La Primera Fantasía

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Summary

En medio del calor familiar de una casa donde todos fingen que nada pasa, Dereck y Ashly comparten algo más que ser familia. Dereck trata de conversar a su prima de llegar a algo más y cumplir su primera fantasía.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1 - ASHLY FUE LA PRIMERA

Nunca fui el tipo más extrovertido de la familia. Mientras mis primas reían, jugaban o se tomaban selfies para Facebook, yo simplemente observaba, medio escondido entre las sombras de la sala, fingiendo estar viendo la televisión o cualquier otra cosa. Pero la verdad es que siempre la miraba a ella. Ashly.

Desde que tengo memoria, fue la chica que más me marcó. La que me buscaba cuando éramos niños para jugar escondidas, la que me defendía cuando alguien más se burlaba de mí por ser el mas tonto. Siempre fue cálida, segura, con esa energía que se te queda pegada como perfume. Yo tenía 10… y ella 15.

Y fue justo ahí cuando dejó de ser solo “mi prima Ashly”. No sé cómo explicarlo, pero de un momento a otro empecé a notar su cuerpo. Sus piernas largas y gruesas, su cintura marcada, su cabello negro cayendo como cascada sobre los hombros. Sus labios, sus ojos… su voz. Todo. Cada detalle se me quedó grabado como tatuaje bajo la piel. Y aunque yo sabía que no debía — porque la sangre, la familia, lo que dirían los demás— eso no evitaba que cada noche fantaseara con ella en silencio. Cuando llegas a los 15 y estas lleno de hormonas, en lo único que puensas es en sexo y ella era mi fantasía mas grande, todas las noches me masturbaba pensando en ella

Ahora tengo 20. Ella, 25. Y aunque crecimos compartiendo infancias, hace años que no hablamos. No hubo una pelea. Nada grave. Simplemente... dejamos de coincidir. Un silencio raro, incómodo, como si algo no resuelto flotara entre nosotros.

Fue entonces que, un martes por la tarde, sonó mi celular.

—¿Dereck? —era Jazmín, la hermana mayor de Ashly—. Oye, perdón que te moleste, pero creo que dejé mal cerrada la puerta de la casa y creo que tu eres el unico al que le tengo confianza asi que... No estoy cerca y mis papás no están… ¿podrías darte una vuelta rápido? Solo para asegurarme de que todo esté bien.

No lo pensé mucho. A pesar del tiempo, esa casa todavía tenía un efecto raro en mí. Cada esquina me traía recuerdos: risas, películas en la sala, cumpleaños, Ashly en pijama…

—Sí, claro. Voy para allá.

Tome un Uber para llegar lo mas pronto posible, las calles por donde ellas viven no son del todo seguras. La puerta estaba, efectivamente, mal cerrada. La empujé con suavidad y entré. El silencio era absoluto. Solo el tic-tac de un reloj en la cocina y el zumbido del refrigerador. Pero algo me hizo quedarme. Quizás era la nostalgia… o simplemente las ganas de volver a sentirme parte de algo que ya no tenía.

Caminé un poco. Todo olía igual. A casa limpia, a flores suaves… y a un leve toque de perfume femenino. Esta casa solia estar llena de gente antes de que mi abuela falleciera...

Y sin darme cuenta, mis pasos me llevaron al segundo piso. Al cuarto de Ashly y Jazmin ambas compartian un mismo cuarto

No sé por qué abrí la puerta. Tal vez solo quería ver si seguía siendo como la recordaba. Y si, todo era casi igual, lo unico que habia cambiado eran los muebles, una que otra cosa habia cambiado de lugar pero como siempre su habitación era un caos. Ropa tirada por todas partes. Jeans sobre la silla, blusas desparramadas en la cama sin tender… y entre todo eso, bragas y brasieres desperdigados como si se los acabara de quitar. El aire olía a ella: a cuerpo, a intimidad, a secretos. Ese mismo aroma que me enloquecía cuando pasaba junto a mí de adolescente.

Me quedé ahí, en silencio, con el corazón golpeando fuerte. No por miedo. No por vergüenza. Sino porque, después de tantos años, me di cuenta de que lo que sentía… seguía ahí. Más vivo que nunca.

De un momento a otro una erección marcaba mi pantalon, ese aroma tan particular me tenia excitado y ver su ropa interior regada por su habitación no ayudaba de mucho.

