerla. Era alto, vestido con una armadura de cazador y una gran espada a la espalda, posiblemente de hueso, pero no de principiante. Materiales de calidad.
—Es un gran jagras, su líder. Ya lo hemos estado investigando desde hace años. Seguro podrán ayudar. Pero antes, deben presentarse ante el comandante. Los hemos estado buscando desde que el barco naufragó. Zorah Magdaros... es un desastre natural andante.
Ella entrecerró los ojos, luego saltó moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Oh… sí, claro. Lo olvidaba. Yo soy Inquirati, pero puedes llamarme Inqui. Soy la compañera de este hombre. Él también es un cazador, él es… —entonces lo miró con aire especulativo—. Jamás me dijiste tu nombre, compi.
Recordó el desastre. Justo se había enterado de que esa joven sería su compañera, cuando el barco se estremeció. Lo siguiente fue un ascenso imposible, un volcán que se alzaba... un dragón. El dragón que seguían desde el Viejo Mundo.
—Guardián. Llámenme Guardián. Mi nombre lo dejé atrás, en el Viejo Mundo —dijo, estrechando la mano del cazador.
—Entiendo, respeto eso. Yo soy Amir, líder de escuadrón. Pertenecí a la cuarta flota, aunque crecí aquí. Nunca he estado en el Viejo Mundo.
—Oh, nombres clave. Entonces tú serás Líder, y el Guardián… a mí llámenme Princesa —dijo Inqui con una sonrisa juguetona. Guardián la miró con desaprobación, Amir con diversión.
—¿Por qué me miras así? Si tú serás un guardián, yo seré la princesa. Así podrás ser un guardia real.
Guardián negó con la cabeza. Discutir no tenía sentido. Aunque... esas palabras, “guardia real”, despertaron recuerdos que había creído enterrar.
—Entendido. Guardián, Princesa... síganme. Deben conocer al viejo comandante —indicó Amir.
...
En redor del sitio la actividad no se detenía, gente aquí y allá cargando y descargando equipo. Las cadenas de los elevadores de gancho trasladaban personas y objetos entre los tres pisos que se observaban en esa base. Guardián observaba todo con algo de curiosidad, recordando memorias pasadas… campamentos militares… sus viejos compañeros… su antiguo hogar… Pero no había tiempo de nostalgia; tenía un objetivo, por eso estaba allí. Observó al líder de escuadrón que le mostraba el sitio a él y a Inqui. Era de piel bronceada, fornido como todo buen cazador. Era claro que era talentoso, pero… si ese era el caso ¿por qué no acabó con el gran jagras en vez de solo distraerlo? Sabía que era peligroso enfrentarse a criaturas de las que no conoces sus habilidades, pero el líder seguramente las conocía, entonces… ¿qué lo detuvo? ¿Acaso temía que la batalla atrajera criaturas más peligrosas?
Estaba tan sumido en sus pensamientos que no vio acercarse a sus compañeros de barco.
—¡Hey! Lo han logrado, por un momento pensé que tendríamos que realizar una solicitud para una misión de rescate —dijo un joven de mohicana naranja, con una armadura de cota de malla y cuero, aunque con detalles en escamas esmeraldas.
—Nos alegra que se encuentren bien —comentó la joven a su lado, de rasgos asiáticos, con melena morena y piel clara; su acompañante.
—¡Lea, Aiden! Me alegra saber que también ustedes se encuentran bien —al parecer Inqui sí recordaba sus nombres. Honestamente, él se encontraba de maravilla pasándola solo en el barco cuando ellos le increparon para charlar, así que no le interesó aprender sus nombres—. Vamos a presentarnos ante el comandante para poder cumplir con nuestra primera misión, estamos ansiosos por empezar.
—Vale, me parece estupendo, ya van un poco atrasados. Nosotros ya hemos presentado un par de informes a la comitiva, mi apodo no es elite por nada —comentó Aiden.
—Cadete de elite, así te llamaban en tu viejo grupo, no lo olvides, cadete —dijo Lea con una sonrisa burlona.
Inqui también rio mientras Aiden le reprochaba, pero a Guardián nada de eso le interesaba. No lograría su objetivo socializando. Dejó al resto atrás en cuanto reconoció la insignia del comandante. Era un viejo fornido, de pelo cano, de aspecto militar y una cicatriz en su ceja izquierda.
—Así que ustedes son los faltantes de la 5ta flota, un gusto que estén a salvo. Yo soy el comandante Astor, llegué aquí con la primera flota, así que, si quieren sobrevivir tanto como yo, deberán escucharme y obedecer —
—No se dejen engañar por su apariencia, el viejo es estricto, pero tiene un corazón de oro. Él montó todo esto con la primera flota, Astera lleva su nombre en su honor, pero mi abuelo es demasiado humilde para admitirlo —
—Calla, Amir —
—Un placer comandante Astor, yo soy… —comenzó Guardián, antes de ser bruscamente interrumpido por el comandante. La mirada de este era fría.
—Sé muy bien quién eres. Tu reputación te precede, la buena y la mala… pero estamos en el nuevo mundo, tus razones tendrás para estar aquí, más siendo un… —
—Soy Guardián —continuó interrumpiendo al viejo comandante.
El comandante le miró con gesto osco, pero pareció entender la indirecta.
