All I never showed • ChanBaek

Summary

Baekhyun ha vivido toda su vida sintiéndose como un error que debe esconderse, la relación con su cuerpo está marcada por heridas antiguas, palabras mal intencionadas y miradas que dejaron cicatrices invisibles. No se trata solo de inseguridad, es una lucha silenciosa contra una voz interior que aprendió a rechazarlo antes que nadie más pudiera hacerlo. Pero Chanyeol, su novio, no quiere arreglarlo ni cambiarlo, solo busca verlo, escucharlo y por sobretodo, estar ahí. En una noche que comienza como cualquier otra, ambos se enfrentan a esa verdad que Baekhyun rara vez dijo en voz alta, construyendo con paciencia un refugio hecho de ternura, respeto y promesas suaves.

Genre
Romance
Author
exoscore
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

All I never showed

Baekhyun aprendió a esconderse antes de incluso saber que lo estaba haciendo, para él no era un juego inocente ni un acto deliberado, era su forma de sobrevivir al espejo que siempre parecía enfrentarlo sin piedad. Desde niño le dijeron que había cosas que no debía mostrar, se le mencionó que aquellas líneas rosáceas que decoraban su cintura y parte de sus glúteos, no eran normales ni respetables. Sabía que había cierto límite detrás de la exposición de su piel frente a los demás y que de aquello dependía el respeto que recibiría a lo largo de su vida.


Cuando era más joven, su abuela lo vestía con camisas largas incluso en verano, se quejaba del calor constantemente pero tampoco era capaz de mostrar esa parte oculta que trataba con esmero eliminar. Su madre en aquellos tiempos también corregía la forma en que se sentaba, se le tenía prohibido levantar los brazos a tope, pues eso solo dejaría al aire los costados de su pancita flacida. Todos los niños a su edad vivían sin muchas preocupaciones, pero él con bastante más regularidad de la que se pensaría, pasaba evitando encorvarse para que la gente no viera más allá de su cinturón.


Nadie se lo decía con crueldad pero tampoco alguien se detenía a pensar del dolor detrás de esas advertencias disfrazadas de consejos. Con el tiempo, Baekhyun solo atinó a no encariñarse con el reflejo que tanta pesadez le causaba, sabía que debía vestirse a oscuras para poder caerle bien a los demás, se tapaba el abdomen inclusive estando solo para no tener que pensar en aquello, cerraba la puerta con llave antes de cambiarse de ropa a pesar de vivir completamente solo, evitaba las piscinas, los probadores y ni hablar de las fotografías de cuerpo entero.


No era un chico gordo pero tampoco era lo suficientemente delgado, su cuerpo era compacto como un bollo, redondeado en ciertos lugares donde otros parecían mantenerse planos sin esfuerzo. Su piel era demasiado real, parecía marcada por la vida, salpicada de pequeños accidentes que el tiempo nunca borró del todo.


Donde otros veían imperfecciones, él veía pruebas de algo que no podía corregir, por ello cuando conoció a Park Chanyeol no imaginó que todo eso sería un problema pues, al principio no pensaba en mostrarse porque después de todo, tampoco había imaginado llegar tan lejos.


Se conocieron en la universidad, ambos cursando la facultad de diseño. Fue un encuentro casual en el pasillo justo enfrente del salón que ambos compartían. Chanyeol era grande, seguro de sí mismo y atractivo de forma muy evidente, poseía esa clase de cuerpo que todos volteaban a ver o que al menos, escaneaban con el rabillo del ojo, tenía hombros anchos y brazos fuertes, una voz grave que a veces temblaba cuando se reía sin contenerse, con ese encanto casi arrogante de quien no necesita esforzarse para gustarle a alguien.


Baekhyun primero pensó que lo admiraba para luego creer que lo envidiaba, no demoró en darse cuenta de que sentía ambas.


Lo suyo no fue una historia rápida, no se enamoraron al primer cruce de miradas, fueron meses de compartir talleres, de intercambiar lápices, de almorzar entre apuntes mal hechos, de discutir sobre tipografías y carteles antiguos, de descubrir que la conversación con él se sentía fácil, que el silencio que compartían no era incómodo y que por lo menos, aunque sea por unos minutos, podía olvidar que su vida era de todo menos un cuento de hadas.


Cuando finalmente se besaron, Baekhyun se sintió dividido entre la euforia y el terror. Estar con Chanyeol era todo lo que había soñado pero a la vez todo lo que lo enfrentaba a lo que había aprendido a odiar de sí mismo. Su relación fue creciendo con naturalidad, entre miradas que duraban más de lo debido y gestos cada vez más suaves.


El problema sucumbió cuando esa frontera invisible que Baekhyun nunca dejaba cruzar, empezó a hacerse notar más y más.


Podían besarse con lentitud, abrazarse hasta quedarse dormidos, jugar videojuegos en el suelo de la sala mientras afuera llovía a cántaros, pero todo esto siempre debía hacerse con la luz apagada. Bajo una sombra cómplice que le permitiera sentirse a salvo alrededor de sus imperfecciones, una que ocultara su escandalosa papada o sus cachetes redondos.


Cada vez que Chanyeol pasaba la noche en su apartamento, él debía encontrar la manera de evitar desvestirse en su presencia, entraba primero al baño, lo enviaba a buscar algo, fingía frío para mantener cubierto hasta el último pelo.


Nunca se cambiaba frente a él, nunca se mostraba en ropa interior, jamás le permitía ver más allá de lo justo. No era rechazo ni tampoco desconfianza hacia su pareja, era la más horrible de las vergüenzas, una que había echado raíces tan profundas en su pecho que ni siquiera el amor más paciente parecía poder arrancar. Se sentía feo, poco deseable, muy poco atractivo y eso Chanyeol lo notaba, él lo podía sentír en los silencios tensos, en la forma en que su chico bajaba la mirada cada vez que sus dedos rozaban la piel de su espalda, en cómo esquivaba el contacto físico cuando se trataba de tocar más allá del rostro o las manos.


Chanyeol sabía que algo lo retenía, podía intuirlo en la forma mecánica en la que se cubría con las sábanas apenas la atmósfera se volvía demasiado tibia, en su costumbre de dormir en camisetas holgadas que caían por debajo del muslo, en la rapidez con la que se alejaba del sofá cuando sentía que el peso de su cuerpo se acomodaba de forma poco estética sobre los cojines. Él no decía nada, nunca preguntaba directamente porque temía quebrar la frágil muralla que su pareja había construido con tanto esmero. Lo amaba y eso no estaba en duda, pero había días en los que deseaba entender qué era aquella cosa que parecía dolerle tanto.