Me acerqué lentamente, con pasos suaves, como si estuviera entrando a un lugar sagrado. Las paredes estaban decoradas con fotos de bandas de rock, recortes de revistas y una cadena de luces que colgaba sin encender. Su cama estaba desordenada, con las sábanas medio caídas al borde…

No pude evitar masturbarme... Asi es me masturbe habitación de mis primas

Las calentura era inevitable, tome una de sus tantas bragas que estan tiradas y me vine sobre ellas... Habian quedado manchadas por mi semen. Después solo respire y pense que esto estaba mal pero al voltear la mirada vi una playera ahí, justo al lado de la almohada, una camiseta vieja —una que yo recordaba perfectamente porque se la vi usar una vez en una pijamada y su pezones se marcaban en ella— . La tomé. Aún olía a ella.

No sé por qué hice todo eso. Solo la puse en mi rostro y cerré los ojos. Era como volver atrás, a esos días donde me quedaba despierto solo esperando verla caminar por la casa en short.


Y ahí, sobre el tocador, vi algo más.

Una libreta caja que llamo mi atención, de tapa morada.


No la abrí… pero sentí una punzada de curiosidad que me revolvió el estómago. ¿Sería un regalo de alguien? ¿Cartas? ¿Pensamientos? Me incliné, pasé la mano por encima, pero justo cuando mis dedos la rozaron…


—¿Dereck?


Me congelé.


Esa voz.


Esa voz que no escuchaba desde hace años.

Me giré despacio, como si el tiempo se detuviera. Ahí estaba ella, parada en la puerta, con el cabello suelto, descalza, un pantalon negro apretado y una blusa que dejaba ver más piel de la que debería. Sus ojos se abrieron al verme. El tiempo entre nosotros también.


—¿Qué… qué haces aquí?


Tragué saliva. No sabía si salir corriendo o pedirle que me abrazara como antes.


—Jazmín me llamó… me dijo que habia olvidado cerrar la puerta. Solo vine a ver que todo estuviera bien. No sabía que… que tú estabas aquí.


Ella entrecerró los ojos y su expresión cambió. Ya no era esa sonrisa ligera. Ahora había algo más… algo inquisitivo.


—Pero… si solo venías a revisar la puerta —dijo, dando otro paso hacia mí—, ¿qué hacías en nuestra habitación?


La pregunta cayó como un balde de agua fría.

Me quedé en silencio. Podía sentir el calor subirme por el cuello, hasta las orejas. Su mirada me atravesaba, fija, seria… pero no molesta. Era una mirada diferente. Una que parecía querer entender algo que no se había dicho en voz alta.


—No sé —respondí al fin—. Caminé por la casa y… terminé aquí. Supongo que… solo quería ver si seguía igual que antes.


Ella alzó una ceja.


—¿Igual que antes?


Respondi: Tu cuarto. No sé… recordé cosas. De cuando éramos más pequeños y adolescentes.


Ella miró a su alrededor. Vio su ropa tirada, su sostén a medio caer del respaldo de una silla, una braga sexy colgando del buró.


—Pues creo que te tocó una versión... más desordenada —dijo.


Quise decir algo. Algo que justificara que estaba ahí, entre su ropa, con su camiseta aún en mi mano. Pero no pude. Ella lo notó.


—¿Y eso? —preguntó, señalando mi mano

La solté como si quemara. Era su playera, de la impresion no la habia soltado


—Nada… es que me acordé de esa pijama. Te la vi una vez, cuando tenía como… no sé, trece. Y te veías…


Me detuve. Mierda. Había hablado de más.


Ella me miró fijamente.


—¿Me veía… qué?


Desvié la mirada. Sentía el estómago revuelto, como si hubiera dicho demasiado, como si las palabras fueran resbalando por un borde que no sabía si cruzar o no.


—Nada… solo que te veías distinta. Eso es todo.


Ella se quedó en silencio un momento, como si masticara cada palabra, como si supiera que había algo más que no estaba diciendo.


—Derek… —su voz bajo—. ¿Por qué dejaste de hablarme?


Tomé aire, pero no respondí enseguida. Lo pensé. Una, dos veces. Y aun así, no encontré una respuesta que sonara bien, que no dejara al descubierto lo que llevaba años ocultando.


—No lo sé. Supongo que… fue más fácil así. Hacerme el ocupado. Evitar algunas cosas.


Ella dio un paso más. Ahora estábamos tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo mezclarse con el mío. Su aroma me golpeó suave, con esa mezcla de perfume y piel que siempre recordaba.


