Capítulo 1

Namtan estaba sentada en el antiguo mirador de la bahía, estaba lo suficientemente alejado para tener un poco de paz, el rumor de las olas la calmaba, era su lugar favorito cuando necesitaba desconectar. Desde que había creado un nuevo mirador más cercano a la playa, más turístico y con mejores comodidades, aquél estaba abandonado, cosa que le favorecía.
Sacó la guitarra de su estuche, apenas llevaba unos acordes cuando escuchó a alguien protestar
-¿Por qué justo hoy tiene que estar esto ocupado?
Namtan miró a la joven que tenía enfrente, llevaba una camiseta y un pantalón de ejercicio, su aspecto era desenfadado, la joven llevaba un bloc de dibujos en la mano y el ceño fruncido
-Hay suficiente espacio para ambas -dijo Namtan
Namtan supuso que la chica tendría su misma edad, era un poco más baja que ella, aunque era difícil saberlo ya que la recién llegada estaba de pie y ella sentada.
-Que remedio, no creo que vayas a irte -dijo la chica con malhumor
-No -dijo Namtan volviendo a los acordes de su guitarra
-Puedes tocar en otra parte
-Puedes dibujar en otra parte
Ambas se dieron la espalda, cada una realizando la tarea que habían ido a hacer.
Namtan se giró a coger su bloc de notas para apuntar los acordes que había tocado, al girarse vio a la otra joven, su rostro antes ceñudo, ahora estaba relajado, dibujaba con gran maestría, con una sonrisa en sus labios. Lamentó no ser buena con el dibujo, pues sin dudas, aquella era una gran imagen. Después recordó que podía capturar ese momento de forma más inmediata, sacó su móvil e hizo una foto sin que la otra joven se diera cuenta
Al cabo de una hora, la chica desconocida, se puso en pie, estiró sus brazos por encima de su cabeza mientras gruñía de satisfacción al desentumecer sus músculos dormidos. Una oleada de aire hizo que las cosas de la joven comenzaran a volar. La chica corrió tras el bloc de dibujo y en su intento por salvarlo, tropezó y cayó al agua. Sin embargo, Namtan consiguió salvar el dibujo
-¡Podrías haberme cogido a mi! -se quejó la chica que estaba en el agua
-¡Salve a tu marinero! -dijo refiriéndose al dibujo
-Es un soldado -dijo la chica saliendo del agua
La chica recogió todo y se marchó sin decir adiós.
-De nada -dijo Namtan a la nada
Namtan miró la hora, suspiró y comenzó a recoger también.
Al día siguiente, y la semana siguiente, aquella joven iba a la misma hora. Todos los días, se sentaban y cada una hacía lo suyo. Namtan tocaba la guitarra y la desconocida dibujaba.
Soldadito marinero, conociste a una sirena,
De esas que curan heridas con solo una mirada buena.
Escogiste a la que sueña, la que siempre te espera,
Y sin saber cómo fue, te envolvió su marea sincera.
Namtan escribió en el bloc lo que acababa de cantar, no escuchó los trazos de dibujo que estaba acostumbrada, al levantar la vista observó que la chica la estaba mirando directamente
-¿Qué sucede? -preguntó Namtan enrojeciendo al darse cuenta que había estado cantando en voz alta sin darse cuenta
-Cantas muy bien -dijo la desconocida-. ¿El soldado marinero es por mi dibujo? -Namtan asintió-. ¿Y yo soy la sirena?
-¿Por qué piensas eso? -Namtan enrojeció aún más comenzando a recoger sus cosas
-Fui yo quien estaba en el agua -comentó la chica-. ¿Por qué te vas? Sueles irte más tarde
-Tengo cosas que hacer hoy -mintió Namtan. ¿Por qué tenía que mentir? ¿Por qué debía darle explicaciones?

Dos meses, era lo que llevaba yendo a aquella puerta día tras día. Sentada en la acera, viendo las horas pasar esperando que la dueña de la casa se dignase a hablar con ella. Dos meses que le habían parecido dos años.
Pero aunque fueran dos años reales, ella seguiría esperando. Esperaría lo que hiciera falta hasta que la otra persona decidiera hablar con ella, decidiera escucharla y perdonarla.
Marcó el número de su teléfono. Como siempre, la llamada fue rechazada al instante. La había bloqueado de todas sus redes sociales.
-No me rendiré… -dijo al teléfono aunque sabía que nadie la escucharía
Empezaba a oscurecer, las primeras gotas de lluvia comenzó a caer. Milk se levantó para refugiarse bajo los balcones de las casas cercanas. Vio una alta figura corriendo hacia la casa frente a Milk, intentando alcanzar su hogar antes de que la lluvia la empapara
-¡Namtan! -gritó Milk
La joven que corría a su casa se detuvo, observó a la joven que la llamaba. Pero antes de que Milk pudiera decir algo más, entró en la casa y cerró la puerta tras ella.

