❛ 𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧 𝐝𝐞 𝐊𝐨𝐧𝐨𝐡𝐚: 𝓤𝓷 𝓭𝓮𝓼𝓽𝓲𝓷𝓸 𝓻𝓮𝓮𝓼𝓬𝓻𝓲𝓽𝓸 ❜ ▐ ⁿᵃʳᵘᵗᵒ ˢʰⁱᵖᵖᵘⁿᵈᵉ

Summary

En el corazón palpitante de Konoha, el retorno de Sasuke Uchiha, acompañado de Nadeshiko Tsukino y la noticia de un futuro hijo, sacude los cimientos emocionales de todos. La villa, que siempre imaginó a Sasuke junto a Sakura Haruno, se debate entre el asombro y el resentimiento. Sakura, sumida en una dolorosa equivocación, se aferra a la fantasía de un afecto irreal. Su angustia nubla su juicio, provocando un altercado público que lleva a Nadeshiko al borde de la desesperación. Sin embargo, la verdad, aunque dura, trazará senderos insospechados hacia el perdón, la comprensión y la dicha, fortaleciendo los vínculos en una aldea que busca cicatrizar sus heridas.

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Complete
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31
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16+

PRÓLOGO


❛ Omnisciente ❜

La oscuridad del refugio de Orochimaru era un entorno habitual para Sasuke Uchiha, un tapiz de sombras y experimentos donde el anhelo de venganza contra su hermano, Itachi, era el único faro que lo iluminaba. Tres años habían transcurrido desde que abandonó Konoha, con su espíritu absorbido por la ambición de poder. Estaba convencido de que nada, ni nadie, lo apartaría de su senda de destrucción. Hasta que ella apareció.

La primera vez que sus ojos se fijaron en Nadeshiko Tsukino, ella era simplemente una visión fantasmal en la oscuridad de un laboratorio. Una más de las muchas “protegidas” de Orochimaru, al igual que él, pero había algo singular en ella. Su cabello, de un intenso tono coral que parecía desafiar la oscuridad, caía en ondas rebeldes alrededor de un rostro que, a pesar de su juventud, mostraba la huella de una profunda sabiduría. Sus ojos, de un dorado penetrante, no revelaban temor ni sumisión, solo una curiosidad serena y un destello de inteligencia.

Sasuke la contempló mientras ella manejaba complicados instrumentos, con movimientos ágiles y precisos. No era una shinobi en el sentido convencional, al menos no todavía. Orochimaru la estaba “adiestrando”, sí, pero parecía centrarse más en el desarrollo de sus habilidades naturales y su intelecto, transformándola en una experta en el dominio de jutsus y en el estudio de la anatomía y el chakra, una investigadora brillante más que una kunoichi de primera línea. Esa fue su primera impresión: una mente excepcional encerrada en una apariencia de calma.

Orochimaru, con su sonrisa serpentina, los presentó.

──Sasuke-kun, te presento a Nadeshiko. Una de mis... adquisiciones más valiosas. Nadeshiko, él es Sasuke Uchiha, el recipiente que me concederá el verdadero poder ──El tono posesivo de Orochimaru no escapó a la atención de Sasuke, ni tampoco el ligero y casi imperceptible gesto de desaprobación en el rostro de Nadeshiko al ser mencionada como un “recipiente”.

A medida que sus encuentros se volvieron más frecuentes en los pasillos y laboratorios, Sasuke, a pesar de su obsesión, empezó a mostrar un interés particular en Nadeshiko. No era el interés de un adversario, ni el de un depredador, sino una fascinación más sutil. Ella no lo abrumaba con preguntas ni buscaba su atención, algo poco común en las pocas personas a las que Orochimaru permitía acercarse a él.

En cambio, Nadeshiko lo observaba con la misma quietud con la que él la observaba a ella. A veces, intercambiaban frases breves sobre el entrenamiento, sobre algún experimento de Orochimaru, o sobre la naturaleza del chakra. Cada palabra de ella era escueta, inteligente y cargada de una lógica que Sasuke, sorprendentemente, valoraba.

Percatóse de su forma de tratar a Orochimaru, combinando una cortesía aparente con un manejo sagaz que le aseguraba protección y cierta libertad. Era una luchadora, igual que él. Sin embargo, a diferencia suya, no parecía impulsada por rencor, sino por una curiosidad inagotable y ansias de aprender. A veces, cuando tenían ratos libres --si se les podía llamar así en aquel refugio--, la veía creando intrincados diagramas de chakra o meditando, irradiando una serenidad singular en aquel entorno asfixiante.

Dos Años de Deseo Oculto

El tiempo pasó volando, convirtiéndose en años. Dos años. Dos años de entrenamiento implacable bajo Orochimaru, dos años de un poder creciente para Sasuke, y dos años de un afecto apasionado que ambos, testarudamente, se rehusaban a reconocer. Inició casi inadvertidamente. Gestos mínimos, miradas largas. Él la hallaba en su camino más a menudo de lo “normal”, ella siempre parecía estar “cerca” cuando él se reponía de un entrenamiento agotador.

La primera vez que el contacto físico rebasó un simple roce, fue en una simulación de combate. Sasuke la había acorralado, su katana amenazando su cuello, y ella, impasible, había desarmado su postura con una agilidad sorprendente. Sus cuerpos quedaron muy cerca. Él sintió el calor de su respiración, el aroma a tierra y hierbas que siempre la acompañaba. Sus ojos dorados, tan cercanos, no se apartaron de los suyos. Fue breve, pero repleto de una electricidad innegable. Después, las “coincidencias” fueron más seguidas.