El más bajo se desvivía por compensar lo que creía no poder ofrecer con su cuerpo, llenaba los silencios con ternura, le hacia comida deliciosa, lo escuchaba con paciencia cuando él llegaba frustrado de clases, le regalaba notas adhesivas escondidas entre los libros o una playlist distinta cada semana. Se convertía en un refugio tan cálido que a veces Chanyeol se preguntaba si él mismo lo merecía.


Y aún así, había noches que lo dejaba afuera de la puerta de su habitación, noches donde el deseo latente quedaba ahogado en la garganta por el susurro gentil de Baekhyun pidiéndole que esperara afuera mientras se ponía la pijama. Nunca discutía por eso pero sentía esa parte vacía que tanta incomodidad plantaba, y no por el deseo físico, sino por la sensación de estar caminando junto a alguien que aún no lo dejaba entrar del todo.


Baekhyun por su parte, vivía atrapado en el contraste constante. Chanyeol era deseado por muchos, su nombre era comentado con soltura en los pasillos, sus fotos circulaban en redes no solo por su talento para el diseño sino por esa apariencia sólida y encantadora de mandíbula marcada y sonrisa grande. Donde él se encogía, su novio se expandía, donde él temía ser visto, Chanyeol iluminaba sin querer.


Y eso lo desarmaba, lo hacía sentir como una silueta borrosa al lado de una pintura de galería. Él no tenía la piel tersa que todos parecían buscar, ni un abdomen plano, tampoco clavículas marcadas que emergieran de camisas abiertas, su cuerpo se sentía como un boceto que nunca terminó de gustarle a quien lo hizo, con zonas difusas y líneas incomprendidas por doquier. Sus costados se plegaban al sentarse, sus muslos eran más anchos de lo que quisiera, su espalda tenía cicatrices que no recordaba cómo obtuvo, su cintura estaba surcada por esas líneas blanquecinas que aparecieron al crecer y que nadie pareció validar jamás.


Desde pequeño aprendió a leer la aprobación en el silencio, en no recibir comentarios al respecto, en evitar las preguntas, en mantener a raya las miradas. Así vivió y así continuaba, incluso cuando sabía que Chanyeol no tenía la menor intención de juzgarlo. No bastaba con el amor del otro si él mismo no sabía amarse, se repetía en secreto, pero tampoco encontraba la forma de comenzar a mirar sus propias manos sin desprecio.


Una noche, mientras veían una película que ninguno estaba realmente siguiendo, Chanyeol alargó el brazo con suavidad y comenzó a trazar círculos perezosos sobre el muslo de su novio, quien estaba recostado entre sus piernas, cubierto por una manta fina y con la luz del televisor como única fuente de claridad. El gesto fue tan delicado e instintivo que por un instante Baekhyun no reaccionó. Al cabo de unos segundos, sus músculos se tensaron, su respiración se entrecortó apenas y el control remoto se deslizó entre sus dedos.


─ ¿Te molesta? ─ preguntó Chanyeol sin apartar la mano, bajando un poco la presión.


Baekhyun negó sin levantar la mirada, no podía moverse, tenía la garganta cerrada y los ojos brillantes. No era la típica molestia que navegaba de aquí a allá, pero si podía decirse que tenía algo de miedo. Miedo a que esa caricia se volviera desaprobación, a que los dedos de su novio encontraran alguna textura demasiado flácida o gorda entre sus extremidades, temor a que el silencio se volviera juicio.


Porque él había estado toda su vida esperando ser rechazado y es por esto mismo es que en ese momento, el afecto le dolía más que el desprecio.


Chanyeol lo observó con esa ternura de la cual se le hacia difícil apoyarse, él dejó la mano quieta y simplemente lo sostuvo así, como si supiera que a veces eso era todo lo que podía ofrecerle. Baekhyun cerró los ojos porque por un instante deseó ser alguien distinto, una persona que tuviera el valor de ser visto, poder no sentirse incómodo bajo los brazos de la persona que le gustaba.


Para él era difícil amar así, desde la oscuridad pidiendo perdón por existir en el espacio que se compartía. Y no porque su pareja no lo amara, sino porque cada gesto, cada elogio o cada palabra dulce rebotaba en una armadura que él mismo no se atrevía quitar.


El chico alto no dijo nada más, solo fingió no notar cómo la mirada de su pareja se volvía más opaca mientras el silencio caía como una manta gruesa sobre el sofá. Observó la manera en que los hermosos dedos de su novio se cerraban sobre el borde de la cobija, el como su preciosa mandíbula se tensaba levemente ante la incomodidad e incluso en sus ojos de cachorrito temeroso brillando a sabiendas de que aquella actitud no precisamente era emoción. Pero entonces sonrió, Chanyeol no sabía que pasaba a profundidad pero era consciente de que no buscaba hacer menos de lo que podía, quería brindar abrigo por medio de si, por ello soltó una pequeña acción, una que hablaba en su idioma privado y que Baekhyun reconocía con la misma claridad con la que distinguía su voz entre mil.


Extendió la mano con un movimiento lento, como si no quisiera romper nada o como si cada músculo tuviera cuidado de no tocar donde le dolía a su perfecto novio.


─ Ven ¿por qué no vamos a dormir? Tengo frío y quiero que seas tú quien me lo quite ─ Chanyeol dijo con ese encanto suyo que nunca le exigía y siempre actuaba con la calidez de quien está dispuesto a esperarlo todo.


Baekhyun aceptó con una inclinación de cabeza, no vociferó ni una palabra, su mano tembló apenas cuando se apoyó en la de él, pero no se soltó, se dejó guiar hasta la habitación y luego hasta la cama donde se acurrucó sin quitarse la camiseta ancha ni las medias gruesas. Chanyeol se acomodó a su lado sin invadirlo ni presionarlo, con la distancia justa para olerlo sin necesidad de enterrar su nariz en la melena castaña, y desde esa orilla lo vio quedarse dormido con los párpados pesados tal piedras, como si cada miedo que lo habitaba estuviera por fin adormeciéndose también.


El lunes siguiente el campus estaba cargado de una brisa fresca que movía las hojas sueltas en las escalinatas, cargado de estudiantes con café en mano y carpetas llenas de trabajos. Baekhyun caminaba junto a Chanyeol por el pasillo central de la facultad, con la mochila cruzada al pecho y un gorro que le tapaba las orejas, sus pasos eran tranquilos, casi relajados, sus manos se movían de atrás para adelante de manera descontinua, aunque de vez en cuando tiraban del borde de su suéter como si le molestara el aire en la espalda.