—¿Evitar qué cosas?


Me giré con torpeza, intentando apartar la vista de ella, de su cuerpo, de todo ese ambiente que me atrapaba sin querer. Pero fue inútil. Mi cuerpo ya había reaccionado. Y aunque intenté disimularlo, el bulto bajo mi pantalón era evidente.


Ashly lo notó. Lo supe por cómo sus ojos bajaron, se detuvieron apenas un segundo… y cómo, al volver a mirarme, algo en su expresión cambió. No fue incomodidad, ni risa. Fue sorpresa. Real, pura. Como si no esperara que eso pasara. Como si, de alguna forma, la hiciera sentir algo también.


—Dereck… —dijo gritando y asustada—. ¿Por qué no vas bajando mientras recojo este desastre? No sabía que vendría visita.


Asentí, torpe, evitando mirarla a los ojos.


—Sí… sí, claro. Perdón —murmuré, y salí del cuarto casi tropezando con una de sus botas en el pasillo.


Mientras bajaba las escaleras, mi cabeza era un torbellino. La imagen de ella parada frente a mí, su voz, sus curvas, sus tetas firmes, su cuarto lleno de su esencia… y esa mirada. Esa mirada que aún me quemaba por dentro.


Me fui sin decir nada más. Cerré la puerta con cuidado. Caminé a casa con el corazón latiendo como si hubiera corrido una maratón.


No sabía qué acababa de pasar… pero algo había cambiado.


Y Ashly… ella se quedó ahí, de pie en medio de la habitación, mirando hacia la puerta como si pudiera ver a través de ella. Tocó su labio inferior con los dedos, pensando. En él. En mí.


En mi erección.


La noche cayó, y alrededor de las 9, se escuchó la puerta principal abrirse.


—¡Ash! —dijo Jazmín mientras soltaba sus llaves sobre la mesa de la entrada—. ¡Estoy muerta!


—¿Mucho trabajo?. Dijo Ashly


—Como no tienes idea. Estoy harta de la oficina, necesito un maldito día libre —rió mientras dejaba su bolsa en el sillón—. ¿Tú qué hiciste?


Ashly, que estaba sentada en la cocina con una taza de café, se encogió de hombros.


—Nada… el día pasó lento. Vi series, ordené un poco, Dereck vino un rato.


—¿Dereck?... ¿Y por qué vino?


—Tú dejaste mal cerrada la puerta. Le llamaste, ¿recuerdas?


—¡Ah, cierto! —dijo Jazmín con voz cansada—. Qué bueno que pasó.


Hablaron un rato más. Cosas simples, sin importancia. Pero mientras lo hacían, la mente de Ashly seguía viajando… a ese instante en su cuarto. La verga gruesa de Dereck.


Más tarde, cuando subió a su habitación, Jazmin comenzó a recoger la ropa del suelo. Entre blusas y ropa interior, tomó una braga oscura que no recordaba haber usado ese día. La observó un segundo… y entonces frunció el ceño.


—Espera... Que es esto... ¿Que carajos?...


La sujetó entre los dedos. Esa tanga color vino con encaje en los bordes de Jazmín Estaba cubiera de algo blanco y pegajoso. No hacia falta ser un genio para saber que eso era semen de hombre


La miró… y de inmediato, pensó en Dereck.


Algo molesta chasqueó la lengua con molestia. No estaba segura si sentirse incómoda, sorprendida… o halagada.


Sin decir una palabra, tomó la prenda con dos dedos y la metió en una bolsa pequeña de plástico, cerrándola con cuidado. Luego se acostó boca arriba en su cama, suspirando profundo, sin mirar el techo, sino algo más lejano.


En ese momento, la puerta se entreabrió y Ashly entró con su pijama puesta, un vaso de agua en la mano.

¿Segura que estás bien? —preguntó al ver la expresión ausente de su hermana.

Jazmin tardó unos segundos en reaccionar. Luego giró la cabeza, forzando una pequeña sonrisa.

—Sí… no te preocupes.

Guardó la bolsa discretamente bajo su cama.

—Buenas noches —

Ashly solo respondio lo mismo y se acostó volvió a mirar el techo. Cerró los ojos y volvió a imaginar a de Dereck… cómo la miró. Cómo tembló. Cómo reaccionó.

Y ahora, sabía exactamente hasta dónde había llegado esa reacción.


//////////////. FIN DEL CAPITULO 1. ///////////