Las discusiones, iniciadas sobre tácticas y jutsus, evolucionaron a charlas más personales, aunque superficiales. Él le contaba, a veces, de su pasado, de Itachi, de la venganza. Ella escuchaba, sin criticar, y le daba perspectivas lógicas, a veces asombrosamente agudas. Él, a su vez, se encontraba preguntándole sobre sus propias razones, sobre sus estudios, sobre ese halo de calma que la cubría.

El deseo se hizo presente de formas discretas, pero innegables. Se notaba en el ambiente denso cuando compartían una comida en silencio, en la manera en que él instintivamente la protegía de los experimentos más peligrosos de Orochimaru, o en cómo ella parecía entender sus emociones sin palabras. La negación era una barrera, pero la conexión era una fuerza arrolladora.

Sasuke, el Uchiha obsesionado con la venganza, sintió una emoción desconocida, una que lo estremecía: los celos. Era una posesión instintiva. Cuando algún otro subordinado de Orochimaru osaba mirarla por un segundo más de lo necesario, o entablar una conversación casual con ella, Sasuke sentía una punzada fría en el pecho, un calor que subía a su cabeza. Su Sharingan se activaba por instinto, su chakra se tensaba. No soportaba que otros hombres la miraran a “su” Nadeshiko.

Ocurrió un suceso particularmente revelador. Un shinobi de bajo rango, nuevo en el escondite, intentó coquetear descaradamente con Nadeshiko mientras ella estudiaba. Antes de que ella pudiese responder, Sasuke apareció, una sombra en la puerta. Sus ojos brillaban con una amenaza tan evidente que el hombre huyó aterrorizado. Nadeshiko lo observó, con una ceja levantada.

──Sasuke-kun, ¿te encuentras bien? ──inquirió, con un tono carente de emoción. Él simplemente emitió un gruñido y volteó su rostro, el leve carmín que ascendía por sus mejillas delataba la turbación por su propia reacción.

Ella esbozó una sonrisa, pequeña y misteriosa, y regresó su atención a los pergaminos. Aquella posesión era un remolino, una fuerza que lo tomaba por sorpresa y, en cierta forma, lo intimidaba.

El momento crucial se presentó. Sasuke, siendo consciente de que su poder superaba al de Orochimaru y que ya no tenía nada más que aprender de él, decidió que había llegado el momento de reclamar su destino. Pero, en esta ocasión, no lo haría en solitario. En un extraño gesto de apertura, mientras contemplaban una de las gélidas lunas de Orochimaru, le propuso la oferta.

──Nadeshiko ──comenzó Sasuke, con una voz más suave de lo habitual, aunque manteniendo su acostumbrada autoridad──. Orochimaru ya no me sirve. Acabaré con su vida pronto ──La declaración fue directa, sin rodeos──. Necesitaré un equipo. Un equipo con habilidades que complementen las mías. Quiero que formes parte de él.

Nadeshiko lo observó, sus ojos dorados fijos en los de él. No mostró sorpresa ni temor. Solo una serena reflexión.

──Sabía que este día llegaría, Sasuke-kun. Orochimaru también es un camino sin futuro para mí ──Hizo una pausa, su mirada se cruzó con la de él, y un entendimiento silencioso fluyó entre ambos──. Acepto.

Su aceptación no fue solamente un pacto de lealtad hacia un líder, sino un paso hacia un porvenir compartido.

La caída de Orochimaru fue despiadada y veloz, un reflejo del inmenso poder que Sasuke había acumulado. No fue una batalla prolongada, sino una demostración contundente de la superioridad del Uchiha. Tras neutralizar a Orochimaru, Sasuke se dedicó a formar su equipo, el Equipo Hebi, cuyo único propósito sería ayudarlo a encontrar y eliminar a su hermano, Itachi, y así, finalmente, saciar su venganza.

Su primer recluta fue Suigetsu Hozuki, el portador de la Espada de Zabuza, a quien liberó de uno de los laboratorios de Orochimaru. Suigetsu era caótico y ruidoso, un contraste con la calma de Nadeshiko y la seriedad de Sasuke, pero su destreza con el agua era innegable.

La dinámica del nuevo equipo se estableció rápidamente. Sasuke era el líder incuestionable, su palabra era ley. Nadeshiko era su mano derecha, su estratega, su voz de la razón, su sombra silenciosa que comprendía sus órdenes con solo un gesto y anticipaba sus movimientos. Suigetsu, a pesar de sus constantes quejas, obedecía las órdenes, fascinado por el poder de Sasuke y la enigmática presencia de Nadeshiko.

Unidos, el grupo Hebi se adentró en el mundo, transformándose en una potencia incontenible motivada por un propósito singular: la revancha personal de Sasuke. Sin embargo, en medio de esa empresa sombría, surgió un vínculo impensado, una conexión afectiva que permanecía oculta tras la fijación de Sasuke, un nexo construido en secreto que, sin que él lo notara, empezaría a modificar su futuro.

La sed de venganza lo impulsaba, pero Nadeshiko era la guía discreta que lo orientaba, y su creciente deseo por ella era un intenso fuego que amenazaba con transformarlo de maneras insospechadas.

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