Ambos entraron al salón donde el grupo de siempre ya se había reunido, Jongdae estaba sentado sobre una de las mesas con las piernas colgando, hablando con entusiasmo sobre un proyecto que implicaba tipografía y luz negra mientras gesticulaba todo con las manos, las palabras desbordándose de su cuerpo con entusiasmo.


─ Al fin aparecieron ─ dijo él al verlos cruzar la puerta ─ pensé que ustedes se habían fugado al desierto a pintar cactus o algo así.


Baekhyun sonrió por cortesía, se quedó al borde del grupo tratando de no interrumpir demasiado con su simple presencia, aunque a decir verdad sus ojos se perdieron en los trazos de un cartel colgado en la pared, fingiendo interés.


Kim Jongdae, que no era de los que permitía esa clase de distancia, dio un pequeño salto al suelo y caminó hacia él con una sonrisa amplia, levantando el brazo para tocarle el hombro en señal amistosa, solo un roce rápido sin llegar a pensarlo demasiado. Pero Baekhyun lo sintió venir antes de que su mano lo alcanzara y como si su piel tuviera algún tipo de zarpullido, dio un paso lateral con una agilidad casi instintiva, suficiente para esquivar el contacto sin que pareciera un rechazo directo, aunque el movimiento fue tan claro como la tensión en su mandíbula que apareció justo después.


El ambiente se congeló apenas un segundo, Jongdae bajó el brazo en un gesto entre confundido y ofendido, no dijo nada pero se le notó el desconcierto en la frente fruncida y en la manera en que evitó volver a mirarlo. Chanyeol, que había presenciado todo desde unos pasos atrás, no reaccionó de inmediato pero sus ojos se clavaron en los de Baekhyun, vio cómo su expresión se apagaba, cómo sus hombros se curvaban hacia dentro, en cómo su mirada bajaba al suelo como si quisiera volverse parte de los azulejos, casi pidiendo perdón por haber existido.


El silencio volvió a instalarse unos segundos, lo suficiente para que Chanyeol entendiera que no era una casualidad ni una exageración, había algo ahí, una raíz más profunda que todavía no se atrevía a nombrar, pero que de a poco iba mostrándole su forma.


No dijo nada ni mucho menos lo tocó, simplemente volvió a su lado, se paró cerca sin presionar y cuando el grupo retomó la conversación, él mantuvo la vista pegada en Baekhyun.


Fue Jongin quien rompió el aire denso que se había instalado entre ellos, como si intuyera que algo debía hacerse para reactivar la normalidad. Soltó una broma sobre el profesor y su fijación con los carteles de propaganda soviética, hizo un gesto exagerado con las manos imitando una pose rígida y añadió un comentario burlesco que hizo reír a algunos. La conversación retomó su curso, los murmullos volvieron a ocupar el aula y los sonidos familiares de carpetas abriéndose, vasos de plástico crujendo y risas mal contenidas fueron rellenando los espacios.


Pero ni Baekhyun ni Chanyeol regresaron del todo a la conversación.


El primero continuó observando el suelo como si intentara descifrar una grieta invisible entre las baldosas, su rostro había recuperado la expresión neutra que solía usar como máscara aunque en su mirada aún se notaba el temblor contenido del que intenta borrar algo sin éxito. El segundo, por su parte, escuchaba sin realmente escuchar, asentía sin procesar lo que se decía y reía a destiempo como si su cuerpo estuviera allí pero su mente orbitara a una distancia segura donde solo existía Baekhyun y el eco de aquel paso esquivo que había dado para evitar ser tocado.


Chanyeol no era ingenuo, había aprendido a leerlo en cada pequeño gesto y aunque Baekhyun se esforzara por fingir que no pasaba nada, él sabía que la incomodidad tenía nombre, que el rechazo no era a Jongdae sino a la idea misma de ser tocado sin previo aviso, sin un refugio que lo contuviera primero. Sabía aunque nadie se lo hubiera dicho nunca, que el verdadero campo de batalla estaba en el cuerpo de su novio. No era un tema de confianza ni siquiera de deseo, era más profundo y más crudo. Algo que se aferraba a la carne, a su historia o a la vergüenza callada de alguien que toda la vida vivió sin sentirse bien.


Pero saberlo no lo hacía más fácil de abordar. Chanyeol no quería herirlo ni abrir una herida sin saber cómo cerrarla después, pero al mismo tiempo no podía seguir fingiendo que no veía el dolor flotando entre ellos como una presencia invisible. Lo que necesitaba ahora era encontrar el momento exacto, un espacio que le permitiera tender la mano sin presión. Por eso cuando la campana sonó anunciando el receso, se levantó sin decir nada, solo esperó a que Baekhyun hiciera lo mismo para caminar junto a él por el pasillo y así, mientras bajaban las escaleras, detenerse un momento.


─ ¿Estás bien? ─ preguntó Chanyeol en voz baja, casi como un susurro que trataba volverse confiable ─ Lo de hace un rato, lo vi.


Baekhyun se quedó quieto, su cuerpo no reaccionó, apenas pestañeó más lento de lo normal y en sus dedos volvió a aparecer esa inquietud sutil de quien no sabe cómo ocultarse sin parecer obvio. Chanyeol no insistió, solo lo miró directamente con los ojos suavizados.


─ No quiero que te sientas incómodo, mucho menos conmigo ─ continuó ─ No te enojes con Jongdae, él no supo leer el momento, fue todo. Tu forma de moverte, tu expresión, no es la primera vez que pasa algo así y creo que ya no quiero seguir haciéndome el ciego.


Baekhyun tragó saliva, miró sus propias manos con atención como si acabara de descubrirlas por primera vez y asintió apenas con un gesto pequeño.


─ ¿Quieres venir a mi casa esta noche? ─ preguntó entonces Chanyeol, con una voz más suave que antes ─ Podemos hablar solo tú y yo, sin gente ni ruido. No tienes que decir nada si no quieres, pero me gustaría que intentaras confiar en mí ─ se detuvo un momento ─ Lo que sea que te esté pasando, no quiero que lo enfrentes solo.


El silencio entre ambos duró unos segundos no tan largos como para incomodar pero sí lo suficiente para que Baekhyun sintiera el aire pesándole en los hombros. No estaba preparado para hablar porque ni siquiera estaba seguro de qué decir si se lo preguntaban directamente, su corazón latía con tanta fuerza que creía poder escucharlo.


─ Está bien ─ Baekhyun murmuró ─ iré.


Pero no sonó como una afirmación tranquila, sino como quien elige un camino sin saber a dónde lo llevará.