-Lleva horas bajo la lluvia
Namtan levantó la mirada para observar a su madre que estaba asomada a la ventana, mirando hacia donde estaba Milk
-Es su problema, que se vaya a casa -dijo Namtan indiferente
-Habéis sido amigas desde la primaria -dijo su madre-. Aun recuerdo que lloraste toda la noche cuando supiste que os cambiaban de clase en el instituto. ¿Qué puede ser tan grave para que una amistad de más de diez años se eche a perder?
-La traición -dijo Namtan seria-. Ella lo sabía todo de mi y me traicionó. Me ha mentido durante años, ¿cómo puedo volver a confiar en ella? No quiero volver a verla.
-Así que lo sabes… -su madre suspiró apenada
-¿Lo sabías? -Namtan miró sorprendida y, a la vez, dolida a su madre
-Las cosas de los adultos no deberían afectar a los niños
-Milk ha venido a casa durante años, ha comido con nosotras. ¿Cómo pudiste permitirlo sabiendo la verdad?
-Porque ella no tiene la culpa, porque quizás es lo único bueno que él te dejó.
-No quiero nada de él. Y tampoco quiero nada de ella. ¿Es que acaso le daba pena? Me siento una estúpida por…
-Milk te quiere
-Milk es una mentirosa, es una traidora como lo es él
-Lleva dos meses esperando que hables con ella, viene todos los días, intenta arreglarlo. ¿Crees que eso lo haría alguien que no te quiere?
-Me da igual. Ella ya no me importa
-Cariño, piensa…
-Lo siento mamá, no quiero hablar más de esto -dijo Namtan levantándose y yendo hacia su habitación
Namtan se asomó a la ventana, mirando a Milk abrazando sus brazos, completamente empapada.
-Vete a casa… -susurró Namtan, pero cuando la joven de la acera de enfrente levantó la vista, Namtan cerró las cortinas y se tumbó en la cama-. No me importa lo que te pase, ya no.

Namtan miró la hora, la chica que siempre dibujaba en el mismo sitio no estaba, hacía una hora que tendría que haber llegado. Se preguntó por qué estaba esperándola. Quizás porque se había acostumbrado a su presencia y que se quejara por todo.
Aquel día era diferente a los anteriores, no únicamente porque la misteriosa chica de la cual aún no sabía el nombre no estaba, sino porque ella misma no había llevado la guitarra como todos los días.
Esta vez estaba sentada en el filo, con las piernas metidas en el agua. Miraba la pulsera que tenía en su muñeca, una pulsera que llevaba consigo desde hacía años. Siguió la silueta de la letra que había en la pulsera: M.

Una pulsera de la amistad, idéntica a la que otra persona tenía, excepto que ella llevaba una N.
Namtan se quitó la pulsera, echó la mano hacia atrás mirando al agua, cogiendo impulso, pero justo cuando estaba por lanzarla, cerró la mano en un puño, sintiendo como la letra se incrustaba en su mano. Suspiró abriendo la mano, mirando aquella pulsera, pero terminó volviéndosela a poner.
-¿Qué te ha hecho la pulsera?
Namtan se giró para ver que la chica que siempre iba a dibujar, estaba encogida, recuperando el aire, parecía que hubiera estado corriendo, incluso su ropa era de deporte y estaba empapada de sudor. No llevaba con ella los útiles de pintura
-¿Crees que se puede querer y odiar a alguien a la misma vez?
-Es posible -dijo la chica sentándose a su lado-. Yo quiero y odio a mi hermano
-¿Por qué?
-Porque es hombre -dijo la chica
-¿Quieres ser hombre?
-¡No! Quiero que no se me menosprecie por no ser hombre -dijo la chica-. Soy igual de capaz que él de hacer las mismas cosas, incluso boxeo mejor que él, pero él es el hombre…
-¿Boxeas? -Namtan la miró sorprendida
La chica asintió orgullosa. Cogió la muñeca de Namtan y miró la pulsera
-¿Es la pulsera de tu novio? ¿Rompiste con él y ahora quieres deshacerte de ella?
-No -Namtan comenzó a reír
-¿Es la inicial de tu nombre?
-No
-¿Cómo te llamas?
-Namtan, ¿y tú?
-Film
-¿Y de quién es esa pulsera?
-De mi… -Namtan lo intentó, pero la palabra se quedó atascada en su garganta, por lo que finalmente dijo-. De mi mejor amiga
-¿Habéis peleado?
-Sí. Hace dos meses, cuando acabaron las clases. La extraño pero… no sé si podré perdonarla
-¿Qué te hizo?
-Me mintió sobre algo importante
-¿Tanto como para que no quieras saber nada de ella?
-Lo suficiente para que me cuestione si todo lo que vivimos fue una mentira
-Vaya… -la chica se tumbó mirando al cielo-. Si que la ha jodido pero bien
-Sí…
Namtan se tumbó al igual que la otra joven. Ambas se quedaron en silencio. Al rato, comenzaron a ver formas en las nubes, riendo y señalándolas. Cuando volvieron a tumbarse, sus manos se rozaron, ninguna de ellas la apartó, dejando que sus manos quedaran lo suficientemente cerca para poder entrelazar sus dedos