—Como quieras, Guardián —las palabras fueron dichas como si las escupiera—. Están muy retrasados con sus deberes. Para comenzar deben limpiar los alrededores de las pequeñas alimañas y preparar un informe. Jagras y kestodones se han multiplicado y han retrasado la recolección de suministros. Amir, guíalos en estas tareas, no quiero que se lastimen en sus primeras expediciones en el bosque primigenio —
—Con todo respeto, comandante, no creo que necesite una niñera para eliminar monstruos pequeños. Como usted lo dijo, mi reputación me precede —
Amir dio un respingo, su abuelo jamás permitía que sus órdenes fueran cuestionadas. Se podía cortar el aire por la tensión que presentó el silencio del comandante, pero este solo dio media vuelta.
—Como gustes, Guardián, en tu responsabilidad queda presentar los informes como está establecido. Recuerda, si realizas alguna cacería furtiva o eliminas algo que altere el ecosistema… tu castigo será marcial ¿entendido? —
Guardián solo atinó a saludar al comandante antes de retirarse. Inqui no entendía qué sucedió, se mantuvo dudosa entre seguir a su compañero o excusarse con el comandante. Titubeó entre seguir ambas direcciones hasta que finalmente atinó solo a saludar al comandante con piernas temblorosas para después seguir a su compañero. El comandante solo suspiró.
—Es raro eso en ti, viejo. Normalmente, le hubiese reventado la cara con un puñetazo para ponerle en cinta ¿Tan especial es ese tal Guardián? —
—No te lo imaginas, Amir, tanto en el buen sentido como en el mal sentido, es único —
Guardián no notó a Inqui seguirlo a sus aposentos mientras cargaba el baúl de su equipaje. Estaba demasiado sumergido en sus pensamientos como para percatarse de que ella lo observaba desde la entrada, indecisa entre entrar o pedir permiso. Guardián dejó su baúl y comenzó a acomodar sus pertenencias. Entre ellas estaba su vieja armadura de guardián, bien cuidada y lustrada, hecha con materiales de primera. Con esa armadura, incluso un golpe de un Diablos sería como una caricia. Aunque era de aleaciones completas, llevaba una sobrevesta azul con detalles rojos en los bordes y un escudo en el pecho. También estaba su gran espada, equipada con un mecanismo de sierra que desplegaba cuchillas afiladas a lo largo del filo. Bastarían un par de golpes con esa arma para abatir al gran Jagras. Las observó largo rato, con nostalgia.
“Son parte de mi pasado, como mi nombre. No debería...”
—Linda armadura —escuchó decir a Inqui desde la entrada.
Guardián dio un respingo y trató de cubrir su equipo.
—Pensé que eso de ‘Guardián’ era solo para divertirnos —comentó Inqui.
—¿Parezco alguien que se divierte? —replicó con tono tosco.
—No...
—Además, es descortés espiar a los demás, más aún en sus aposentos.
—Disculpa, es que... mi baúl es demasiado pesado y no pude llevarlo a mi habitación. Pensé en pedirte ayuda, pero te veías tan ausente... Y tampoco fue muy cortés la manera en que trataste al comandante. ¿Te molestó lo que dijo de ti? ¿Sobre tu reputación?
Guardián estuvo a punto de zanjar la conversación con una negativa, pero al mirarla... algo en su expresión lo detuvo. No era pena ni miedo; era empatía. Eso suavizó su actitud.
—Fue más por lo que iba a decir. Estoy acostumbrado a que quienes saben quién soy me traten así.
—Entonces fui descortés al insistir en saber por qué has venido. Pero... seré tu compañera, y quiero que sepas que estoy aquí para apoyarte, sin importar quién fueras. Ahora eres mi compañero.
Esa sinceridad lo dejó sin palabras. No pedía compasión ni consuelo, pero sentirse acompañado, parte de algo otra vez... no, eso ya no era para él. Lo sabía bien.
—Gracias, pero no necesito compañía. No soy tu amigo ni necesito consuelo. Nuestra relación es meramente laboral.
—Entiendo. Discúlpame... —respondió Inqui, aún mirándole.
—¿Necesitas algo más? ¿Alguna información sobre la misión?
—No, es que... aún necesito ayuda con mi baúl. No lo harás como amigo, claro, pero... no creo que Aiden sea tan fuerte, y apenas conozco al líder. Puedo esperar a que te pongas tu armadura, si quieres...
—No lo haré. Tomaré una de cuero del equipo para novatos y una gran espada de hueso o hierro.
—Pero ese equipo es básico, y tu armadura es...
—Es mi pasado. ¿Si te ayudo a llevar el baúl me dejarás en paz?
Inqui asintió, mordiéndose los labios para no seguir hablando.
—Dejaré de preguntar si eso es lo que quieres. Pero no puedo dejar de hablarte; eres mi compañero. Debemos comunicarnos en las misiones, y debo acompañarte para reportar tus acciones.
—Ya entendí. Iré por tu baúl. Mañana temprano nos encontramos en la cantina para desayunar y salir a nuestras primeras misiones. Hasta entonces, me dejas tranquilo. ¿Trato?
—Trato...
—Vamos por tu baúl.
Inqui se adelantó, y caminaron unos pasos en silencio antes de que ella hablara.
—Ese gran Jagras será difícil con equipo de principiante, pero respeto que quieras empezar de nuevo. También es un nuevo inicio para mí, ¿sabes? Yo también tengo mis secretos. No te los diré, claro, pero quizás con el tiempo confíe en ti. Quizás tú también confíes en mí, no como amiga —ya dijiste que no lo serás—, pero sí como compañera confidente. O como una supervisora eficiente. Mi padre y mi abuelo pensaron que estaba loca por venir aquí. No es uno de mis secretos, claro, pero es que...
Guardián solo suspiró, resignado a lo que le deparaba el Nuevo Mundo.