Después de eso comenzó a caminar de nuevo, esta vez más despacio, arrastrando un poco los pies, con su cuerpo como un carro de alguna formula popular pero sus extremidades fangosas en arena movediza. Tenía los ojos vidriosos sin saber muy bien en qué momento se habían llenado, la garganta le ardía con esa presión tangible que se siente antes del llanto y la parte interna de sus brazos, esa zona vulnerable que al mismo tiempo odiaba con su vida, le picaba por contener algo que no podía decir.


Bajaron juntos los últimos escalones para luego darle la bienvenida al ruido del campus, había estudiantes riendo, vasos de café chocando, hojas volando al ritmo del viento. Era como si el mundo no supiera que él estaba desmoronándose un poco por dentro, Baekhyun pestañeó rápido fingiendo que algo le había caído en el ojo, se llevó el dorso de la mano a la mejilla y limpió una lágrima traicionera que se había deslizado sin permiso.


─ No estoy mal, solo ─ se interrumpió a sí mismo, bajando la mirada con una media sonrisa que no convencía a nadie ─ Estoy cansado.


Mentía pero era la única forma que conocía de protegerse y de aquello nadie podía juzgarlo. Chanyeol lo vio de reojo y aunque no lo contradijo, apretó los labios en una línea firme.


Cuando cayó la noche no hablaron demasiado por mensaje, solo coordinaron la hora, un par de emojis sin demasiado contexto y una promesa implícita de que lo importante vendría después. Pero para Baekhyun ese pacto era un peso más en el pecho, el solo hecho de pensar en sentarse frente a Chanyeol, de sostener su mirada sabiendo que había visto lo que él llevaba años escondiendo, le hacía sentir una mezcla dolorosa de pudor, miedo y vergüenza. Como si estuviera por confesar algo imperdonable. Se sentía como si su cuerpo, el cuerpo que tanto rechazaba, fuera a ser expuesto en una vitrina sin defensa alguna.


Al llegar a casa esa tarde, se encerró en el baño más tiempo de lo necesario. Se sentó en la tapa del inodoro con la ropa aún puesta, mirándose las manos, los brazos, las rodillas y no pudo evitar sentir que todo le parecía torpe. Él era demasiado pequeño, demasiado redondo, demasiado vulnerable para sostener nada.


Y entonces lloró.


No un llanto escandaloso ni tampoco uno que liberara algo, fue solo un sollozo contenido, con las manos tapando su rostro y los hombros sacudiéndose de forma leve, casi silenciosa, como si no quisiera que ni las paredes supieran que la estaba pasando mal, con sus inseguridades tomando la delantera y haciéndolo sentir un poco más miserable que antes.


No sabía qué palabras iba a encontrar cuando llegara donde su novio, tampoco si podría decir algo sin atragantarse en el intento. Solo sabía que por alguna razón aún no quería decir nada al respecto, no quería mostrar esa parte tan fea y vulnerable que sabía que lo espantaría aún si al final Chanyeol no decía nada. Él aún no quería ser visto del todo porque sentía ser una persona indigna.


Se quedó en el baño más tiempo del necesario, con la ropa puesta y los hombros encogidos, con su cuerpo intentando volverse pequeño dentro del espacio frío en el que estaba. Sentado sobre la tapa del inodoro miraba el suelo sin consuelo, con la mente ocupada en imágenes que no quería seguir cargando. No era solo tristeza, era esa mezcla agria de sentimientos y sensaciones que se le instalaba en la garganta como una piedra pesada que le imposibilitaba respirar. Sentía sus latidos retumbando en las sienes, en el pecho, incluso en los párpados.


Cuando se levantó lo hizo sin pensar demasiado, caminó hasta el espejo, lo limpió con la palma de la mano y se miró, la luz del baño era directa y reveladora, no había ni un solo rincón donde pudiera esconderse si así lo necesitara, eso le daba aún más temor.


Se quitó la camiseta con lentitud frente al espejo y ahí se quedó un momento. No tenía intención de odiarse más pero tampoco lograba mirarse con neutralidad, su piel clara tenía zonas suaves, otras más ásperas pero ambas marcadas por el paso de su propio crecimiento. Se bajó el pantalón y se quedó en ropa interior, descalzo sobre el suelo frío, expuesto ante sí mismo con una franqueza que rara vez se permitía.


Tocó su abdomen con la yema de los dedos, no era plano pero tampoco prominente, solo estaba ahí, redondo y blando como siempre lo había conocido. Luego bajó la mano a sus muslos, donde la piel era más firme pero también más densa a su parecer. Sintió el contorno de su cuerpo; los bordes suaves que tantas veces había querido cambiar, no había odio en ese gesto solo un tipo distinto de tristeza.


Giró un poco y vio las estrías que nacían en la curva de sus glúteos, extendiéndose hacia las caderas como si fueran ramas delgadas. Las tocó con delicadeza, eran blancas y rosáceas, casi imperceptibles bajo cierta luz. Pero para él siempre habían sido evidencia de algo que falló, su piel no era tersa, ni firme, ni obediente. Era piel desgarrada.


Las lágrimas empezaron a caer sin que hicieran ningún ruido. Primero una y después otra, silenciosas, tibias, deslizando por sus mejillas sin prisa pero al mismo tiempo quemando todo a su paso. No se tapó el rostro esta vez, no veía necesario hacerlo, solo apoyó la frente contra el espejo y cerró los ojos para luego respirar hondo. Pensó en su niñez, en su abuela vistiéndolo hasta ahogarlo, en su madre corrigiendo todo lo que hacia pensando que no era un niño común. Pensó en todas las veces que quiso ser otra persona para poder sentirse a gusto con quien era.


Se enderezó con lentitud, recogió la ropa del suelo y luego se vistió con calma. Eligió una camiseta negra que le quedaba un poco grande y un pantalón un poco ancho pero cómodo, sin formas que lo hicieran sentir observado. No había tomado ninguna decisión clara, no sabía qué palabras usaría ni siquiera si podría decirlas, pero entendía que no podía mentirle a su novio. Tenía que ser marginalmente sincero inclusive si todo podía terminar mal.


Se miró una última vez en el espejo, sostuvo su propia mirada sin apartarla tan rápido como otras veces. Luego salió del baño con pasos lentos, cruzando el pasillo hacia la habitación para preparar su bolso.


De niño, Baekhyun tenía la costumbre de esconderse en el clóset cuando llegaban visitas inesperadas, porque sabía que si se mostraba demasiado entusiasta o se sentaba mal en el sofá, alguien terminaría corrigiéndolo con una sonrisa indulgente que dolía tanto que aún sin saber realmente lo que pasaba, su corazón sangraba, por ello aprendió pronto a medir sus pasos y ensayar sus gestos frente al espejo del baño, a corregirse antes de que su madre lo hiciera. Había una especie de paz en el anonimato, en pasar desapercibido o en ocupar el menor espacio posible. Esa sensación de alivio tras la invisibilidad se convirtió con los años en una segunda piel, una que seguía pegada a él incluso cuando no quedaba nadie más en casa.


La presencia difusa detrás de la incomodidad que se colaba en los momentos más inesperados tenía el talento de disfrazarse de muchas formas. Podía parecer una risa forzada durante una salida con amigos en el pasado, una camisa cuidadosamente escogida que cubriera demasiado para una tarde de calor o una excusa poco convincente para evitar una fotografía en grupo. En la adolescencia, esos momentos se confundían con timidez o con simple cansancio, pero él sabía que no era eso. Había una línea que cruzaba sin querer cada vez que alguien lo miraba demasiado tiempo o lo tocaba sin aviso, una línea invisible que se tensaba en su nuca, que le encogía el estómago y lo hacía querer desaparecer.


Esa misma tensión volvió cuando se encontró ya caída la noche frente a la puerta de Chanyeol. Había caminado el trayecto en silencio, con la cabeza baja y las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, el aire frío le pegaba en las mejillas, pero nunca se detuvo. Había algo casi inevitable en su cuerpo y mente, algo que se instaló desde muy temprana edad.


Cuando tocó el timbre Chanyeol abrió con rapidez, dejando en claro que lo había estado esperando de pie del otro lado. Le dedicó una sonrisa tranquila y se hizo aparte para dejarlo pasar sin decir nada, el interior del apartamento estaba cálido, con el aroma tenue del incienso todavía flotando en el aire y una lámpara encendida en la esquina del salón que brindaba una luz suave, como si alguien hubiera intentado crear una escena deliberadamente acogedora pero sin exagerar, eso lo hizo reír un poco.


Baekhyun se quitó el abrigo con lentitud, colgándolo en la entrada antes de avanzar algunos pasos aún sin quitarse los zapatos. Sus ojos recorrieron el lugar con la misma atención de quien necesita asegurarse de que nada haya cambiado demasiado desde la última vez. Había estado ahí muchas veces, lo conocía bien pero esa noche todo le parecía más silencioso, tal vez porque era su cabeza la que no se mantenía serena.


Chanyeol lo guió con naturalidad hacia la sala y le ofreció algo de tomar, una pregunta sin pretensiones, formulada con una voz baja y relajada que no buscaba respuestas urgentes. Baekhyun negó con la cabeza y se dejó caer en uno de los extremos del sofá, acomodando las manos sobre sus rodillas sin saber qué hacer con ellas. Su novio alto se sentó al otro lado, dejando el espacio justo entre ambos.


─ Jongin dijo que va a rehacer todo el proyecto del cartel para la muestra final ─ comentó Chanyeol después de un rato, mientras jugaba con la tapa de un bolígrafo entre los dedos ─ Dice que su concepto ya no lo representa. A veces pienso que Jongin solo quiere una excusa para quedarse despierto hasta las cuatro de la mañana escuchando a Bowie.


Baekhyun sonrió apenas no por el chiste, sino porque reconocía el tono. Chanyeol no quería hablar del tema todavía o al menos no quería obligarlo, había en su voz una suavidad voluntaria, casi como si cada palabra hubiera sido elegida para no rasgar la atmósfera. Él lo agradecía. Porque aunque su pecho ardía por todo lo que no sabía cómo decir, su novio parecía no desear exponerlo sin más, de golpe, sin ningún resguardo.


Él ya enía el cuerpo tenso, la mirada fija en algún punto del suelo como si esperara que eso lo protegiera de cualquier roce que viniera después.


─ También me dijo que había estado viendo referencias colombianas de los setenta ─ continuó Chanyeol con una risa suave ─ Carteles políticos, texturas cargadas, composiciones densas, creo que va a terminar entregando un caos visual.


Baekhyun alzó un poco la vista, lo miró de reojo. Ese esfuerzo por llenar el espacio con algo ligero era tan evidente que le pareció enternecedor. Chanyeol no lo estaba presionando, estaba tendiéndole una cuerda, una especie de puente construido con banalidades que en el fondo significaban estoy aquí, cuando quieras.


Pero incluso así su cuerpo seguía reaccionando con rigidez, seguía envuelto en una vergüenza que no se apagaba con palabras suaves. Agradecía el gesto, lo hacía con todo su corazón pero no podía decirlo sin que se le quebrara algo por dentro.


Y Chanyeol lo notó, lo vio en la forma en que mantenía los hombros ligeramente elevados, en cómo sus dedos apretaban con fuerza el borde del cojín, en la manera en que evitaba respirar demasiado profundo por si eso lo delataba. Decidió entonces no tocarlo, no preguntar, o al menos no ahora, porque había aprendido a leer esos signos y sabía que el momento llegaría si lo dejaba florecer solo.


─ ¿Sabías que Jongdae una vez intentó hacer un cartel con lentejuelas? ─ soltó Chanyeol con una sonrisa mientras se inclinaba a tomar el control del televisor.


Baekhyun lo miró con una mezcla de sorpresa y escepticismo.


─ ¿Lentejuelas? ¿Tipo lentujeales reales?


─ Reales y brillantes ─ asintió con solemnidad fingida ─ Según él era un homenaje al arte kitsch pero la verdad es que solo quería usar la engrapadora industrial del taller. Casi se perfora un dedo.


La risa que escapó del chico más bajo fue más honesta que cualquiera de las que había soltado en todo el día, pequeña pero genuina, lo que al alto le cayó como un alivio.


Chanyeol atento le lanzó una mirada cómplice porque sabia que cada anécdota trivial era parte de un código secreto entre ellos. Después de aquello puso una película sin preguntar cuál querían ver ya que ambos entendían que no importaba realmente. Todo eso no era más que un pretexto para compartir el silencio sin que doliera.


Mientras la pantalla brillaba frente a ellos con escenas lentas y colores tenues, comieron algo ligero que Park había preparado de antemano, una pasta sencilla y caliente que no requería conversación. El sonido de los cubiertos fue por momentos lo único que llenaba la espaciosa sala.


Cuando terminaron, Chanyeol dejó los platos en la mesa baja y regresó al sofá con una expresión relajada, casi adormecida. Observó a Baekhyun un instante antes de levantar una mano y revolverle el cabello suavemente en un gesto torpe pero tierno.


─ A veces te ves como un perrito ─ dijo con una sonrisa ladeada ─ de esos que no muerden pero gruñen si les tocas las patas.


Baekhyun lo miró de reojo, sin saber si ofenderse o reír.


─ ¿Eso es un cumplido? ─ preguntó cruzando los brazos con fingida indignación.


─ Es una observación científica. He leído artículos al respecto ─ replicó Chanyeol en tono serio, antes de dejarse caer sobre el respaldo del sofá con exageración.


Baekhyun sonrió y por un momento se permitió apoyar su cabeza en el hombro de su novio. No era habitual pero tampoco forzado, era una necesidad pequeña de estar cerca sin hablar. Su novio se quedó quieto, con la respiración tranquila y los ojos en la película sin mover la mano que aún descansaba cerca del cabello de su chico.


Tiempo después, cuando ya era demasiado tarde para fingir que seguían viendo la película, recogieron los platos sin hablar mucho y se prepararon para dormir. La habitación de Chanyeol estaba en penumbra, iluminada solo por la luz suave del pasillo que se filtraba por la puerta entreabierta. El colchón se hundía levemente con el peso de ambos, el calor compartido bajo las cobijas y el sonido de la noche afuera componían un silencio distinto. Uno que no pesaba tanto pero que aún contenía muchas palabras no dichas.


Durante un buen rato Baekhyun permaneció inmóvil mirando el techo. Creía que su novio ya dormía puesto a que su respiración era calma, el ritmo pausado de quien se ha rendido al cuerpo, pero por dentro algo se revolvía en él. Una especie de electricidad temblorosa le recorría la espalda.


Y entonces Baekhyun habló muy bajo, al principio su voz apenas rompía el silencio como si hablara solo para sí mismo.


─ Cuando era niño, me vestían como si tuviera que esconderme del mundo.


Hizo una pausa tan breve como densa.


─ Mi abuela decía que los niños bien educados no mostraban los codos ni las rodillas y mi madre pensaba que si me veía siempre presentable nadie tendría razones para hacerme daño, pero eso no evitó nada. Solo hizo que me sintiera como un error mal envuelto.


Chanyeol no se movió, tampoco hizo ruido pero estaba despierto. Cada palabra lo tensaba un poco por dentro, sin querer interrumpir ni un segundo esa confesión que sabía que no debía apurar.


─ Siempre fui más redondo que los otros niños, más blando y a ellos eso les parecía divertido. Me decían que parecía un pan mal horneado, o que si me caía rodaría colina abajo sin poder parar. A veces se reían tanto que yo también fingía hacerlo, pero ─ su voz se quebró apenas, aunque no lloró ─ Por dentro sentía que si me hacían desaparecer, nadie lo notaría. Cuando crecí cada parte de mi cuerpo empezó a parecerme una trampa, mis muslos, mi estómago, hasta mi cara, todo era un recordatorio de que nunca fui como los demás esperaban.


Guardó silencio por un largo momento. Lo suficiente para que sus ojos se adaptaran a la oscuridad, para que el dolor descendiera un poco por su garganta y se acomodara en el pecho.


─ A veces, incluso ahora me sigo escondiendo. Uso ropa grande no porque me guste sino porque me cubre todo lo que quiero ocultar. Me abriga de esa mirada que no se va, esa que tuve que aprender a imaginarme incluso cuando nadie me estaba viendo, no sé si alguna vez voy a poder quererme, Chanyeol. Ni siquiera sé si merezco que alguien me quiera así.


Chanyeol que había estado acostado de lado fingiendo dormir, abrió los ojos lentamente. Sin hacer ruido se giró hasta quedar frente a él, en la penumbra sus miradas se encontraron. El rostro de Baekhyun tenía esa fragilidad de quien acaba de desnudarse sin quitarse la ropa, y eso lo volvió aún más hermoso.


─ Baekhyun ─ dijo Chanyeol con voz ronca por el silencio y el peso emocional ─ No sé cómo alguien pudo hacerte sentir que no merecías amor, de verdad no lo entiendo.


Se acercó un poco evitando invadir, solo lo hizo para que su voz llegara más cerca.


─ Me duele tanto pensar que viviste todo eso solo, que alguien pudo mirar tu cuerpo, tu voz, tu risa y decidir que era algo que debía corregirse. Nada nunca estuvo mal contigo mi amor.


Y entonces, con un cuidado que rozaba lo reverencial, levantó una mano y la dejó descansar entre ambos.


─ Yo no cambiaría nada de ti, absolutamente nada, porque todo lo que eres, lo que conozco y lo que todavía no sé, es lo que me hace amarte. Tus gestos, tu forma de evitar el contacto y luego buscarlo en silencio, tus bromas, tus silencios, todo eso es perfecto. No tienes que cambiar ni tienes que esconderte más.


Baekhyun no dijo nada pero sus ojos se llenaron de agua otra vez.


─ No existe algo como el cuerpo perfecto, pero si pudiera elegir uno al que mirar todos los días, al que abrazar, al que cuidar siempre, entonces yo elegiría el tuyo. Porque te pertenece, porque eres tú y todo lo que venga de ti, incluso lo que aún no puedes perdonar, yo lo abrazo.


Entonces como si esa promesa necesitara sostén físico, Chanyeol deslizó su mano hasta alcanzar la de Baekhyun y entrelazó sus dedos con suavidad.


─ Estoy aquí y siempre voy a estar cuando decidas que estás listo. No importa cuánto tiempo te tome.


El silencio que siguió fue tanto denso como cálido. Una manta tejida con palabras que por fin empezaban a abrigar donde antes solo había vacío. Baekhyun cerró los ojos sin decir nada más, pero por primera vez en mucho tiempo sintió que no estaba cargando su historia solo y eso de alguna manera, ya se sentía como un inicio.


La noche fue larga y no precisamente por las horas, habían pensamientos que debian acentuarse en ambas cabezas. Ninguno de los dos durmió de inmediato a rienda suelta, Baekhyun aunque un poco más aliviado por haber dicho lo que tanto le costaba, no podía dejar de repasar cada palabra, temeroso de haber dicho demasiado o de haberse dejado ver con una crudeza que ahora lo avergonzaba. Chanyeol por su parte, se quedó en silencio un largo rato mirando el perfil de su novio por la tenue luz que entraba desde el pasillo, sintiendo una mezcla de ternura, impotencia y admiración. El cuerpo que tanto odiaba Baekhyun, a él le parecía un mapa precioso, lleno de detalles únicos que jamás cambiaría. Le costaba comprender cómo alguien podía haber convencido a ese chico de que no merecía amor. Le dolía incluso ahora, no haber estado ahí antes.


Y sin embargo, cuando el sueño por fin los venció, lo hizo de forma leve. Como si ambos al fin pudieran descansar, no exactamente porque todo estuviera resuelto, sino porque al menos una parte del peso ya había sido compartido.


El amanecer llegó despacio, la luz entró por las rendijas de la persiana dibujando líneas finas sobre la colcha clara. Chanyeol fue el primero en levantarse, se duchó en silencio, se vistió con una camiseta gris y un pantalón de algodón, luego preparó café en la cocina procurando no hacer ruido. Se sentía más tranquilo, después de mucho podía respirar hondo sin sentir que pisaba un terreno minado. Baekhyun había confiado en él, le había abierto una herida y no la había cubierto enseguida, la había dejado al aire para que sanara despacio. Eso para él, valía más que cualquier palabra ya dicha.


Baekhyun se despertó un poco después, con el cuerpo aún pesado pero la mente algo más clara. Se quedó un momento en la cama mirando el techo, por primera vez en mucho tiempo no sentía esa urgencia por esconderse, por fingir, por justificarse. No es que todo se hubiera desvanecido pero había una rendija por donde entraba la calma. Se sentó en el borde del colchón estirando los brazos con pereza, sintiendo la tela suave de la camiseta holgada contra la piel y la tibieza del suelo bajo los pies descalzos.


Salió de la habitación en silencio, encontró a Chanyeol en la cocina sirviendo dos tazas y se les cruzó una mirada cómplice, tranquila. Nadie dijo nada al principio, no hacía falta. Más sin embargo después de un tiempo fue Chanyeol quien rompió el silencio.


─ Dormiste un poco mejor ¿no?


Baekhyun asintió, tomando la taza entre las manos.


─ Un poco ─ respondió con honestidad.


─ Yo también.


Se sentaron juntos en la mesa, compartiendo café y miradas que hablaban sin necesidad de adornos. Hubo una paz ligera en ese momento, se sentía con indulgencia el final de la tormenta, aunque sus huellas todavía se sintieran en la piel.


Después del desayuno Baekhyun fue al baño con la intención de ducharse, aún le costaba mirar su reflejo sin incomodarse pero el ambiente cálido del apartamento y la ausencia de juicio lo hacían sentirse más dispuesto. Se quitó la ropa con lentitud, apoyándola sobre la tapa del inodoro y abrió la llave de la ducha. El vapor empezó a llenar el espacio en cuestión de segundos.


Fue entonces cuando cometió un descuido que en otro momento habría sido impensable, algo tan simple como un seguro en la puerta. Una acción tan mecánica como cerrar una cremallera o ajustar una manga y ahí simplemente no ocurrió. Tal vez porque ya no sentía la amenaza constante de tener que protegerse o porque su cuerpo por fin no estaba tan en estado de alerta.


Chanyeol mientras tanto había vuelto a la habitación por su teléfono y al pasar por el baño, pensó en preguntarle a Baekhyun si quería más café. Dio dos golpecitos leves y al no obtener respuesta, empujó la puerta con cuidado.


La escena que se encontró fue breve pero imborrable.


El vapor lo envolvía todo pero justo antes de que la ducha comenzara a correr, Baekhyun estaba de espaldas al espejo completamente desnudo. Sus caderas redondeadas y suaves contrastaban con su espalda delgada y su cintura más estrecha. Las líneas que formaban sus muslos eran armoniosas, los glúteos blancos y firmes con una curvatura natural que se acentuaba al estar de pie. La piel se veía suave bajo la luz cálida del baño y durante un segundo, apenas uno, Chanyeol sintió que acababa de ver algo demasiado perfecto como para no comentarlo.


El sonido de la puerta al abrirse llamó la atención de Baekhyun quien se giró de golpe con los ojos muy abiertos.


─ ¡Chanyeol, la puerta! ¡Sal!


El alto reaccionó enseguida, cerrando de nuevo, llevándose una mano al rostro entre culpable y asombrado.


─ ¡Perdón, perdón! ¡Pero wow!


Desde dentro, Baekhyun gruñó con las mejillas encendidas por la mezcla de calor y vergüenza.


─ ¡No digas wow, idiota!


─ ¡Pero es que acabo de ver un trasero impresionante! ¿Qué querías que hiciera? ─ se defendió Chanyeol desde el pasillo con una sonrisa que no podía contener.


Hubo un silencio breve.


─ Cierra la boca, Park Chanyeol ─ murmuró Baekhyun, cubriéndose el rostro con ambas manos, aunque detrás de sus dedos, luchaba por no reír.


─ No puedo, lo siento ─ dijo el otro con voz divertida ─ No sabía que estaba saliendo con un modelo renacentista. Qué nivel de trasero de verdad, curvatura perfecta, proporciones épicas.


─ ¡Cállate ya!


Chanyeol se alejó a la cocina aún riendo mientras del baño salía el sonido de la regadera finalmente abierta. Baekhyun apoyó la frente contra los azulejos fríos y aunque su corazón latía más rápido de lo normal, no se sentía atacado, ni dañado, ni menospreciado. Era la primera vez en su vida que alguien veía una parte de su cuerpo que él consideraba fea y la celebraba.


Cuando terminó de ducharse y se envolvió con una toalla, se miró en el espejo empañado. Con el dorso de la mano limpió un poco el vidrio y observó su reflejo, era un chico lleno de estrías de colores pero por primera vez sintió como si no estuvieran ahí. Tenía la piel sonrosada por el agua caliente, el cabello húmedo pegado a la frente y los ojos brillantes. Pero no por haber llorado, no esta vez.


Al salir encontró a Chanyeol esperándolo con una taza de té y una sonrisa apenada.


─ Fue un accidente. Uno muy estético eso sí, pero accidente al fin ─ dijo alzando las cejas con picardía.


Baekhyun bufó, tomó la taza y se sentó en el sofá aún en bata.


─ Ya no confío en tus intenciones.


─ Te juro que fui a ofrecer más café, el universo quiso otra cosa y no puedo reprocharle.


─ De verdad, cállate.


Pero mientras lo decía, sus labios ya estaban sonriendo.


Y aunque en otro tiempo se habría encerrado con la culpa, con el miedo de haber mostrado algo vergonzoso, ahora se sentía bien. No perfecto ni amando cada esquina. No estaba completamente cómodo pero sí lo suficientemente en paz como para no querer esconderse enseguida.


Ese día todo había empezado con una calidez inusual, el apartamento olía a pan tostado y a café recién hecho, el vapor de la ducha aún flotaba en el baño y Baekhyun se sentía extraño dentro de sí mismo. Aún usaba su ropa ancha, un buzo gris con capucha que le caía hasta medio muslo y los pantalones sueltos que le ocultaban las piernas. No iba a dejar de cubrirse por el momento, aún sentía un miedo que no se evaporaba tan fácil y aunque Chanyeol lo mirara con ternura sincera, su cuerpo seguía siendo un territorio en disputa.


El alto lo observaba desde la cocina mientras él untaba mermelada en una tostada con concentración casi tétrica. El silencio era cómodo.


— Hoy me toca presentación con Sehun — dijo Park, buscando conversación casual mientras revolvía el café— Lo más probable es que improvisemos todo.


— Como siempre — respondió Baekhyun con un amago de sonrisa, que se sostuvo un poco más que otras veces.


Salieron del apartamento minutos después, el camino a la facultad fue tranquilo, con una playlist suave que el más bajo entre ambos se había esforzado en realizar, y algún comentario sarcástico entre uno a otro. Al llegar, el campus se desplegaba con el bullicio habitual de un martes a media mañana, estudiantes dispersos por los jardines, otros pegados al celular y los mismos puestos de café clandestinos donde siempre.


En el salón principal ya se habían instalado el combo de amigos. Jongin estaba recostado sobre una mesa con auriculares a medio poner, Sehun revisaba su libreta con cara de no encontrar nada, Jongdae hojeaba un portafolio de papeles arrugados y Hyesung de pie con una mancha de pintura en la mejilla, regañaba sin convicción al grupo que la ignoraba a medias.


— ¡Al fin! — exclamó Jongin al verlos entrar — Pensamos que habían decidido vivir del amor.


Chanyeol levantó una ceja mientras se dejaba caer en una silla, Baekhyun por su parte se mantuvo de pie, al margen, sujetando las correas de su mochila como si le sirvieran de escudo. Aún le costaba unirse, aún sentía que su presencia podía restar más de lo que podía sumar.


Fue Jongdae quien dio el primer paso, notando aquella distancia que no era nueva pero que ahora pesaba distinto. Se acercó con las manos en los bolsillos, su expresión algo más seria de lo habitual, el cuerpo ligeramente inclinado como si intentara reducir su tamaño.


— Hey, Baek — comenzó rascándose la nuca — Sobre lo de ayer, lo del hombro, no era mi intención incomodarte.


Baekhyun parpadeó sorprendido, no esperaba eso o al menos no tan directamente. Bajó la mirada, tirando de la manga larga que le cubría casi hasta los dedos.


— No pasa nada — dijo con voz baja — No es personal, sólo prefiero evitar por el momento el contacto físico.


— Entiendo — respondió Jongdae asintiendo con seriedad— Lo respeto, de verdad.


La tensión se disipó apenas un poco, Chanyeol que había estado atento a cada palabra intervino para integrarlo.


— Estábamos hablando del desastre que Jongin hizo con los carteles de la exposición ¿Quieres opinar? — le dijo a Baekhyun con una sonrisa sutil, casi imperceptible pero que él entendía como una invitación segura.


— No fue un desastre — se quejó Jongin desde el fondo — Fue expresión artística en estado puro, una metáfora visual sobre el caos del alma.


Baekhyun dudó pero avanzó hasta la mesa, se quedó a cierta distancia, no del todo dentro pero tampoco afuera. Hyesung le lanzó una mirada cómplice.


— Te ves más despierto que ayer ¿Dormiste bien? — preguntó dándole un codazo suave con el hombro, sin tocarlo realmente como si supiera exactamente dónde estaba el límite.


Él asintió agradecido por la delicadeza y por esa forma de acercarse que no lo empujaba.


Todo parecía fluir con inusual ligereza hasta que un grupo de estudiantes de otro curso se acercó al aula en un momento que ninguno de los presentes pudo calcular. Buscaban referencias para un proyecto conjunto y uno de ellos en concreto, un chico de primer semestre, se dirigió a Baekhyun con amabilidad distraída. Le preguntó algo sobre los afiches en exposición y sin pensarlo posó una mano breve sobre su brazo, en ese gesto automático que tienen algunos al intentar conectar.


El cuerpo de Baekhyun se tensó de inmediato, un escalofrío le subió por la espalda y sus pupilas se dilataron. Retrocedió instintivamente, tropezando con la pata de una silla y haciendo que un portafolio cayera al suelo.


— ¡Ey! Perdón, no quise —balbuceó el otro chico, confundido por la reacción.


El murmullo del grupo bajó de golpe, Baekhyun no dijo nada pero su rostro había palidecido y sus manos temblaban ligeramente. La incomodidad llenó el aire.


Chanyeol actuó de inmediato, se acercó con calma sin apurar los pasos y le habló en voz baja sin tocarlo.


— Vamos afuera un segundo — sugirió con ese tono comprensivo que tanto le gustaba.


No esperó respuesta cuando Baekhyun no se negó, colocó una mano firme en su espalda, guiándolo con cuidado hacia la puerta. Ya en el pasillo donde el ruido era más difuso, Baekhyun se apoyó contra la pared como si intentara fundirse con ella.


— Lo siento — dijo entre dientes — Siempre arruino todo, no sé cómo dejar de reaccionar así.


— No arruinaste nada — respondió Chanyeol con firmeza — Tu cuerpo reacciona porque aprendió a defenderse, eso no es un defecto, es una herida que se está cerrando a su ritmo.


Baekhyun cerró los ojos con fuerza.


— A veces quiero ser distinto, quiero que no me tiemblen las manos por cosas que parecen tan pequeñas.


— No son pequeñas si te lastiman — dijo Chanyeol — Y no tienes que cambiar para encajar, sólo necesitas que el mundo aprenda a acercarse a ti con el cuidado que mereces.


Se quedaron así un momento, cuando Chanyeol abrió su mano frente a él por si decidía tomarla, Baekhyun dudó un segundo y luego la sostuvo con certeza.


Regresaron al aula minutos después, nadie preguntó nada. Hyesung les lanzó una sonrisa ligera como si nada hubiera pasado. Jongin desvió la tensión con un chiste absurdo sobre profesores sin cejas y Sehun añadió un comentario aún más seco que hizo reír a algunos. La conversación se reanudó como si el día no hubiera tenido grietas.


Baekhyun no volvió a hablar demasiado ese día, pero tampoco se volvió a esconder. Permaneció ahí sentado entre ellos, con su buzo grande y sus pantalones anchos, bebiendo té de durazno en silencio. El mundo seguía siendo el mismo pero él ya no lo transitaba solo porque ahora estaba junto a Park Chanyeol y él parecía estar dispuesto a ayudarlo.